Enciclopedia Chilena/Folclore/Caballo

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ECH 3136 11 - Caballo.djvu
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Caballo
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-3136/11
Título: Caballo
Categoría: Folclore


Caballo.

 Acerca de las condiciones del caballo chileno se encuentran interesantes observaciones en un artículo del más tarde Presidente de Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, en su estudio "Cuadros de Cocalán" (publicado en Sud-América, del 17-IV-1851, y reproducido en sus "Obras", tomo II, Santiago, 1885).

 Escribe: "El caballo es el ídolo del huaso, o mejor dicho, una parte constituyente de su existencia. La raza chilena-andaluzana admite bajo la mano del huaso más numerosas divisiones que la especie del perro. Así, educa caballos para el monte, que salvan precipicios y breñas con la destreza de un guanaco; caballos de rodeo, que se pegan a la costilla del toro más bravo, evitando la embestida; caballos para topear, para trillar, de ofensa y defensa, de lucimiento, especialidades todas que llevan su cualidad favorita hasta la perfección. Pero, después del de vara, es el corredor quien merecer preferentemente el amor del dueño y la admiración de los vecinos.

 Los dias de fiesta son consagrados a las carreras. Un inmenso gentío acude desde grandes distancias. Aquí despliega el huaso la más refinada inteligencia en esta materia, y una astucia admirable para ganar la apuesta, que ordinariamente se reduce a un número de vacas o de prendas. Si el caballo de cancha es alazán, si largo de pies o manos, estirado de cuerpo, liviano, tal forma de orejas y cola, tal expresión de ojos, y cual dirección en las arterias del brazo y cavidades de la musculatura, el éxito no es dudoso en su favor. 15 días antes de la prueba se le hace ayunar estrictamente, ensayándolo a determinadas horas con su padrino. A veces se le conforta, momentos antes del desafío, con sendos tragos de aguardiente y chicha, según las condiciones de la carrera, se pesan los jinetes y las bestias rurales. Por lo general, los apostadores se ciñen a la ordenanza municipal, pero, aparte de ésto, forman una contrata redactada en términos parecidos recidos a éstos:

 "Hallándonos en nuestro sano juicio, hemos convenido..., y al cumplimiento de lo estipulado nos obligamos hasta con nuestra camisa"...y otras cláusulas tan originales cono éstas".

 "La manera más común de correr, es sobre parad, a cuyo efecto se alinean a golpes de varilla los pies y manos del animal, de manera que quede encogido y dispuesto a saltar al grito de partida".

 "Un silencio universal y la más viva excitación pintada en los semblantes, sucede a las discusiones entusiastas. A la voz imprevista del mandón, parte la pareja como un rayo, y en un minuto más queda resuelto el gran problema que ha ocupado y enardecido los cerebros durante dias enteros. Tres son las ventajas principales que se conceden o arreglan: elección de la cancha, de tiro y de lado; entretanto es permitido a los jinetes emplear toda la astucia posible para cortar luz lo menos, circunstancia que decide la victoria".

 "La carrera no es considerada como un juego de suerte; así es que en el momento de iniciarla, ya están calculadas de antemano las ventajas. Un lijero descuido por una de las partes le ocasionaría su pérdida cierta: la contraria la aprovecharía para introducir furtivamente azogue (mercurio) en las orejas del caballo ajeno, destituyéndolo del sentido más necesario para el caso".

 "Caballos hay tan celosos de su fama y del bolsillo de su amo, que a tiempo de partir tiran un par de coces e inutilizan a su rival, o en la mitad de la corrida le muerden una mano, o en último caso la cola, para neutralizar el avance".