Enciclopedia Chilena/Folclore/Huaso

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ECH 3136 9 - Huaso.djvu
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Huaso
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-3136/9
Título: Huaso
Categoría: Folclore


Huaso.

 Def.- Todo campesino chileno, no importa su alcurnia ni su rol frente a la campiña. Por extensión, y debido al analfabetismo de un abrumador porcentaje del hombre del campo, se suele tildar de huaso al ignorante, al hombre tosco y torpe. A pesar de que la palabra se escribe indistintamente con "h" o con "g" parece haber prevalecido el uso de la "h" que protege al vocablo de una posible confusión con la "guasa" castellana, de acepción ajena.

 Hist.- Con su chamanto de vivos colores que flamea al viento, las espuelas metálicas brillantes y juguetonas, y su rostro mongólico y curtido, el huaso constituye un elemento esencial en el campo chileno. Preponderantemente típico en algunas regiones, escasos en otras y desconocidos en algunas, no por eso deja de ser chileno absoluto y total. Así lo conocieron los lejanos tiempos de la era colonial, así vivió los días azarosos de la Independencia Nacional, y así ha llegado hasta nosotros.

 En cuanto a su ancestro, el huaso es un mestizo típico o diferenciado de Chile. Nace más tarde que el roto, cuando la colonización se radica en la zona central y el andalúz es, por lo general, el único que sigue persiguiendo indias para ayuntarse. Se distingue el roto porque es de tipo ascendente y de vida campesina. Muchas veces se enriquece; es ambicioso y emprendedor; soberbio y despreciativo; dominante y altivo. El huaso por lo general desciende del andalúz, cuya sangre se refleja en el ingenio y en cachaza, y en el sombrero, y en la chaqueta, y en la danza. Pero no es vagabundo como el andalúz gitano, sino que se establece en un pedazo de suelo, junto a sus animales y a sus cultivos con todo lo cual se encariña con amor entrañable.

 Dentro de su ubicación geográfica del huaso chileno, hoy día podemos encontrar en casi todo los sectores rurales del país. Abunda en ciertos lugares, es personaje raro en otros; pero, por lo general su estampa todo el territorio agricóla. Y su irradiación es más amplia todavía, pues hoy día toda la vida campesina está dominada por el. No solamente el que sea huaso por factores históricos y sociales obre hoy día como tal. Sino que hay quienes hablan y obran como huasos, sin serlos propiamente; y quienes se visten como huasos; y quienes adquieren muchas de sus cualidadas y defectos. Su influencia ha irradiado hacia arriba y hacia abajo, inprimiendo un carácter peculiar a la vida de campo. La zona propia del huaso chileno, aquella en la cual se formó y vivió y en la cual hoy día existe con sus rasgos típicos, es la zona central, que abarca las actuales provincias de 0'Higgins, Colchagua, Curicó, Talca, Linares y Maule. Su mentalidad formada a través de un proceso de años, es un exponente curioso de civilización incásica y de gustos andaluces y gitanos. En el apero de montar reune esplendores moriscos; y en el caballo chileno, formado por él y para él, hay sangre del Norte de África; vibrando en un ámbito de guerra con carreras desenfrenadas, topeaduras feroces y chivateos de indios. En el modo de expresarse, el oyente no sabe a veces si está en presencia de un lenguaje gutural primitivo o de un castizo castellano antiguo. Sus dimensiones tienen rasgos especiales y significativos. En la topeadura palpita el ancestro guerrero de aquellos que enfrentaron la selva y la multitud indígena embravecida, a pecho de sus cabalgaduras. En el rodeo hay escena rio y ambiente de corrida de toros, con bullicioso chivateo indígena. Y en la cueca hay espíritu da vascos y andaluces, de indígenas y negros; y una intención a la vez campera y sensual, que dice mucho de gustos y de tradiciones. Entre jinete y cabalgadura hay una identificación tan estrecha que es imposible separarlos. El caballo chileno es menudo, ágil, cas­co y tobillos finos, el anca un poco caída. Producto de la vida campesina chilena, es bestia de faena en primer lugar, apta para todo los trabajos que requieren el cultivo de la tierra, la ganadería y el transporte. Por sus condiciones especiales, movilidad, capacidad de trabajo y resistencia sirve tanto para trillas como para rodear el ganado, como animal de silla o de tiro. El caballo del huaso se identifica aún más por sus aditamentos en que vá montado el jinete: la silla chilena. Existen por lo menos tres tipos distintos; pero que se arman de la misma manera. Sobre dos tablas elípticas - corregidas en su parte superior con una entrada de formación unidas hacia los extremos por ganchos de hierro, se fundamentan los dos arzones, también de madera. Dicho armado encubierto de suela forma el casco de la silla que descansa sobre un grueso conrte de lana abatanada. Encima van finalmente uno dos o tres pellones tapados por una caparazón de cuero adornada a menudo con pasamanería de correajes dibujando arabescos en las cuatro puntas. La cincha va pegada al casco en el centro, y sobre las caronas va la sobre cincha; donde cuelgan los estribos de una hebilla de hierro colocadas hacia la parte delantera del casco.

 Las tres clases.de sillas chilenas actualmente en uso, al parecer son las siguientes: la silla grande, de patrón de lecho suave y espacioso, confeccionada con vivos materiales. Las de camino o trabajo, más liviana de asiento redondo, sin pellones encima, forrada de cuero curtido y finalmente las más común y corriente, que se le llama corralera, muy estrecha y de muchos pellones, construida especialmente para correr en vaca. Como complemento de la silla tenemos los estribos y las espuelas.

 Los estribos de éste atavío, muy característico en la actualidad, son de madera tallada, totalmente cubiertos, como que están hachos en un trozo de palo socavado, con profusión de labraduras por encima. Los hay de diversos tamaños y formas variadas, haciéndolos cada vez más finos y livianos.

 Las espuelas son de gran tamaño y se llevan aplicados sobre un soporte de suela que descansa en el talón. Casi enteramente rectas, la posición de la horquilla o caja respecto al acicate marca un ángulo abierto superior en 170 grados. Las más grandes de uso corriente miden 22 cm., desde los ejes hasta la punta de la rodaja, en línea recta. Los más pequeños 18 cm., entre los mismos puntos. Están hechas generalmente de fierro, las hacen también de acero, niquel, bronce con aplicaciones de metal blanco. El acicate o pihuelo, va siempre calado: cruces de malta, frisos ramados, triángulos, estrellas, rosetas de cuatro hoja, etc. La ordaja es de una sólo pieza de acero o hierro azul, templado al agua al fin que produsca un argentino sonido musical al jugar sobre su eje.

  Aunque lo principal de la estampa del huaso, está en sus valores subjetivos como ser humano, lo caracteriza también su inclinación por los adornos llamativos, cintajos y botonerías. Su indumentaria se puede tipificar por las siguientes prendas de vestir: sombrero de paño de alas rectas, redonda aplanada arriba en forma de plato ligeramente cóncavo, conocido en España como cordobéz. De cinta muy delgada. A veces un cordón torcido terminado en una borla rodea la base de la copa cayendo hacia el lado izquierdo. El color más común es el negro, pero se lleva también, aunque en menor grado, el gris, el cáscara, etc.

 Chaquetilla corta, acinturada, pero que se usa suelta, con una pequeña solapa, con numerosas hileras de botones pequeños, de adorno junco a los cortes laterales del talle y en las terminaciones de las mangas. Frecuentemente de color claro, a menudo en paño castellano, esto es, cuadriculado en blanco y negro.

 Chaleco muy abierto sobre una camisa blanca de cuello muy bajo o sin él, cuya pechera va dobladillada en bastas, o sea con costuras verticales marcando dobleces más o menos finos, según sea la categoría del sujeto. Los ricos las llevan de seda, los pobres de bayeta.

 A la cintura una ancha faja de lana fuerte, de color, casi siempre rojo, bermellón, que rodea y adelgaza su cuerpo haciéndolo más ágil y resistente.

 Zapato de cuero negro, amarillo o rojo, puntiagudo, cerrado sobre el empeine. Se abre y cierra por el lado exterior mediante aletas apretadas con correas hebilladas. Taco muy alto y delgado en la terminación para soportar el peso de las espuelas.

 El huaso como hombre a caballo usa botas largas, más bien polainas o cubrepiernas, aunque indistintamente monta sin ellas debido al paño duro de su pantalón, especialmente preparado para el objeto mediante parches de cuero super puestos en las piernas, en los sitios donde éstos rozan la montura y la arciones estribales.

 Las polainas son altas y se llevan arriba de las rodillas hasta más allá de medio muslo. Se cierran fuera en los lados contrarios a las entrepiernas con broches y correas cubiertas con una maraña de finos cuerecillos hilados que caen desde arriba a todo lo largo de las botas, la cual está llena de guarniciones metálicas aplicadas a los extremos de las lenguas de cuero, lazo y abrochaduras.

 Debemos aún sumar la manta, como aditamento indispensable de su vestido nacional. Es un tejido rectangular de hilo o lana, teñidos en colores muy vivos, infaltable en la indumentaria del huaso, y que se utiliza introduciendo la cabeza por un corte horizontal que tiene en el medio. Frecuentemente hace juego con el color de la silla, esto es combina y armoniza su color con ella. Debemos por último aludir a unos detalles importantes de su persona el rago definidor de su clase ecuestre, vaquero americano, hombre de garra y ataque, nos referimos al lazo ese instrumento certero y poderoso en sus manos que, que como un arma descargada cuelga enrollada pacíficamente del pegüal, tras de la silla, al lado derecho.

 El lazo es de cuero para que posea la tiesura mecánica del caso y el peso liviano de vuelo. Se hace cortando el cuero crudo de un animal, en rojada concéntrica paralela, desde la periferia hasta el centro. Aún fresco se amarra a una pared o a un árbol, para poder torcerlo y después de dejarlo secar se le dá grasa frotándolo con un instrumento de madera llamado modaza, lo que hace más flexible y manejable, cualidades que por otra parte mayormente adquiere con el trabajo.

 La realidad económica y social impone que haya huasos ricos y huasos pobres. El costo de todo los implementos y prendas de vestir, es alto y resulta más caro que el traje corriente de las ciudades. Sin embargo, el más pobre gañan acata esos usos y tiende a imitar las grandes tenidas dé a caballo. Aún los pobres hombres de servicio - porquerizos, ovejeros, mozos de dado - vestidos malamente de telas baratas, bajo su ropa raida por el uso, cuidan todavía algunos detalles de la indumentaria.

 El huaso de hoy día, que nació de mezcla de razas y mezcla de corrientes históricas que chocaron o se atrajeron, pero que en definitiva terminaron volcándose una en otras. Sus costumbres han sido mezcladas, como su sangre, espíritu, rasgos físicos, vestimentas y destino. Nació y ha vivido con defectos y virtudes. No puede decirse que haya sido o sea el exponente total de la nacionalidad chilena, que tiene ademas de él, cosas peores y mejores. Pero, es indudable que ha llegado a ser el exponente de la vida campesina, que nadie encarna mejor que él. Tampoco es un misterio que el capo chileno y la faena agrícola giran hoy en torno del huaso, que ha sabido conservarlas con sabor histórico y con sencillez y pureza nativa.

 Así es el huaso hombre de campo, jinete sobre todo formado por elementos de toda índole, abnegados que se juntan en él y trazan su estampa.



Bibliografía

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