Enciclopedia Chilena/Folclore/Juegos y deportes

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
ECH 3009 7 - Juegos y deportes.djvu
Para ver el documento original completo, haga clic en la imagen.

Juegos y deportes
Artículo de la Enciclopedia Chilena

Flag of Chile.svg

Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-3009/7
Título: Juegos y deportes
Categoría: Folclore


Juegos y deportes.

 Desde los lejanos tiempos de las "carreras de la sortija" y los "juegos de caña" la afición popular por los ejercicios y diversiones se vino desarrollando muy lentamente. De este modo, el programa de las actividades propias de los tiempos coloniales ejerció escasa influencia sobre las generaciones americanas y algunos ejemplos honrosos como la "taba" (astrágalo) no fueron seguidos en Chile. Además, concretamente, se puede señalar cierta aversión de los criollos por los legados de los pobladores autóctonos, de suyo tan variados y numerosos como los que han sabido aprovechar los mejicanos, los peruanos y argentinos. Sólo en el sur de la tierra chilena se ha observado une reducidísima afición para recocer la herencia mapuche de la "chueca" o "palin", deporte indígena asombrosamente similar al hockey, y sin que las "boleadoras" de los tehuelches hayan trascendido. Idéntica indiferencia se ha notado para el juego del "football" acuático - de los changos - que aún practican algunos pescadores de las costas norteñas. En lo tradicional se conserva la "rayuela" (tejos) y una moderada afición por el palitroque (bolos).

 En general todos estos ejercicios han sido desdeñados por las preferencias hípicas. Aún se practican en la campiña las carreras en línea recta, las "topeaduras", las pruebas del "lazo" y todas suertes de la equitación.

 Entre los más arraigados entretenimientos sobresale el "volantín" (cometa), con "comisiones" (competencia) para cortar el hilo. Exclusividad del país son las "bolas", o sea, los grandes y pesados cometas de tela, de forma redonda y que se encumbran con una cuerda.

 Del repertorio infantil que hay que subrayar los juegos de la "gallina ciega", de "las cuatro esquinas" y de la "barra"; como asimismo el "trompo" (peonza), el "emboque" (boliche), de la "honda" y el "runrun". más bien como ejercicios figuran el "columpio" (mecedor) y los saltos sobre cuerdas o sobre personas. De una gran variedad son los juegos de las "bolitas" (esferas de piedra o cristal) y los saltos sobre figuras diseñadas en el suelo.

 Conviene distinguir entre los entretenimientos propiamente caseros dos categorías: los juegos de azar con interés monetario y los de prendas con cumplimiento de penitencias. De la primera serie podemos distinguir para la época novorepublicana los de la baraja, comprendiendo el monte, la báciga, el mediator, la malilla, la primera; sustituidos en el curso del siglo por el "carga burro", la brisca, el rocambor y la variada nomina de juegos extranjeros, o mejor dicho de moda. En la serie de salón siempre sobresalieron el del "paso de la sortija" (corre la llave), el "escondite", el "santo mocarro", el "compra huevos", etc. Al generalizar aparecen la colección de "tallas, burlas y engaños" del Día de Inocentes y las chanzas y afrentas destinadas, en los colegios e instituciones, a los novicios.

 Una verdadera especialidad de la afición es el juego del "cacho" o suerte de los dados. Es de rigor en el acto de beber en las cantinas para sortearse el precio del consumo. Demás está recordar las suertes de las monedas como el "cara o sello" (cara o cruz) y la manipulación de las "tres cartas".

 En cuanto a los espectáculos, en 1818 fueron abolidas las corridas de toros, en 1820 se autorizaron las riñas de gallos y surgieron las "filarmónicas", que venían a reemplazar, con mayor lujo y mejor música, a las tertulias. Teatro espacial para las compañías dramáticas hubo en la capital desde 1820, y en 1830 llegó una compañía de opera italiana, regularizándose las temporadas líricas desde 1844. Hacia el final del siglo se generalizaron los circos con personal y bandas exclusivamente chilenos, estableciéndose en los arrabales de las ciudades. Como atracción popular competían con ellos las "quintas de recreo", reemplazando a su vez las antiguas fondas y chinganas.

 Como entretenimientos propios de ferias y festivales se pueden recordar el "palo encebado" y las "carreras de ensacados", alternando con diversos actos ecuestres, especialmente de carreras y saltos.

 Organizados como espectáculos, los ejercicios campestres de equitación y las actividades para amansar y domar el ganado bravío podrían considerarse como acontecimientos netamente americanos. Los mas famosos de éstos son los de Calgary (en el N.O. del Canadá), integrando festivales de seis días y desarrollando las más variadas y arriesgadas atracciones. Poco menor desarrollo alcanzan los de California y de Texas. En Iberoamérica pueden sobresalir los certámenes de México y de Chile, ya que en el Perú suelen derivar hacia la exposición caballar y en la Argentina tienden a figurar más bien como ferias rurales.

 Son bien distintos los conceptos que rigen en tierras americanas para las faenas guasas y especialmente en la equitación. Huelga citar el ciclo mejicano que comprende las actividades de "lazar", "jinetear", "colear", "amansar" y "arrendar", y el argentino integrado por la "doma", el "aparte", la "campeada", la "arreada", la "carnada", la "yerra", la "señalada" y la suerte de "apealar" (trabar las extremidades del animal).

 Si bien el gaucho, el llanero y el vaquero, todas gentes de les planicies, llevan a cabo concentraciones pera reconocer, clasificar y amansar, desarrollando la genérica operación del "rodeo", los guasos de Chile organizan con este nombre una serie de pruebas destinadas a evocar otros ejercicios campestres -peculiares de la estirpe- y de suyo más complicados por el hecho de actuar regularmente en las montañas, quebradas, bosques y precipicios, al realizar la faena inicial de la rebusca. Los camperos, vaqueros, "compañistos" y capataces, y sus traillas de perros, se asocian en la persecución por las marañas, encarándose con los animales bravíos para formar los "piños" y arrearlos hacia campo abierto.

 Semejante perfil geológico y la típica topografía montañosa no ofrecen mucho campo a los guasos para ejercitarse en el pial y las boleadoras. Sus carreras son cortas y accidentadas; reasumiendo un ciclo preferentemente deportivo - digno más bien de presentarse en los espectáculos con actos sintéticos subordinados al propio manejo de la cabalgadura - y circunscrito a las "corridas en vaca", a las "topeaduras" y a las "carreras cortas". Todos los demás ejercicios son accidentales o representativos de la persecución y captura del ganado; debiendo considerarse estas últimas como las maniobras que en el campo chileno sintetizan la faena de conducir el "guacharaje" (manada montaraz) al corral de la "enfriadera", para preparar la etapa final del torneo.

 En México se tienen por fiestas los "herraderos" y son muchas las suertes del ciclo precipitado que pueden confundirse con el toreo propiamente dicho. La "enlazada", la "yerra", la "campeada" y especialmente la "carneada" del ciclo argentino convocan, asimismo públicos entusiastas; pero en Chile solamente se da importancia a la "aparta" (en Argentina el "aparte" y en España el "apartado"), el "arreo" ("arreada" en Argentina y España) y a la "encierra". Proceden todas a la "domadura", la más recia de las faenas y bien ponderada en los intentos de amansar torunos y domar potros, hasta realizar la hazaña de saltar -en plena carrera- de una res domesticada al lomo de una bravía.

 Números especiales de estos programas chilenos constituyen los animados juegos de lacear (lazar) las reses mayores y menores y un ciclo determinado de pruebas individuales, relacionadas con el manejo y adiestramiento de la cabalgadura.

 Tanto para las festividades regionales como para las grandes fiestas metropolitanas, que realizan las exposiciones anuales, se considera la "corrida de en vacas" como el número central del campero programa ecuestre y la faena principal del "rodeo". Al frente de un anfiteatro destinado a la concurrencia, actúan diferentes equipos de guasos especializados. Deben efectuar la faena contorneando una muralla o alta barrera vegetal, tejida de ramas y palos de arrayán o quillay, denominada por su planta general "media luna". Al presentarse una res (vaquilla, novillo, etc.) dos jinetes proceden a rodear al animal en su fuga. El delantero oprime la res en la paleta y la "clava", o sea, la obliga a detenerse y volver a un punto preciso que indica una bandera, cediendo el acosamiento y persecución al otro jinete. A la hora del crepúsculo se termina la brega con la distribución de premios que califican la preparación de las cabalgaduras y la pericia de los jinetes. El público asistente se congrega en seguida en las contiguas "ramadas" (enramadas) para presenciar los torneos de la danza nacional y escuchar a los cantantes vernáculos.

 Las competencias de fuerza caballar o puja de dos animales montados, apoyando los pechos en la "vara de topear", denominados "topeaduras", constituyen las atracciones vespertinas de los domingos campesinos. Es una lid amistosa de guasos bien montados que a veces convoca apuestas. Hacia las fiestas septembrinas recrudece esta afición y las "topeaduras del Dieciocho" son célebres en Coihuevo y Anquinco.

 Durante los días placenteros de esa era, los escasos motivos de júbilo que proporcionaba el régimen indicado quedaban circunscritos a las cabalgatas y justas -en la precisa tradición de la Metrópoli.; pero ninguna de esas actividades logró innovaciones susceptibles de alterar las tradicionales suertes de cañas o de sortijas y de sus innumerables variantes. Nunca decayó, sin embargo, la afición hípica y pudo manifestarse incesantemente en toda suerte de competencias, ya liberadas de los desfiles, cortejos y pasos de armas.

 Las cortas carreras rectas y los sistemas de apuestas a los caballos favoritos precipitaron en 1818 la abolición de las lidias de toros y en 1876 la de los reñideros de gallos, relegando las monótonas diversiones del "luche" (infernáculo), de los trucos y de los bolos a los recintos privados. Las burlas de ensacados y del palo sebado y también las relativas iluminaciones - velas de sebo pegadas con barro a los muros - integraban los pasatiempos populares.

 Si en las tierras australes logró difundirse el juego araucano de la "chueca" o "palín" solamente aquel de la rayuela persistió en el elemento criollo con visos de exclusividad.

 Con firme arraigo hispánico debe celebrarse en Chile el juego de la cometa, designado con el cautivador vocablo de "volantín". En siglos de ejercicio fueron generalizándose algunos modelos exclusivos - bien distintos a los de los rusos, chinos, y japoneses - como la "ñecla (milocha) y el "chonchón" (formas primitivas), el "tonelete", la "estrella", la "pava", el "pavo", la "pavita" y la "bola", muchos de ellos recortados en tela y de grandes proporciones. La "cañuela" (canilla) debía contener el "hilo curado" (impregnado de vidrio molido) para realizar las "comisiones" (desafíos). La pericia de este juego se pone en evidencia al encumbrar el "volantín chupete", sin cola y susceptible de revolverse incesantemente.

 Hacia los días de la Emancipación eran muy escasas las atracciones para los desocupados y "afuerinos". las "chinganas" (quechua) y "parrales", alternaban con los "chincheles", "chiribitiles", los "timbas" (garitos) y "chiclones" (más bien para reuniones políticas), en cuyas "canchas" (quechua) se practicaban los ejercicios precitados. Fué la "timbirimba" un juego de azar que se llevaba todas las preferencias, haciendo cambiar de bolsillos los "patacones" y "morlacos" (pesos de plata). Las "fondas" y después los "cafés" llegaron a eclipsar con sus atracciones a las chinganas y convocaban a los "payadores" (bardos cantores que competían en lides poéticas) y a las "cantoras" que bien podían ser tonadilleras o bailarinas. Cerca de los mercados ambulaban los "puestas", los "ciegos cantores", los suerteros y diversos lisiados e inválidos "rengueando" (renqueando) al lado de los mendigos. En los "reñideros" se enfrentaban los apostadores con los "galleros" observando y aplaudiendo las "tocadas" de las aves contrincantes.

 Durante la dominación española los espectáculos teatrales y circenses sólo se conocían en privado, repelidos a proscenios e instalaciones someras y con iluminación de velas de sebo. Los escasos ejercicios y pruebas se verificaban en estrechas "canchas" donde actuaban los "maromeros" (volatineros).



Bibliografía

Tangol, Nicasio. "Huipampa" (novela). Santiago, 1944.


López Osornio, Mario. "Las diversas caseras". "El Hogar" de 17 de diciembre de 1948. Buenos Aires.


Panizza, Delio. "Los juegos criollos". "El Hogar" de 17 de diciembre de 1948. Buenos Aires.