Enciclopedia Chilena/Historia/Anarquía, La

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ECH 1990 1 - Anarquía, La.djvu
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La Anarquía
Artículo de la Enciclopedia Chilena

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Este artículo es parte de la Enciclopedia Chilena, un proyecto realizado por la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile entre 1948 y 1971.
Código identificatorio: ECH-1990/1
Título: La Anarquía
Categoría: Historia


ANARQUIA.(La)

 Hist. Chile. Se da este nombre al período de cinco años comprendido entre la renuncia del Director Supremo don Ramón Freire en 1826 y la revolución de 1830.
 Abarca, en consecuencia, los gobiernos de don Manuel Blanco Encalada (1826), don Agustín Eyzaguirre (1826—1827), don Ramón Freire (1827), don Francisco Antonio Pinto (1827-1829) y don Francisco Ramón Vicuña (1829).
 Durante esta época se consumó el fracaso del federalismo.
 El periodismo habla adquirido en esos años un gran desarrollo, y trataba los problemas de gobierno con la mayor destemplanza. Salvo excepciones, casi todos los periódicos recurrían a ataques y ofensas personales.
 Don Diego Portales se había retirado a Valparaíso a rehacer su situación económica, pero, como se hallaba profundamente herido por los ataques de que le habían hecho víctima los pipiolos, no tardó en volver a Santiago, donde empezó a publicar a fines de 1827 el periódico titulado "El Hambriento".
 En "El Hambriento", cuyo epígrafe hacía saber que se trataba de un "papel público sin período, sin literatura, impolítico pero provechoso y chusco", se ponía de oro y azul a don José Miguel Infante y a algunos pipiolos extranjeros como Padilla, Orjera y Navarro.
 Los pipiolos, por su parte, no tardaron a responder mediante la publicación de "El Canalla", cuyo prospecto caracterizaba así a sus redactores: "Tres soldados, un fraile (Fariñas), un letradillo leguleyo (Orjera) y un aprendiz de boticario (Fernández), toda honrada gente de humor y buen gusto, han arrojado las espadas, los breviarios,el Febrero y la Espátula para empuñar la pluma y daros buenos ratos, ilustrísima mosquetería". En las "adivinanzas" que en él publicaban insultaban a Diego José Benavente, Manuel José Gandarillas y Manuel Renjifo, a quienes suponían redactores de la hoja contraria.
 Finalmente, ambos periódicos hubieron de callar, "celebrándose una transacción de silencio recíproco entre sus redactores".  Esta guerra periodística inflamaba las odiosidades creadas por las luchas políticas, demostraba el estado de descomposición a que se había llegado y anunciaba la proximidad de la crisis.
 Entre tanto, la anarquía seguía su camino. A las sucesiones de gobiernos, congresos y constituciones que comenzó con la caída de O'Higgins, hay que sumar las conspiraciones y los motines, "estimulados por el desquiciamiento general y por la impunidad de los cabecillas" o "como expresión de la miseria a que estaban reducidas las tropas" o fomentados por los políticos de los más diversos sectores.
 Después de la sublevación del coronel Enrique Campino, la indisciplina militar alcanzó caracteres nunca vistos hasta entonces. En 1828 se consumaron alzamientos federalistas en Colchagua y Aconcagua; el coronel Pedro Urriola, encabezó tres rebeliones militares, en la segunda de las cuales puso en derrota al propio vice-presidente Pinto; diversos regimientos se alzaron bajo la dirección de sus sub-tenientes o de simples sub-oficiales.
 Entre las diversas causas de la anarquía debe señalarse la brusca ruptura de la tradicion colonial, pues, al desaparecer la monarquía y las fuerzas espirituales en que se sustentaba, hubo de ser reemplazada por el sistema republicano, que todavía no podía encuadrar en el estado social del país.
 Por otra parte, los hombres de aquel entonces, bajo la impresión de la pasada dictadura de 0'Higgins, se empeñaban por reacción natural en debilitar más y más el poder ejecutivo, con lo que trabajaban inconscientemente en el fomento de la anarquía. Al mismo tiempo, sugestionados como estaban por los postulados de la Revolución francesa, se representaban la democracia y la libertad como la negación del gobierno, tendían a radicar la autoridad en los congresos, suprimían las sanciones y llegaban hasta prohibir a las autoridades reprimir las revueltas.
 Los motines de cuartel fueron otra de las causas y, a la vez, fatal consecuencia de la anarquía. Excepto uno que otro, todos los demás se produjeron por falta de pago de la tropa; pero como no se atendió oportunamente a darles su verdadera solución, terminaron por crear en los militares el hábito del cuartelazo.