Entre las gentes se suena...

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Entre las gentes se suena...
de Anónimo


          Entre las gentes se suena,            
        y no por cosa sabida,           
        que de ese buen Maestre                 
        don Fadrique de Castilla,               
        la reina estaba preñada;        
        otros dicen que parida.                 
        No se sabe por de cierto,               
        mas el vulgo lo decía:          
        ellos piensan que es secreto            
        ya esto no se escondía.          
        La reina con su [...]           
        por Alonso Pérez envía,                 
        mandóle que viniese             
        de noche y no de día,           
        secretario es del Maestre,       
        en quien fiarse podía.          
        Cuando lo tuvo delante,                 
        de esta manera decía:           
        -¿Adónde está el Maestre?               
        ¿Qué es de él, que no parecía?   
        ¡Para ser de sangre real                
        ha hecho grande villanía!               
        Ha deshonrado mi casa,          
        y dícese por Sevilla            
        que una de mis doncellas         
        del Maestre está parida.                
        -El Maestre, mi señora,                 
        tiene cercada a Coimbra,                
        y si vuestra alteza manda,              
        yo luego lo llamaría;   
        y sepa vuestra alteza           
        que el Maestre no se escondía:          
        lo que vuestra alteza dice              
        debe ser muy gran mentira.              
        -No lo es, dijo la reina,        
        que yo te lo mostraría.                 
        Mandara sacar un niño           
        que en su palacio tenía,                
        sacólo su camarera              
        envuelto en una faldilla.       
        -Mira, mira, Alonso Pérez,              
        el niño, ¿a quién parecía?              
        -Al Maestre, mi señora,                 
        Alonso Pérez decía.             
        -Pues dadlo luego a criar,              
        y a nadie esto se diga.                 
        Sálese Alonso Pérez,            
        ya se sale de Sevilla.          
        Muy triste queda la reina,              
        que consuelo no tenía,          
        llorando de los sus ojos,               
        de la su boca decía:            
        -Yo, desventurada reina,                
        más que cuantas son nacidas,            
        casáronme con el rey            
        por la desventura mía.          
        De la noche de la boda          
        nunca más visto lo había,               
        y su hermano el Maestre                 
        me ha tenido compañía.   
        Si esto ha pasado,              
        toda la culpa era mía.          
        Si el rey don Pedro lo sabe,            
        de ambos se vengaría,           
        mucho más de mí, la reina,       
        por la mala suerte mía.                 
        Ya llegaba Alonso Pérez                 
        a Llerena, aquesa villa;                
        puso el infante a criar                 
        en poder de una judía,   
        criada fue del Maestre,                 
        Paloma por nombre había;                
        y como el rey don Enrique               
        reinase luego en Castilla,              
        tomara aquel infante     
        y almirante lo hacía:           
        hijo era de su hermano,                 
        como el romance decía.