Diferencia entre revisiones de «Conferencia en el Ateneo de Lima (ortografía RAE)»

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En él no hay sucesión lógica de juicios, sino agrupamiento de ideas por lo general inconexas. Puede tijeretearse por acápites cualquier escrito de Selgas, introducirse los retazos en una bola de lotería, sacarles y leerles, con probabilidad de obtener un nuevo artículo. No posee la concentración, el mucho en poco, y lejos de arrojar centigramos de oro en polvo, descarga lluvias de arena. Selgas parece un Castelar desmenuzado y teñido de carlista.
 
En el estilo, asmático entre los asmáticos, fatiga con los retruécanos, aburre con las antítesis, desconcierta con el rebuscamiento. Según la espresiónexpresión de Voltaire, "pesa huevos de hormiga en balanzas de telaraña". No se le debe llamar domador de frases, sino martirizador de vocablos. Juega con palabras, como los prestidigitadores japoneses con puñales; y estrae del tintero líneas y más líneas de frases cortas y abigarradas, como los embaucadores de ferias se sacan del estómago varas y más varas de cintas angostas y multicoloras.
 
A más de ambiguo, flaquea por amanerado, descubriendo en cada giro al escritor ganoso de producir efecto. Quiere manifestar ingenio hasta en la colocación de signos ortográficos. Imposible leerle de seguido: la lectura de Selgas parece ascensión fatigosa por interminable y oscura escalera salomónica: esperamos ráfagas de luz, momentos de tomar descanso; pero descanso y luz no llegan.
Pasar de Heine a Bécquer vale ir de maestro a discípulo que funda escuela. El pintor y poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer murió en la plenitud de la vida, sin haber podido encerrar en la tela ni el libro todas las creaciones fantásticas que revoloteaban en su cerebro.
 
De justa popularidad disfruta hoy en España y América, y su influencia literaria se estiendeextiende con la rapidez de una corriente eléctrica. Mientras muchos no salen de la oscuridad aunque publiquen largos poemas y voluminosas novelas, él, con unos cuantos versos y unas cuantas leyendas, se coloca en primera línea, se granjea reputación universal.
 
Bécquer va germanizando la poesía castellana, como Meléndez Valdés, Cienfuegos, y Quintana la afrancesaron, como Boscán y Garcilaso la italianizaron. Con sus ideas sencillas, con sus sentimientos sinceros y particularmente con su espresiónexpresión parca y hasta económica, se levanta como un revolucionario para reaccionar contra la intemperancia verbosa de los poetas españoles.
 
Imita sin perder la individualidad; su obra no consiste en traducir con infiel maestría versos de poetas germánicos, sino en dar al estilo la simpleza, la ingenuidad, la trasparencia, la delicada ironía, en una palabra, todo el sabor del ''lied'' alemán. No tiene composiciones que recuerden ''La Romería de Kevlaar, La Maldición del Poeta'' o ''La novia de Corinto''; pero Heine, Uhland y Goethe no escribieron un lied semejante a la última rima:
Hay escritos en que el período breve o sentencioso cuadra bien, y nadie se disgusta con las ''Máximas'' de un Vauvenargues ni con los ''Pensamientos'' de un Joubert. ¿A quién no agradan el bíblico y el paralelismo hebreo de un Lamennais? Las pasiones violentas, los pensamientos delicados, las descripciones a vuelo de pájaro, exigen una poesía de corta dimensión; de ahí que en Grecia todos los escritores proporcionen materiales a la ''Antología'', desde Homero hasta Platón. Los sonetos entran por miles en Lope de Vega, un madrigal redime del olvido a Gutierre de Cetina y los epigramas de ocho versos popularizan el nombre de Iglesias. Pero las composiciones fugitivas de los verdaderos poetas son chispas de brillantes o frisos de mármol pentélico, mientras las cuartetas asonantadas de los becqueristas son fragmento de sustancias opacas y amorfas. Las ''rimas'' distan un paso de los acrósticos, charadas, enigmas, logogrifos, laberintos y demás productos de las inteligencias que tienen por única actividad el bostezo.
 
En el orden físico, lo muy pequeño escapa de los cataclismos merced a su organización tenaz y relativamente perfecta, y en literatura, lo muy corto y muy bueno vive mucho. Donde perecen la historia y el poema, se salvan el cuento y la oda. Las producciones diminutas exigen un pensamiento orijinaloriginal y un estilo en armonía con el asunto: la forma da el mérito; n'no olvidemos que sólo por la forma, el carbono se llama unas veces carbón y otras veces diamante.
 
Si el pensamiento rasa con lo vulgar, si el estilo carece de plasticidad ¿qué nos ofrecen los escritores galogermánicos en su prosa asmática y en su verso microscópico? La exigüidad en la producción ¿denota economía de fuerzas o impotencia? Las rocas producen liquen porque no tienen sustancia para nutrir al cedro. Los que gozamos con la prosa y el verso de los maestros podemos alimentarnos con médula de leones ¿por qué someternos al réjimen de los dispépticos, a dieta medida? Si las naciones de Europa figuran como los grandes paquidermos del reino intelectual, no representemos en el Perú a los microbios de la literatura.
 
La improvisación pertenece a tribuna y diario. A oradores y periodistas se les tolera el atropellamiento en ideas, la escabrosidad en estilo y hasta la indisciplina gramatical. Verdad que en lo improvisado se cristaliza muchas veces lo mejor y más orijinal de nuestro injenioingenio, algo como la secreción espontánea de la goma en el árbol; pero, acostumbrándonos al trabajo incorrecto y precipitado, nos volvemos incapaces de componer obras destinadas a vivir. Lo que poco cuesta, poco dura. Los libros que admiran y deleitan a la Humanidad, fueron pensados y escritos en largas horas de soledad y recogimiento, costaron a sus autores el hierro de la sangre y el fósforo del cerebro.
 
Cierto que el mundo avanza y avanza: en la vorájinevorágine, de las sociedades modernas, nos sentimos empujados a vivir lijeramenteligeramente, a pasar desflorando las cosas; n'no obstante, disponemos de ocios para leer una novela de Pérez Galdós o presenciar un drama de García Gutiérrez. Felizmente, no ha sonado la hora de reducir el verso a seguidillas y la prosa a descosidos telegramas. Discernimos todavía que entre un centón de ''rimas'' seudo germánicas y una poesía de Quintana o Núñez de Arce, hay la distancia del médano al bloque de mármol. Sabemos que entre la prosa cortada, intercadente y antifonal y la prosa de un verdadero escritor no cabe similitud, pues una sucesión de párrafos sin trabazón, desligados, incoherentes, no constituye discurso, así como no forman cadena las series de anillos desabracados y puestos en fila.
 
No imajinéisimaginéis, señores, que se desea preconizar la prosa anémica, desmayada y heteróclita, que toma lo ficticio por natural, el énfasis por magnificencia, la obesidad por robustez; la prosa de inversiones violentas, de exhumaciones arcaicas y de purismos seniles; la prosa de relativos entre relativos, de accidentes que modifican accidentes y de períodos inconmensurables y sin unidad; la prosa inventada por académicos españoles que tienden a resucitar el volapuk de la época terciaria; la prosa imitada por ''correspondientes'' americanos que en Venezuela y Colombia están modificando la valerosa y progresiva lengua castellana.
 
Entre la lluvia de frases que se ajitanagitan con vertijinosovertiginoso revoloteo de murciélago y la aglomeración de períodos que se mueven con insoportable lentitud de serpiente amodorrada, existe la prosa natural, la prosa griega, la que brota espontáneamente cuando no seguimos las preocupaciones de escuela ni adoptamos una manera convencional. Sainte-Beuve aconseja que "se haga lo posible para escribir como se habla, y nadie s'espresase expresa con períodos elefantinos o desmesurados. Recapacitándolo con madurez, la buena prosa se reduce a conversación de jentesgentes cultas. En ella no hay afeites, remilgamientos ni altisonancias: todo fluye y se desliza con llaneza, desenfado y soltura. Los arranques enérjicosenérgicos sirven de modelo en materia de sencillez o naturalidad, tienen el aire de algo que se le ocurre a cualquiera con sólo coger la pluma.
 
La llamada vestidura majestuosa de la lengua castellana consiste muchas veces en perifollo de lugareña con ínfulas de señorona, en pura fraseología que pugna directamente con el carácter de la época. El público se inclina siempre al escrito que nutre, en vez de sólo hartar, y prefiere la concisión y lucidez de un Condillac a la difusión ¡y oscuridad de un bizantino. Quien escribe hoy y desea vivir mañana, debe pertenecer al día, a la hora, al momento en que maneja la pluma. Si un autor sale de su tiempo, ha de ser par'para adivinar las cosas futuras, no para desenterrar ideas y palabras muertas.
 
Arcaísmo implica retroceso: a escritor arcaico, pensador retrógrado. Ningún autor con lenguaje avejentado, por más pensamientos juveniles que emplee, logrará nunca el favor del público, porque las ideas del siglo injeridasingeridas en estilo vetusto recuerdan las esencias balsámicas inyectadas en las arterias de un muerto: preservan de la fermentación cadavérica; pero no comunican lozanía, calor ni vida. Las razones que Cervantes y Garcilaso tuvieron para no espresarseexpresarse como Juan de Mena o Alfonso el Sabio nos asisten hoy para no escribir como los hombres de los siglos XVI y XVIII.
 
Las lenguas no se rejuvenecen con retrogradar a la forma primitiva, como el viejo no se quita las arrugas con envolverse en los pañales del niño ni con regresar al pecho de las nodrizas. Platón decía que "en materia de lenguaje el pueblo era un escelenteexcelente maestro". Los idiomas se vigorizan y retemplan en la fuente popular, más que en las reglas muertas de los gramáticos y en las exhumaciones prehistóricas de los eruditos. De las canciones, refranes y dichos del vulgo brotan las palabras orijinalesoriginales, las frases gráficas, las construcciones atrevidas. Las multitudes trasforman las lenguas, como los infusorios modifican los continentes.
 
El purismo no pasa de un'una afectación, y como dice muy bien Balmes, Ala"la afectación es intolerable, y la peor es la afectación de la naturalidad". En el estilo de los puristas modernos nada se dobla con la suavidad de una articulación, todo rechina y tropieza como gozne desengrasado y oxidado. En el arte se descubre el artificio. Comúnmente se ve a escritores que en una cláusula emplean todo el corte gramatical del siglo XVII, y en otra varían de fraseo y cometen imperdonables galicismos de construcción: recuerdan a los pordioseros jóvenes que se disfrazan de viejos baldados, hasta que de repente arrojan las muletas y caminan con ajilidadagilidad y desembarazo.
 
Los puristas pecan también por oscuros; y donde no hay nitidez en la elocución, falta claridad en el concepto. Cuando los pensamientos andan confundidos en el cerebro, como serpientes enroscadas en el interior de un frasco, las palabras chocan con las palabras, como lima contra lima. En el prosador de largo aliento, las ideas desfilan bajo la bóveda del cráneo, como hilera de palomas blancas bajo la cúpula de un templo, y períodos fáciles suceden a períodos naturales, como vibraciones de lámina de bronce sacudida por manos de un coloso.
 
El escritor ha de hablar como todos hablamos, no como un Apolo que pronuncia oráculos anfibolójicos ni como una esfinje que propone enigmas indescifrables. ¿Para qué hacer gala de un vocabulario inusitado y estravagante? ¿Para qué el exajeradoexagerado lujo en los modismos que imposibilitan o dificultan mucho la traducción? ¿Para qué un lenguaje natural en la vida y un lenguaje artificial en el libro? El terreno del amaneramiento y ampulosidad es ocasionado a peligros: quien vacila como Solís puede resbalar como el Conde de Toreno y caer como frai Jerundio de Campazas.
 
Ni en poesía de buena ley caben atildamientos pueriles, retóricas de estudiante, estilo enrevesado ni trasposiciones quebradizas: poeta que s'enreda en hipérbaton forzado hace pensar en el viajero que rodea en busca de puente, porque no encuentra vado y se intimida con el río. Toda licencia en el verso denuncia impotencia del versificador. Molière tiene derecho a llamarse el poeta cómico de los tiempos modernos, y ¿en qué se distingue el verso de Molière? Frai Luis de León brilla entre los mayores poetas líricos de España, y ¿en qué se distingue el verso de frai Luis León? "Repito, esclama Hermosilla, que en los mejores versos de Garcilaso, Herrera, aunque fue más atrevido, los Argensolas, Rioja y demás, no hay arcaísmos ni licencias, ni las necesitan para bellísimos, como en efecto lo son".
Volvamos los ojos a los autores castellanos, estudiemos sus obras maestras, enriquezcamos su armoniosa lengua; pero recordemos constantemente que la dependencia intelectual de España significaría para nosotros la indefinida prolongación de la niñez. Del español nos separan ya las influencias del clima, los cruzamientos etnográficos, el íntimo roce con los europeos, la educación afrancesada y 64 años de tempestuosa vida republicana. La inmigración de los estranjeros no viene al Perú como ráfaga momentánea, sino como atmósfera estable que desaloja a la atmósfera española y penetra en nuestros pulmones modificándonos física y moralmente. Vamos perdiendo ya el desapego a la vida, desapego tan marcado en los antiguos españoles, y nos contagiamos con la tristeza jemebunda que distingue al indígena peruano.
 
No hablamos hoy como hablaban los conquistadores: las lenguas americanas nos proveen de neolojismos que usamos con derecho, por no tener equivalentes en castellano, por espresarexpresar ideas esclusivamente nuestras, por nombrar cosas íntimamente relacionadas con nuestra vida. Hasta en la pronunciación ¡cuánto hemos cambiado! Tendemos a eludir la ''n'' en la partícula ''trans'', y a cambiar por ''s'' la ''x'' de la preposición latina ''ex'', antes de consonante, en principio de vocablo. Señores, el que habla en este momento ¿qué sería en alguna academia de Madrid? Casi un bárbaro, que pronuncia la ''ll'' como la ''y'', confunde la ''b'' con la ''v'' y no distingue la ''s'' de la ''z'' ni de la ''c'' en sus sonidos suaves.
 
Cien causas actúan sobre nosotros para diferenciarnos de nuestros padres: sigamos el empuje, marchemos hacia donde el siglo nos impele. Los literatos del Indostán fueron indostánicos, los literatos de Grecia fueron griegos, los literatos de América y del siglo XIX seamos americanos y del siglo XIX. y no tomemos por americanismo la prolija enumeración de nuestra fauna y de nuestra flora o la minuciosa pintura de nuestros fenómenos meteorolojicos, en lenguaje saturado de provincialismos ociosos y rebuscados. La nacionalidad del escritor se funda, no tanto en la copia fotográfica del escenario (casi el mismo en todas partes), como en la sincera espresiónexpresión del yo y en la exacta figuración del medio social. Valmiki y Homero no valen porque hayan descrito amaneceres en el Ganjes o noches de luna en el Pireo, sino porque evocan dos civilizaciones muertas.
 
Inútil resultaría la emancipación política, si en la forma nos limitáramos al exajeradoexagerado purismo de Madrid, si en el fondo nos sometiéramos al ''Syllabus'' de Roma. Despojándonos de la tendencia que nos induce a preferir el follaje de las palabras al fruto de las ideas, y el repiqueteo del consonante a la música del ritmo, pensemos con la independencia jermánicagermánica y espresémonosexpresémonos en prosa como la prosa francesa o en verso como el verso inglés. A otros pueblos y otras épocas, otros gobiernos, otras relijionesreligiones, otras literaturas.
 
Acabemos ya el viaje milenario por rejiones de idealismo sin consistencia y regresemos al seno de la realidad, recordando que fuera de la Naturaleza no hay más que simbolismos ilusorios fantasías mitológicas, desvanecimientos metafísicos. A fuerza de ascender a cumbres enrarecidas, nos estamos volviendo vaporosos, aeriformes: solidifiquémonos! Más vale ser hierro que nube.
Las Matemáticas, las Ciencias Naturales y la Industria nada envidian a los siglos pasados: sólo la Literatura y el Arte claman por que venga un soplo del antiguo mundo helénico a perfumar de ambrosía el Universo, a desvanecer las místicas alucinaciones del fanatismo católico y a rehabilitar la materia injustamente vilipendiada por las hipocresías del tartufo.
 
Arrostrando el neolojismo, el estranjerismo o el provincialismo, que rejuvenecen y enriquecen el idioma, rompiendo el molde convencional de la forma cuando lo exijan las ideas y no profesando más relijiónreligión literaria que el respeto a la lójica, dejemos las encrucijadas de un sistema esclusivista y marchemos por el ancho y luminoso camino del Arte libre. No acatemos como oráculo el fallo de autoridades, sean quienes fueren, ni temamos atacar errores divinizados por muchedumbres inconscientes: lo único infalible, la Ciencia; lo único inviolable, la verdad.
 
Lejos de aquí los teóricos y soñadores que trazan demarcaciones entre ciudadanos y poeta. ¡Cómodo recurso par'almacenar fuerza y ahorrar vida mientras los buenos y sencillos se afanan, luchan y mueren por nosotros! Contra un Arquíloco y un Horacio, que arrojan el escudo y huyen del combate, protestan un Garcilaso en Frejus, y un Cervantes en Lepanto. Jenio de poeta, jenio de acción. Ercilla escribe en la noche lo que pelea en el día, Byron envidia las victorias de Bonaparte y corre a morir en Mesolonghi. Espronceda sube a las barricadas de París. Cuando Ugo Fóscolo nos habla del "espíritu guerrero que ruje en sus entrañas", descubre al hombre inspirado y no se confunde con el simple aglomerador de consonantes. El poeta lejítirno se parece al árbol nacido en la cumbre de un monte: por las ramas, que forman la imajinación, pertenece a las nubes; por las raíces, que constituyen los afectos, se liga con el suelo.
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