Estando ausente de su amiga a un mensajero que allá enviaba

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Estando ausente de su amiga a un mensajero que allá enviaba
de Jorge Manrique




I

	   Ve, discreto mensajero, 		
	delante aquella figura 		
	valerosa 		
	por quien peno, por quien muero, 		
	flor de toda hermosura 		
	tan preciosa, 		
	   y mira cuando llegares 		
	a su esmerada presencia 		
	que resplandece, 		
	doquiera que la hallares 		
	tú le hagas reverencia 		
	cual merece. 		


II

	   Llegarás con tal concierto, 		
	los ojos en el sentido 		
	resguardando, 		
	no te mate quien ha muerto 		
	un corazón y vencido 		
	bien amando; 		
	   y después de saludada 		
	su valer, con afición 		
	tras quien sigo, 		
	de mi triste enamorada 		

	le harás la relación 		
	que te digo. 		


III

	   Dirasle que soy tornado 		
	con más penas que llevé 		
	cuando partí, 		
	todo siempre acompañado 		
	de aquella marcada fe 		
	que le di. 		
	   Aquel vivo sentimiento 		
	me ha traído sin dudanza 		
	asegurado 		
	al puerto de salvamiento, 		
	do está la clara holganza 		
	de mi grado. 		


IV

	   Dirasle cómo he venido 		
	hecho mártir, padeciendo 		
	los deseos 		
	de su gesto tan cumplido, 		
	mis cuidados combatiendo 		
	sus arreos; 		
	   no te olvides de contar 		
	las afligidas pasiones 		
	que sostengo 		
	sobre estas ondas de mar, 		
	do espero los galardones 		
	tras quien vengo. 		



V

	   Recuerde bien tu memoria 		
	de los trabajados días 		
	que he sufrido, 		
	por más merecer la gloria 		
	de las altas alegrías 		
	de Cupido; 		
	   y plañendo y suspirando 		
	por mover a compasión 		
	su crudeza, 		
	le di que ando esperando 		
	bordado mi corazón 		
	de firmeza. 		


VI

	   Que no quiera ni consienta 		
	la perdición que será 		
	enemiga 		
	de mi vida, su sirvienta, 		
	en quien siempre hallará 		
	buena amiga; 		
	   mas que tenga por mejor 		
	-pues con razón me querello- 		
	de guiarme, 		
	y si place al Dios de amor, 		
	a ella no pese de ello 		
	por salvarme. 		



VII

	   Y dirás la pena fuerte 		
	que de tu parte me guarda 		
	fatigando, 		
	y cuán cierta me es la muerte 		
	si mi remedio se tarda 		
	de su bando; 		
	   dirasle mi mar amargo, 		
	mi congojoso dolor 		
	y mi pesar, 		
	y sepa que es grande cargo 		
	al que puede y es deudor. 		
	no pagar. 		


VIII

	   Dile que vivo sin ella, 		
	como las almas serenas, 		
	muy penado 		
	de pena mayor que aquella, 		
	de sus grillos y cadenas 		
	aferrado; 		
	   y si no quiere valerme, 		
	pues yo no sé remediarme 		
	en tal modo, 		
	para nunca socorrerme, 		
	muy mejor será matarme 		
	ya del todo. 		



IX

	   Si vieres que te responde 		
	con amenazas de guerra, 		
	según sé, 		
	dile que te diga dónde 		
	su mandato me destierra, 		
	que allá iré; 		
	   y si por suerte o ventura 		
	te mostrare que es contenta, 		
	cual no creo, 		
	suplica a su hermosura 		
	que a su servicio consienta 		
	mi deseo. 		


X

FIN

	   Remediador de mis quejas, 		
	no te tardes, ven temprano, 		
	contemplando 		
	el peligro en que me dejas, 		
	con la candela en la mano 		
	ya penando; 		
	   y pues sabes cómo espero 		
	tu vuelta para guarirme 		
	o condenarme, 		
	que no tardes te requiero 		
	de traer el mando firme 		
	de gozarme.