Figuras americanas/10

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MÁDISON




En la constelación de hombres ilustres, dignos de Plutarco, que apareció en los Estados Unidos con motivo de la guerra de la independencia; entre los varones más preclaros que contribuyeron á fundar la federación modelo; entre las figuras que honran á América y á la especie humana, se cuenta Mádison, compatriota de Wáshington, pues nació como él en un rincón de Virginia (1751.)

Era Jacobo Mádison de constitución tan débil y enfermiza, que sus padres no pudieron dedicarle como hubieran deseado á las faenas de la agricultura. Le enviaron á un colegio muy acreditado de Nueva Jersey, donde pronto se distinguió por su aplicación y su capacidad. En 1772 se graduó de abogado y regresó á Virginia.

En 1776 fué elegido por sus conciudadanos para formar parte de la Convención de Virginia, y en 1780 fué enviado al Congreso continental siendo en él uno de los más distinguidos diputados.

En todas las legislaturas subsiguientes figuró en el partido democrático y pronunció discursos elocuentes. Se le debe la « Declaración de la libertad religiosa », documento que defendió con singular talento y le valió una inmensa popularidad. Desde aquella fecha no hay religión oficial en los Estados Unidos, siendo allí una realidad la libertad de cultos.

El Estado de Virginia le eligió su representante en la Convención extraordinaria encargada de proponer una Constitució y fundar un gobierno nacional. Hombre de opiniones avanzadas, á Mádison se debe en gran parte el espíritu eminentemente democrático que informa algunos artículos de aquel Código inmortal. Á el se deben también las detalladas reseñas de las sesiones de aquella asamblea, trabajo acabadísimo que el Congreso de la Unión compró después de su muerte por 30,000 duros.

Promulgada la Constitución, Mádison fué uno de sus más decididos defensores. Sus notables artículos de El Federalista, periódico que publicaba en unión de Hámilton y de Juan Fay, y sus elocuentes discursos en la legislatura de Virginia, contribuyeron en alto grado á la sanción favorable que mereció de todos los Estados de Unión el pacto fundamental de su prosperidad é independencia.

Constituído el nuevo gobierno, Mádison tomó asiento en el Congreso de 1789, donde por su facilidad en el decir, y por la fuerza de su lógica, alcanzó gran ascendiente en todas las discusiones.

En 1801, Jéfferson fué elegido presidente y nombró secretario de Estado á Mádison, cargo el más importante de la administración de aquella República, y que desempeñó por espacio de ocho años. Durante aquel período se suscitaron graves y difíciles cuestiones, así interiores como internacionales, y en ninguna de ellas dejó el secretario de Estado de presentar á las Cámaras informes notables por su claridad y fuerza de argumentación. Partidario decidido de la política de neutralidad iniciada por Wáshington, dedicó todo su talento y energía á evitar la guerra con Inglaterra, guerra que estalló más tarde muy á su pesar, gracias á la desatentada conducta que con su antigua colonia observaba aquella arrogante nación marítima.

Terminada la presidencia de Jéfferson, que duró ocho años, fué elegido Mádison para sustituírle en 1809.

En circunstancias críticas se hizo cargo del poder. Inglaterra, so pretexto del bloqueo continental establecido por su rival el emperador Napoleón, apresaba los buques americanos, embargaba sus cargamentos y hacía prisioneros á sus tripulantes á quienes consideraba por el derecho de la fuerza como á súbditos ingleses; y las tribus indias que poblaban las fronteras del Oeste, impulsadas por agentes británicos, invadían y asolaban continuamente los Estados de la Unión limítrofes á aquellos territorios. Esto produjo una serie de notas y reclamaciones, de las que ningún caso hizo la orgullosa dominadora de los mares.

El hecho inaudito de haber sido contestada á cañonazos por una fragata inglesa la petición de auxilio de un buque americano durante la noche, exasperó de tal manera los ánimos, que el mismo Mádisou, tan enemigo de la guerra, se vió precisado á pedir al Congreso la adopción de medidas de represión, y éste, el Senado y el Gobierno, votaron la guerra por una gran mayoría.

No estaban los Estados Unidos en situación muy favorable para tal empresa; su ejército y su marina eran reducidísimos, y su tesoro estaba casi exhausto. No obstante, Mádison comunicó la mayor actividad á todos los departamentos militares, y logró poner en pie de defensa el vasto territorio de aquella República, gracias á la actividad de su ministro ó secretario de guerra, general Monroe, á quien dedicaremos un capítulo.

Dos años duraron las hostilidades por mar y tierra sin resultado decisivo por una y otra parte, hasta que el almirante inglés Cockburn, que había ya amenazado atacar á Wáshington, después de haber sembrado la devastación y la ruina en varios puntos, se presentó de improviso delante de la ciudad amenazada, derrotó las tropas americanas que acampaban en sus inmediaciones y entró triunfante en ella, acompañado del incendio y del más rapaz saqueo. El Capitolio, la biblioteca del Congreso, la Casa Blanca, las oficinas del Estado, y un sinnúmero de edificios particulares fueron reducidos á cenizas, y grandes, y valiosos obras de arte fueron completamente destruidas. Las pérdidas que sufrió la ciudad se elevaron á algunos millones de pesos.

La indignación que produjo este acontecimiento inflamó de tal manera el amor patrio de los americanos, que acudieron presurosos á atajar en su marcha triunfal al audaz invasor. Las milicias populares alcanzaron algunos muy señalados triunfos, y Mádison los aprovechó para lograr de Inglaterra el más ventajoso tratado de paz, que se firmó en la ciudad de Gante el 24 de diciembre de 1814. Después de la guerra, la administración de Mádison continuó tranquila, sosegada y próspera. El presidente dedicó todo su empeño á restañar las heridas de la patria y reparar los desastres causados por la guerra. Reelegido presidente, se retiró á la vida privada en 1817 sin terminar el tiempo legal de su magistratura.

Se estableció en su hacienda de Virginia y en ella murió en 1836, á la edad de 85 años.

En los últimos años de su vida fué rector de la Universidad de Virginia, y tomó parte en las deliberaciones para reformar la Constitución del mismo Estado.

La memoria de Mádison es muy respetada en los Estados Unidos.