Fuerzas nuevas. El gran ejemplo que el fascismo italiano viene a ofrecer al mundo

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Fuerzas nuevas. El gran ejemplo que el fascismo italiano viene a ofrecer al mundo de Luis Antón del Olmet
Nota: «Fuerzas nuevas. El gran ejemplo que el fascismo italiano viene a ofrecer al mundo» (22 de noviembre de 1922) El Heraldo de Madrid Año XXXII. n.º 11.503.
FUERZAS NUEVAS

El gran ejemplo que el fascismo italiano viene a ofrecer al mundo

«Fascismo»... Ya el título es bello y d'anunziano. El haz latino, los bastones de la justicia rodeado el hacha, que es la fuerza. Nosotros no debiéramos decir «fascismo», sino «hacismo», los «hacistas», los del apretado y heráldico haz.

 Movimiento intelectual y juvenil. ¡Para que nos riamos de los intelectuales! El «hacismo» tuvo su nucleolo en Marinetti, el futurista, el anómalo, y su brazo de acción en ese Mussolini, que a los treinta y nueve años hace la revolución sin sangre, buscando en el sagaz Víctor Manuel un colaborador, y no un obstáculo.

 Qué significa el «hacismo»? No es un movimiento extremo radical, y significa el desplome de lo conservador y del liberalismo caduco. Tiene de nacionalista y de expansivo. Hace años, pocos, un español creó entre nosotrosalgo parecido, el «nacionalismo ibérico». Italia, más inflamable que España, prendióse en llamas ante la idea nueva. España es burlona, y casi todas nuestras iniciativas se dibujan en ironía neutra y estéril. Aquí lo único verdaderamente serio es el chanchullo, y el buen color, el gris.

 Empero, el ejemplo de Italia nos ha confortado y seducido. ¿Tiene nuestra caja de Pandora la sorpresa de un grave renacimiento juvenil e intelectual? Debemos afirmarlo para no caer en la afasia. Tenemos que sentir esaesperanza y para muy pronto. Hay que darle a España su «hacismo», otro, muy de aquí, pero que sea eso: juventud e ideal inteligente.

 Mussolini, salvando a Italia de la desesperación bolchevista, y, lo que es peor, de la desesperación burguesa, le ha hecho un enorme bien a la humanidad. Mussolini nos dice que el mundo es susceptible de llegar a formas nuevas y capaz de tener nuevos ideales.

 Y es grato.

 Porque la forma de hoy y el ideal de ahora (carencia de todo ideal que no sean el oro y el place) no pueden ser más aburridos ni más sucios.

 Luis ANTON DEL OLMET