Fundación de la ciudad de Montevideo: El Rey

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El Rey.

Teniente General don Bruno Mauricio de Zavala, Gobernador y Capitán General de la ciudad de la Trinidad, y Puerto de Buenos Aires, en las provincias del Río de la Plata.

En diferentes cartas que se han recibido, el mes de junio del año próximo antecedente, dais cuenta con autos de que, el día primero de diciembre de 1723, os dio noticia un práctico del Río de la Plata de haber encontrado en la ensenada de Montevideo un navío de guerra portugués, con 50 cañones, mandado por don Manuel Henrique de Noroña, y haber desembarcado hasta 200 hombres que estaban fortificándose, con cuya novedad despachasteis un capitán con carta para el gobernador de la Colonia, a fin de que informase de tan impensada e irregular conducta; dando al mismo tiempo otras providencias para reforzar la guardia de San Juan, observando los movimientos de los portugueses, impedirles disfrutar la campaña y la comunicación con la Colonia por tierra; encargando al capitán con Alonso de la Vega que a su arribo escribiese al comandante portugués que no podíais permitir su demora en aquel paraje, si bien tenía orden para franquearle lo que necesitase para sus avíos, suponiendo sería accidental su detención. A que le respondió venía con expresa orden de su Soberano, a tomar posesión de las tierras de su dominio, por lo cual os obligó a manifestarle la extrañeza que os causaban sus operaciones, por ser opuestas a la buena correspondencia; y que, respecto de no haber duda alguna en ser mío el territorio de Montevideo, procurase suspender la fortificación y retirarse de aquel paraje y demás dominios míos; porque, de no ejecutarlo así, lo reputaríais por hostilidad, y os sería indispensable valeros de aquellos medios a que la justicia, la razón y el derecho os obligaban. A que os respondió el comandante portugués en la misma forma que había respondido a vuestro oficial. Y enterado vos de que los portugueses llevaban adelante su intento, no obstante varias cartas y respuestas que hubo de una a otra parte, dispusisteis los navíos de registro, juntamente con un navío inglés del asiento, y por tierra también tropas, para dicho sitio de Montevideo; y habiendo pasado a la guardia de San Juan el día 21 de Enero, tuvisteis el día siguiente la noticia de haberle desamparado los portugueses dejando una carta el comandante, escrita el mismo día 19, diciéndoos se retiraba por no quebrantar las paces, protestando la posesión que había tomado en nombre de su Soberano. Con cuya noticia dispusisteis se mantuviesen en el surgidero los dos navíos de registro; y el patache del navío inglés, con la artillería y municiones, pasasen al sitio de Montevideo, y en él empezasteis la construcción de una batería y otras fortificaciones -7- precisas a la seguridad de aquel puesto; expresando también quedar concluida la batería, y muy individualmente todas las operaciones y medios de que os valisteis, remitiéndoos a los autos. Expresando que en todos estos accidentes no habíais dado motivo para que los portugueses creyesen pudieseis tener orden mía para inquietarlos; pero que, viendo se querían establecer en nuestros dominios, tuvisteis por indispensable oponeros con todo rigor, para evitar las consecuencias que resultarían de hacerse dueños de tan importante puesto, sin que para esta resolución os hiciesen balancear las reiteradas amenazas con que os manifestaron el desagrado que me causaría, esperando me daría por servido de lo que vuestro celo había manifestado, procediendo con el amor y lealtad que acreditaba el mismo suceso. Concluyendo con expresar la necesidad que había de remitiros gente de guerra de España, por la poca con que os hallabais para cubrir tantos puestos, y lo mucho que convenía el poblar de familias aquel puesto; pues, aunque lo habíais solicitado con eficacia con el cabildo secular de esa ciudad, y ésta lo había solicitado también por su parte, no se había podido conseguir por falta de familias.

Visto en mi Consejo de las Indias, con todo lo demás que sobre este asunto expresáis, así en vuestras representaciones como en los autos que con ellas acompañáis, y consultádome en ello, he resuelto, con reflexión a todo, manifestaros la aceptación con que se han recibido estas noticias, y lo digno de aprobación que ha sido todo lo que en esto habéis ejecutado, por lo que os doy muchas gracias y en mi real nombre os mando se las deis a esa ciudad, militares y demás vasallos que concurrieron a esta función. Y atendiendo a la importancia de mantener los dos puestos de Montevideo y Maldonado, de forma que ni portugueses ni otra nación alguna puedan en tiempo alguno apoderase de ellos, he resuelto así mismo pasen en los presentes navíos de registro, del cargo de don Francisco de Alzaibar, 400 hombres, los 200 de infantería y 200 de caballería, con armas y vestidos, a fin de que con esta gente, y la demás con que se halla ese presidio, puedan subsistir vuestras disposiciones. Y para que se puedan poblar los dos expresados e importantes puestos de Montevideo y Maldonado, he dado las órdenes convenientes para que en esta ocasión se os remitan en dichos navíos de registro 50 familias, las 25 del reino de Galicia, y las otras 25 de las islas de Canarias. También se dan las órdenes necesarias a mi Virrey del Perú, y Gobernadores de Chile, Tucumán y Paraguay, para que os den cuantos auxilios puedan para atajar los intentos de los portugueses, y particularmente para que del distrito de cada uno pasen las familias que fueren posibles, para que con las que (como va dicho) se os remiten de España se apliquen a estas poblaciones. Previniéndose también a esa ciudad que, siendo interés propio suya las poblaciones referidas, pues por este -8- modo asegura las campañas de la otra banda, a donde es preciso recurrir ya por la falta de ganados que se experimenta en esas de Buenos Aires, y no asegurándose este sitio queda expuesta dicha ciudad a que con el tiempo los portugueses se hagan dueños de él, como lo han intentado, procure también por su parte, con la mayor vigilancia, atraer las más familias que pudiere para que vayan a poblar dichos sitios, suministrándoles los medios que necesitaren, pues a este mismo fin coadyuvaréis por vuestra parte. Advirtiendo también a la ciudad proceda, en las licencias que diere para el transporte de cueros, con la debida reflexión y consideración, no dudando que en vista de estas providencias, y de que procuraréis castigar a los españoles que fomentaren y coadyuvaren a los portugueses, se contendrán a éstos, a quienes requeriréis para que en el término de un mes desalojen los territorios que ocuparen, fuera del que les está permitido dentro del tiro de cañón, y se retiren a sus límites, advirtiéndoles que, si no lo ejecutaren pasado el referido término, los arrojaréis con la fuerza. Lo cual ejecutaréis así, pues con las providencias expresadas podréis hacerlo, procurando (como no lo dudo de vuestro amor y celo a mi real servicio) practicar en este caso todas las disposiciones que fueren posibles, con la conducta que hasta aquí. Y de lo que se adelantare en este asunto, me daréis cuenta en las primeras ocasiones que se ofrecieren. De Aranjuez, a 16 de abril de 1725.

Yo el Rey.

Al Gobernador de Buenos Aires, etc.


Continuación