Gacela del niño muerto

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Gacela del niño muerto
de Federico García Lorca



Todas las tardes en Granada, 
todas las tardes se muere un niño. 
Todas las tardes el agua se sienta 
a conversar con sus amigos. 
 
Los muertos llevan alas de musgo. 
El viento nublado y el viento limpio 
son dos faisanes que vuelan por las torres 
y el día es un muchacho herido. 

No quedaba en el aire ni una brizna de alondra 
cuando yo te encontré por las grutas del vino. 
No quedaba en la tierra ni una miga de nube 
cuando te ahogabas por el río. 

Un gigante de agua cayó sobre los montes 
y el valle fue rodando con perros y con lirios. 
Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos, 
era, muerto en la orilla, un arcángel de frío.