Gaceta del Salvador/Tomo 4/Número 37

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Gaceta del Gobierno del Salvador en la América Central (1853)
Tomo 4 Número 37

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Gaceta
del
Gobierno del Salvador
en la America Central.

 TOM. 4.º NUM. 37.

San Salvador, Diciembre 9 de 1853.

Parte No Oficial[editar]

Parte No Oficial.

La Gaceta[editar]

La Gaceta.


San Salvador, Diciembre 9 de 1853.


Elecciones[editar]

Universidad[editar]

Incendio en el Puerto de La Union[editar]

Incendio
en el Puerto de La Union

 Comandancia del puerto de la Union: Noviembre 29 de 1853.--Sr. Ministro de hacienda y guerra del S. G. del Estado.
 Un dia de horrorosa muerte se preparaba á los habitantes de este puerto el 27 del corriente si la Providencia visiblemente no hubiese estendido sobre nosotros su mano misericordiosa.
 A las tres de la mañana de este dia ha sido incendiada una pequeña casa de paja de la pertenencia del Sr. Dn. José Antonio Lechuga donde ecsistian en clase de depósito cuarenta y cinco arrobas de pólvora, distando este rancho cinco ó seis varas de una casa de teja del mismo Sr. Lechuga en que estaban tambien ciento sesenta barrilitos de media arroba cada uno, distantes una y otra casa de esta poblacion trescientas varas al poniente.
 El vecindario dormia tranquilo, cuando fué alarmado por el toque ordinario de campana que en tales casos se acostumbra. En el momento me dirijí con una pequeña escolta al punto del incendio, en la intelijencia de que solamente en la casa de teja ecsistia pólvora; pero allí mismo al tiempo de mi llegada fuí informado por dos personas que cuidaban ésta, de que tambien en la que se ardia habia dicho artículo. Sorprendido, regresé al trote á buscar al Sr. Lechuga para informarme de la realidad, al que no encontré tan pronto como deseaba: entonces volví al lugar del incendio, y ya en estos momentos estaban los señores Dn. Hermenejildo Alvarado y Dn. Dolores Doña cerca de la casa animando á seis ú ocho hombres que voluntariamente iban llegando, los que denodados y á sabiendas del gran peligro que se corria, subieron al cahidizo de teja que tenia dicho rancho en el que estan la pólvora y rompuendo la puerta de aquel, sacaron los barriles, lo que pudo lograrse con sumo trabajo. Entre dichos barriles se encontró uno de cuatro arrobas abierto; y todo se colocó á alguna distancia del fuego dentro de la arena, ocupándose en seguida dichos hombres en apagar el incendio con la garantia de que el riesgo se habia minorado en mucha parte, á lo que contribuyó bastante el haber allí depositados ciento treinta mil ladrillos de sal que pudieron servir de barrera entre el fuego y la pólvora.
 Serian las cuatro y media de la mañana cuando, debido á las impavides con que estos pocos hombres, unos muchachos y tres ó cuatro mujeres que acarreaban incesantemente agua con la mayor voluntad, tuvimos una esperanza segura de salvacion, pues las llamas habian ya consumido mucha parte de la madera, siendo la demas trozada, sacada y apagada por aquella buena jente que se ha hecho tan digna de nuestra gratitud.
 Cuando aun habia bastante riesgo, llegaron al lugar del incendio los señores Juez de 1.ª Instancia Dn. S. Escobar, Alcaldes Dn. F. Urros é Ines Valenzuela y los señores Dn. Atanasio Irizarri, Dn. Eujenio Oyárzum, Dn. Atanasio Guzman y R. Halker, quedando al cuidado de la aduana los señores Dn. Sebastian Bulnes y Dn. José Cáceres, mientras el Ayudante al mando de una escolta se ocupaba en hacer concurrir á los pocos vecinos que se encontraban, pues los que no huían se negaban, por lo que fué necesario emplear la fuerza.
 Es inesplicable, Sr. Ministro, el estado lastimoso en que se encontraban todos los habitantes de este puerto en los momentos en que se supo la ecsistencia de pólvora en la casa del incendio: nadie pensaba en ocurrir al remedio, pues por momentos se aguardaba una esplosion que cada cual se imajinaba de diferentes modos, terrible y espantosa: nadie volvía su vista al incendio, sino para mas aumentar su tormento y desconsuelo, pues parecia que las llamas ostentaban á cada instante mas una amenaza que no dejaba vacilar entre la vida y la muerte.
 A los hombres y mujeres del pueblo que mas se distinguieron con su actividad en apagar el incendio, se acordó por unos pocos vecinos dar una gratificacion, á la que contribuyeron con veinticinco pesos y á nombre del Gobierno, los señores administradores, contador y el que suscribe.
 Se presume que una mano alevoz incendió la referida casa; pero desgraciadamente no hai indicios de quien sea este malvado.
 Esta comandancia, de acuerdo con la administracion, hoi mismo hace embarcar la pólvora en un bongo para tenerlo fondeado en la bahía á alguna distancia de la poblacion y de los buques al cuidado de una escolta mientras sus dueños disponen de dicho artículo ó el Supremo Gobierno lo que convenga.
 Lo espuesto, se servirá U. ponerlo en conocimiento del Sr. Presidente y admitir el aprecio y consideraciones de su atento humilde servidor.--D. U. L.

J. E. Peralta.

 El Supremo Gobierno á consecuencia de este parte dió órden para premiar con algunas cantidades á los individuos que mas espusieron sus vidas por salvar á la poblacion de una ruina y al Estado de compromisos por estar las bodegas llenas de toda clase de mercaderías.



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