Glosa (Tapia y Rivera)

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Razón que imperas en mí
¿porqué habré de mentir yo,
diciendo impasible no,
cuando el alma dice sí?





Al mirar tus bellos ojos
siento nacer la alegría,
porque truecan, vida mía,
en encanto, los enojos.
Al mirar tus labios rojos
donde el amor se atesora
mi pecho esclavo te adora,
y huyendo del frenesí
tengo que exclamar, señora,
«razón que imperas en mí».


Si observas en mi semblante
el delirio que me inspiras,
si con deleite me miras
y en mi seno palpitante
percibes el dulce instante
que ocasionas a mi alma,
¡qué vale que finja calma!
si el fuego que me abrasó
obtiene triunfante palma,
¿porqué habré de mentir yo?


¡Oh! no esperes que negarlo
pueda el pecho enardecido,
no puede estar escondido
tan dulce afecto; callarlo
es penar y acrecentarlo:
que en vano ¡ay Dios! mentiría
si al preguntarme algún día
si mi pecho te adoró,
yo respondiese, alma mía,
diciendo impasible, NO.


Tanto valiera negar
que eres bella y atractiva,
que el alba se muestra esquiva
si ve tus ojos brillar;
tanto valiera expresar
que el que llegó a contemplarte,
logró vivir y olvidarte,
alcance vivir sin ti,
si yo dijera NO amarte
cuando el alma dice SÍ.