Historia II:Batalla de Pavía

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Francisco I tenía gran interés en recobrar el Milanesado. El mismo, con su ejército, entró en Italia y llegó hasta Milán. Luego fué a poner sitio a la Pavía, que defendía un capitán español, y mandó plantar un gran campamento en semicírculo. Había en su campamento 30.000 soldados, con una multitud enorme de lacayos, mercaderes y muchas mujeres. Era en invierno, y el ejército padeció por el frío. Los grandes señores iban a calentarse a la cocina del rey.

Pasaron tres meses y Pavía continuaba defendiéndose. El ejército del emperador avanzó para librarla. Contaba 13.000 alemanes, 6.000 italianos y 3.000 españoles. Francisco I mandó entonces apostarse su ejército en un parque rodeado de muros. Los dos ejércitos permanecieron dos semanas frente a frente, tan cerca uno del otro que los franceses oían gritar y tocar el tamboril en el campo enemigo. Francisco creía que no se atreverían a atacarle, y decía que "el enemigo no quería comer batalla".

Por último, una noche la infantería del emperador, que se había puesto las camisas sobre las armaduras para reconocerse los soldados, avanzó en silencia hasta el cercado y abrió brechas en los muros. Al despuntar el día penetraron dentro. Los cañonazos de los franceses les cogían de flanco y hacían volar por los aires brazos y cabezas. Pero, a pesar de los cañonazos, la infantería se reunió y atacó el campamento francés.

El rey, en lugar de defender sus atrincheramientos, mandó alinear sus tropas a vanguardia. Luego, personalmente, a la cabeza de sus jinetes, se arrojó contra el enemigo, tapando de esta suerte los cañones que ya no podían disparar, y dejando detrás a la infantería que no pudo unírsele. Metióse con sus jinetes por entre el ejército adverso, en tanto los imperiales atacaban a su infantería. Los infantes suizos al servicio del rey de Francia se desbandaron. La guarnición de Pavía salió de la ciudad y atacó el campamento francés.

La tropa de los hombres de armas franceses que seguía al rey se encontró entonces aislada en medio del ejército imperial. El general del emperador había mezclado entre sus jinetes arcabuceros que tiraban casi a boca de jarro y derribaban a los jinetes franceses. Carlos V decía más tarde que había "ganado la batalla de Pavía por las mechas de sus arcabuceros".

Al fin Francisco I, rodeado de los principales señores franceses, se vió acosado por el enemigo. Batióse largo tiempo. Herido en el brazo, se defendía aún con la espada. Los soldados le rodeaban por todos lados para hacerle prisionero. No quiso rendirse más que a un general. Su ejército estaba deshecho, sus compañeros muertos o prisioneros.


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Pocos días más tarde, escribió a su madre una larga carta con gran desaliento en la que figuraba esta frase: "De todo, no me ha quedado más que el honor y la vida, que está salva". Se refirió más tarde que el rey había escrito: "Todo se ha perdido, menos el honor".

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