Historia X:Guerra en Alemania

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Cuando las tropas de los príncipes católicos invadieron los dominios del Palatino, cerca del Rin, los príncipes protestantes de la Unión no le defendieron y licenciaron su ejército. Pero pequeños príncipes alemanes ofrecieron al Palatino continuar la guerra en su nombre.

Ernesto de Mansfeld, un señor católico, en un principio oficial del emperador, se había pasado al servicio del duque de Saboya, luego de los protestantes de Bohemia. Aun cuando no tuviera dinero para pagar soldados, empezó a alistar un ejército. Reunió más de 20.000 soldados (la mayor parte habían servido en el ejército que la Unión protestante acababa de licenciar), y los llevó a saquear los dominios de los príncipes católicos en las orillas del Rin, luego a Alsacia.

Un joven príncipe protestante, Cristián, administrador del obispado de Brunswick, reunió también un pequeño ejército y saqueó las tierras de los obispos en el Norte del Alemania. Llevaba en el casco un guante de la mujer del Palatino, que era su prima, y manifestaba combatir por ella. Mandó acuñar una medalla con estas palabras: «Amigo de Dios, enemigo de los sacerdotes».

Aquellos ejércitos improvisados no pudieron sostenerse mucho tiempo frente al ejército español, más disciplinado, y frente al ejército de la Liga católica mandado por Tilly, un señor belga, católico austero que vivía como un fraile. El Palatino, descorazonado, despidió a los príncipes que se habían puesto a su servicio. Mansfeld se llevó a Bélgica los soldados que le quedaban, y entró al servicio de los holandeses, en guerra con España. La guerra de Alemania parecía terminada.

El emperador declaró al Palatino depuesto de su dignidad y dió el título de Elector al duque de Baviera. El ejército de la Liga se estableció en Alemania del Norte, saqueó los territorios de los príncipes protestantes y empezó a recogerles las antiguas posesiones de los conventos.

El rey de Inglaterra, Jacobo I, suegro del Palatino, se había negado mucho tiempo a auxiliarlo. Sostenía el derecho divino de los reyes y juezgaba a su yerno justamente castigado por haber tratado de quitar Bohemia a su legítimo rey. Sus súbditos ingleses le decidieron al fin a acudir en auxilio de su yerno (véase cap. XII). Jacobo se puso de acuerdo con los príncipes protestantes de Alemania. Alistaron un ejército y le pusiero a las órdenes del rey de Dinamarca, Cristián, que tenía posesiones en el norte de Alemania (1624). La liga pidió asimismo refuerzos al emperador.