Historia XII:El Parlamento largo

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El Parlamento se había desembarazado de los dos ministros que dirigían el gobierno de Carlos. Le obligó a aceptar una ley declarando que la Cámara no podía ser disuelta en lo sucesivo sino por su propio consentimiento. El rey renunciaba a su derecho de disolver, y el Parlamento se hacía Independiente del rey.

Luego obligó a Carlos a reconocer que el rey no podía imponer ningún tributo sin el consentimiento de la Cámara, lo cual le quitaba el medio de proporcionarse dinero.

Hizo abolir en seguida los dos tribunales que servían al rey para condenar a sus adversarios, la Cámara estrellada y la Alta Comisión.

Se hacía imposible a Carlos continuar su sistema de gobierno. El ejército que alistara contra los escoceses fué licenciado.

Entonces los miembros del Parlamento, hasta entonces unidos contra los ministros de Carlos, empezaron a dividirse a propósito de los obispos. Unos proponían suprimirlos, porque eran siempre del partido del rey, otros querían conservarlos.

En aquel momento se recibió la noticia de que los católicos de Irlanda acababan de sublevarse y degollaban a los protestantes escoceses e ingleses establecidos en el país. Decíase que habían dado muerte a 30.000, y se contaban historias de niños degollados y de gentes arrojadas al agua por los rebeldes.

Los ingleses quisieron enviar un ejército a Irlanda para vengar a las víctimas, pero temieron, si era confiado a Carlos, que se sirviese de él contra Inglaterra. La mayoría de la Cámara intentó, por tanto, quitarle el poder. Aprobó la gran petición que enumeraba todos los actos reprochados a Carlos I y proponía dos reformas: l.ª, dar el gobierno a ministros aceptados por el Parlamento; 2.ª, dar la dirección de la Iglesia a una asamblea de teólogos nombrados por el Parlamento. Era quitar al rey todo su poder.

La petición no fué aprobada sino por catorce votos de mayoría. La Cámara se dividió en dos partidos. Los que querían conservar los obispos se aproximaron al rey.

Carlos I, viéndose apoyado, anunció que mantendría la religión protestante tal como estaba establecida en tiempos de Isabel. Cuando regresó a Londres, la muchedumbre le aclamó en las calles (noviembre de 1641). Entonces se creyó bastante fuerte para desembarazarse de los jefes de la oposición, a los que ordenó perseguir como traidores por haberse entendido con los sublevados de Escocia.

Carlos en persona se llegó con una banda de hombres armados a la Cámara de los Comunes, entró en el salón y dijo «que había venido para prender a cinco traidores». Los miembros amenazados (Pym estaba entre ellos) se habían refugiado en la City de Londres. Carlos, no viéndolos, preguntó al presidente dónde estaban. El presidente se hincó de rodillas y dijo: «Con licencia de Vuestra Majestad, yo no tengo ojos para ver ni lengua para hablar en este puesto, si no es lo que esta Cámara me ordene». Carlos, después de haber mirado a su alrededor, dijo: «Los pájaros han volado», y se fué.