Historia XV:Dominación de Luis XIV en Europa

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El emperador habría querido resistir. Pero el ejército turco llegaba por el valle del Danubio y sitiaba Viena (véase cap. XVII). Luis XIV no se atrevió a atacar en tanto los turcos estuvieran delante de la ciudad.

Después de la derrota de los turcos, envió un ejército a sitiar la plaza fuerte de Luxemburgo, que pertenecía a España. El rey de España y el emperador no tenían medios para sostener una guerra. Firmaron la tregua de Ratisbona (1684), una tregua de veinte años que dejaba al rey de Francia todas las ciudades que había ocupado.

La ciudad de Génova había proporcionado barcos de guerra a España. Luis XIV, para castigarla, envió una flota que por espacio de diez días bombardeó Génova y la incendió (1684), y luego envió un ejército a atacarla por tierra. El Gobierno de Génova se sometió a las condiciones que exigía Luis XIV. Envió al dogo con cuatro senadores a Versalles para presentar sus excusas y mostrar su sentimiento «por haber desagradado a Su Majestad» (1685).

Luis XIV, ya a mal con el Papa con motivo de la declaración de 1682, se indispuso con él a propósito del derecho de asilo. La policía de Roma no tenía derecho a penetrar en el barrio donde moraba un embajador. Los malhechores se refugiaban allí, aquellos barrios hablan llegado a ser madrigueras de bandidos y de contrabandistas. El Papa había logrado que todos los príncipes renunciasen al derecho de asilo, y pidió a Luis XIV que hiciera lo mismo que los demás. Luis XIV respondió: «Dios me ha establecido para dar ejemplo a los demás, no para recibirlo». Envió un embajador que llegó a Roma con una tropa armada y se instaló a pesar del Papa.

Luis XIV, con sus manifestaciones, había irritado a todos los príncipes de Europa. Con la revocación del edicto de Nantes, ofendió vivamente a los príncipes protestantes que habían sido en otro tiempo los aliados de Francia. Muchos nobles protestantes salieron del reino y fueron a ponerse al servicio de Inglaterra, de Holanda y de los príncipes alemanes, sobre todo del Elector de Brandeburgo.

Todos los príncipes alemanes se aproximaron entonces al emperador y se aliaron con él y con el rey de España. Se comprometieron a apoyarse mutuamente contra «cualquiera que atentase a la paz pública». Tal fué la liga de Ausburgo (1686). Pero no era aun más que una alianza defensiva, los holandeses no querían guerra y los demás Estados no se atrevían a atacar a Luis XIV.


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