Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I): Prefacio del autor

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Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I) de Roselly de Lorgues
Prefacio del autor


 Han transcurrido siglos, sin que el mas grande acontecimiento que sobrevino á la humanidad, aquel por el cual se duplicó el globo, se haya descrito tal como fué, ni menos atribuido á quien corresponde la verdadera causa que lo produjo. Ningun escritor católico procuró jamas trazar con exactitud la vida de Cristóbal Colon, el héroe del catolicismo. Tan solo la escuela protestante tuvo hasta hoy el privilejio de narrarnos esta historia, siendo aceptados sus fallos sin litijio; hasta que al fin ha sonado la hora de una gran rehabilitacion.

 Por la vez primera, desde la fundacion de la cátedra de Pedro en la ciudad eterna, se asienta en el trono del príncipe de los apóstoles, un pontífice que atravesó la inmensidad del Atlántico, los espacios del Océano, y admiró las maravillas del creador en las incomparables rejiones del nuevo mundo. Mejor que ningún otro, el ilustre papa Pio IX, pudo apreciar la fé en la providencia, la enerjia, la certidumbre, la fuerza y la resolucion que rebosaban en el pecho del hombre, que osó el primero, llevar á traves de lo inconmensurable, el signo de la redencion á las misteriosas tierras, cuya existencia negaba la ciencia contemporánea.

 Lo grande de la obra y lo sublime del alma del artífice se revelaron intuitivamente al hombre superior, que, despues de haber adquirido nociones completas del mundo físico y de los destinos de la humanidad, se vió llamado á la cabeza del gobierno del catolicismo. Una simpatia instintiva une al inmortal Pio IX á la memoria del cristiano escojido por Dios para revelarnos la mitad de su creacion terrestre, y es lójico y digno del jefe de la Iglesia el protejer la gloria del primer católico, que clavó la cruz en aquellas remotas playas, y proclamó el nombre del redentor.

 Tambien parece natural tocase á un frances, dar cumplimiento á un acto de justicia reparadora, publicando la historia exacta de tan gran servidor de Dios, ya que la Francia fué la que, si bien sin quererlo, contribuyó la primera á despojarle de sus derechos, dando otro nombre que no el suyo al continente, que descubrió su injénio. Si hemos aceptado una comisión tan honrosa, y que tanto escede á nuestras fuerzas, es porque la benevolencia[1] con que se ha dignado tratarnos el soberano pontífice reinante, nuestro amor á la verdad, nuestra libertad de preocupaciones personales y nuestra confianza en Dios nos permiten esperar, que no obstante nuestra incapacidad, plazca al padre de las luces, autor de los dones perfectos, iluminar el camino de nuestras investigaciones; y que por el ascendiente que siempre tuvo la verdad, y que suple los encantos del estilo, se lea nuestro libro.

 Existe un corro de publicistas, que no aprecia la crónica sino cuando se escribe con la mente, no con el corazon, y á los que la idea sola de que el alma del autor se mezcle en la narracion, parece una infraccion de las reglas de la composicion histórica. Pero el historiador que toma por costumbre contener en los límites de una elegante fraseolójia los rasgos de una seca y árida imajinacion, carece de ánimo, y dá muestras de cobarde.

 Mal que les pese escribiremos, obedeciendo á nuestro propio impulso, sin dejarnos llevar de las exijencias sistemáticas de la escuela que pretende imponer la ley en este caso: referiremos tan solo uno por uno y por su órden los acontecimientos inherentes á los actos ó á la persona de Colon, absteniéndonos de hablar del estado de los pueblos que descubrió y que observó el primero. Los detalles de su administracion, las consideraciones científicas, que parecen naturalmente desprenderse de sus viajes, nos están vedadas, porque no caben en los estrechos límites del cuadro que nos hemos trazado.

 Antes de comenzar, debemos responder á estas preguntas que se han reiterado muchas veces. ¿De dónde proviene que la vida del héroe, á quien el jénero humano debe la posesion del otro hemisferio, no haya sido nunca escrita por un católico? ¿Por qué tan solo los escritores protestantes, dueños de tan famosa biografía, abrogándose el privilejio de mostrarnos esclusivamente por su objetivo la imájen de Colon, han llegado á imponer sus ideas como la sentencia definitiva de la historia?

 Al satisfacer á esta lejítima curiosidad probaremos implícitamente, con el mismo esceso de la aberracion en que se cae con respecto á Colon, la necesidad de publicar una relacion sincera y completa de su vida. Entónces se comprenderá toda la importancia del servicio prestado á la integridad de la historia, por el asentimiento del soberano pontífice, cuya magnanimidad nos ha dado aliento. Esto es lo que vamos á hacer ahora en la introduccion, cuya lectura es indispensable para conocer la vida y nombre de Colon, pues por sí sola permitirá pasar en seguida á la parte narrativa, sin obstáculo que le ponga entorpecimiento. Los hombres que deseen iniciarse en los movimientos íntimos del precursor del apostolado en el nuevo mundo, no deben omitir una sola línea de los preliminares, al par que los lectores superficiales podrán pasarse sin leer preámbulo tan grave.


El Conde Roselly de Lorgues.
  1. Ademas de la carta con que S. S. se dignó honrar al autor, por un favor escepcional, se suscribió á la obra, y envió al conde Roselly de Lorgues la cruz de S. Gregorio Magno.
    N. de la 1a edicion francesa.