Historia de los reyes de Bretaña: Libro segundo

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Libro 2.

Capítulo 1. Luego de la muerte de Bruto, sus tres hijos heredan el reino.

Durante estos hechos, Bruto tuvo con su esposa, Ignoge, tres hijos famosos; éstos eran sus nombres: Locrino, Albanacto y Cambro. Ellos, luego de la muerte de su padre la cual ocurrió en el año 24 después de su llegada, lo enterraron en la ciudad que había construido y, posteriormente, habiendo dividido el reino de Bretaña entre ellos, cada uno se trasladó a su respectivo gobierno. Locrino, el mayor, poseía la parte central de la isla que fue llamada Logres en honor a su nombre. Cambro tenía aquella parte que está más allá del río Severn y ahora se llama Gales pero que por mucho tiempo su nombre fue Cambria y, por esto, ese pueblo aún se hace llamar cambrios en su lengua británica. Albanacto, el hermano menor, tenía el país llamado Albania, que ahora es conocido como Escocia. Pasado un largo rato en el que todos reinaron juntos en paz, Humbro, rey de los hunos, llegó a Albania y tras matar a Albanacto en batalla, forzó a su gente a huir a Locrino para pedirle protección.

Capítulo 2. Locrino, habiendo derrotado a Humbro, se enamora de Estrildis.

Locrino, al oír las noticias, se juntó con su hermano Cambro y fueron con todas las fuerzas del reino a encontrarse con el rey de los hunos cerca del río que ahora se llama Humbro, donde iniciaron la batalla y lo derrotaron. Humbro huyó hacia el río y se ahogó en él, lo que le dio el nombre a ese río. Locrino, luego de la victoria, repartió el botín de su enemigo entre sus propios hombres y se quedó con el oro y la plata que encontró en los barcos junto a tres vírgenes de gran belleza, de las cuales una de ellas era hija de un rey en Germania y quien, junto a las otras dos, fue traída forzosamente por Humbro luego de destruirles su país. Su nombre era Estrildis y su belleza era sin igual. Ni el marfil, ni la nieve recién caída ni ningún lirio podía igualar la blancura de su piel. Locrino, perdidamente enamorado, se habría casado con ella pero Corineo estaba no lo permitía porque habían hecho un trato que decía que Locrino debía casarse con la hija de Corineo.

Capítulo 3. Corineo se molesta por la ofensa hecha hacia su hija.

Él fue, pues, hacia el rey y cargando un hacha de batalla en su mano derecha descargó su furia con estas palabras: “¿Así me pagas, Locrino, por las tantas heridas que he sufrido bajo el mandato de tu padre en sus guerras contra naciones extranjeras, que tú ofendes a mi hija y te rebajas a casarte con una bárbara? Mientras tenga fuerza en esta mano derecha, que ha destruido muchísimos gigantes en las costas tirrenas, jamás aceptaré esta ofensa…” Y repitiendo esto una y otra vez con una voz ruidosa, sacudió su hacha de batalla haciendo el amague de que lo iba a golpear hasta que los amigos de ambos intercedieron y, luego de calmar a Corineo, obligaron a Locrino a cumplir su acuerdo.

Capítulo 4. Locrino finalmente se casa con Güendolena, la hija de Corineo.

Locrino entonces se casó con la hija de Corineo, llamada Güendolena, pero aún mantenía su amor por Estrildis, a quien le hizo unos cuartos debajo de la tierra donde la entretuvo e hizo que fuera atendida con honores, pues él estaba decidido a llevar al menos un amor privado con ella, ya que no podían vivir abiertamente juntos por miedo a Corineo. De esta forma la ocultó y frecuentemente le hizo visitas por siete años enteros, sin el conocimiento de nadie más aparte de sus más íntimos empleados y todo hecho con el pretexto de realizar unos supuestos sacrificios secretos a sus dioses, de manera que cada persona le creyó. Estrildis fue embarazada y dio a luz una hermosísima hija que fue llamada Habren. Güendolena también dio a luz a un hijo cuyo nombre fue Madan y lo puso bajo el cuidado de Corineo para que lo educara.

Capítulo 5. Locrino es asesinado; Estrildis y Habren son tiradas a un río.

Pero con el tiempo, cuando Corineo murió, Locrino se divorció de Güendolena e hizo que Estrildis se convirtiera en reina. Güendolena, brava por esto, se fue hasta Cornualles donde juntó todas las fuerzas del reino y empezó a hacerle disturbios a Locrino. Así, ambos ejércitos iniciaron la batalla cerca del río Stour donde mataron a Locrino con el disparo de una flecha. Después de su muerte, Güendolena se posesionó como gobernante del reino entero, teniendo el espíritu furioso de su padre, pues ordenó que Estrildis y su hija Habren fueran tiradas al río ahora llamado Severn y publicó una proclamación por toda Bretaña que decía que el río debía tener el nombre de la damisela con la esperanza de que esto perpetuara su memoria y, por ende, la infamia de su marido. Por tal razón hasta este día el río es llamado Habren en la lengua británica y por la corrupción del nombre, en otro idioma se llama Sabrina.

Capítulo 6. Güendolena le da el reino a Madan, su hijo, a quien luego sucede Mempricio.

Güendolena reinó por 15 años posterior a la muerte de Locrino, quien había reinado diez, y más tarde puso a su hijo Madan en el trono, a quien ya le veía suficiente madurez, conformándose ella con el país de Cornualles por el resto de su vida. En este tiempo, el profeta Samuel gobernaba en Judea, Silvio Eneas aún vivía y Homero se daba a conocer como un famoso orador y poeta. Madan, teniendo ahora la corona, tuvo de su esposa dos hijos: Mempricio y Malim y gobernó el reino en paz y con cuidado por 40 años. Apenas murió, los dos hermanos pelearon por el reino, cada uno buscando el poder absoluto sobre la isla entera. Mempricio, impaciente para alcanzar sus deseos, hizo un tratado con Malim haciéndolo ver como si quisiera una tregua con él y, tras haber planeado una conspiración, lo asesinó en la asamblea donde sus embajadores se reunieron. Con estos hechos, obtuvo el dominio sobre toda la isla y sobre la cual ejerció tal tiranía que escasamente dejó con vida a algún noble y, con violencia o con traición, oprimió a toda persona que él pensara que podría sucederlo, aumentando su odio hacia su propia raza. También abandonó a su propia esposa con quien tuvo a un noble joven llamado Ebrauco y se aficionó a la sodomía, prefiriendo el deseo antinatural que los placeres de un matrimonio. Finalmente, en el 20mo año de su reino, mientras cazaba se fue solo a un valle en el que una jauría de lobos lo acorralaron y lo devoraron de una manera horrible. En ese entonces Saúl reinaba en Judea y Euristeo en Lacedemonia.

Capítulo 7. Ebrauco, el sucesor de Mempricio, conquista a los galos y construye la ciudad de Kaerebrauc.

Cuando a Mempricio le llegó la muerte, Ebrauco, su hijo, un hombre de gran estatura y de asombrosa fuerza, asumió el gobierno de Bretaña el cual tuvo por 40 años. Él fue el primero desde Bruto que invadió Galia con una flota y atemorizó sus provincias matando a sus hombres y dejando destrucción en sus ciudades y, por estos medios, se enriqueció con una cantidad infinita de oro y plata y retornó victorioso. Después, construyó una ciudad al otro lado del Humbro la cual, en honor a su propio nombre, le puso Kaerebrauc, que significa la Ciudad de Ebrauco, aproximadamente en el tiempo en que David reinaba en Judea y Silvio Latino en Italia y en el que Gad, Natán y Asaf profetizaban en Israel. Igualmente construyó la ciudad de Alclud por Albania y la ciudad del monte Agned, llamado en estos tiempos el Castillo de las Doncellas o la Montaña del Dolor.

Capítulo 8. Los 20 hijos de Ebrauco van a Germania y sus 30 hijas van hacia Silvio Alba en Italia.

El príncipe tuvo 20 hijos y 30 hijas con 20 esposas y con gran valor gobernó el reino de Bretaña por 60 años. Estos fueron los nombres de sus hijos: Bruto, apodado Escudo Verde; Margadud, Sisilio, Regin, Morvid, Bladud, Jagon, Bodloan, Kincar, Spaden, Gaul, Dardan, Eldad, Ivor, Cangu, Héctor, Kerin, Rud, Asáraco, Buel. Estos fueron los nombres de sus hijas: Gloigin, Ignogin, Oudas, Güenlian, Gaurdid, Angarad, Güenlodoe, Tangustel, Gorgo, Medlan, Metael, Ourar, Mailure, Kambreda, Ragan, Gael, Ecub, Nest, Chein, Stadud, Gladus, Ebrein, Blangan, Abalac, Angaes, Gálaes (su belleza era la más admirada en ese tiempo en Bretaña y Galia), Edra, Anor, Stadiald, Egron. Todas sus hijas fueron enviadas por su padre hacia Italia a Silvio Alba, quien reinó después de Silvio Latino, donde se casaron entre la nobleza troyana, pues las mujeres latinas y sabinas no querían unirse a ellos. Pero los hijos, bajo el comando de su hermano Asáraco, partieron en flota a Germania y, tras someter a su gente con la ayuda de Silvio Alba, obtuvieron ese reino.

Capítulo 9. Después de Ebrauco reinó Bruto, su hijo, después de él, Leil, y después de Leil, Hudibrás.

Pero Bruto, apodado Escudo Verde, se quedó con su padre a quien sucedió en el gobierno y reinó 12 años. Luego de él reinó Leil, su hijo, un justo y pacífico príncipe quien, disfrutando de un reino próspero, construyó una ciudad al norte de Bretaña la cual fue llamada Kaerleil por su nombre, al mismo tiempo que Salomón comenzó a construir el templo de Jerusalén y la reina de Saba escuchó su sabiduría y al mismo tiempo en el que Silvio Epito sucedía a su padre, Alba, en Italia. Leil reinó 25 años, pero hacia el final de su vida descuidó su gobierno y su negligencia rápidamente causó una guerra civil en el reino. Después de él, reinó su hijo, Hudibrás, por 39 años y calmó la guerra civil entre su pueblo. Construyó Kaerlem o Cantuaria (Canterbury), Kaergüeint o Winchester y la ciudad de Monte Paladur, ahora Seftonia. En este lugar al parecer un águila habló mientras se construía la muralla de la ciudad; yo hubiera escrito lo que dijo si pensara que esto fue verdad como el resto de la historia. En este tiempo reinaba Capis, el hijo de Epito, y Ageo, Amos, Joel y Azarías eran profetas en Israel.

Capítulo 10. Bladud sucede a Hudibrás en el reino y practica la magia.

Más tarde vino Bladud, su hijo, y reinó 20 años. Construyó Kaerbadus, ahora Bath, y ahí hizo baños con agua caliente para el beneficio de la gente y que fueron dedicados a la diosa Minerva, en cuyo templo guardaba fuegos que nunca se apagaban ni se consumían en cenizas, pero cuando empezaron a decaer se convirtieron en bolas de piedra. Por este tiempo el profeta Elías rezó para que no lloviera sobre la tierra y no llovió por tres años y seis meses. Este príncipe era un hombre muy ingenioso y enseñó la nigromancia en su reino y siempre hacía su magia, hasta que una vez intentó volar a lo más alto del aire con alas que él había hecho y cayó sobre el templo de Apolo, en la ciudad Trinovanto, en donde se tornó pedazos.

Capítulo 11. Leir, el hijo de Bladud, sin tener hijos divide el reino entre sus hijas.

Luego del triste destino de Bladud, Leir, su hijo, subió al trono y gobernó noblemente su país por 60 años. Construyó cerca del río Soar una ciudad que se llamaba Kaerleir en lengua británica y Leicester en la lengua sajona. No tuvo hijos pero tuvo tres hijas, sus nombres: Goneril, Regan y Cordelia, a las cuales él amaba mucho pero principalmente a su hija menor, Cordelia. Cuando envejeció, pensaba dividir su reino entre ellas y darles maridos apropiados para el gobierno. Pero para determinar quién habría de recibir la mejor parte de su reino, fue hacia cada una a preguntarles quién de ellas lo amaba más. Ante la pregunta, Goneril, la mayor, se dice que “llamó al cielo como testigo para decir que lo amaba más que a su propia alma”. El padre respondió: “Ya que has preferido mi creciente edad antes que tu propia vida, te casaré, querida hija, con quienquiera que tú elijas y te daré la tercera parte de mi reino.” Luego Regan, la segunda hija, queriendo prevalecer ante la bondad de su padre y siguiendo el ejemplo de su hermana, respondió con un juramento que se dice que “no pudo expresar sus pensamientos, pero que lo amaba más que todas las criaturas.” Ante el juramento, el crédulo padre le hizo la misma promesa que le hizo a la hermana mayor, o sea, que tendrá la libertad para elegir a un marido y tendrá la tercera parte de su reino. Pero Cordelia, la menor, entendiendo lo fácil que él se satisfacía con las expresiones de halago de sus hermanas, tenía el deseo de expresar su afecto de manera distinta. “Mi padre”, dijo ella, “¿hay alguna hija que pueda amar más a su padre que lo que requiere el deber? En mi opinión, quienquiera que lo pretenda, debe disfrazar sus sentimientos verdaderos detrás de la adulación. Siempre te he amado como un padre ni pienso en alejarme de mi deber y si tú insistes en querer oír algo más de mí, escucha ahora la grandeza de mi afecto que siempre te he tenido y toma esto como una corta respuesta para todas tus preguntas, mira cuánto tienes, tanto es tu valor y tanto yo te amo.” El padre, asumiendo que dijo estas palabras desde un corazón vacío, fue provocado e inmediatamente respondió: “Ya que hasta ahora has despreciado my vejez como para pensar que no merezco el amor que tus hermanas me expresan, tendrás de mí lo mismo y te excluiré de cualquier reparto de mi reino. Sin embargo, ya que eres mi hija, te casaré con un extranjero si la suerte te da un marido, pero jamás, te lo aseguro, me encargaré de darte un muy honorable hombre como lo haré con tus hermanas, porque aunque te he amado más que a ellas, tú en cambio piensas que no merezco tu afecto.” Y sin tardanza, luego de consultarlo con su nobleza, casó a sus otras hijas con los duques de Cornualles y de Albania y les dio de regalo la mitad de la isla, pero tras su muerte, heredaron la entera monarquía de Bretaña.

Pasó después de esto, que Aganipo, rey de los francos, habiendo oído sobre la belleza de Cordelia, mandó a sus embajadores al rey para pedirle el matrimonio. El padre, aún con ira hacia ella, respondió que “está dispuesto a darle su hija pero sin dinero ni territorios, porque ya le había dado el reino con todas sus riquezas a sus hijas mayores, Goneril y Regan.” Cuando le dijeron esto a Aganipo, él, enamorado de la dama, nuevamente envió mensajeros al rey Leir para decirle que “tenía el dinero y los territorios suficientes, pues poseía la tercera parte de Galia y que deseaba solamente a su hija y tener herederos con ella.” Finalmente la unión se hizo, Cordelia fue enviada a Galia y se casó con Aganipo.

Capítulo 12. Leir, dándose cuenta de la ingratitud de sus dos hijas mayores, se dirige hacia su hija menor, Cordelia, quien está en Galia.

Un largo tiempo después de esto, cuando Leir se puso enfermo por su avanzada edad, los dos duques con quienes había casado a sus dos hijas se rebelaron contra él y le quitaron su reino y toda autoridad real que antes había tenido con todo su poder y gloria. Por acuerdo mutuo, Maglauno, duque de Albania y quien era uno de sus yernos, le permitió