Hortensia Antomarchi
Apariencia
HORTENSIA ANTOMARCHI
Vives aún, bajo mi mano tiemblas,
y muerto para siempre te creía,
inmóvil corazón á que mi pecho
sirvió de tumba. Vives y palpitas
atento á los rumores de la noche. . . .
jay! porque en otras escuchar solías,
en el gemir de los volubles vientos,
un suspiro. . . . sus pasos. . . . sus acentos.
y muerto para siempre te creía,
inmóvil corazón á que mi pecho
sirvió de tumba. Vives y palpitas
atento á los rumores de la noche. . . .
jay! porque en otras escuchar solías,
en el gemir de los volubles vientos,
un suspiro. . . . sus pasos. . . . sus acentos.
Vives aún y lloras, y ya lágrimas
nunca les negarás á mis dolores:
agotadas aquellas que la dicha,
de amor, de gratitud lloraste entonces;
agotadas aquellas que bañaron
la sorda tumba que á mi amor la esconde,
despiertas al oír la voz doliente
de un corazón que cual sentiste siente.
nunca les negarás á mis dolores:
agotadas aquellas que la dicha,
de amor, de gratitud lloraste entonces;
agotadas aquellas que bañaron
la sorda tumba que á mi amor la esconde,
despiertas al oír la voz doliente
de un corazón que cual sentiste siente.
¡Ah! no pretendas del nativo valle
oirla murmurar en los desiertos,
en los sollozos de tu amado río,
ni en los follajes del vecino huerto;
de aquellas deleitables armonías
tal vez ya nunca escucharás un eco:
al ángel de tus últimos amores
la frente ciñen extranjeras flores.
oirla murmurar en los desiertos,
en los sollozos de tu amado río,
ni en los follajes del vecino huerto;
de aquellas deleitables armonías
tal vez ya nunca escucharás un eco:
al ángel de tus últimos amores
la frente ciñen extranjeras flores.
¡Cuántas horas de angustias y combates,
mientras que yo velaba y él dormía,
troqué por gloria mísera, comprada,
con los mejores años de mi vida!
¡Cuántos labios queridos intentaron
ese sueño turbar, en que yacía,
ya de rey en esclavo convertido,
mujer, el corazón que has conmovido.
mientras que yo velaba y él dormía,
troqué por gloria mísera, comprada,
con los mejores años de mi vida!
¡Cuántos labios queridos intentaron
ese sueño turbar, en que yacía,
ya de rey en esclavo convertido,
mujer, el corazón que has conmovido.
Alma pura, divina soñadora,
orgullo del Creador, bendita seas!
Tú que sus obras inspirada cantas,
tú que á sus pies, por los que sufren, ruegas;
tú á quien la noche muestra sus arcanos
y al sol despides, de la tarde reina,
deja vivir donde tu alma mora
á mi alma, cual la tuya soñadora.
orgullo del Creador, bendita seas!
Tú que sus obras inspirada cantas,
tú que á sus pies, por los que sufren, ruegas;
tú á quien la noche muestra sus arcanos
y al sol despides, de la tarde reina,
deja vivir donde tu alma mora
á mi alma, cual la tuya soñadora.
También el mundo al trovador humilla. . . .
turba venal que de su Dios maldice:
ya no las puertas le abren los palacios,
ni el magnate lo sienta en sus festines:
el arpa al hombro, por la tierra vaga;
asilo al pobre como á hermano pide;
y le niega un rincón en sus hogares
el pueblo que recoge sus cantares.
turba venal que de su Dios maldice:
ya no las puertas le abren los palacios,
ni el magnate lo sienta en sus festines:
el arpa al hombro, por la tierra vaga;
asilo al pobre como á hermano pide;
y le niega un rincón en sus hogares
el pueblo que recoge sus cantares.
Esta faz que los soles del desierto
y el huracán marino han retostado,
no es la que en lloro maternal bañada
las matutinas brisas enjugaron:
de sollozar mi pecho enronquecido
y de velar mis ojos fatigados,
sólo en sueños recorre el alina mía
la casa paternal, su selva umbría.
y el huracán marino han retostado,
no es la que en lloro maternal bañada
las matutinas brisas enjugaron:
de sollozar mi pecho enronquecido
y de velar mis ojos fatigados,
sólo en sueños recorre el alina mía
la casa paternal, su selva umbría.
En los labios amantes, que mis labios
sedientos de placer han comprimido,
hallé deleites, mas la dicha nunca;
tras de goce fugaz, nada y hastío:
mi obscuridad ya tarde lamentaba,.
cansado de la gloria en el camino:
oi tu voz y mi alma dolorida,
no hallándote inmortal, amó la vida.
sedientos de placer han comprimido,
hallé deleites, mas la dicha nunca;
tras de goce fugaz, nada y hastío:
mi obscuridad ya tarde lamentaba,.
cansado de la gloria en el camino:
oi tu voz y mi alma dolorida,
no hallándote inmortal, amó la vida.
Ignotas soledades, do mis cantos
en las estivas noches despertaban
lejanos ecos; estruendosos ríos,
cuyas nieblas y espumas argentaba
la luna al asomar sobre los montes,
bajo celajes de fulgente nácar;
lagos azules, lirios tembladores. . . .
dadnos vuestros aromas y rumores!
en las estivas noches despertaban
lejanos ecos; estruendosos ríos,
cuyas nieblas y espumas argentaba
la luna al asomar sobre los montes,
bajo celajes de fulgente nácar;
lagos azules, lirios tembladores. . . .
dadnos vuestros aromas y rumores!
Tú no sabes, paloma gemidora,
cuán blandamente mecerán tu nido
de nevado plumón las auras tibias,
bajo la sombra de los bosques míos:
tú nos has amado allí: tú no has soñado
bajo ese cielo en el pomposo estío,
oyendo de las selvas los arrullos
del Nima concertar con los murmullos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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cuán blandamente mecerán tu nido
de nevado plumón las auras tibias,
bajo la sombra de los bosques míos:
tú nos has amado allí: tú no has soñado
bajo ese cielo en el pomposo estío,
oyendo de las selvas los arrullos
del Nima concertar con los murmullos.
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¿Por qué el sollozo del nocturno viento
mi corazón conturba? ¿Qué recuerda. . . .
qué ve, qué ve sobrecogida el alma;
á la luz de la luna macilenta
cruzar la sombra? Mustia. . . . silenciosa. . . .
despareció á lo lejos tras la niebla. . . .
¡corazón que al morir has despertado,
vuelve otra vez á tu sepulcro helado!
mi corazón conturba? ¿Qué recuerda. . . .
qué ve, qué ve sobrecogida el alma;
á la luz de la luna macilenta
cruzar la sombra? Mustia. . . . silenciosa. . . .
despareció á lo lejos tras la niebla. . . .
¡corazón que al morir has despertado,
vuelve otra vez á tu sepulcro helado!