Humildad (Balart)

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Pensamiento, que al cielo subes y subes,
mira bien no te pierdas entre las nubes.
Pliega, pliega las alas, amaina el vuelo,
pensamiento que altivo subes al cielo.
No te arrebate loca la humana ciencia:
los consejos atiende de la prudencia;
escucha a los que, en alas de su ardimiento,
cruzaron las regiones del vago viento,
y verás que encontraron -¡triste enseñanza!-
fallidas las promesas de su esperanza.

Del éter en la triste región inerte,
acechando a la vida vela la muerte.
Conforme de la tierra se va elevando
el hombre, de la vida se va apartando:
en los altos espacios -¡raro portento!-
falta luz a sus ojos, aire a su aliento;
sudor de sangre baña su torva frente;
vértigos tenebrosos cruzan su mente;
sus miembros relajados embarga el frío:
¡todo es calma, silencio, sombra, vacío!

Tal es también la suerte del hombre vano
que penetrar intenta lo sobrehumano:
cuando a inquirir misterios de Dios se lanza,
cuanto más alto vuela, menos alcanza;
y cuanto más invoca su estéril ciencia,
más confunde su orgullo la Omnipotencia.

Pliega, pliega las alas, amaina el vuelo,
pensamiento que altivo subes al cielo.
Mejor a Dios te elevas cuando te humillas:
¡nunca es más grande el hombre que de rodillas!