Impulsemos la enseñanza racionalista

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Impulsemos la enseñanza racionalista
de Práxedis G. Guerrero



Próximamente hará un año que Francisco Ferrer murió asesinado por los enemigos de la civilización en el interior del fuerte de Montjuich, en Barcelona. Las escuelas racionalistas fundadas por él cerraron sus cátedras obedeciendo la imposición brutal del Gobierno español, y sus libros, fuentes de ideas y conocimientos sanos, ardieron en las hogueras encendidas por los seides fanáticos del error. Sólo pocos ejemplares se salvaron, y de ellos algunos permanecen guardados por nuestro cariño, esperando la posibilidad de hacer nuevas ediciones para dotar las escuelas obreras que ya empiezan a formarse a impulso y deseo de varios grupos de trabajadores mexicanos.

Cuando tuve noticia del crimen de Montjuich, me invadió un gran deseo de protestar, pero no en la forma declamatoria que a fuerza de tanto repetirse a cada atentado del despotismo se ha hecho inútil, pudiendo considerársele como el enfurecimiento de la espuma contra el granito, sino con algo que fuera en vez del verbo, de la protesta, la acción de ella. Propuse entonces a los trabajadores, de raza mexicana el establecimiento de escuelas y la formación de pequeñas bibliotecas racionalistas, con nuestros propios elementos, que son bien escasos, pero no del todo ineficaces para ir poco a poco desarrollando un sistema de educación libre para nuestros pequeños, y para nosotros mismos. Mi propuesta fue aceptada por algunos grupos que han estado trabajando para realizar la idea, luchando continuamente con las dificultades de la miseria y con la carencia de libros apropiados para las escuelas, pues que, como es sabido, las obras editadas por la Escuela Moderna de Barcelona, fueron quemadas por mandato de los necios gobernantes españoles. Existen ya varias bibliotecas que cuentan con pocos, pero excelentes volúmenes formadas colectivamente por grupos de trabajadores de la Liga Panamericana, verdaderos centros de estudios sociales donde se discute el libro que se lee y establece con el cambio de ideas de fraternidad sólida y duradera, producto de la desaparición de los viejos prejuicios que se ahogan en el nuevo ambiente; van cada día en progreso, aumentando el número de compañeros que las visitan y el de los libros que se compran por el que tiene la posibilidad de hacerlo.

Las escuelas, desgraciadamente no han podido establecerse completamente sobre el plan moderno: faltan libros y maestros.

Me ocurre un medio de resolver la cuestión ahora que se acerca el aniversario del asesinato de Ferrer, que muchos amigos de su obra piensan celebrar con maniíestaciones de protesta y otros actos de simpatía. ¿Por qué no celebramos los trabajadores mexicanos ese aniversario haciendo un esfuerzo en pro de las escuelas modernas? Eso sería la mejor protesta, la más lógica, la más consciente, la más efectiva. No se necesitan ni gritos ni amenazas, simplemente acción, acción inmediata, constante, para que nuestra protesta llegue al corazón del despotismo y sea en él veneno saludable que le acorta los días. En muchos lugares de los Estados Unidos, los trabajadores mexicanos pagan lo que aquí se llama school taxes para que sus hijos reciban educación en las escuelas oficiales; en otros tienen escuelas propias donde se siguen métodos antiguos que perjudican más que instruyen a la niñez, y en otros, a pesar de ser numeroso el elemento mexicano, no hay escuela para sus niños, que son arrojados de los planteles blancos por no tener la piel descolorida. ¿Por qué no fundar y sostener escuelas nuestras donde aprendan los niños a ser buenos y libres al mismo tiempo que saborean los deleites de la ciencia?

Con lo mismo que se paga al gobierno para escuelas que muy poco enseñan, lo que se gasta en las escuelas particulares establecidas con el antiguo régimen y si es necesario, con un pequeño sacrificio más, puede hacerse nueva edición de las obras editadas por la Escuela Moderna de Barcelona y traerse algunos educadores de los que la persecución ha hecho salir de España, y así quedarán vencidas las dos dificultades principales para el nacimiento de la enseñanza racionalista en América.

En Nueva York, el grupo Solidaridad Obrera y su órgano Cultura Proletaria, trabajando con algunos intelectuales avanzados, tratan igualmente de hacer algo práctico, en idéntico sentido; pero, como nosotros, parece que no andan muy abundosos de recursos monetarios.

Bueno es que aquellos compañeros y los del sur se pongan de acuerdo para hacer obra rápida y seria de propósito común que nuestros afectos por Ferrer no degeneren en lirismos y fantasías de idólatras; su obra está en manos de los que amamos la libertad; continúandola, protestamos contra sus verdugos y herimos directamente al despotismo.

Que nuestros niños tengan el pan intelectual que vigoriza los cerebros y no la comida indigesta que los debilita.

La educación libre asegurará las victorias que contenga la revolución armada.

Convirtamos en profecía cumplida la última exclamación del mártir de Montjuich. Hagamos vivir la Escuela Moderna.

Práxedis G. Guerrero

Regeneración, N° 5 del 1° de Octubre de 1910. Los Angeles, California.