Informe Conadep: 022

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Informe CONADEP
de Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas


CAPÍTULO I - LA ACCIÓN REPRESIVA


La alimentación[editar]

La escasez y calidad de las comidas constituían otra forma de tormento. Se alimentaba a los detenidos - según el lugar - una o dos veces al día. En muchas ocasiones transcurrieron varios días sin que se les proporcionase alimento alguno. En otras se les sirvió agua con harina o con vísceras de animales crudas. Generalmente, las raciones apenas alcanzaban, y quienes pretendían dar parte de la suya a alguien en peor estado eran severamente castigados. La solidaridad estaba prohibida.

A pesar de esto, el momento de alimentarse era esperado con ansias, ya que significaba no sólo comer, sino también la posibilidad de levantarse la capucha y - eventualmente - ponerse en contacto con otra persona, aunque la conversación entre detenidos estaba penada con brutales castigos

En el Legajo N° 1277, testimonio del señor Héctor Mariano Ballent, podemos leer: «...El tratamiento en el COT I Martínez era brutal, no sólo física sino también psíquicamente, ya que cuando uno preguntaba qué hora es, le decían si tenían que salir, si daban sopa era con plato playo y con tenedor. Un día hubo guiso carrero, ese día había dos que no se podían levantar, el guiso era con choclos ya consumidos por ellos; la comida en general era harina de maíz hervida, mate cocido y un trozo de pan...».

Todos los liberados coinciden en señalar las pésimas condiciones de alimentación que, téngase en cuenta, e mantenían invariables a lo largo de la reclusión provocando el creciente desmejoramiento físico de los detenidos.

En el recuerdo de Antonio Horacio Miño Retamozo (Legajo N° 3721), «Los castigos no terminaban nunca, todo estaba organizado científicamente, desde los castigos hasta las comidas. A la mañana traían mate cocido sin azúcar. De vez en cuando, un trocito de pan duro, que nos tiraban por la cabeza y a tientas nos desesperábamos buscándolo. La comida no tenía carne ni gusto alguno, muy salada algunas veces, sin sal otras. Un día traían polenta, otros fideos y al siguiente garbanzos en un bol de plástico, cada preso debía comer un bocado y pasar al de al lado y así hasta el final. Si alcanzaba y sobraba volvía de nuevo...».