Insomnios

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Ella mitiga mi pena;
ella mis faltas perdona;
ella mi mente serena:
mi Dolores es tan buena
que ni aun muerta me abandona.
Yo, que a par del bien que espero
mundo y vida tengo en poco,
con profundo amor sincero,
como a un ángel la venero,
como a una santa la invoco;
y ella, si en negro crespón
a envolver la duda alcanza
mi vacilante razón,
me ilumina el corazón
con un rayo de esperanza.
En estas noches sin sueño,
cuando tenaz y traidora,
neutralizando el beleño,
me agita con duro empeño
la fiebre devoradora;
cuando aguardando impaciente
la luz del cercano día
que aún no despunta en oriente,
siento correr por mi frente
sudores de la agonía;
mientras implacable y fiera
se acerca a pasos traidores
la muerte a mi cabecera,
la sombra de mi Dolores
es mi mejor enfermera,
¡Cuántas veces, a mi cita,
conmigo viene a velar
esa aparición bendita,
sin cuyo amparo, en mi cuita,
nunca puedo descansar!
Como niebla misteriosa
penetra en mi habitación;
su mano en mi pecho posa,
y su sonrisa piadosa me
dilata el corazón.
Por el cuello me echa el brazo,
con el labio me alza el ceño,
y en ese místico abrazo,
sobre su dulce regazo
logro conciliar el sueño.
Santa sombra bienhechora
que siempre a mi lado hallé
compasiva y protectora,
¡sostén mis pasos ahora
que pongo en la tumba el pie!
Ciñe a mi sien el beleño
que calma toda ansiedad;
y así, en deliquio halagüeño,
duerma yo contigo el sueño
que dura una eternidad.