La Casa de los Sueños: Capítulo 18

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<< Autor: Rubén Hernández Herrera
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Manuel se quedó dormido nuevamente en su sillón viendo el retrato de su familia, que al reflejar la ventana parecía espejo, volaba a ver a su hija, estaba con sus amigas platicando lo de todas sus aventuras.

Llegando a la casa sintió un tremendo cansancio, su esposa se despedía para ir a jugar cartas con sus amigas. No le dijo nada, casi ni se despidieron, un tremendo aburrimiento le abrumaba, seguro era un tipo de depresión, se le ve desidioso, ve un cartel de un viaje, la cámara lo toma con gesto de indiferencia.

Luis cierra un contrato con una gran cadena comercial y le hacen la transferencia de una considerable cantidad de dinero, decide no decir nada a su familia, habla con el mecánico del taller, le compra su Galaxie, y sale a la calle, no pasan dos cuadras cuando empieza a llover, una señora le hace la parada, ―a Tesistán por favor―, pasa en silencio varias cuadras, ―señor, no traigo dinero, déjeme hasta donde alcancen cincuenta pesos―, ―señora, no importa, ¿a donde va?―, ―a Tesistán, iba, pero no voy a llegar, déjeme hasta donde alcance, de ahí ocupo camiones―, ―¿a que domicilio iba? ―, la señora le da la dirección, calle Venustiano Carranza ―disculpe, ¿ahí vive? ―, ―se puede decir que sí, vengo del Monte de Piedad, me embargan mañana, una deuda de mi hijo, le di la firma, y el ingrato ni siquiera me ha llamado para decirme que no ha pagado―, mi marido era jubilado del isste, vivo con lo poquito que me da la pensión, pero imagínese, cuarenta mil pesos, yo no se de donde los voy a sacar―, ―¿no tiene otros hijos?, una hija, pero la pobre, también anda bien fregada, ni para que decirle, de todas formas, ¿en que ayuda?… ―, en un semáforo, Luis se desdobla y va volando a su casa, ve las cosas que están ahí, acaba de llegar una postal de su hija, le manda las fotos de su nieta, que cumple 15 años. Luis llega al coche, en donde despierta, tomando un sobre, mete un cheque al portador por cuarenta y cinco mil pesos. ―Señora, ¿usted sabe donde vive el señor Federico Martínez?―, ―claro, es mi vecino, es el carpintero―, pues fíjese que voy a dejarle un encargo, ¿qué le parece si la llevo?― a pues me parece muy bien. Le ayuda a subir las escaleras y se adelanta un poco. ―señora, tiene correo―, ella ve extrañada el sobre, lo abre y se le nublan los ojos, Luis desaparece,