La Casa de los Sueños: Capítulo 20

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<< Autor: Rubén Hernández Herrera
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Manuel despertó asombrado, había sido mucha información.

Ahora las cosas le parecían triviales, hablar le parecía fatuo, bajó a la cocina a preparar café a su esposa, tomó bollos de avena que le gustaban a Bit, hacía años que no se los llevaba a la cama, los puso en su buró, junto con el control de la televisión, ella le dio las gracias con mirada de agradecimiento sincero.

Era un día como cualquiera en la oficina, Manuel hacía una llamada telefónica cuando entra Rebeca y se sienta, ya con su tasa de café en la mano.

Terminando la llamada, Manuel habla en tono bajo: ―Hija, necesito hablar contigo…―, Manuel le habló totalmente serio, le dijo lo que sabía de su esposo, cosas buenas por cierto, de su responsabilidad como madre. Cuando terminó se levantó, serio, ella también se quedó seria.

―Papá, él me engaña desde hace mucho, mucho, tiene un departamento en Tonalá; por error me llegó un recibo, hace poco fuí, el vecino dice que vive ahí una señora sola, que por lo menos tiene diez años viviendo allí, no me animé a conocerla, pero un día voy y le rompo su jeta, no sé porqué no lo he hecho, supongo que es mas cómodo seguir haciéndome güey, en fin…, se despidió con un beso cariñoso y se retiró en silencio―.


Salió a las seis de la tarde, se fue al club al campo de práctica a tirar bolas, su swing estaba muy abandonado. Pasó al bar a tomar una copa, se acomodó en el sillón verde, junto a la ventana, se veía la llegada del hoyo 18, antes de acabarse su trago se quedó dormido y se desdobló, fue al domicilio que había alcanzado a leer en el recibo. Entró por la ventana, de escasos dos por dos metros, la sala, con muebles antiguos y carpetas de hilo tejidas a gancho, el orden y los objetos pequeños de Swarowski proyectaban la imagen de una persona de edad, al entrar en la habitación, efectivamente, vio a una viejita sentada en su cama, dormitando mientras pasaba en la televisión una película de los sesentas. En el tocador había fotos de una persona joven con un niño, que bien podía ser el yerno de Manuel, otra foto de la misma señora con un señor mas grande que ella divirtiéndose en un circo, Manuel comprendió que la señora que vivía allí era la mamá de su yerno, por alguna causa no quería que Rebeca lo supiera, en su buró había una foto en donde aparecía con su hijo, ya mayor, con toda claridad se veía que era el yerno de Manuel.


Luis iba en camino a ver a su hija cuando le hicieron la parada nuevamente, era un señor que le pareció conocido. ―¿Adónde va? ―, ―al panteón de Belén, por la Alcalde―.

Luis se quedó dormido en el semáforo de la avenida Vallarta, se desdobló, vio a su pasajero con un ataque al corazón, y que le decía que lo ayudara, que solo tenia un pendiente, regresó de su desdoblamiento, fue rápidamente a comprar píldoras de nitroglicerina, cuando volvió y avanzó dos cuadras, le empezó el ataque, ¿lo llevo al sanatorio?, no, le dijo con cara de compresión profunda, lo llevó al panteón y lo ayudó a llegar a una tumba, era la de su padre, le llevó flores, pintadas en mosaicos diminutos, que completaban un mosaico con la leyenda franciscana, Pax et Bonum, Luis le llevó luego al hospital San Javier, no hablaron, se fue directo a emergencias, todavía tenía pulso cuando lo dejó, regresó de ayudar a los camilleros. Cuando llegó a su coche estaban en el tablero ochenta y cinco pesos con cincuenta centavos, justo lo que marcaba el taxímetro en ese momento.