La Casa de los Sueños: Capítulo 7

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<< Autor: Rubén Hernández Herrera
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Llegan todos al vestíbulo, entran al comedor/sala, don Lupe, serio, escucha.

Gago siente miedo porque cree que su ivi no está preparada para el viaje y no sabe que hacer, su esposa está enferma, no saben quien morirá antes, él está hospitalizado, los descendientes se pelean por la herencia, no los quieren dejar morir, el que muera al último se queda con la mayor parte, todo lo que le queda es repartir el dinero, pero ya no lo dejan los parientes de la esposa.

Gago se queja que nadie lo quiere, sus nietos hacen burla de él, nadie se preocupa, sólo quieren que sobreviva lo suficiente.

Don Lupe habla: ―es común que las personas apegadas a su dinero sean longevas, son comunes los viejos avaros, no porque los viejos se vuelvan avaros, sino porque los avaros son viejos desde muy jóvenes y les cuesta dejar este mundo despegándose de su dinero―.

―Debemos dejar el menor número de hilos sueltos posibles, todas las acciones no terminadas, producto de negligencia o consecuencia de alguna acción básica de traición, debe tratar de sanarse, para que tenga las menos consecuencias posibles, eso crea una serie de desacomodos en nuestra ivi, que la van a hacer viajar en una forma muy inestable y expuesta, al dejar este cuerpo van a buscar otro centro de dependencia, que puede tener o no una correspondencia física en otra dimensión―.

―Con una acción pendiente dejamos en nuestra ivi un tubo largo, sólido, sin luz, capaz sólo de recibir energía, tanto más largo sea, es más peligroso, puesto que de ahí nos pueden jalar, si tenemos muchos tubos largos y sueltos nos convertimos en una madeja muy fácil de sujetar, muy difícil de pasar por los tubos protegidos, una acción básica de traición puede engendrar multitud de hilos sólidos, con consecuencias cada vez mas difíciles de controlar, puede crear nudos en hilos que estaban sanos, y muchas de esas consecuencias están ya dentro de nuestro ivi, sólo que no nos damos cuenta porque todavía no brotan, pero podemos sentir su efecto de pesadez― .

―Hay que hacer, y dejar de hacer para que no complique, no es una situación que se pueda arreglar con un acto heróico de nuestra parte, sólo podemos hacer que quede menos mal, y eso es hacer mucho―.

La cámara toma la cara de cada uno de los presentes, en especial la de Luis, antes, en el vestíbulo, muy dicharachero, ahora ya serio.

Don Lupe da un manazo leve en la mesa, con el que Manuel se despierta, justo a las 3 de la mañana.