La Guerra (Poema)

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El Tesoro de la Juventud (1911)
El libro de la Poesía, Tomo 2
La Guerra
 de Gaspar Núñez de Arce

Nota: se ha conservado la ortografía original.


El autor de estas redondillas, tan notables por su movimiento y fluidez, Gaspar Núñez de Arce, nacido en Valladolid (España) en 1834 y muerto en 1903, nos pinta en esta humorística composición la absurda ceguedad que lleva a los hombres a matarse en lides insensatas. Núñez de Arce es uno de los grandes poetas castellanos del último período, que en sus « Gritos del Combate », y otros poemas, nos ha legado preciosos modelos de admirable perfección de forma.


LA GUERRA

P

OR razones que se calla

La historia prudentemente,
Dos monarcas de Occidente
Riñeron fiera batalla.

La causa del rompimiento
No está, en verdad, a mi alcance,
Ni hace falta para el lance
Que referiros intento.

— Sobre el campo del honor
Cubierto de sangre y gloria,
Donde alcanzó la victoria
Más la astucia que el valor;

Dos discípulos de Marte,
Que airados se acometieron
Y juntamente cayeron
Pasados de parte a parte;

Sumergidos en el lodo.
Mientras que llegaba el cura
Para darles sepultura,
Platicaban de este modo:

SOLDADO PRIMERO
¡Hola, compadre! ¿Qué tal
Te ha parecido el asunto?

SOLDADO SEGUNDO
Puesto que me ves difunto
Debe parecerme mal.

SOLDADO PRIMERO
Pues ha sido divertida
La función: mira a tu lado.
Lo menos hemos quedado
Doce mil héroes sin vida.
Y en esto me quedo corto.
Que me enfadan los extremos.

SOLDADO SEGUNDO
¡Con qué habilidad nos hemos
Destrozado! Estoy absorto.
Ha habido alarmas y sustos
Y muertes y atrocidades
Para todas las edades
Y para todos los gustos.

SOLDADO PRIMERO
Mas yo quisiera saber
Por qué con tanto denuedo
Nos matamos...

SOLDADO SEGUNDO
¡Ay! No puedo
Tu duda satisfacer.
Para entrar en esta danza
Tuve que dejar mi oficio.
Sé que aprendí el ejercicio,
Sé que estudié la Ordenanza.
Sé que en compañía de esos
Que están mordiendo la tierra.
Me trajeron a la guerra
Y me moliste los huesos.
Y, en fin, francamente hablando,
Puedo decirte al oído,
Que he muerto como he nacido;
Sin saber por qué, ni cuando.

SOLDADO PRIMERO
De tu explicación me huelgo,
Porque mi vida retrata.
En esto, alzando la pata
Un moribundo jamelgo,
¡Gracias, dioses inmortales!
— dijo con voz lastimera —
Pues de la misma manera
Morimos los animales. —
Cuando pasó la impresión
De tan extraño incidente,
Así anudó el más valiente
La rota conversación:

SOLDADO PRIMERO
Aunque ignoramos la ley.
Origen de esta querella.
Juro a Dios vivo que en ella
Lleva la razón mi rey.

SOLDADO SEGUNDO
¿Y por qué?

SOLDADO PRIMERO
Porque es el mío.

SOLDADO SEGUNDO
¡Qué salida de pavana!
La justicia es de quien gana.

SOLDADO PRIMERO
De tu ignorancia me río.
¡Pues cuantos que han hecho eternos
Sus nombres con la victoria,
No han ido a gozar la gloria
De su triunfo a los infiernos!

SOLDADO SEGUNDO
Considera lo que dices,
Porque estoy ardiendo en ira.

SOLDADO PRIMERO
¡No me alces el gallo!...

SOLDADO SEGUNDO

Mira
Que te rompo las narices. —

Y fieros y cejijuntos
A combatir empezaron
De nuevo... ¡y no se mataron,
Porque ya estaban difuntos!
Diéronse golpes crueles.

Hasta que hueca y ufana
Llegó la Locura humana,
Sonando sus cascabeles.
Puso paz entre los dos
Y dijo con desenfado:

— « ¿Qué es esto? Habéis olvidado
Que sois imagen de Dios?
Tal vez la inmortalidad
Con justo título esperen
Los que por la patria mueren.

Por Dios, por la libertad.
Pero que el hombre sucumba
En conquistadora guerra.

Cuando siete pies de tierra
Le bastan para su tumba;
O que en lucha fratricida
Entre, sin saber quizá
Ni por qué la muerte da,
Ni por qué pierde la vida;

Esto mi paciencia apura,
Y cuantas veces lo veo,
Aunque soy Locura, creo
Que es demasiada locura.»