La Pintura: Poema didactico en tres cantos/1

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La Pintura: Poema didactico en tres cantos de Diego Antonio Rejón de Silva
Canto Primero


La Pintura pg 9.jpg
LA PINTURA.

POEMA DIDACTICO.

CANTO PRIMERO.

El Dibujo.
LAS bellezas y efeƈtos prodigiosos

De aquel Arte feliz, que sombra obscura

Hermanando y colores luminosos,

Todo cuerpo visible nos figura,

Con mal templada Lira

Hoy á cantar mi ronca voz aspira.

 Tú, pues, Arte divino, compañero

De la Naturaleza,

(Si ya no es que imitando su belleza,

Al reunirla siempre con esmero,

Se aventaje á sus obras tu destreza;)

Así como al pincél dár fuego ardiente

Puedes, para que diestro represente

De Gloria resplandores,

Sin que quiten la vista sus fulgores:

Bien podrás igualmente,

Con aquel atraƈtivo soberano,

Que es de la vista mia tan suave

Y tan dulce tirano,

Infundir ardimiento

De mi tímida pluma al movimiento.

Solo á tí invocar sabe

Quien el quieto reposo apetecible

De las Artes anhela,

Y en ti cifra el recreo mas plausible.

Baxo tu amparo canta la voz mia

Tus maravillas; y aunque al pecho hiela

Conocer lo dificil y arriesgado

De la empresa que sigue mi osadia;

Las Gracias favorables,

(Puesto que son del Arte inseparables)

Harán que cause menos desagrado

El áspero sonido

De un instrumento por mi mano herido,

 Facilmente podria,

Para ensalzar el Arte delicioso

Que canto, numerar las distinciones

Y magnificos dones,

Que en recompensa conceder solía

La sábia Antigüedad al mas famoso

Pintor: ni es necesario,

Para comprobacion de su nobleza,

Citar la Griega Ley, que no dexaba

(Precaviendo del Arte la baxeza)

Manejase pinceles mano esclava,

Mientras incompatible se creía

Con la sublimidad de la Pintura

Del siervo la opresion tirana y dura,

Que del ánimo abate la hidalguia:

Es la suya mas alta gerarquía,

Pues nace del humano entendimiento,

Que es al Sér increado semejante.

Allí tiene su asiento

La Pintura; ni pueden de otra suerte

Sus invenciones agradar bastante,

Si en ellas lo ingenioso no se advierte,

Lo científico, bello, y elegante.

 Innata inclinacion tambien parece

Del hombre el dibujar, pues como nada

Con mas ansia apetece

Que verse en fiel imagen repetido,

Quedando su altivéz lisonjeada

Quando industrioso imita

Lo que el poder divino ha producido;

Aun antes que permita

La razon gobernar los movimientos

De un niño, yá con barro, ó yá en la arena,

Miembros humanos toscamente ordena,

Y sus obras mirando enagenado,

Las horas como rápidos momentos

Pasa, de inquietos juegos olvidado.


 En tres partes dividen esenciales

La piƈtórica Ciencia; en el Diseño,

En la Composicion, y Colorido.

El Diseño es á todo preferido,

Por mas que los parciales

Pel Colorido insistan con empeño

En dár la preferencia á aquel encanto,

Que á nuestra vista causa la alegria

Del Color, y su plácida harmonía.

Pues aunque halle hermosura

En esta parte un Profesor, en tanto

Que no haya al menos cierta medianía

En el Diseño, nunca á la pintura,

Por solo el Colorido,

Podrá dar un aplauso merecido.

 Alma del gusto llaman al Dibujo,

Sin él ninguna cosa es agradable,

Pues extiende su influjo

A qualquier artefaƈto, cuya forma

Mas preciosa ser puede y estimable,

Si al buen gusto del Arte se conforma,

Que su misma materia, aun quando fuera

Rico parto de mina Americana,

Que ansiosa busca la codicia humana:

Arte igualmente grato, y necesario

Para el hombre opulento de alta esfera,

Con el qual no sería involuntario

Sequáz del gusto bárbaro y mezquino:

Para el particular, porque en su casa

Util le puede ser cada momento

Del Dibujo tener conocimiento;

Y para aquel, en fin, cuyo destino

A ganar le obligó, por dicha escasa,

El preciso sustento

En un tallér, pues siendo dibujante

Es preciso que á muchos se adelante.


 Símbolo del poder, no limitado,

De un Dios Eterno, á cuya voz creado

Fue el Orbe y Firmamento,

Es la del hombre máquina admirable,

Pues su voz inviolable

Para aquellos bastó; pero á este intento

Artífice Divino con su mano

La estruƈtura formó del cuerpo humano.

 Con sério estudio, y atencion prolija,

Debe enterarse el Joven diligente

De la medida fija

De aquellas partes sólidas, llamadas

Huesos, cuya armazon tan excelente

En estupendo, quanto horrible objeto,

Del cadaver ofrece el esqueleto.

Otras tiene carnosas, que alteradas

Sirven para exercer el movimiento,

Y de músculo el nombre

Las dá la Anatomía.

Con aquestos auxilios, puede el hombre

Variar cada momento

La aƈtitud que tenía,

Siendo su voluntad el norte y guia,

Tal, que los miembros son por experiencia

Exemplo inimitable de obediencia.


 Del contomo exterior las proporciones

Estúdie el Joven muy atentamente,

Hasta tanto, que pueda exáƈtamente

La mano, yá con pluma, ó con carbones,

Trazar la forma humana.

Los Dibujos de Autores eminentes

Son de la edad temprana.

Estudio laborioso;

Y quando en aƈtitudes diferentes

Haya al papel el lapiz trasladado

Las figuras, trabajo no gustoso

A los principios, por dificultoso

Y luego diversion de dulce agrado;

Procuratá imitar la gentileza

De aquellas ingeniosas producciones,

Que en su mayor grandeza

De Atenas y de Roma los desvelos

Hicieron, siendo asombro su belleza

De todas las regiones,

Que ensalzarán su fama hasta los Cielos.


 Del rostro de las Níobes aprenda
Aquella morvidéz, aquella gracia:
Del fuerte Gladiator, que en la contienda
Halló, en vez de la palma, la desgracia,
La tendida figura
Dará regla segura
De noble proporcion, sencilla, y bella.
De cuerpo delicado, agil y finos
Semejante al de cándida doncella,
El hermoso Apolino
Le propone la imagen deleytable:
Aquel Fauno, que afable
Hace á un niño caricias, dá la idéa
De un anciano robusto, en quien campéa
El vigor de la edad madura y fuerte.
La Venus conservada,
Con no pequeña suerte,
Por el ilustre apoyo de las Artes
Médicis (cuya gloria eternizada
Será por todas partes)
Como exemplar ostenta
Una Deydad, epílogo admirable
De la hermosura, de lunar exénta.
Aquella undulacion tan agradable
De su bello contorno
Prodigio será siempre, será hechizo
De todo el que la mire;
Y al contemplar despacio su dintorno
(Admiracion tal vez del que le hizo )
Forzoso es que desmaye y casi espire
El aliento de aquel que en retratarla
Se empeñe, á no ser guia de su mano
Las tres Gracias, que en torno de aquel bulto
Parece asisten prontas á obsequiarla.
El grupo de Laoconte, en quien se advierte
El dolor inhumano
De un Padre al ver con repentino insulto
La muerte de sus Hijos y su muerte
Por la furia infernal de unos Dragones,
No en una, en repetidas ocasiones
Sea estudio del Joven aplicado:
La robustéz de un Héroe, su pujanza
La hallará con perfeƈta semejanza
Del Hércules Farnesio en el traslado:
Y en fin para aprender la gallardía
De un Joven, y su altiva bizarría,
La gracia, la soltura, y esbelteza,
La proporcion hidalga, y la belleza,
Dibuje con solícito cuidado
Al Pitio Apolo con la sierpe al lado.
 
 Mas si tan solamente los Pintores
Las estatuas copiáran,
Aunque luego en sus obras los primores
Del Arte se encontráran,
Todas de la verdad carecerían.
Por eso, como ser el Pintor debe
Imitador de la Naturaleza,
(De cuya inagotable fuente bebe
El que adquirir pretende la destreza)
En dibujar el Natural porfian
Con incansable anhelo
De la Pintura los alumnos fieles,
Pues solo en su modelo
Esudiando despacio y con desvelo,
Como hizo allá en la Grecia el diestro Apeles,
La razon hallarán y congruencia
De aquello que advirtieron
Copiando de la Estatua perfecciones;
Pues sin faltar á la verdad en nada
Pueden aquellos que el estudio unieron
De Estatua y Natural, hacer con arte
Que quede hermoseada
De la humana figura qualquier parte.
 Así, de España, Italia, y aun de Europa
Fueron, y son ahora maravilla
Del gran Diego Velazquez el talento,
*
(Testigo el Crucifixo portentoso
Que á toda habilidad hoy dia humilla)
*
Y la seleƈta y numerosa Tropa
De Españoles Pintores, ornamento
De la Nacion, Murillo, el gran Rivera,
Sequaz de Carabagio en su manera,
Pantoja, Zurbarán, Alonso Cano,
Navarrete, Coello el Castellano,
Escalante, Morales el divino,
Ribalta, Juan de Joanes,
Y quantos en científicos afanes
Aplaude el laborioso Palomino,
Cuya pluma y pincél nunca tuvieron
El elógio que siempre merecieron.
 
 No es posible llegar á la alta cumbre
De un elevado monte
Sin ir antes venciendo paso á paso
Su altiva pesadumbre:
Así es que el Dibujante
Si de estudio no escaso
Vence dificultades una á una,
Descubrir podrá al fin el horizonte
Inmenso, en que registre su cuidado
Tranquílo, sosegado,
Y sin hallar oposicion alguna
Del Arte las bellezas y primores,
Imposibles del todo al arrogante
Que espére conseguir sin los sudores
La prontitud que ansioso iba buscando.
 En cada edad el hombre es diferente,
Y en cada situacion en que se halle:
O yá pesar acerbo le atormente,
O yá gozoso esté, que aunque mas calle,
Lo demuestran sus ojos vivamente,
O yá lleno de enojo, ira, venganza,
Zelos, desconfianza,
O yá tranquilo el ánimo y sereno,
Recibe mutaciones muy sensibles,
Las quales un Pintor de ciencia lleno
Con el Dibujo hará mas perceptibles.
 El niño tierno, que tal vez presente
El materno alimento
Tener suele, y con lágrimas le pide
Perdiendo con perderle su contento,
Si á lo largo se mide,
Se hallará cabalmente
En todo él cinco veces repartida
De su cabeza la total altura,
Dos en el tronco, dos en muslo y piema:
Sus formas son redondas con medida
Sin que en el brazo, ni en la mano tierna
De músculo la forma decidida
Se encuentre; solo si la coyuntura
En oyuelos suaves y graciosos.
 Distinta de los jóvenes briosos
Debe ser del mancebo la estruƈtura,
Pues si de aquellos tiene la estatura
Ocho parles ó módulos iguales
A su cabeza, en éste es acertado
Acortar medio módulo su altura:
Sus formas ondeadas dán señales
De un mórbido contorno afeminado;
Mas del joven los miembros arrogantes
La fuerza varonil con gran franqueza
Soltura y ligereza
Demostrarán, y en ángulos entrantes,
Aunque muy levemente señalados
Músculos principales apuntados.
 Del mismo modo distinguirse deben
La matrona gentil magestüosa,
Y la doncella hermosa:
En ésta de sus miembros el contorno
Mostrará que están hechos como á torno,
Sin que sus carnes lleven
De huesos ni de músculos la muestra,
Antes la undulacion de ellas demuestra
Morbidéz y blandura
Que aumentan atraƈtivo á su hermosura.
 Igualmente ha de estár de la matrona
La imagen con belleza,
Mas no tan delicada su persona,
Pues aunque pierda en su delicadeza
Tendrá grandiosidad y gentileza.
 El robusto soldado valeroso,
Como el Héroe glorioso
De su cuerpo unirá la bizarría
Con el caráƈter de la fortaleza:
Los músculos hinchados
Darán á su figura valentía
Denotando unos miembros esforzados.
 Al triste peso de una edad cansada,
Abatidas las fuerzas, y arrugada
La ancha frente, la vista sin viveza,
Cano el cabello, barba muy crecida,
Cuerpo agoviado, pero con nobleza,
Las manos descarnadas,
Las piernas separadas,
Dará claros indicios el anciano
De que el plazo mortal está cercano.
 
 De aqueste modo, pues, siendo adequada
La exterior forma del humano objeto
A la edad, situacion, sexô y estado,
Sin duda habrá Belleza verdadera;
Pues pintando el caraƈter de un sugeto,
Como es en sí, sin desmentirse en nada,
Con precision ha de causar agrado
Y habrá de ser por bello reputado.
¡Dificil circunstancia en gran manera
Que pocos alcanzaron!
Pues aun los que pretenden definirla
Por mas que en ella hablaron,
Apenas consiguieron distinguirla.
 Bello será el infante,
Bello el mancebo, el joven, la matrona,
El héroe, la doncella y el anciano,
Si á todos representa el Dibujante
Con la aƈtitud debida á su persona,
Con su caraƈter propio, y distintivo,
Sin que jamás se note incongruencia.
Mas si los lineamentos de la mano
No tienen cortexîon de positivo
Con la cabeza y pies, es evidencia
De poco esméro, ó poca inteligencia.
 Jamás el lapiz forme
En las carnes del cuerpo ángulo agudo
Quando evitar procura lo deforme.
Tampoco en el desnudo
Ser podrá á la Belleza conducente
Lo reƈto de las lineas, como hacían,
Quando estaban las Artes en su oriente,
Los que del ancho Nilo á las orillas
En piedra cincelada toscamente
Imágenes humanas esculpían,
Juzgándose en aquella edad primera
*
Aun las monstruosidades maravillas.
 Así como del mar la azul campaña
Quando de aura ligera
Suave y blandamente conmovida
Todo el horror desmiente de su saña,
Y á gozar nos convida
De las plácidas ondas la hermosura;
Así mostrarse deben
Contornos bellos de figura humana;
Con lo qual se asegura
La variedad, de la Belleza hermana,
Y sencilléz de formas, que se lleven
La atencion del que mira;
Pues de un objeto hermoso
A su pesar la vista se retira.
Igualmente es forzoso,
Que tanto en la cabeza
Como en tronco y extremos,
Haya grandiosidad y gentileza
Sublíme, no afeƈtada,
Igual á la que vemos,
Por el Griego cincél representada,
Dexando lo mezquino y apocado,
Lo seco y lo pesado
Para que así resulte la Belleza.
 
 Finalmente, ó Alumnos estudiosos
De la bella Pintura,
Si exemplos quereis ver maravillosos
De quanto aquí mi voz cantar procura,
Id y mirad los quadros primorosos
Que dexó el gran Pintor de la Belleza,
El Filósofo Mengs, y en todos ellos
Vereis con variedad objetos bellos.
Vereis quan bien sabía su destreza
Figurar agradables á la vista
Aun de la misma muerte los horrores,
Por mas que á tal aspeƈto se resista:
O un pecho traspasado á los rigores
Del dolor mas agudo y penetrante
Que jamás sufrir pudo tierno amante.
*
Tal es de Jesu-Christo la figura
Yá cadaver y yerta, y á su lado
De su Madre, compendio de amargura
El retrato mas tierno y angustiado.
*
Mirad tambien el lienzo
que renueva
De la mas clara noche la memoria,
En que naciendo Dios pobre, abatido,
Espíritus angélicos la gloria
Cantan al Rey de Paz, sublíme prueba
Del pincél de aquel hombre esclarecido.
Volved la vista al otro en que se advierte
*
La Virgen sin mancilla tan amable
A Gabriél escuchando conturbada
El venturoso anuncio de su suerte.
Mas no es facil ni dable
Que el ronco canto de la Musa mia,
A tanta elevacion no acostumbrada,
Cante de aquestas obras la harmonía.
*
 Demudan de los hombres el semblante
Afeƈtos vehëmentes,
Y así es muy imporante
Estudiar las pasiones diferentes
Que al corazon combaten,
Y del rostro las partes alteradas
Que las dán á entender inmoderadas.
 Los ojos que el dolor sumo retraten
A lo alto mirarán regularmente,
Las cejas hácia el medio han de elevarse.
Y el entrecejo así debe arrugarse.
La boca se abrirá lo suficiente
Baxando los extremos algun tanto,
Y los brazos caídos,
O las manos cruzadas el quebranto
Denotarán mas bien que los gemidos.
Dexemos que la Música eloqüente
Con sus varios sonídos
En cadencia doliente
De un pecho imite el ánsia y el tormento
Con la quexa y lamento,
Pues quando en la Pintura está exresado
Este afeƈto violento
Con arte y con cuidado,
De tal modo la vista allí se engaña,
Que parece que escuchan los oídos
De aquel triste los míseros quexidos.
 La furibunda saña
Se deberá expresar del mismo modo,
Mas la pupíla en parte queda oculta
Del párpado inferior que la sepulta,
En vivo fuego ardiendo el ojo todo,
Las cejas muy delgadas
Y en círculo espantoso levantadas.
 Entre la risa y llanto
En lo físico hay poca diferencia,
(Así como en la ira y el espanto),
Pues tal vez del pincél la suficiencia
En lloro amargo trueca de un infante
La alegre y dulce risa en breve instante,
Siendo el motivo que su gozo altéra
Solo una pincelada muy ligera.
Sin embargo el que en lágrimas bañado
Muestra su sentimiento inmoderado,
Pierde aquella viveza
Con que brillan los ojos en la risa,
Y por razon precisa,
Siendo del llanto causa la tristeza,
Se abaten los extremos de la boca,
Cuya imagen lástima proboca.
 
 Así, pues, quien al Templo deseado
De la Fama llegar pretende en breve,
Con atencion no poca,
Y nunca de su ciencia confiado
En la Naturaleza estudiar debe;
Notando de los hombres el semblante,
Indice involuntario
Del corazon, y no menos constante;
Y verá el modo vario
Con que se altéra el rostro de un zeloso,
Del que queda espantado,
Del alegre y risueño, ó deseoso,
Del que está temeroso,
Del compasivo, triste, ó enojado.....
¡Mas en dónde se engolfa la voz mia!
Tú, Rafaël divino,
Gloria del Arte, claro honor de Urbino,
Pues que de tu pincél la valentía
En las obras que al mundo han asombrado
No tan solo del cuerpo la figura
Formar supo en bellísimo traslado,
Sino que el alma misma en las facciones
Del rostro demostró con sus pasiones,
Dá, dá, leccion segura
De esas alteraciones,
Que produce qualquiera movimiento
Del ánimo, al Alumno que aplicado
Estudie con cuidado
*
Del Pásmo de Sicilia los primores,
Resumen breve de tu gran talento;
De la Virgen del Pez la expresion bella;
La Sagrada Familia, y los verdores
Del país que es alfombra á los pies de ella,
Y Apolo sus piƈtóricos sudores
Premie con aquel ímpetu sagrado
Que el Pintor necesita
Para ser de laureles coronado:
Pero mas bien se excita
A tal empeño el Joven ingenioso
Mirando al Soberano de la España
Que premia generoso
Las Artes, y fomenta
Su estudio, desterrando
De la ignorancia el contagioso bando,
Que al ingénio Español su lustre empaña:
Digna y heroyca hazaña
De quien Restaurador de la opulenta
Herculano y Pompeya se apellida.
 CARLOS, y su hijo CARLOS, que imitando
De Padre tan Augusto las acciones,
No solo da acogida
Benigna al Profesor, sino que amante
De las encantadoras producciones
Del pincél, cifra en ellas su delicia,
Y tal vez manifiesta su pericia,
Con amor incesante
A la Pintura dan gloria constante,
Ensalzando á su hermana la Escultura,
Y la magestüosa Arquiteƈtura:
Tanto, que á su Rëal Munificencia
Y al ilustre Mecenas, que hoy en dia
Proteƈtor de las Ciencias se declara,
Debe España la aƈtual magnificencia
Con que las Nobles Artes á porfia
La fama resucitan, que tenia
Quando de Herrera la excelencia rara
La esquadra manejando sin segundo,
Becerra y Berruguete los cinceles,
Y Murillo y Velazquez los pinceles,
Daba en poder y ciencia envidia al Mundo.