La Reforma Constitucional - Su consideración en el senado - El debate iniciado ayer

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<< Autor: José Batlle y Ordóñez


Sábado 22 de Mayo de 1915, EL DIA

Editorial

La Reforma Constitucional - Su consideración en el senado - El debate iniciado ayer

El senado inició ayer el debate general del proyecto de ley electoral de la Asamblea Constituyente para la Reforma Constitucional, previa lectura de los asuntos centrados. Habla el doctor Vidal que había quedado con la palabra. Expone con detenimiento sus ideas diciendo que, si bien la Constitución adolece indudablemente de ciertos defectos que establecen la necesidad de la conveniencia de reforma, tales premisas no conducen forzosamente a adoptar un criterio inmediato, máxime si se tiene en cuenta, agrega, que no hay preceptos constitucionales que obstaculicen la vida nacional o la libertad política. No cree eficiente la reforma sin el mejoramiento de la educación cívica y sin que se vea claro el deseo de los mandatarios de llevar su misión con patriotismo.

Inglaterra se rige por una constitución que remonta a 1689 y no obstante es un país eteramente libre; podría citar, dice, otras naciones que tienen constituciones modelos y a pesar de todo son victimas de la anarquía y del despotismo. De ahí que la reforma sea una cuestión de efectos más que de realidad, dado que la intención de los hombres mejora la letra de los códigos. Apoya éste argumento con un juicio de Brentano que, en resumen, concreta el pensamiento de que las instituciones públicas valen lo que valen los hombres que la practican. Por eso es que a su juicio, es preferible tener constituciones imperfectas, pero mandatarios bien intencionados que mandatarios malos y constituciones perfectas. Aunque en el capítulo 4 del informe, añade, se citan a favor de la reforma, opiniones de Constituyentes, se pregunta: ¿Cómo es que siendo necesaria, no se ha llevado a cabo, contado con la voluntad de los hombres que la patrocinan? Es que fue preciso, según el doctor Vidal, abandonar el propósito porque así convenía los intereses nacionales. La oportunidad es más importante todavía que la reforma misma. Afirma su tesis con la opinión vertida en 1893 por el señor José M. Muñoz, apoyada por el doctor Carlos M. Ramírez, cuando se trataba de modificar los trámites de la reforma. El doctor Vidal juzga después que la reforma no tiene ambiente y que la mejor constitución no sirve sino es acatada por todos. La del año 30 tiene para el orador la ventaja de que se reconoce en ella el pacto de la verdadera organización nacional, la identidad del concepto de legalidad, ya que ha sido la causa de que el país entrase varias veces en situaciones normales.

Aunque las Constituciones no deben ser inmutables, conviene que sean difícilmente reformables. Las sucesivas reformas de su Constitución valieron a España 20 años de pronunciamientos y la incertidumbre del Directorio francés tuvo por fin un golpe de sable del vencedor de marengo. Define el doctor Vidal, según un autor alemán, el concepto de la política y aceptando que las tendencias contrarias deben ser llevadas por la vía de la mínima resistencia, aconseja no obstante una constitución por otra que sería impugnada y, desde que ella a de ser un pacto de familia, es preciso que en la obra de la reforma colaboren todos. Es insostenible a su entender, que todo lo haga un partido con la fuerza de la mayoría. El error político es no contar con todas las corrientes de la opinión pública. Citan en su apoyo párrafo de Tocqueville y Makinson, reconociendo después justamente que las nuevas garantías que se han introducido en la ley electoral son otros tantos factores que estimularán la concurrencia del mayor caudal de fuerza pública cuando llegue el instante propicio. Pero no solo hay razones políticas, a juicio del Dr. Vidal, para determinar el aplazamiento. Hay motivos de otro orden. La guerra europea constituye una gran expectativa que en vez de disiparse aumenta cada día. No es posible que el ánimo esté preparado para tratar los problemas locales y que el país se interese vivamente por la cuestión. Sería una medida de prudencia, su juicio, poner un compás de espera. La crisis financiera es otro factor que impide que la vida ciudadana se concrete en torno de propósito de la reforma, desde que no existe el bienestar general y los intereses individuales lesionados en su actividad, sustraen la atención del país. Si este argumento fue hecho en 1893 para detener los tramites, con mayor razón, según el doctor Vidal, pueda hacerse ahora, cuando la solución económica depende de causas universales.

Hay que esperar pues; en ciencia política no pueden hacerse experiencias que garanticen el resultado. Terminada la guerra europea, solucionada la crisis, convencido los partidos de oposición de que la garantías son eficaces, llegado el momento oportuno, puede exigirse entonces del país un intenso esfuerzo. En todas las razones expuestas el doctor Vidal funda su voto negativo al proyecto, pugnando por el aplazamiento de la Reforma.

HABLA EL DOCTOR ARENA

Contesta al doctor Vidal el doctor Arena, haciendo notar desde el principio su discordancia con el orador que le ha presedido, y ennumerando en primer término las razones que determinan la reforma inmediata.

La Iglesia y el Estado, por ejemplo, dice el Dr. Arena, fueron hermanos hace mucho tiempo: fueron amigos después; y ya hace rato que son indiferentes, que marcha de espalas, -Uno por un lado y otro por el otro- sin saludarse si quiera.

Pero ese criterio mio, agrega, no es el de todos: y hay quienes entienden –y que lo entienen con verdadero empeño y energía, -que lo que queda de común entre la Iglesia y el Estado debe terminar. Pero, señores senadores, agrega el doctor Arena, ¿y la autonomía municipal, por ejemplo? Es una cuestión fundamentalísima. El señor senador Vidal que estuvo conmigo en Cerro Largo, pudo ver como aquel pueblo, hasta un rato antes podía considerarse como enemigo nuestro, bastó hablarle de autonomía municipal, para que poco menos no diera un ambrazo, a todos, empezando por el Presidente de la República. Señor Manini Ríos -¿Y que es lo que se opone a la autonomía municipal?

Señor Arena –La Constitución ,señor! Si los señores senadores tuvieran razón, entonces la Constitución sería formada en un par de meses: alguna razón tienen esos que claman, con tanta vehemencia, la autonomía municipal, y que no son amigos si quiera de la situación. Por ejemplo, entre los que consideran que una de las razones fundamentales porque valdría la pena ir a la reforma, sería nada más que por asegurar una gran descentralización en el país, -uno de los que piensan con más energía, es un ciudadano insospechable para mis adversarios ocasionales: el Sr. Carlos Travieso. El señor Carlos Travieso está completamente desvinculado a nosotros. Por su idiosincrasia personal es el que podría confiar menos en una de las reformas que nosotros acariciamos: la transformación del Ejecutivo unipersonal en Colegiado; y, sin embargo, ese señor que entiende mucho de leyes y que sabe muy bien hasta donde se podría ir en materia de descentralización, dijo: “yo perdono hasta el Ejecutivo Colegiado con tal de que se vaya a una gran reforma de descentralización”. Y yo me escudo dice el doctor Arena, detrás de esa opinión, que es respetable y que es fuerte, para sostener con la energía que sostengo, que aunque más no fuera por esa cuestión habría que ir a la reforma Constitucional.

Refiriéndose a las tentativas de reforma, el doctor Arena pregunta: ¿En que régimen de tiranía se ha deseados que se modificasen fundamentalmente los preceptos constitucionales? Los despotas y los malos gobernantes solo han buscado hacer tabla rasa con las constituciones y manejarlas a su albedrío. Ahora que estamos bien gobernados, que nuestros mandatarios inspiran la más profunda confianza, que constituyen la más verdadera e inquebrantable garantía, es cuando debemos emprender la gran obra de reformar la Constitución, porque no sin caer en una enorme injusticia, puede decirse que nuestros gobernantes van a reformar la ley fundamental para explotarla a su favor.

Tampoco se puede esgrimir ya contra la reforma el argumento de la falta de ambiente. Todo lo contrario. La voluntad popular se ha manifestado libremente; desde los comienzos del movimiento reformista nuestras calles se han visto invadidas por vibrantes columnas de ciudadanos, probando que el ambiente favorable es un hecho indiscutible. Y se me contestará, dice, que eran empleados públicos. Pero en este caso estamos frente a un dilema: o éste es un país de empleados públicos o los empleados públicos forman la mayoría que clama por la reforma, y ya que no es posible que los reformistas se expresen la voluntad popular en la marcha que lo han hecho los reformistas, porque aquellos no han podido sintetizar un movimiento ostensible en contra de la tendencia de la reforma, hágase lo que piensan y piden los empleados públicos que constituyen y revelan la mayor fuerza del país.

Se acaricia la lírica esperanza, agrega el doctor Arena, de que se haga una Constitución que sea acatada por todos. Solo estando en el limbo de política puede pretenderse que se haga algo fundamental con el asentimiento unánime.

La agrupación del doctor Arena tiende después a demostrar que la tiranía de la mayoría que invocara el doctor Vidal, es físicamente imposible y que contra toda las críticas, el esfuerzo hacia la reforma merece el mayor respeto por el gran espíritu de ecuanimidad que el impulsa, por la seguridad que lo anima, porque bastaría que se bajase de cumplir una mínima parte o que se olvidase un solo punto para que recayera sobre los hombres que han de llevarla a cabo, que luchan ahora por conseguirla, una enorme responsabilidad. Además. ¿Por qué ese respeto religioso por la Constitución? Me parece descubrir en ese afán inmutable, un caso de atavismo. Los pueblos temen tocarlas después de haberlas arrancado a los poderosos y a los fuertes, pero si dentro de nuestras preocupaciones más pequeñas, no hacemos nada concreto sin reverlo, sin perfeccionarlo, sino redactamos un simple artículo, sin darles dos o tres o más lecturas ¿por qué los pueblos no han de hacer lo mismo?. ¿Por qué no han de reunirse para corregir sus propias Instituciones? En este sentido expresa el doctor Arena la esperanza de que todos los pueblos en un día no lejano comprendan la necesidad y la conveniencia de proceder de esta manera.

La guerra europea no es razón suficiente para detener la vida institucional. El argumento del doctor Vidal, añade el orador, apoya la tesis contraria. Si tal acontecimiento ha producido cierto marasmo en todas las actividades, si ha paralizado en parte las industrias, los que han de dirigir la soluciones se sienten menos atraídos por los pequeños intereses: pesan menos preocupaciones en el espíritu y por lo tanto puede haber una mayor y más completa dedicación en los problemas nacionales.

Y puede exigirse a todos un intenso esfuerzo hacia la cuestión que debate actualmente y hacia la obra que ha de llevarse a cabo. Algo más aún: en este momento podríamos dar el magnífico espectáculo de un pueblo que marcha hacia la reforma de sus instituciones. Señor Manini Rios -¿Nada más que por espectáculo?

Señor Arena –Aún cuando solo fuera por eso porque, señor senador, cuando el espectáculo ha de traernos el bien. ¡Bendito sea el espectáculo! Hemos observado el caso de personas accesibles a todas las dádivas generosas solo impulsadas por el amor, el espectáculo. ¿qué se puede pedir entonces? Que haya muchas personas así para que el bien se haga en mayor proporción.

Se nos pregunta, añade, ¿por qué nos precipitamos a la reforma?, porque proclamamos la necesidad de modificar inmediatamente la Constitución. Pues bien, señores senadores, el deseo del bien y de la buena obra nos lleva a la reforma porque ella implica la transformación de la vida nacional.

Es un grave error dejar pasar un minuto en blanco en el tiempo, sin que le pongamos el sello de nuestra voluntad y de nuestras aspiraciones, porque es posible que no podamos jamás alcanzar ese mismo instante. ¿Es preciso que esperemos? No. Las previsiones humanas pueden fallar y hoy estamos en el momento propicio. He aquí por qué ha de irse a la reforma!

El doctor Arena añade por último otros argumentos a su tesis, clausurando el acto poco después.