La vuelta de Martín Fierro (1879)/18

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Nota: Se respeta la ortografía original de 1879.
18


Se largaron como he dicho
A disponer el entierro—
Cuando me acuerdo me aterro,
Me puse á llorar á gritos
Al verme allí tan solito
Con el finao y los perros.

Me saqué el escapulario
Se lo colgué al pecador
Y como hay en el Señor
Misericordia infinita,
Rogué por la alma bendita
Del que antes jué mi tutor.

No se calmaba mi duelo
De verme tan solitario—
Ay le champurrié un rosario
Como si juera mi padre—
Besando el escapulario
Que me habia puesto mi madre.

Madre mia, gritaba yo
Donde andarás padeciendo—
El llanto que estoy virtiendo
Lo redamarias por mi,
Si vieras á tu hijo aquí
Todo lo que está sufriendo.

Y mientras ansi clamaba
Sin poderme consolar—
Los perros para aumentar
Mas mi miedo y mi tormento
En aquel mesmo momento
Se pusieron á llorar—

Libre Dios á los presentes
De que sufran otro tanto;
Con el muerto y esos llantos
Les juro que falta poco
Para que me vuelva loco
En medio de tanto espanto.

Decian entonces la viejas
Como que eran sabedoras,
Que los perros cuando lloran
Es porque ven al demonio;
Yo creia en el testimonio
Como cré siempre el que inora.

Ay dejé que los ratones
Comieran el guasquerío
Y como anda á su albedrio
Todo el que güérfano queda
Alzando lo que era mio
Abandoné aquella cueva.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Supe despues que esa tarde
Vino un pion y lo enterró—
Ninguno lo acompañó
Ni lo velaron siquiera—
Y al otro dia amaneció
Con una mano dejuera.

Y me ha contado ademas
El gaucho que hizo el entierro,
Al recordarlo me aterro,
Me dá pavor este asunto,
Que la mano del dijunto
Se la habia comido un perro.

Tal vez yo tuve la culpa
Porque de asustao me fui—
Supe despues que volví,
Y asigurarselos puedo,
Que los vecinos de miedo
No pasaban por allí—

Hizo del rancho guarida
La sabandija mas sucia;
El cuerpo se despeluza
Y hasta la razon se altera,
Pasaba la noche entera
Chillando allí una lechuza.

Por mucho tiempo no pude
Saber lo que me pasaba—
Los trapitos con que andaba
Eran puras hojarascas—
Todas las noches soñaba
Con viejos, perros y guascas.



La vuelta de Martín Fierro de José Hernández
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