La Vuelta de Martín Fierro: 19

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- 829 -
Andube a mi voluntá 
como moro sin señor.
Ese fue el tiempo mejor 
que yo he pasado tal vez,
de miedo de otro tutor,  
ni aporté por lo del Juez.  

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«Yo cuidaré, -me había dicho-
de lo de tu propiedá.
Todo se conservará,
el vacuno y los rebaños
hasta que cumplás 30 años
en que seas mayor de edá.»  

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Y aguardando que llegase
el tiempo que la ley fija,
pobre como lagartija  
y sin respetar a naides, 
andube cruzando al aire
como bola sin manija.  

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Me hice hombre de esa manera
bajo el más duro rigor.
Sufriendo tanto dolor 
muchas cosas aprendí:
y por fin, vítima fui
del más desdichado amor.  

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De tantas alternativas
esta es la parte peluda.
Fue estremado mi delirio,
y causaban mi martirio
los desdenes de una viuda. 

- 834 -
Llora el hombre ingratitudes
sin tener un jundamento,
acusa sin miramiento 
a la que el mal le ocasiona,
y tal vez en su persona
no hay ningún merecimiento.  

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Cuando yo más padecía
la crueldá de mi destino,
rogando al poder divino
que del dolor me separe,
me hablaron de un adivino  
que curaba esos pesares.

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Tuve recelos y miedos
pero al fin me disolví.
Hice corage y me fui
donde el adivino estaba,  
y por ver si me curaba 
cuanto llevaba le di.  

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Me puse al contar mis penas
más colorao que un tomate,
y se me añudó el gaznate  
cuando dijo el hermitaño: 
«hermano, le han hecho daño
y se lo han hecho en un mate.»  

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«Por verse libre de usté
lo habrán querido embrujar.»
Después me empezó a pasar 
una pluma de avestruz,
y me dijo: «de la Cruz
recebí el don de curar.»  

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«Debés maldecir, -me dijo-,  
a todos tus conocidos, 
ansina el que te ha ofendido
pronto estará descubierto,
y deben ser maldecidos
tanto vivos como muertos.» 

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Y me recetó que hincao
en un trapo de la viuda
frente a una planta de ruda
hiciera mis oraciones,
diciendo: «no tengás duda  
eso cura las pasiones.» 

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A la viuda en cuanto pude
un trapo le manotié;
busqué la ruda y al pie
puesto en cruz hice mi reso;  
pero, amigos, ni por eso
de mis males me curé.  

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Me recetó otra ocasión
que comiera abrojo chico,
el remedio no me esplico,  
mas por desechar el mal,
al ñudo en un abrojal
fi a ensangrentarme el hocico.  

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Y con tanta medecina
me parecía que sanaba;  
por momentos se aliviaba 
un poco mi padecer,
mas si a la viuda encontraba
volvía la pasión a arder.  

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Otra vez que consulté  
su saber estrordinario, 
recibió bien su salario,
y me recetó aquel pillo
que me colgase tres grillos,
ensartaos como rosario.

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Por fin la última ocasión
que por mi mal lo fi a ver.
Me dijo: «no, mi saber
no ha perdido su virtú,
yo te daré la salú,  
no triunfará esa muger.» 

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«Y tené fe en el remedio  
pues la cencia no es chacota,
de esto no entendés ni jota,
sin que ninguno sospeche:  
cortale a un negro tres motas 
y hacelas hervir en leche.»  

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Yo andaba ya desconfiando
de la curación maldita
y dije «este no me quita  
la pasión que me domina;
pues que viva la gallina
aunque sea con la pepita.»  

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Ansí me dejaba andar
hasta que en una ocasión,  
el cura me echó un sermón, 
para curarme sin duda;
diciendo que aquella viuda
era hija de confisión.

- 849 -
Y me dijo estas palabras 
que nunca las he olvidao: 
«Has de saber que el finao
ordenó en su testamento
que naides de casamiento
le hablara en lo sucesivo,  
y ella prestó el juramento 
mientras él estaba vivo.  

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Y es preciso que lo cumpla
porque ansí lo manda Dios,
es necesario que vos  
no la vuelvas a buscar, 
porque si llega a faltar
se condenarán los dos.»  

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Con semejante alvertencia
se completó mi redota;  
le vi los pies a la sota, 
y me le alejé a la viuda
más curao que con la ruda
con los grillos y las motas.  

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Después me contó un amigo  
que al Juez le había dicho el cura, 
«que yo era un cabeza dura
y que era un mozo perdido,
que me echaran del partido
que no tenía
compostura.»  

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Tal vez por ese consejo 
y sin que más causa hubiera,
ni que otro motivo diera,
me agarraron redepente
y en el primer contingente  
me echaron a la frontera. 

- 854 -
De andar persiguiendo viudas
me he curado del deseo,
en mil penurias me veo,  
mas pienso volver tal vez,  
a ver si sabe aquel Juez 
lo que se ha hecho mi rodeo.  



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