La conquista de quince mil leguas: Capítulo I

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La conquista de quince mil leguas (1878) de Estanislao Zeballos


LA CONQUISTA
DE
QUINCE MIL LEGUAS




CAPITULO I




RESEÑA HISTÓRICA
1768-1878


SUMARIO.—Antecedentes de la cuestion fronteras.—Sistema español.—La Frontera Sur de la República hace un siglo.—Crisis de 1768 á 1796.—Desencanto público.—Temores á la política inglesa.—Origen de la idea de ocupar el rio Negro.—Nuevos rumbos de la opinion.—Sus precursores en el siglo XVIII.—Breve análisis de los escritos de Falkner, Villarino, Viedma, Undiano y Gastelu, Azara, Viana y Garcia.—La Expedicion de 1833.—Resultados generales.—Opiniores contemporáneas.—Ley de 1867.—Proyecto reglamentario de 1870.—Ideas de los ex-presidentes Mitre y Sarmiento.—Proyecto del Gobierno de Buenos Aires.—Reconocimiento del rio Negro en 1872.—Operacion combinada argentino-chilena.—Del Pacífico al Atlántico.—Actualidad de la cuestion.—Go a head.


 Estamos en la cuestion fronteras como en el dia de la partida: con un inmenso territorio al frente para conquistar y con otro mas pequeño á retaguardia para defender, por medio de un sistema débil y desacreditado.

 No incumbe su responsabilidad á un hombre ni á un gobierno. Es la herencia recibida de la Madre Pátria, que conservamos fielmente, á pesar de haberla hallado controvertida y de que nuestra corta bien que dolorosa esperiencia la condena.[1]

 Avanzar por medio de líneas artificiales y permanentes para ir conquistando zonas sucesivas: tal es el sistema español de frontera, reducido á su espresion mas sencilla. Lo pone de manifiesto una lijera ojeada sobre el mapa de Buenos Aires.

 Los españoles marchaban previsora y firmemente, llevaban sus armas y la colonización al desierto, clavando la cruz y levantando la escuela al lado del fortin, como bases de la fundacion de pueblos. Así, la mayor parte de nuestros centros de poblacion rural, derivan de antiguas guardias, que ocupan en el mapa direcciones armónicas, formando líneas paralelas de Nor-Oeste á Sud-Este, rumbo general de la Conquista en su movimiento de avance tradicional sobre la pampa.

 En consecuencia, podemos contar las siguientes líneas, que marcan varias épocas del estado de la frontera, limitando las zonas sucesivamente ocupadas. La que arranca de Zárate y sigue por la Capilla del Señor, Villa de Lujan. Cañuelas y Chascomús, La de Areco, Mercedes, Navarro, Lobos, Guardia del Monte, dando, frente al Salado al Sud y al Nor-Oeste de Buenos Aires La del Salto, Chivilcoy, Saladillo, Las Flores y fortines de Monsalvo (Kakelhuincul, Marihuincul[2] etc. La línea, trazada ya en tiempos modernos por Rojas, Bragado Grande, 25 de Mayo, Esperanza (hoy General Alvear) Tapalquen, Azul, Tandil, Bahia Blanca y camino del Colorado. Por último, bajo la administracion del señor Sarmiento, se inició el movimiento de avance que dió por resultado la línea de Ancaló (General Lavalle del Norte, General Paz, San Carlos, Blanca Grande, Olavarria, Sanquileó (General Lavalle del Sur) y Sauce Corto. Este movimiento de avance fué análogo al que acaba de realizarse para tender la nueva paralela de Vutaloo, Tenquedlavquen, Huamini, Carahué y Puan, que dá una línea permanente y la conquista de una ancha zona territorial.

 Limitarse á la ocupacion permanente de una línea es desfallecer en medio del sistema defensivo, alternando con una ofensiva débil y difícilmente sostenible. Así lo han comprendido todos los que sienten pasión por el estudio del problema de la Frontera y que acumulan antecedentes para discurrir con acierto sobre lo que conviene hacer á fin de despejar la incógnita, sacando provecho de los inmensos sacrificios que la conquista de nuestras actuales posiciones ha exijido á la República.

 La fé en el sistema español se desvanecía ya en el siglo pasado, pues, se sabe que en 1768 algunos exploradores y propagandistas comenzaron á desacreditarlo, produciendo el desencanto público.

 Buenos Aires, dice un escritor antiguo[3], cabeza del vasto Vireinato de este nombre, yacia en un rincón de las pampas, rodeada de pocos fuertes que formaban como una línea de circunvalación á menos de treinta leguas de sus arrabales; y Chascomús, Lujan y Salto, marcaban los límites territoriales de una ciudad cuya jurisdicción se estendia hasta el Desaguadero.

 Tal es el juicio exacto que inspiraba el estado de la frontera sur de la República, al concluir el Vireinato de Bucarelli, en el año 1768.

 El Virey Vertiz recibió exhortaciones de avanzar sobre la pampa, para asegurar la dominación del rio Salado, cuya línea estaba hasta entonces en poder de los vándalos; pero se prefirió trazar una nueva paralela de Rojas á la Guardia del Monte, apoyada en los fortines de Ranchos, Lobos, Navarro y Areco, construidos al borde de las lagunas del mismo nombre.

 Los indios hicieron en 1780 una formidable y sangrienta invasión sobre Lujan, cuyos resultados advirtieron á los hombres de ideas el grave peligro en que yacian las fronteras y la ineficacia de sus medios de defensa.

 Comenzaron á la zazon á dibujarse nuevos horizontes; pero en 1796, al llegar Azara con la comisión demarcadora de los límites de España con el Portugal, halló á Buenos Aires, dice Angelis, todavía reducida á los estrechos límites que le fueron trazados por sus fundadores.

 El pensamiento de la ocupación militar del rio Negro, surjió á la zazon como tabla salvadora, no porque se buscara directamente esta manera de resolver la cuestión fronteras, sino como una idea incidental que cruzó la mente de los reales pilotos, que S. M. habia mandado á hacer estadios en la costa patagónica, para defenderse de la política de Inglaterra.

 En efecto, en 1774 apareció la obra histórica, descriptiva, geográfica y etnográfica del misionero jesuíta Thomás Falkner, que habia vivido cuarenta años en nuestros desiertos, enseñando en las reducciones de indios de las sierras del Volcan y del rio Colorado, y recorriendo los campos desde la Patagonia hasta Tucuman y el Chaco, á través de inmensos peligros y de asombrosas distancias.[4]

 La obra de este célebre autor, consultada hasta ahora con avidez por los historiadores y eruditos, fué editada en ingles, con el propósito de servir á los intereses de la Corona Británica contra los de España, á cuyo servicio se hallaba Falkner.

 El misionero inglés escribió la primera descripción del rio Negro de que tengamos noticia, incurriendo en errores geográficos, muy comunes en el siglo pasado á consecuencia de la falta de exploraciones; pero que hoy han sido completamente rectificados y no pueden ser sostenidos con eficacia por personas ilustradas.

 Sin embargo, uno de aquellos errores del padre Falkner; está llamado á adquirir celebridad histórica, á consecuencia del ruidoso papel que ha jugado en el grave conflicto que existe entre la República Argentina y la de Chile, sobre sus límites en la rejion austral.

 Falkner dijo, en efecto, sobre el rio Negro: «Este rio es el mayor de la Patagonia: se vacia en el Océano Occidental, y es conocido por varios nombres como el segundo Desaguadero ó el Desaguadero de Nahuel Huapí. Los españoles lo llaman el gran rio de los Sauces, algunos indios Choelechoel; los puelches, Leubú-comó, ó el rio por antonomasia y Curú-leuvu quiere decir rio Negro, que es el nombre que le dan los Guilliches y Peguenches. El parage por donde le pasan desde el primero al segundo Desaguadero, Choele-Chel.»

 « No se sabe exactamente la fuente ú origen de este rio; pero se supone tenerla del rio Sanquel: compónenia muchos rios y arroyos. Vá escondido por entre peñas quebradas y se estrecha en nn canal profundo y angosto, hasta que finalmente se manifiesta otra vez con grande y rápida corriente algo mas arriba de Valdivia, pero al lado opuesto de la Cordillera.»

 Consúltese cualquier mapa de Sud América, y se verá que el error del padre Falkner consiste en suponer que el rio argentino Negro y el rio chileno Tolten, cuyos cursos siguen casi por la misma latitud, eran una misma corriente de agua, estendida desde el Pacífico al Atlántico, á través de los Andes.

 La Corte de España, agitada por los amagos de Inglaterra sobre la Patagonia, adoptó por base de sus medidas y expediciones, los datos del misionero inglés; y midiendo las distancias con arreglo á sus planos, dedújose que el rio Negro, después de recorrer 300 leguas, se internaba en el rio de Chile.

 El Ministro Galvez firmó en Aranjuez, el 8 de Junio de 1778, las instrucciones para establecer fuertes y poblaciones en la costa del Rio de la Plata hasta el Estrecho de Magallanes. Este documento señala como punto de particular impoitancia, la boca del rio Negro, y según las noticias difundidas por Falkner, agrega: « que el rio Negro se interna por cerca de trescientas leguas del reino de Chile.»[5]

 El Señor Ibañez, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, pretendía en nota de 28 de Enero de 1874, fundado en aquella frase, que el reino de Chile era la Patagonia, según las instrucciones de Galvez.

 El Doctor Don Félix Frias, Plenipotenciario de la República Argentina en Santiago, desautorizó aquella interpretación, revelando que era geográfica y gramaticalmente insostenible.

 Posteriormente, el Dr. D. Vicente G. Quesada, en su importantísimo y patriótico libro La Patagonia[6], refutaba in extenso la cita del ministro Ibañez, haciendo una interesante historia del origen, importancia y verdadera interpretación de las instrucciones, cuyo orijinal en carácter de Apuntes, sin firma ni rúbrica, fué examinado por el autor en el Archivo de Indias.

 Todas las crónicas están de acuerdo en afirmar que España se alarmó hondamente al conocer los estudios y exploraciones de Falkner, quien avanza el juicio de que ocupada la Patagonia por un enemigo de España, esta vivida en continuo sobresalto por sus posiciones del Rio de la Plata, y perderia Chile, cuya conquista se podria realizar, á juicio de aquel infatigable explorador, emprendiendo la navegación del rio Negro hasta Valdivia, con una expedición militar.

 La corona de España se decidió entonces á acometer una serie de exploraciones en la costa de Patagonia y en su interior, á fin de ocupar ciertas posiciones estratégicas; y á la cabeza del movimiento descollaron Don Francisco y D. Antonio de Viedma, que ejercían de real orden la jurisdicción no disputada de Buenos Aires sobre las costas y estensos territorios del Sud, y D. Basilio Villarino, piloto de la Real Armada.[7]

 Las instrucciones redactadas en Buenos Aires, en cumplimiento de reales órdenes, para proceder á la exploración del rio Negro, traen fecha 18 de Agosto de 1779 y no han sido publicadas.

 Fueron dirijidas a Biedma, que ejercía la superintendencia de los establecimientos de la costa patagónica, recomendándole que les diera cumplimiento á la brevedad posoble.

 Esté fue el primer paso avanzado con el propósito de buscar la sospechada comunicación fluvial entre el Atlántico y el Pacífico.

 Las instrucciones establecían dos maneras de realizar la exploración, facultando á Biedma para decidirse por cualquiera de ellos—Eran estas:

 1º Zarpar de la boca del rio Negro á los 40° 55' de Lat. Y remontarlo hasta donde fuera navegable.

 2º Salir de Mendoza, hasta el pasage en que tiene lugar la confluencia de los rios Tunuyan y Desaguadero, navegándolo hasta su confluencia con el Diamante y continuar por este hasta el rio Negro.

 Como lo advertimos ya, habia una confusión completa sobre desarrollo y relación recíproca de los rios andinos que corren al seno de la el Pampa, y por eso las instrucciones trazan tan irrealizable itinerario.

 El Virey pondera los peligros y contrariedades á que hay necesidad de hacer frente en esta clase de exploraciones, y recomienda á Biedma que elija para acometerlas un varón fuerte, denodado y de reoirsos en los trances difíciles.

 Ordena la formación de un diario de exploración que debia contener la descripción general y detallada del rio, el aspecto del país, los montes, pastos, aguadas, y cuanto pudiera convenir para el adelanto de los conocimientos geográficos.[8]

 En 1780 aun nada se habia adelantado en este sentido y los reconocimientos hablan sido limitados á las costas al Norte y al sur del naciente pueblo del Cármen.

 El 8 de Agosto del mismo año el Virey despachó de Buenos Aires el bergantin Nuestra Señora del Rosario, al mando del primer piloto D. Juan Pascual Callejas, especialmente encargado de levantar la carta del rio Negro, su entrada, barra y surjidero.[9]

 El 14 de Noviembre de 1780 oficia nuevamente el Virey encareciendo la ejecución de las instrucciones do 1779 y le racomienda como principal objeto de la exploración, el reconocimiento de una vía fluvial entre Mendoza y rio Negro, cuya existencia no parecía dudosa, como se ha visto.[10]

 El 4 de Mayo de 1781 el piloto Callejas zarpaba del rio Negro, á bordo del bergantin Nuestra Señora de Belen comisionado por Biedma para esponer de viva voz al Virey de Buenos Aires, la falta de elementos para internarse por el rio Negro, los que era necesario adquirir y enviar al Carmen para dar cima á tan osada empresa como es la de hallar el pasaje al reino de Chile, aprovechando la primavera inmediata, para la cual pide el pronto regreso de aquel piloto.[11]

 Desde 1781 á 1782 el tiempo fue empleado en acopiar elementos. Biedma pidió 30 hombres á Montevideo para agregar á los 60 que ya tenia disponibles pero no logró obtener aquel valioso contingente.[12]

 Así mismo se decidió á abrirla campaña. Como Callejas habia quedado en Buenos Aires de orden superior, dio el mando de la expedición al piloto D. Basilio Villarino, Alférez de la real armada, que se habia hecho notable en los recouocimientos de la costa desde la peligrosa barra del rio Colorado, hasta la bahia San José.

 Viedma habíase establecido provisoriamente en el Carmen de Patagones, nueve millas al interior de la desembocadura del rio Negro; y dio las reales instrucciones al piloto Villarino para que se lanzara á la audaz navegación del rio Negro, en la cual no ha sido superado por los exploradores que han seguido sus huellas.

 De regreso Villarino confeccionó una carta geográfica del rio Negro, cuya copia hemos consultado en el Departamento de Ingenieros de la Provincia, y la acompañó de una Memoria en forma de diario de navegación.

 Encargado aquel piloto de una exploración con propósitos políticos, para ocupar con las armas de España las tierras que Falkner parecía ofrecer á la codicia de la política inglesa, concibió como un resultado incidental de su famoso viaje, la idea que hasta hoy es el fundamento capital de la solución definitiva de la cuestión frontera.

 Efectivamente, al márjen de aquella carta geográfica, en una estensa leyenda, el real piloto sujiere la idea de ocupar Choele-Choel y la confluencia de los rios Neuquen y Negro, arrebatando así á los salvages dos pasos indispensables, que les sirven para realizar sus saqueos en las pampas de Buenos Aires.

 La exploración de rio Negro por Villarino, la fortificación de un costado de Choele-Choel realizada por él y la agitación que estos hechos determinaron entre los indios, contribuyeron á acentuar el movimiento reaccionario, contra el sistema ineficaz de la defensa de la frontera sur, revelando que aquel viaje, hecho con diferente designio había dado, sin embargo, el resultado importante de descubrir la verdadera línea definitiva de la frontera sur, en la guerra del Vireynato de Buenos Aires contra los indios.

 La propaganda se fortifica á consecuencia de los desastres de la crisis fronteriza de 1768 á 1796, en que los principales gefes de frontera reclamaban en vano del Virey el avance de las lineas al sur del Salado, por lo menos.

 La exploración de Villarino, realizada desde 1782 á 1783 origina la memorable presentación de 1º de Mayo de 1784, dirijida al Márquez de Loreto, Virey y Capitán General de las Provincias del Rio de la Plata, por Don Francisco de Viedma, Gobernador é Intendente de las Provincias de Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba y comisario superintendente de los establecimientos de la costa Sud.

 En ella el ilustre español hace presente las grandes ventajas que se ofrecían para el comercio de Cuyo y del sur de Chile con los descubrimientos de Villarino, pues, había una nueva arteria de circulación humana que ahorraba grandes distancias; y agregaba que, á su juicio, era punto mas importante y en que estribaba toda la felicidad de Buenos Aires, la tarea de evitar el destrozo de ganados que causaban los indios en la campaña de esta Provincia.

 Pensaba que sería realizar una obra trascendental, aprovechar los inmensos campos que corren desde Buenos Aires hasta el río Negro; y para prestijiar su pensamiento, acumulaba datos que había recojído de labios da los indios, además de los que ya habia dado á conocer Villarino en su carta y diario de viaje, respecto á la importancia estratejíca del río Negro.

 Viedma sintetiza su sensato y fundamental proyecto en términos que preferimos copiar en seguida: «Tomado un verdadero conocimiento de estos pasos y caminos, diré, podriam fortificarse y repararse extendiendo á ellos las Guardias de las Fronteras, porque cortadas estas avenidas y la de Choele-Choel, quedaban libres las demás campañas; ya Buenos Aires y poblaciones del rio Negro se daban la mano por tierra, para su comunicacion, para la cria y fomento de ganado, y para la estension de sus poblaciones. Véase pues qué ventajas tan grandes resultaban á la Provincia, y aun á todo el reyno del reconocimiento y seguridad de estos pasos.»

 Y en otra parte agrega: « Tomado el sitio de Choele-Choel ya aseguramos el pasage para los indios de aquellas naciones (Pehuenches y Araucanos) que son numerosísimos: le quitamos estos enemigos á los campos y vamos preparando la internación y demás proyectos que puede atraernos el rio Negro, por la parte de Valdivia. »

 Nada se hizo á iniciativa de tan cuerdos vasallos de los reyes de España; pero las ideas hacian camino, como lo demuestra otro proyecto en el mismo sentido que fué dirijido al rey por el capitán de las tropas que guarnecían la frontera de Mendoza, D. Sebastian de Undiano Y Gastelu, quien habia explorado los desiertos del sur de su frontera, allá por los años en que Villarino corría del Atlántico á los Andes. Hasta 1826, Undiano perseveraba en llamar á la línea del rio Negro, la llave de la pampa.

 Comienza su representación al Rey declarando: « que deseoso del mayor bien del Estado se atreve á proponer á S. M. la conquista de diez y siete mil leguas cuadradas de tierra situadas en el mejor suelo del Universo y en una de las orillas del estendísimo Imperio, conquista para la cual no hay que chocar con ninguna potencia estranjera, porque todo ha de hacerse en un país que pertenece á la Corona de Castilla. »

 Hace la relación de sus exploraciones en las tierras del sur, consigna datos geográficos importantes sobre las regiones andinas del rio Negro y los cursos de agua que corren al Norte de éste, concluyendo por condensar su pensamiento así: «Poblaríase, pues, este país comenzando por la traslación de los fuertes de esta Frontera de Buenos Aires á la orilla izquierda ó setentrional del rio Negro.[13]

 Desesperante era la situación de la frontera, cuando llegó al Rio de la Plata el distinguido geógrafo B. Félix Azara, quien, como se ha dicho, se sorprendió al hallar la capital del Virreynato estrechada por las chuzas del salvage, reducida al terreno mal guardado aun por sus líneas de fortines.

 Azara partió con la comisión geográfica, de que formaba parte el ingeniero Cerviño y el piloto Insiarte, á practicar un reconocimiento sobre la línea de fortines, con encargo de proyectar las reformas inmediatas; y de regreso formuló su conocido memorial, presentando al Virey, datado en Buenos Aires á 31 de Julio de 1796, en el cual aconseja las reformas de la línea existente, y se engolfa en interesantes consideraciones generales sobre el problema secular de la Frontera, concluyendo por declararse partidario de la línea del rio Negro.»

 Al recomendar esta solución Azara dice que le «ha parecido indicar á S. M. otro medio de asegurar la tranquilidad y posesión de las Pampas en mayor brevedad, ventaja y extensión.»

 Afianza su opinión en los resultados del viaje consumado por Villarino, discute las ventajas políticas y económicas de la línea del rio Negro y concluye así: tenemos franca la entrada en el rio Negro y un establecimiento, chalupas y carretas en su boca: todo está incitando á continuar. »

 Tales son los precursores de la traslación de la Frontera sur de la República al rio Negro, cuya iniciativa debia recibir en nuestro siglo el concurso de la opinión radical de los que conocen la cuestión y consultan los grandes intereses políticos, diplomáticos y económicos de la Nación.

 En 1815 se 0ye una nueva voz, apoyada en la razón en la historia y en los hechos contemporáneos. Es la del capitán D. Francisco Javier de Viana, natural de Montevideo y residente en Chascomús, quien recopila los antecedentes geográficos sobre los rios Diamante, Colorado y Negro, declarándolos la base de nuestro sistema de defensa fronteriza, y propone que se abra la marcha porque «la empresa es gloriosa, no solo por su grandeza, sino también por el relevante servicio que se hace á Dios y á la humanidad.»

 Viana agregaba: «Pasado un decenio del establecimiento de la línea sobre el Colorado, no dudo que podrá trasladarse la frontera á los últimos caudalosos rios, Negro y Diamante. El primero nace en la cordillera de los Andes no muy distante de Villa Rica en el reino de Chile, corriendo en dirección N O S O enriqueciéndole el Diamante con sus aguas en la direccion N. S. por espacio de 90 leguas hasta su barra, inmediata á una bien áspera serranía desde donde corre el Negro N. O. S E. 90 leguas hasta la barra, no muy distante déla Villa de San José en la costa patagónica. Desde este punto hasta la barra del Diamante, en el espresado Negro deberán establecerse ocho guardias, y las estancias intermedias en los términos dichos anteriormente, é igual número desde la espresada barra á la distancia que convenga de la del Fuerte de San Carlos de la jurisdicción de Mendoza; debiendo fundarse un pueblo en la confluencia del Diamante y otro próximo á dicha Villa de San Carlos.

 Los trabajos del coronel D. Pedro Andrés García pertenecen á la época de la Independencia. Angelis los ha dado á conocer en su citada Colección y se espresa así sobre el oríjen y sustancia de las opiniones de aquel distinguido gefe: «Los acontecimientos del año diez cambiaron el aspecto de los negocios, y uno de los primeros cuidados de la Junta que se organizó entónces fué poner la campaña al abrigo de las incursiones de los bárbaros: con cuyo objeto hizo salir una espedicion para Salinas, al mando del coronel García, con el encargo de proyectar un plan de defensa, fundado en los datos que le suministraría la Inspección ocular del terreno, y la actitud de las tribus que lo ocupaban. En una memoria con que este oficial acompañó al Gobierno el diario de su viaje, insistió en la necesidad de ocupar la línea del Colorado y del Rio Negro y de establecer un Cuartel General en Salinas, para poblar sucesivamente las Sierras de Guaminí, de la Ventana, y del Volcan; y de trasladar mas al Sud la Frontera de Córdoba y de Cuyo para ampliar la jurisdicción de estas provincias.

 Redujo, agrega Angelis, en otro lugar, el problema á un postulado, á saber: «que la mejor línea de defensa es la que siendo mas corla, abrace y guarde la « mayor estension de terreno posible.»[14]

 Rosas, alentado por supremas ambiciones é iluminado por aquella sagacidad, que constituía uno de los rasgos prominentes de su fisonomía moral, asumió en 1833, bajo la Administración del general D. Juan Ramón Balcarce, la responsabilidad de conducir las tropas de Buenos Aires en la primera y única tentativa fundamental de trasladar las fronteras al nuevo teatro, sobre las márgenes del Rio Negro, operando al frente del ejército de Buenos Aires.

 El movimiento que esta expedición produjo en el país fué notable, y hasta los Estados mas pobres y sin froteras, como la Rioja y Catamarca, se apresuraron á contribuir con armas, equipos, soldados y dinero.

 El mando del ejército expedicionario, se organizó de esta manera:

 General en Gefe brigadier general Don Juan Facundo Quiroga.

 División de la Izquierda, compuesta de las tropas de Buenos Aires, brigadier general D. Juan Manuel de Rosas.

 División del Centro, con las tropas de Córdoba, general  Don José Ruiz Huidobro}}.

 División de la Derecha, compuesta de las fuerzas de Mendoza y San Luis, brigadier general D. José Félix Aldao, mas generalmente conocido por el Fraile Aldao.

 El general en gefe, empeñado en cuestiones de política interna, no se movió de Cuyo, dejando libre el campo á Rosas, que hizo la primera figura de la campaña.

 La división de la izquierda, que tenia por objetivo batir los indios del sur de Buenos Aires y ocupar las líneas del Colorado y del rio Negro, llevaba las siguientes tropas: escolta del general, un batallón de milicias, siete cañones y su dotación, 113 plazas del batallón Libertos, 250 guardias nacionales de caballería, los batallones 3 y 30 del Rio de la Plata, carretas y bagajes.[15]

 Ya en campaña Rosas recibió oficios de Buenos Aires sobre la imposibilidad en que se hallaba el Gobierno de enviarle los elementos y víveres necesarios. No por eso se desalentó y comprendiendo lo que importaba para él y su partido el éxito, apeló á sus amigos hacendados del sur, que le dieron carretas, caballos y haciendas.

 Con estos recursos se lanzó sobre el Colorado, asegurando sus comunicaciones á retaguardia por medio de fortines y destacamentos, á fin de que esta línea sirviera de itinerario defendido para los ganados y elementos con que debiera ser auxiliado.

 Veamos como condensa Reyes, á quien estractamos en seguida, el resultado de las operaciones.

 Instalado el cuartel general de Rosas en el rio Colorado, desprendió una fuerte división al mando del general Pacheco, con orden de arrollar á los indios hasta el otro lado del rio Negro y recorrer sus dos márgenes hasta las Manzanas.

 Con el mayor éxito se llevó á cabo este detalle esencial de la empresa, y marchando Pacheco de triunfo en triunfo, llevó por delante á los indios que encontró á su paso, haciéndoles salvar el rio Negro.

 Era el rigor del invierno y venciendo inconvenientes y contrariedades de todo genero, fueron hasta la isla de Choele-Choel, teniendo que pasar por sobre el hielo para llegar allí.

 La escacez en que hablan quedado aquella fuerzas, por falta de cooperación del gobierno, era espantosa. Habia coraceros, que no tenian mas abrigo que el hierro de su coraza sobre una pobre camisa de algodón.

 La falta de provisión llegó á tal punto, que las fuerzas de Pacheco tuvieron que comer los caballos mas inútiles, mientras que en el cuartel general de Rosas, apenas se carneaba cada ocho días.

 El frio era espantoso y la falta de vestuarios hacia mas terrible su acción sobre aquellos abnegados soldados.

 Las fuerzas del general Pacheco hicieron diversas batidas en la isla de Choele-Choel, acuchillando á las inmensas indiadas que se hablan refugiado allí, arreadas por el empuje de la Expedición y creyendo que aquel pedazo de territorio era inexpugnable.

 Con esos indios habia gran número de chusma de otras tribus, que habia dejado allí el afamado cacique Chocory, mientras que él, con sus indios de lanza, habia quedado en acecho en la pampa, para caer por retaguardia á los expedicionarios; lo que no pudo realizar, porque fue acuchillado y perseguido á tiempo, sucumbiendo él con todos sus indios de pelea.

 Al cacique Chocory se le encontró sobre sus carnes una rica cota de malla, que fue traída al museo de esta ciudad, con otros objetos curiosos recojidos en aquella expedición.

 Mientras el General Pacheco habia marchado hasta Choele-Choel, el coronel Ramos habia sido desprendido del cuartel general con órdenes de marchar por las márgenes del rio Colorado, llegar á la cordillera y clavar el pabellón argentino en el cerro de Pallen, arrojando todos los indios que encontrase en el desierto.

 La división del Coronel Ramos, la componían 500 hombres de tropa escojida é hizo sus marchas con buen éxito.

 Otra división lijera, compuesta de dos terceras partes de soldados regulares y otra tercera parte de indios auxiliares, al mando del comandante Leandro Ibañez fue desprendida para marchar al sur del río Negro á perseguir á las tribus, que salvándose de la persecución de las fuerzas de Pacheco hubiesen huido en dirección al cabo de Hornos.

 Esta división penetró en esos desiertos y alcanzó hasta la latitud de las Islas Malvinas, de la tierra del Fuego.[16]

 Sorprendió á las fuerzas del cacique Cayupan en sus mismas guaridas, en donde fueron totalmente acuchilladas, tomando prisioneras á las chusmas, lo que dio por resultado que los indios de pelea que escaparon vinieron en seguida á presentarse á Rosas en el Colorado y sometiéndose sin condiciones.

 El cacique Quentrel, muchos capitanejos y como 250 indios de lanza, faeron los indios rendidos que se presentaron.

 Quedó así libre de indios toda esa parte del desierto, y Patagones y Bahia Blanca dejaron de ser visitadas por las invasiones de los bárbaros quedando bien guardada por una fuerza de las tres armas al mando del coronel D. Martiniano Rodriguez, quien mas tarde batió á las afamadas tribus borogas, que se rebelaron después de haberse semetido con motivo de la expedición, y cuyos indios, soberbios y aguerridos, hablan sido el azote de Chile y de la República Argentina, bajo el mando del famoso Pincheira, que los capitaneaba.

 Mientras que la expedición se internaba en el desierto, esas tribus hablan quedado en Salinas, en número de tres mil indios de lanza, á las órdenes de los caciques mayores, Caefuiquir, Rondeau y Melingueo.

 Estas indiadas, sometidas en paz, quedaban á retaguardia del ejército expedicionario, halagadas con las ventaja de que se les dejaba en rehenes un escuadrón de 200 dragones al mando del coronel D. Manuel Delgado, cuya verdadera misión allí era el tener á Rosas al cabo de cualquier movimiento hostil que emprendiesen esas tribus.

 Al mismo tiempo, habia entre ellas varios indios de importancia, que hábilmente comprometidos en favor del ejército expedicionario, hacian el espionaje con tanta fidelidad, que las intenciones y las palabras mas insignificantes y los hechos mas secretos de los caciques, eran comunicados con frecuencia al coronel Delgado para trasmitirlos á Rosas.

 Fué necesaria mucha destreza para evitar que mientras se internaba el ejército dividido en distintos cuerpos, marchando en diversos rumbos, cayesen sobre estas divisiones los indios que quedaban en Salinas y los pampas que estaban en Tapalquen.

 Los amigos de Rosas sostenían mas tarde que habia existido el plan de levantar esas tribus para que se lanzasen sobre el ejército expedicionario, y tomándolo dividido, concluyesen con él.

 Lo cierto es, que una partida de indios que fué á Tapalquen desde Salinas, en parlamento acerca de los caciques que hablan quedado al mando de las tribus en lugar de Catriel y de Cachul, que hablan marchado en el ejercito expedicionario con 600 indios amigos, prestándole grandes servicios, fueron fusilados consiguiendo asi contener la sublevación que combinaban.

 Apenas supo Rosas esta tentativa de sublevación, despachó desde el Colorado al sargento mayor D. Bernardo Irigoyen con cuatro soldados y dos indios, llevando órdenes suyas y de los caciques Catriel y Cachül para los otros caciques que estaban al inando de las indiadas de Tapalquen, á fin de que fuesen inmediatamente fusilados los indios que se decia que desde Salinas y de Buenos Aires hablan ido á sublevar esas tribus.

 El resultado general de la expedición de la columna de la izquierda fué importantísimo.

 Gran número de indios fueron muertos en la persecución que se les hizo, y una gran parte se sometió al ejército expedicionario.

 Cerca de tres mil cautivos fueron libertados y este número se sobrepasó cuando después siguieron los indios entregando los cautivos que tenian y rescatándolos las divisiones que continuaron persiguiendo á los salvages que no se habian sometido.

 Concluida la expedición; se publicó un folleto con los nombres y señas de todos los cautivos rescatados, folleto que se distribuyó gratuitamente en las Provincias que tienen fronteras.

 Al regresar el ejército, dejó Rosas una buena guarnición en Patagones y otra en el fortin Colorado; y por algún tiempo se situó en Napostá, cerca de Bahia-Blanca, en donde reunió todas sus divisiones, dio algún descanso á la tropa y se preparó para inutilizar la amenaza constante de las tribus borogas, que hablan quedado en Salinas entretenidas con las promesas que se les hacia y vigiladas por las fuerzas del coronel Delgado, que habia dejado entre ellas aparentemente como rehenes.

 Eran, puede decirse, esos indios, los enemigos mas formidables que quedaban en pié en el desierto.

 Inició Rosas negociaciones de paz con ellos imponiéndoles las condiciones necesarias para que dejasen de, ser un peligro sobre nuestra campaña.

 La coyuntura no podia ser mas favorable, porque esas tribus, apesar de su inmenso número, estaban entonces bajo la influencia y la impresión de las batidas impetuosas que hablan dado los expedicionarios á las demás tribus arrojadas al otro lado del rio Negro.

 Para hacer mas eficaz esa impresión, Rosas hizo de manera que los principales caciques viesen en la actitud en que se encontraba aquel ejército.

 Rosas les desmotró cómo la superioridad de su ejército y el hecho de hallarse él en el corazón del desierto, les ponia en la imposibilidad de escapar de un castigo terrible, si no aceptaban la paz que les proponia y las raciones que les ofrecía para que viviesen sin robar en nuestra campaña.

 A las impresiones materiales que hablan recibido los indios del empuje de los cristianos posesionados del desierto, cooperaban con mucha eficacia los consejos del cacique chileno Venancio Coellapan, que tenia gran influencia en esas tribus y que mantenía buenas relaciones con Rosas.

 Celebráronse, pues, los tratados de paz y era la base de estos y la condición esencial, que los indios harian entrega inmediata del inmenso número de cautivos que tenían y que habian venido arrebatando á la campaña de nuestra República y la de Chile, desde la época de Píncheira.

 Entre esos cautivos los habla que eran miembros de las principales familias de las Provincias del Interior.

 Rosas comisionó al general Corvalan para que recibiese la primera remesa de cautivos que debian entregar los indios; pero como esta solo constase de quinientos individuos, ordenó Rosas que en el acto fuesen devueltos á los caciques con los mismos indios que los traían, intimándoles que si esa primera entrega no constaba de mil cautivos y en la segunda remesa no se le entregaba hasta el último que habia en las tolderías, quedaban rotos los tratados.

 Los indios resistieron al principio enviar mas cautivos; reuniéronse en consejo todos sus caciques, cambiaron varios parlamentos y diversas notas con Rosas, y al fin se decidieron á hacer la primera remesa de cautivos en los términos en que se habia impuesto.

 Las notas que dirijian los caciques eran escritas por el teniente coronel chileno Millalecon, que hacia de secretario del cacique principal, á quien Rosas lo tenia de su parte.

 Millalecon prestó en esas negociaciones grandes servicios al ejército expedicionario, y en recompensa mas tarde Rosas le hizo reconocer en su grado, lo dio de alta en la Plaza Mayor, asignándole sueldo.

 Recibida la primer remesa de cautivos, mandaron los indios el resto de los que tenían en sus toldos, acompañándolos quinientos mocetones de lanza, que traían el encargo de rendir homenaje á Rosas, á los gefes y oficiales de su ejército y á los caciques amigos que habían expedicionado.

 Dispuso este, para hacer impresión en los indios, que el recibimiento fueso solemne.

 Al efecto, mandó que el ejército formase en dos alas y por en medio de ellos defilaron los indios con el grupo de cautivos que entraban á pié.

 Los muros de la fortaleza estaban coronados de tropas y habitantes de Bahía-Blanca, y la perspectiva que la formación de estas tropas ofrecía, era mas hiriente y de mas efecto por el eco de las bandas de música, las salvas de artillería, el estallido de cohetes y bombas, y los vivas de todo el ejercito á los caciques é indios amigos.

 Eran conmovedoras las escenas que ofrecían aquellos desgraciados cautivos al encontrarse de repente aliviados del sufrimiento y del martirio que por tanto tiempo habían esperimentado.

 Obsequiados los indios de la comisión con diversos regalos, regresaron á los toldos haciendo el itinerario que Rosas les señaló para evitar choques y quitarles pretestos de alterar las buenas relaciones, que reinaban con el ejército expediccionario; algunos de esos indios no volvieron á sus toldos incorporándase al ejercito, como también los doscientos dragones que al mando del coronel Delgado habian quedado como rehenes en Salinas y que venían ahora escoltando á los indios y á los cautivos.

 Consideró entonces concluida su empresa Rosas y licenció sus divisiones en Napostá, haciendo regresar el convoy que traian los cautivos rescatados.

 Pero dejó una guarnición allí, de soldados que quisieron quedarse, con los que se formó el Regimiento de Blandengues, cuyo mando se confió al coronel D. Feancisco Sosa.

 En el fuerte "Argentino," quedaba otra guarnición a las órdenes del coronel D. Martiniano Rodriguez.

 Hasta aquí los resultados de la campaña de Rosas.

 El éxito no justifica los grandes errores militares. Rosas reveló escasa previsión é impericia militar dejando su retaguardia amenazada por cinco mil indios famosos por su arrojo y audacia. Ellos pudieron caer sobre las diferentes divisiones del ejército y hacerlas pedazos una por una.

 Escritores respetables han afirmado que la división del Centro fue destruida por los indios y yo mismo habia adoptado el dato en la primera edición de esta obra; pero voy á rectificarlo ahora, haciendo conocer la referencia verbal hecha por el general Ruiz Huidobro[17], Comandante en Gefe de aquella división, á uno de sus íntimos amigos, mi padre político D. Andrés Costa de Argibel.

 El general Huidobro marchó al frente del rejimiento de caballería de línea "Auxiliares de los Andes" y de 600 cordobeses á las inmediatas órdenes del coronel D. Jose Francisco Reinafe. El primer cuerpo se componía de soldados de Buenos Aires y de San Luis.

 Sostuvo dos combates formales con los indios ranqueles, que se presentaban sobre el campo de batalla en grandes masas y se batian valientemente.

 El primero acaeció en la laguna de las Leñitas donde los cordobeses con el coronel Reinafe á la cabeza se desbandaron y huyeron cobardemente, dejando al general Ruiz Huidobro con su bravo rejimiento de «Auxiliares de los Andes», en lucha tenaz con tres mil indios implacables.

 Tan comprometido estuvo el regimiento que el general mandó echar pié á tierra y formar cuadro, obteniendo una victoria completa sobre los bárbaros que huyeron dejando un número considerable de muertos.

 Apesar de la desersion de las milicias cordobesas el general Huidobro siguió su marcha avanzando hacia el Cuero; pero en las Acollaradas fué detenido por otro ejército ranquel de mas de tres mil lanzas y se vio obligado á dar una desigual batalla.

 Así mismo, se condujo con tanta pericia y con tal denuedo, que obtuvo el mas completo triunfo, haciendo al enemigo una enorme mortandad. Se reconoció entre los indios muertos al famoso cacique Yanquetruz, que mandaba en gefe á los indios ranqueles y que á la zazon era el mas temido y afamado en las fronteras del Oeste y del Norte. Murió también allí otro cacique renombrado, Pichun, hijo de Peini.

 Continuó por algunas jornadas internándose en el desierto: pero abandonado por el Gobierno de Córdoba que no le envió reses para proveer á su valerosa división, tuvo que emprender la retirada, comiendo sus propios caballos.

 El General Quiroga como hemos dicho, no se movió; y el ejército que él debió dirijir, fué condado al fraile Aldao, quien costeó el rio Chadileubú hasta la laguna Amarga y fué obligado á retroceder por la desersion y las sublevaciones de la tropa.

 Así, pues, la Expedición de 1833, fracasó en su objetivo de avance de las fronteras á consecuencia de la retirada de las divisiones del Centro y de la Derecha.

 El Gobierno de Chile habia sido invitado también á concurrir á la Expedición desde 1831, con el objeto de avanzar combinadamente las fronteras de ambas repúblicas. Parece que el Gobierno chileno pensaba destacar al general Bulnes con un cuerpo de ejército que debia darse la mano con el del general Pacheco en las Manzanas; pero Chile se escusó en 1833 de no haber tenido tiempo paia ponerse de acuerdo con los pueblos trasandinos á fin de batir al enemigo común.[18]

 El General D. Angel Pacheco habia costeado el rio Negro hasta las sierras que se hallan al Oeste de su confluencia con el Neuquen, que fueron denominadas Sierras de Rosas.

 Por el lado del rio Negro el general Pacheco habia ocupado Choele-Choel y sus comunicaciones con el Colorado y Buenos Aires estaban aseguradas por medio de una línea de fortificaciones que partían de aquel rio hasta el Salado.

 Un escritor contemporáneo reasume en los siguientes términos concisos y verídicos los resultados de esta tentativa realizada á medias, á consecuencia de la retirada inoportuna de las divisiones de la Derecha y del Centro.

 « Esta expedición rescató numerosos cautivos, recorrió un inmenso territorio, batió á los indios, practicó el reconocimiento de aquella inmensa área de tierra y enarboló el pabellón de la Provincia en la intersección de los 39° de latitud y 5° de longitud, meridiano de Buenos Aires. ¿Cuáles fueron sus resultados positivos? La certidumbre de que es hacedero el establecer la frontera sobre el Colorado ó el Negro, que los indios no pueden resistir á nuestras armas, y que solo por descuido ó incapacidad los salvajes pueden dominar[19].

 Malograda aquella ocasión de anonadar completamente el imperio de los salvajes al Norte del rio Negro, la opinión nacional no ha cesado de reclamarlo.

 El Congreso de la Nación fué en 1867 el centro de condensación de todas las opiniones flotantes que buscaban el avance de la frontera hasta el segundo Desaguadero del sud ó rio Negro, como solución radical y definitiva. Los senadores Gerónimo del Barco, Juan Llerena Y Mauricio Daract presentaron un proyecto de ley fijando como línea actual militar de frontera de la República la formada por el rio Neuquen desde su nacimiento en los Andes hasta su confluencia con el rio Negro, y desde esta confluencia hasta la desembocadura del último en el Atlántico, estableciendo dicha línea fronteriza en la márjen setentrional del espresado rio, de cordillera á mar. El proyecto prevee el caso de realizar una expedición general, que dé por consecuencias el sometimiento discrecional de las indiadas mediterráneas ó su espulsion al sur del rio Negro.

 La Comisión Militar compuesta del general Madariaga y de los doctores Llerena y Granel suscribió el siguiente dictamen:

  Honorable Señor:

 « La Comisión de Guerra habiendo estudiado detenidamente el proyecto presentado por tres señores sena« dores, con el objeto de asegurar la frontera Sud de la República, ha encontrado no solo conveniente y oportuno el objeto que se propone, sino que tal vez en ese proyecto se halle el único camino existente para obtener esa indispensable medida.

 « Ni la Nación, ni el Congreso, puede consentir por mas tiempo que los bárbaros de la pampa, con violacion de los tratados mas solemnes, sigan asolando y destruyendo nuestras poblaciones fronterizas. Es evidente que un remedio actual inmediato se necesita para que desaparezca ese violento, ese espantoso esta« do de cosas.

 « ¿Cuál será ese remedio? ¿Reformar la línea actual de fronteras? Eso es imposible.

 « Esa línea se compone de mas de 600 leguas sin defensas naturales, y es claro que ni con veinte, ni con cien mil hombres podria cubrirse bien.

 « La línea del Colorado que se ha propuesto por uno de nuestros generales[20]; tampoco es sostenible, porque ese rio no es navegable y dá paso por todas partes á los indios.

 « No hay, pues, otro remedio práctico al espantoso mal quede tantos años sufre la República que ocupar militarmente la línea del rio Negro, barrera profunda y navegable de cordillera á mar, la cual es posible defender y cerrar bien con menos de tres mil hombres.

 « Respecto al tenor del proyecto, él es lo mejor que puede arbitrarse para el caso, en una materia que dependa principalmente de la voluntad y tino en la ejecucion. Sin embargo, no se oculta á la comisión, que el proyecto ofrece algunas deficiencias. Para remediar estas propone la adición de los artículos mas que se hallan incluidos en el proyecto perfeccionado que está presente á la aprobación del Senado.

 « Tanto los autores primitivos del projecto, como la comisión, se hallan dispuestos á dar todos los esclarecimientos que se exijan sobre la materia.

Juan Madariaga—Joaquín Granel—Juan Llerena.

« Sala de Comisiones, Buenos Aires. Junio 18 de 1867.


 El proyecto pasó por el crisol de una y otra cámara y en 13 de Agosto de 1867 quedaba sancionado definitivamente en la Sala de su oríjen. Los debates carecen de interés. Se reducen á ideas generales sobre frontera, á preguntas y esclarecimientos dados con escasa abundancia de datos y falta de estudio de la cuestión. Generalmente los oradores que avanzaron mayores demostraciones como el senador Llerena, cuya convicción palpita en sus discursos, se limitaban á reproducir las páginas que Mr. Moussy ha consagrado á la frontera y á las exploraciones de rio Negro.

 Hé aquí el texto de la ley:

  « El Senado y Cámara de Diputados, etc.

 « Art. 1º.—Se ocupará por fuerzas del ejército de la República la ribera del rio Nauquen ó Neuquen desde su nacimiento en los Andes hasta su confluencia con el rio Negro, y desde esta confluencia hasta la desembocadura del rio Negro en el Océano Atlántico, estableciendo la línea en la margen setentrional del espresado rio, de cordillera á mar.

 « Art. 2.º—A las tribus nómades existentes en el territorio nacional, comprendido entre la actual línea de frontera y la fijada por el artículo 1º de esta ley, se les concederá todo el que sea necesario para su existe tencia fija y pacífica.

 « Art. 3.°—La estension y límites de los territorios que se otorguen en virtud del artículo anterior, serán fijados por convenios entre las tribus que se sometan voluntariamente y el Ejecutivo de la Nación, con sujeción á la sanción del Congreso. Quedará esclusivamente al arbitrio del Gobierno Nacional fijar la estension y límites de las tierras otorgadas á las tribus sometidas por la fuerza. En ambos casos se requerirá la autorizacion del Congreso,

 « Art. 4.º—En el caso que todas ó algunas de las tribus se resistan al sometimiento pacífico, se organizará contra ellas una espedicion nacional hasta someterlas y arrojarlas al sud de los rios Negro y Neuquen.

 « Art. 5.º—A la margen izquierda ó setentrional de los espresados rios y sobre todo en los vados ó pasos que puedan dar acceso á las incursiones de los indios, se formarán establecimientos militares en el número y en la distancia que juzgue conveniente el Poder Ejecntivo para su completa seguridad.

 « Art. 6.º—Autorízase al Poder Ejecutivo para invertir fondos en la adquisición de vapores adecuados y en la esploracion y navegación del rio Negro, como una medida auxiliar de la espedicion por tierra; igualmente que para el establecimiento de una línea telegráfica que ligue todas las guarniciones dispuestas á las márgenes del espresado rio.

 « Art. 7.°—Autorízase igualmente al Poder Ejecutivo para hacer los demás gastos que demande la ejecucion de la presente ley, usando si fuere necesario del crédito nacional para la consecución de este objeto y dando oportunamente cuenta al Congreso.

 « Art. 8.º—Por una ley especial se fijarán las condiciones, el tiempo y la estension de tierras que por vía de gratificación se concederá en propiedad á los individuos que compongan la espedicion, ya sean como fuerzas regulares ó como voluntarios.

 « Art. 9.º—Todo el contenido de la presente ley empezará á tener efecto inmediatamente de terminada la guerra que hoy sostiene la Nación contra el Paraguay, ó antes si fuere posible. Lo relativo al pacto de indios deberá comenzar su ejecución inmediatamente de sancionada por el Poder Ejecutivo.

 « Art. 10.—Comuniqúese al Poder Ejecutivo.

 La sanción de esta ley era el resultado del movimiento de la opinión operado en el Congreso desde 1863 y 1864, en que el diputado Oroño, promovía la traslación de las fronteras de la República sobre el rio Negro.

 Fundando su pensamiento decia: « El remedio propuesto es grandioso, y llevado á cabo será eficaz. Los medios están al alcance del Gobierno y la República puede en cinco años contar dos escudos mas, una Provincia sobre el rio Negro, y otra que abrazará el rico y valioso territorio entre la latitud 28º y el rio Bermejo con mas el enorme territorio entre el Negro y el rio Quinto, que pronto pasarla de las manos de los Ranqueles á las del hombre blanco. »[21]

 El señor Oroño ha sostenido su propaganda con el vigor y la fé que inspiran las convicciones bien cimentadas; y en 1869 publicaba un importante opúsculo para desarrollarlas siguientes ideas:

 1º Reducción del ejército á 3.500 hombres de las tres armas y su conveniente organización bajo la base del enganche.

 2º Ocupación inmediata del desierto bajo las órdenes de gefes esperimentados, inteligentes é inquebrantables en el cumplimiento de su deber.

 3º El establecimiento de colonias estrangeras en los territorios conquistados sobre el rio Negro.

 4º La adjudicación de terrenos á los gefes, oficiales y soldados que expedicionen al desierto.

 5º La paz con los indios, sobre la base del reconocimiento de la propiedad del territorio que ocupen, su desarme completo y excepción del servicio militar durante veinte años.

 En 1868,poco antes de entregar el mando de la República el general Mitre al presidente Sarmiento, fué firmado un decreto ordenando la ocupación militar de Choele-Choel, decreto sin consecuencias prácticas, porque la nueva Administracion no le dio cumplimiento, limitándose á mandar una fuerza de 150 hombres y un vapor, con el fin de hacer un reconocimiento hasta aquella isla.

 A la vez que el Congreso y los propagandistas de la República Argentina preparaban un movimiento fecundo de opinión, ensanchando la de los partidarios de la línea del rio Negro, se publica en Chile el libro mas interesante que conocemos sobre sus fronteras, escrito por el coronel D. Cornelio Saavedra, conquistador moderno de Arauco, como comandante en gefe del ejército chileno de operaciones para avanzar la frontera.[22]

 En oficio de 1º de Junio de 1870 el coronel Saavedra expone á su Gobierno las dificultades con que tiene que luchar, á consecuencia de la íntima conexión que existe entre el problema de la frontera chilena y el de la frontera argentina, y observa lo siguiente:

 « El sistema de ocupación de puntos de cordillera ó de una línea paralela á esta, para estorbar principalmente las connivencias con los indios de la Pampa prometería mejores resultados su adopción, si no fuera que, para sostenerse por si sola requeriria doble número de fuerzas por su aislamiento; siendo entre tanto indudable que cuando el Gobierno apoyado en su línea del Tolten llegue á enseñorearse de Villa Rica, se hallará á menos costo, con mayores facilidades para producir el mismo efecto.

 « Estos antecedentes, dice en otra página, revelan pues, que los caudillos arribanos se hallan en estrechas relace clones é inteligencias con los indios de ultra-cordillera y que, para sostener contra ellos un sistema de guerra que tienda á dominar permanentemente el corazón de Arauco, inclusos los boquetes andinos de comunicación con la Pampa, tendremos, ó que abandonar los salvajes á la impunidad de sus crímenes ó lanzarnos á una via de expediciones interminables, cuyo éxito muchas veces puede ser desgraciado, si estas se componen de pocas fuerzas, é infructuoso cuando sean numerosas.

 El teniente coronel D. Manuel José Olascoaga, emigrado argentino, reincorporado ya en su clase al ejército de la República, servia en aquella campaña chilena á las órdenes de Saavedra y levantó una de las dos cartas geográficas con que este gefe ilustró su obra. Hallábase Olascoaga en la vanguardia en Tolten, desde donde ofició con fecha 1º de Junio de 1870 al comandaníe en gefe, dándole cuenta del resultado de sus observaciones topográficas y del examen de las posiciones estratégicas.

 No hay duda que el parte del teniente coronel Olascoaga sujirió al Coronel Saavedra aquellas observaciones sobre la dificultad de resolver el problema de la frontera araucana, mientras los pampas sean dueños del rio Negro. El oficial argentino hallaba el medio eficaz para salvarían abultadas dificultades, en la combinación de la guerra contra los indios, por medio de una operación simultánea de los ejércitos de Chile y de la República Argentina, efectuando un movimiento envolvente al sur. El comandante Olascoaga dice en su precitado oficio: « En presencia de estas apreciaciones no se podrá menos que pensar en la inmensa importancia de la línea militar del Tolten. Y si se tiene en vista la relación geográfica en que se halla con la otra debde ha mucho tiempo proyectada en la República Argentina sobre el rio Negro, resalta entonces la grandiosa y benéfica revolución que preparaba, para ambos países, eí hecho de su terminación en Villa Rica.»

 « Nada tendría de estraño que el Gobierno Argentino viendo en este punto el apoyo que antes le ha faltado por la parte de los Andes, y consultando su propia conveniencia buscara el acuerdo del de Chile para ocupar desde aquella altura la costa norte del rio Negro hasta su desembocadura en el Atlántico, comenzando por combinar sus operaciones en la cordillera con las tropas de este lado. Esta línea de raar á mar, de fortificación y de seguridad mutua, no tardaría ¿quién sabe? en llegar á ser á la vez la línea ínter-oceánica de comunicación que algunos han soñado y que tanto progreso y riqueza produciría en las dos Repúblicas limítrofes.»

 Estos pensamientos son altamente militares. El sueño del padre Falkner, primer explorador de rio Negro, se habría realizado, en efecto. Tenemos fé en el porvenir y pensamos que si la cuestión de límites argentino-chilena arriba, como lo creemos, á una solución decorosa y de paz, ambas Repúblicas, impulsadas por un mismo sentimiento de propia conveniencia y de redención civilizadora, llevarán sus armas combinadas á clavar sus últimos jalones en la colosal tarea de la conquista del desierto![23]

 En 1864 el general D. Wenceslao Paunero, que se habia distinguido en la guerra contra los indios del sur de la República, formuló un plan de fronteras, sobre la base del rio Colorado; pero la Administración del General Mitre, empeñada poco después en la guerra del Paraguay, no pudo consagrar sus esfuerzos á la solución del problema.

 En 1870 el Gobierno de Buenos Aires inicia un cambio radical en el sistema de la defensa de la frontera, conmovido ante el cuadro de sangre y de ruinas que acababa de trazar la invasión á la Costa Sur. El 27 de Julio presentó un mensaje á la Legislatura, avisando que con fecha 22 del mismo habia sometido a la consideración del Poder Ejecutivo Nacional « sus ideas respecto á la defensa de nuestras fronteras y de la conveniencia de trasladarlas á los rios Negro y Colorado de Patagones; y contando agrega, con que interpreta fielmente los sentimientos de V. H. y del pueblo de la Provincia, se permitió ofrecer al Exmo. Señor Presidente de la República los recursos con que aquella podía concurrir eficazmente á la realizacion de un propósito, que juzga ser el único capaz de asegurar una vez por todas, la vida y la propiedad de los habitantes de esa porción del territorio y de facilitar el desarrollo de nuestra industria rural».

 El Gobierno de la Nación, terminada apenas la guera del Paraguay, se veia envuelto en la lucha civil promovida por la rebelión de López Jordan, de manera que ni tenia ocasión de pensar en un sistema deñnitivo de fronteras, ni disponía de recursos y de ejércitos capaces de darle forma práctica. Así lo espresaba el Ministro Dr. D. Mariano Varela en oficio de 25 de Julio del mismo año, contestando á los ofrecimientos de la Provincia. El ministro decía:

 « En las actuales circunstancias, el país está comprometido en una lucha de honor y de propia conservacion, que absorve la actividad de los Poderes Públicos de la Nación y en cuyo éxito se hallan interesados la moral, la justicia y los mas altos intereses del país. No es posible dedicar las tareas, ni los elementos del Gobierno por el momento, á una operación que, como la traslación de la frontera, requiere preparación tan seria y estudios previos tan importantes, si no se quiere este poner al país á ver defraudadas sus esperanzas por la precipitación en la ejecución de tan grande como difícil empresa. Para atenderá ella es menester ante todo concluir con la rebelión, y para reunir esta primordial ne« cesidad, el señor Presidente cuenta con el mismo patriotismo y cooperación que V. E. le ofrece á fin de dejar despejado el camino para emprender en seguida la grande de obra de asegurar definitivamente nuestrras fronteras.

 Por esta misma época el senador Llerena volvía á agitar la cuestión en la cámara de que formaba parte, provocando un proyecto reglamentario de la ley de 18G7, el cual fué suscrito por los senadores Mitre, Victorica é Ibarra.[24] Sancionado en el Senado no tuvo curso en la otra cámara; pero la iniciativa dio por resultado importante asociar por un acto parlamentario, la autorizada opinión y el importante concurso del brigadier general D. Bartolomé Mitre á los partidarios de la línea del rio Negro.

 En 1871 el Coronel Gainza, Ministro de Guerra y Marina, hacia saber al Congreso, que se preparaba á dar cumplimiento á la ley sobre traslación de las fronteras al rio Negro. La noticia fué recibida con júbilo, pues era el primer paso que se daba oficialmente, después del decreto sobre la ocupación de Choele-Choel, con el proposito de coronar aquella empresa nacional, sobre la cual el mismo senador Llerena habia interpelado al Ministerio un año antes.

 En 1872, la memoria del Ministerio de Guerra anunciaba un hecho de trascendencia: la doble exploración del rio Negro y de los territorios adyacentes.

 El teniente coronel Guerrico, comandante de un buque de guerra, habia recibido orden de navegar el rio Negro, á fin de conocer exactamente el curso, configuración y altura de costas, profundidad y corrientes de aquel y de los rios Limay y Neuquen. Esta expedición fracasó algunas leguas arriba de Choele-Choel, por razones que en otro capítulo analizaremos.

 Mas feliz, por que iba á lomo de caballo, el oficial encargado de la exploración terrestre llegó á su destino sin tropiezo. En efecto el Ministerio de la Guerra habia dispuesto que simultáneamente y á título de nueva verificación de tratados (dice la Memoria de Guerra de 1872) el Comandante Militar de Patagones emprendiese la exploración del territorio. La exploración duró cuatro meses á las órdenes del sargento mayor Mariano Bejarano y llegó hasta las tolderías de Shayhueque en las Manzanas.

 Complementando el cuadro de las opiniones contemporáneas, traído á grandes pinceladas, sobre la necesidad de ocupar la línea estialégica del rio Negro, citaremos los trabajos del coronel D. Albaro Barros, que han visto la luz pública desde 1871 hasta 1878, en tres volúmenes titulados Fronteras y territorios federales de las pampas del sud, Cuestiones económicas y La guerra contra los Indios.

 El coronel Barros concurre al estudio de la cuestión Frontera con el auxilio de la Historia y de la Geografía, haciendo conocer en la primera de sus obras, algunos documentos inéditos de oficiales distinguidos como Garcia, Undiano y otros.

 Piensa como el senador Oroño, que es necesario combinar un proyecto de colonización en alta escala de los territorios del rio Negro, como medio de garantir la eficacia de la Expedicion.

 Creemos que la colonización es necesaria, aunque no irá con los ejércitos. Estos tienen la misión de conquistar y limpiar el campo, que aquella fecundará; pero in garantías previas, sin plena defensa de los territorioss del sur, la colonización no podrá derramarse en ellos, porque faltará la confianza y la seguridad, sin las cuales los elementos activos y emprendedores no encuentran alicientes para lanzarse al desierto.

 Juzgando la cuestión del punto de vista militar el coronel Barros la presenta bajo una fórmula concisa y perfectamente de acuerdo con la ley de 1867. El mal, dice, ha llegado á su colmo y la opinión pública empuja al Gobierno hacia el rio Negro; pero es necesario marchar con cautela y sobre un plan serio, que asegure los resultados. El coronel Barros lo halla en las siguientes bases de la ley:

 1º Encerrar á los indios en el disierto, cortándoles todas sus comunicaciones con el norte del rio Negro.

 2º Perseguirlos en el mismo desierto sin darles tregua ni cuartel.

 En efecto, no puede ser otro el objetivo capital de la gran operación. Tenemos ideas mas avanzadas aun sobre el éxito. Una vez encerrados los indios en ese desierto llamado Patagonia[25], sin ganados, sin vicios, sin recursos vitales, y luchando con la aridez del territorio, ¿qué harán sino buscar provisiones y ropa en una sumisión discrecional? Es necesario tener en cuenta que los indios de hoy no son los que vio Villarino; y que los bárbaros mezclados ya con elementos civilizados, obedecen á la exigencia de grandes necesidades, que en su primitiva vida no conocieron, y que no podrán satisfacer una vez arrojados al desierto patagónico.

 Uno de los gefes superiores que no ha tenido mas plan de frontera que el de la ocupación del rio Negro, es el general D. Julio A. Roca, hoy encargado de la cartera de Guerra y Marina. El estudio y la esperiencia le hablan enseñado que, cuando se quiera hacer á la República el inmenso servicio de garantir la seguridad de sus campañas, habrá que pensar en aquellas grandes líneas trazadas por la naturaleza previsora, en los confines del desierto, cuya conquista se anhela.

 Era todavía coronel el Sr. Roca cuando el Presidente Sarmiento lo llamaba para esponerle un plan de avance de la frontera sobre los valles del oriente de los Andes.

 El señor Sarmiento era consecuente con las opiniones manifestadas en 1850, en su conocida obra Argiropolis, escrita y editada en Santiago de Chile. Critica en ella la guerra defensiva de acantonamientos en medio de la pampa, y señala como empresa digna del valor y de la misión del ejército nacional, la ocupación y fortificación del rio Colorado, base para llevar en seguida el dominio de nuestras armas al rio Negro.[26]

 En 1875 el general Roca, comandante en gefe de la frontera sur del Interior, fué llamado á Buenos Aires con urgencia. Celebrábase un Consejo de Estado para discutir y realizar el plan de avance de la frontera, presentado por el Ministro de la Guerra doctor Alsina, y el Presidente de la República deseaba oir en el seno del Gabinete la opinión del General. Si de lo que pasó hemos de juzgar por lo que refirieron los diarios de la época, resultarla que el general Roca y el doctor Alsina estaban en desacuerdo.

 Partidario el primero de la línea del rio Negro, no podia contentarse con la de Carhué. A su vez el doctor Alsina, apesar de su energía y carácter emprendedor, no se creía suficientemente preparado para lanzar la orden de marcha al rio Negro. Creía que los indios podrían detener nuestra marcha, dándoles así mayor importancia y exagerando su poder.

 El sospechado desacuerdo no tardó en subir á las columnas de la prensa. La República habia hecho alusión á la conferencia y tiraba la lengua al general Roca, que no se hizo esperar mucho para contestar.

 Con fecha 24 de Abril de 1876, escribía desde el Rio Cuarto á aquel diario: «Estimulado por sus benévolos conceptos vengo á manifestarle ligeramente mis ideas á este respecto, porque pienso que es un deber de los que estamos al frente de las fronteras, encargados de su guarda y su adelanto, presentar ai estudio de todos los hombres ilustrados, el producto de nuestras meditaciones y esperiencia, en esta cuestión de vida ó muerte para la riqueza agrícola de este país.

 « Estas opiniones no son nuevas en mí, por otra parte, y responden al pensamiento antiguo de hacer del rio Negro la frontera de la República.

 « Mi idea es esta: creo que sin grandes sacrificios se puede avanzar la línea de San Rafael sobre el rio Diamante hasta el rio Grande ó Colorado ó bien hasta el Neuquen.

 « No solamente ofrecería esta operación grandes beneficios para el país, por los riquísimos campos regados por los numorosos rios y arroyos que se desprenden de la Cordillera, y que se ganarían para la Provincia de Mendoza ó para la Nación; sino por las ventajas que reportaría para la seguridad de nuestras fronteras actuales, el hecho de interceptar y cortar para siempre el comercio ilícito que desde tiempo inmemorial hacen con las haciendas robadas en la República Argentina.

 « No veo pues porqué no se ha de apresurar nuestro Gobierno á tomar posesión de la parte Oriental de los Andes, sino hasta donde ha alcanzado Chile, por lo menos hasta el rio Grande ó Neuquen, obteniendo así la doble ventaja de aislar á los habitantes de las Pampas y adquirir territorios fértilísimos, aptos para toda clase de cultivos y cubiertos de pastos, aguas y bosques abundantes.»

 La carta abunda en indicacioues geográficas y económicas, que acusaban la consagración que el General Roca habia dedicado al pensamiento de la nueva línea definitiva de la frontera sur de la Nación. Así, pues, cuando fué promovido al Ministerio de la Guerra los partidarios de aquella solución radical, sabíamos cual era su programa al respecto y nos felicitábamos.

 Cerramos aquí esta ligera reseña histórica sobre la empresa trascedental de que sigue preocupándose el Ministro de la Guerra. Es posible que hayamos omitido muchos datos y que ignoremos la existencia de otros trabajos, fuera de los que hemos analizado; pero la urgencia con que nos era reclamado este libro, nos ha obligado á ser muy parcos en la redaccion y á reducirnos á nuestra propia biblioteca y archivo.[27]

 La opinión pública está ansiosa de llegar á la solución radical del problema de tres siglos. Cuando se inició en 1870 la ocupación de la línea del rio Negro, se operó un movimiento de verdadero regocijo. El Señor Don Eduardo Olivera, Presidente de la Sociedad Rural Argentina, lo describía así en 1870:

 « Hemos visto al Gobernador de la Provincia ofrecer al Gobierno Nacional todos los recursos de que ella dispone para espedicionar y asegurar las fronteras sobre los rios Negro y Colorado; ir mas lejos, no esquivar nada y poner su persona á la disposición de ese mismo Gobierno para llevar á cabo un tan gran bien.»

 « Los hacendados, como una sola persona, han apoyado tan grande empresa, y se les ha visto reunirse en nuestros salones y en una acta, á donde se ven las firmas de cerca de trescientos de los principales ganaderos y propietarios del país, ofrecer toda su cooperación para concluir una vez por todas con el tributo vergonzoso, que hace siglos pagamos al pampa.»

 Hoy se producirán en análogo sentido, porque la empresa es siempre fecunda para la riqueza pública y para nuestro porvenir político. Nuestra población marcha al norte, y al oeste con mayor rapidez y con bases mas sólidas que al sur; y sin embargo, una alta previsión estratéjica debe hacernos volver los ojos al vasto territorio austral de la República. Es necesario poblarlo para afianzar nuestros dominios, y para poblar el desierto es forzoso desplegar el ejército á vanguardia.

 Se ha anunciado ya que el general Roca irá al rio Negro. Si supiéramos que vacila y que necesita estímulo, le dirijiríamos en nombre de una gran aspiración nacional, la siguiente frase de aliento, que ha llevado tan lejos á los norteamericanos en la conquista de sus comarcas salvajes: Go a Head.



  1. El competente crítico autor del artículo de "La Nación" sobre este libro, ha creído hallar en estas consideraciones un ataque infundado al sistema español y debemos, por consiguiente, aclarar nuestro pensamiento. No censurarmos la conducta de los españoles, porque ellos no podian hacer mas, escasos de elementos, en un inmenso y desconocido teatro y con millares de indios al frente. Hacemos cargo de haberla seguido á los contemporáneos, que dueños de recursos poderosísimos y mas conocedores del teatro en que operan, no han debido permanecer reducidos al sistema defensivo que las circunstancias imponían á la colonia. Al emitir estas opiniones somos consecuentes con nuestra conviccion de la eficacia de la ofensiva en la guerra contra los indios.
  2. Mari-huincul—Voz araucana compuesta de Mari, diez y huíncul colinas.— Kakel-huincul—De kakel, atravesar y huincul colinas.—Ambos fueron nombres de caciques, á lo que parece.
  3. Don Pedro De Angelis. Discurso preliminar al diario de la Expedicion á la Sierra de la Ventana. (Tomo IV de la Coleccion).
  4. Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional por Thomas Falkner (Coleccion de Angelis, tomo 1).
  5. Este documento existia en el Archivo de Buenos Aires y lo publicó por primera vez D. Pedro de Angelis en su Memoria sobre la jurisdicción argentina en el Sur, impresa en Buenos Aires en 1852. (Véase el capítulo bibliográfico).
  6. Véase La Patagonia y las Tierras Australes del Continente Americano por Vicente G. Quesada—Buenos Aires, 1875. Páginas 143 y siguientes.
  7. Las instrucciones escritas y datadas de orden del Rey en Aranjuez, á 8 de Junio de 1778, ordenando estas exploraciones, se titulan: «Apuntes y Advertencias para las instrucciones que se deben formar en Buenos Aires por el Virey de aquellas Provincias, con acuerdo del Intendente del Ejército y Real Hacienda de ellas, á los sujetos destinados por S. M. para establecer poblaciones y fuertes provisionales en la Bahía sin Fondo, en la de San Julián, ú otros parajes de la costa oriental llamada Patagonia, que corre desde el Rio de la Plata hasta el estrecho de Magallanes.»
  8. M. S. en el ArcHvo General de la Provincia. (Coleccion: Rio Negro)
  9. M. S. en el Archivo General de la Provincia. (Id. Id.)
  10. M. S. en el Archivo General de la Provincia. (Id. Id.)
  11. M. S. en el Archivo General de la Provincia. (Id. Id.)
  12. M. S. en el Archivo General de la Provincia. (Id. Id.)
  13. El ingeniero español D. Sebastian de Undiano y Gastelu salió de Pamplona en el último tercio del siglo XVIII para dirigirse á Buenos Aires, cediendo á exhortaciones de la esposa del Virey de Lima, que lo proveyó de eficaces letras de recomendación. Llegado á esta capital, Undiano fué empleado en el Fuerte, pasando á Lima algunos años mas tarde. De allí se trasladó á Mendoza por negocios, y tuvo ocasión de realizar veinte viajes entre Mendoza y Buenos Aires, ocupado en asuntos mercantiles, desviándose siempre de los caminos del correo con el fin de ensanchar sus estudios y observaciones sobre la Naturaleza y la Geografía de la Pampa. El Rey envió á Undiano los despachos de capitán del Regimiento de caballería de milicias, formado en Mendoza de voluntarios, al frente del cual se distinguió en la guerra contra los indios, á quienes Undiano acostumbraba buscar y sablear en sus propias tolderías. Sus méritos en este servicio le granjeron la consideración general en Mendoza y fué electo alcalde de primer voto, para cuya alta dignidad fué reelecto durante varios años consecutivos. De alcalde de primer voto pasó á Juez Consular y sucesivamente desempeñó puestos honoríficos y distinguidos en la Administración Civil y en el departamento militar. Un manuscrito de aquella época que tenemos á la vista dice: « Fué dicho capitán (Undiano) el que reorganizó el servicio militar en Mendoza, en donde, á la cabesa de las tropas salió é hizo muchísimas escursionea contra los indios, levantando á la vez planos de todos los territorios que recorría. » « Es decir, Undiano no fué de ninguna manera gravoso al Erario, pues realizó todas esas escursiones en sus propios caballos y á su sola costa, impulsado solo por el patriotísmo y por el anhelo de madurar el célebre plan de Frontera que debía presentar en 1804. » Casó en Mendoza en la familia de Gamboa y enviudó, volviendo á enlazarse con la señorita Justa Zeballos, de cuyo matrimonio hubo dos hijos Don Juan Bautista y Doña Justa de Undiano. En 1804 salió de Mendoza para Buenos Aires, en cuyo puerto debia embarcarse para España, en pos de su proyecto de fronteras; pero le impidió la salida la declaración de guerra lanzada por la Gran Bretaña contra España y lo tomaron en Buenos Aires las invasiones inglesas. Concurrió valientemente á la defensa y volvió á la vida tranquila del hogar. En 1811, fue denunciado como realista y condenado á muerte dos veces; pero la Justicia lo amparó, y merced á algunos amigos que garantieron de su lealtad á la Junta fué salvado. El ilustre doctor Moreno supo atraérselo, comprendiendo lo útil que son á los gobiernos los hombres de los méritos de Undiano, y en 1811 la Junta le ordenaba levantar la carta geográfica de la Provincia de Baenos Aires, cuya carta debe existir en los archivos ó entre los papeles del Doctor Moreno, secretario de la Junta. Concluida esa tarea la Junta le remitió varias veces el nombramiento de Partidor de Bienes, empleo que rehusaba Undiano, devolviendo los oficios con estas palabras: soy español...—estaba prohibido admitirlos en los empleos; pero instado para que ocupara el puesto, accedió al fin á los deseos del Gobierno patriota y lo desempeñó gratuitamente durante varios años. En 16 de Jalio de 1826 se embarcó para España con su hijo Juan Bautista y se afincó en Pamplona, su ciudad natal, donde falleció el 23 de Setiembre de 1829.
  14. Tomo IV. de la Coleccion.
  15. Seguimos al bosquejar los resultados de la campaña de Rosas una carta de su Secretario en la expedición Don Antonino Reyes, fechada en Montevideo el 30 de Setiembre de 1870, dirigida al señor Don Federico Terrero, y publicada en La Pampa de Buenos Aires del 22 y 23 de Noviembre de 1875.
  16. Este dato de Reyes no es exacto pues que dicha fuerza no llegó mas que hasta el arroyo Balcheta. Nos fundamos al rectificarlo en el parte oficial de Rosas de 25 de Noviembre de 1833, fechado en el Colorado (M. S. en el Archivo del Ministerio de la Guerra.)
  17. El general D. José Ruiz Huidobro era hijo del Gobernador de Montevideo en 1806 D. Pascual Ruiz Huidobro, quien dio los elementos con que Liniers se lanzó á la reconquista de Buenos Aires, dominada por lá invasión inglesa— Cayó prisionero en la toma de Montevideo por los ingleses y fue enviado á Inglaterra, de donde regresó tomando una parte distinguida en los acontecimientos del año 10. Deliberábase el 22 de Mayo en la plaza sobre la suerte del pueblo. El general Mitre en la Historia de Belgrano, pag. 270 tomo I, dice: « El primer voto que se estampó después de el de obispo fué el del general español D. Pascual Ruiz Huidobeo. Este personage expectable que presidió á la empresa de la Reconquista y bajo cuyas órdenes se perdió Montevideo, habia sido nombrado Virey hallándose prisionero en Inglaterra. Alejado con este motivo de Cisneros y en contacto con los patriotas que lo consideraban, su voto fué que debia cesar el Virey y reasumir su autoridad el Cabildo, como representante del pueblo, interin se formaba un gobierno provisorio.» Este voto, calorosamente aplaudido por los patriotas, fué saludado con aclamaciones por los que llenaban la plaza pública de pié de las galerías del Cabildo.»
  18. M. S. existente en el Archivo General de la Provincia de Buenos Aires.
  19. Las Fronteras y los indios por Vicente G. QuesadaAnales de la Sociedad Rural Argentina (número 8, Buenos Aires, 31 de Agosto de 1870.)
  20. General D. Wenceslao Paunero.—Proyecto de 1864.
  21. Véase el folleto: Consideraciones sobre fronteras y colonias por Nicasio Oroño, Buenos Aires, 1869.
  22. «Documentos relativos á la ocupacion de Arauco, que contienen los trabajos practicados desde 1861 hasta la fecha » por el Coronel Don Cornelio Saavedra. (Santiago de Chile 1870). El general Saavedra ocupa en Chile el Ministerio de la Guerra.
  23. Esto decíamos en la primera edición; pero después de publicada han ocurrido hechos que comprometen seriamente la paz, á consecuencia de avances cometidos por Chile en contra de la República Argentina. Sin embargo, vuelve á hablarse de arreglos
  24. Diario de sesiones del Senado 1870, página 224 y siguientes.
  25. Palabra que significa país de las colinas, segun la etimología quichúa, publicada por el Dr. D. Vicente F. López. Dice este autor: « Pata significa colina, collado; y cuna ó mas bien gunya, es la partícula disfija característica de los plurales quichúas: —Patagunya significa las colinas ó mas bien los campos ondulados.» {Revista de Buenos Aires, tomo 20, pajina 618).
  26. Véase Argiropolis ó la Capital de los Estados Federales del Rio de la Plata, por Domingo F. Sarmiento. (Santiago de Chile, Imprenta de Julio Belin, 1850). Pájinas 127 y 128.
  27. En 1864 apareció por la imprenta del Mercurio un folleto titulado Forticacion y Colonización de las Fronteras del Sud de la República Argentina, por D. Ángel Plaza Montero. Contiene un proyecto é informe presentado el 1° de Diciembre de 1857 al Gobierno de Buenos Aires, sobre la ocupación de una línea definitiva, por D. Ángel Plaza Montero y el ingeniero militar mayor Bianchi. Este es un trabajo lijero y deficiente del punto de vista geográfico, porque en aquella época las exploraciones no hablan avanzado basta donde llegan hoy; pero en el fondo sostiene la verdad en materia de solución radical del problema.