La cuarta epístola

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Se queda el castillo solitario, reflejándose en los lagos,
En el abismo de su agua clara duerme su sombra secular;
Se levanta en silencio desde el claro de abetos,
Dando tanta oscuridad a la oleada rodadora.
A través de las ventanas arcadas, detrás de los cristales, solo tiemblan
Las largas cortinas arrugadas, que chispean como escarcha.
La luna tiembla sobre los bosques, se enciende, se agranda,
Pintando sobre el cielo arista de peña, vértice de árbol,
Y las encinas parecen una guarnición de gigantes,
Guardando su levante como a un misterioso tesoro.

Solo los cisnes blancos, cuando flotan suavemente entre las cañas,
Dueños sobre las aguas, huéspedes de este silencio,
Con sus alas estiradas se sacuden y la cortan,
A veces en círculos tremulantes, a veces en surcos de llamas.
La espadaña se mueve en susurros por el terremoto de las ondas,
Mientras que en la hierba floreciente suspira somnoliento un grillo...
Hay tanto verano en el aire, es tan dulce el rumor...
Solitario el caballero miraba suspirando al balcón
Que cargado era de hojas, que a través del vallado
Cuelga rosas de "Şiras" y varios tipos de lianas.
La respiración de las aguas lo embriaga, como la tarde;
Sobre el encanto de la naturaleza dulcemente gotea su guitarra :

"Oh, aparece de nuevo en tu largo vestido de seda,
Que parece cargado de pólvora plateada,
Te miraría una vida entera con tu corona de rayos,
Mientras tu mano blanca alisaría mi pelo rubio.
¡Ven ! Juégate conmigo... con mi suerte... tírame
De tu dulce seno una flor marchita de la vega,
Para que caiga suavemente sobre las cuerdas de mi guitarra.
¡Ah ! Es tan blanca la noche, parece que ha caído nieve...
O en la sombra perfumada del tocador voy a venir,
Para estar embriagado del olor de las telas de lino;
Cupido, un paje juguetón, esconderá con su mano,
El globo violeta de la lámpara, ¡ mi joven dueña !"

Y la seda rumoreaba sobre tablados, entre floreros,
Entre las rosas de Şiras y las lianas azules;
Desde las flores la niña ríe y se inclina sobre la ventana -
Como una ligera cara de ángel es el semblante de la amada -
Desde el balcón le tira una rosa y con las manos sobre su boca,
Parece que le está reprendiendo cuando murmura con ternura;
Después desaparece adentro... se oyen pasos que bajan...
Y saliendo rápidamente por la puerta, ellos se han dado las manos.
Brazo a brazo van... Da gusto verlos juntos,
Ella bella y él joven, él alto y ella alta.
Y en la sombra de las orillas se hace ahora al mar
La barca con sus velas colgando del mástil,
Y despacio avanzan con golpes de remar,
Balanceando tanto encanto y tanta hermosura...

La luna... la luna sale entera, se levanta tan rubia
Y de orilla a orilla edifica un camino de llamas,
Que pone sobre un rápido enfilamiento de pequeñas ondas,
Ella, la niña de oro, el sueño de la niebla eterna;
Y cuanto más su dulce luz se vuelve cada vez más clara,
Tanto más las olas, la orilla, parecen crecer,
El bosque se agranda, parece que se está acercando,
Junto con el disco de la luna, maestro de las aguas.
Y tilos con su ancha sombra y con flores hasta la tierra
Hacia el agua oscurecida suavemente se sacuden por el viento;
Sobre la cabeza rubia de la muchacha vuelan flores, empiezan llover...
Ella se coge de su cuello con sus dos manitas
Y deja su cabeza sobre su espalda: - Me asombras si no me redimes...
¡Ah, que tremendamente dulce suenan las palabras de tu boca!
Qué alto levantas en tu pensamiento a una esclava,
El dolor de tu alma es mi único adorno...
Y con el tierno fuego de tu voz me haces daño, me haces temblar,
Porque me haces pensar en una historia de amor de otros siglos;
Todos tus sueños, tus ojos tan tristes,
Con su húmeda profundidad consumes toda mi mente...
Dame tus ojos negros... no mires a otro lado,
Porque de su noche dulce nunca me voy a cansar -
Me quedaría ciega mirándolos... ¡Oh, solo escucha un poco,
Cómo a tus palabras tienes las estrellas como profetas !
Los negros bosques deliran y los manantiales azules
Cuentan con sus ondas solamente nuestro amor,
Y los luceros que tiemblan tan fríos entre ramas de abeto,
Toda la tierra, el lago, el cielo... todo, todo es nuestro amigo...
Podrías dejar el timón y tirar los remos,
Las ondas rápidas nos podían conducir,
Porque en cualquier lugar donde ellas nos llevarían,
Encontraríamos felicidad... si hay vida, si hay muerte.

Fantasía, fantasía, cuando nos quedamos solos,
¡A menudo me llevas sobre lagos, o el mar, o en el bosque !
¿ Dónde has visto estos países desconocidos ?
¿ Cuándo pasaron éstas cosas ? ¿ En 1400 ?
Hoy no hay manera para perderte en su mirada,
Si quieres, si te gusta acariciar a tu amada,
Detrás de su cuello poner tu brazo, boca a boca, pecho a pecho,
Preguntarla con tus ojos : " ¿ Me amas tú? ¡Seas sincera !"
¡Ah! solo has estirado la mano, y oyes el pestillo de la puerta,
Es un congreso de familiares, algún tío, alguna tía...
Rápido bajas tu cabeza y miras piadoso al suelo...
¿ Es que no hay en este mundo un rincón para el novio ?
Y como momias están rígidos en sus sillas,
Tú estás tensionado, haces algo con tus dedos,
Te haces un cigarro, cuentas los hilos de tu bigote,
Y en asuntos culinarios intentas ser inteligente.

Estoy harto de esta vida... no de sorber de su vaso,
Pero de esta miseria, esta prosa es amarga.
¿ Santificar con miles de lágrimas un instinto tan vano
Que entra también en los pájaros dos veces por año ?
No vivís vosotros, sino otro os inspira - él vive,
Él ríe con vuestra boca, él se queda encantado, él suspira,
Porque todas vuestras vidas son como ondas que fluyen,
Eterno es solo el río : el río es el Demiurgo.
¿ No sentís que vuestro amor es el amor de un extraño ? ¡Estáis locos !
¿ No sentís que en cosas malas vosotros veis solo milagros ?
¿ No os dais cuenta que ese amor solo sirve a una causa de la Naturaleza ?
¿ Que es el principio de unas vidas que son solo semillas de odio ?
¿ No veis que vuestra risa para vuestros hijos se convierte en llanto,
Que es la culpa por la cual el linaje de Caín todavía no ha desaparecido ?
Oh, teatro de muñecas... rumor de palabras humanas,
Cuentan como los loros miles de chistes y historias
Sin entenderlas... Después de eso un actor
Hablando consigo mismo, dice miles de veces
Lo que dijeron ya siglos, lo que dirán siglos más,
Hasta que el sol se apagará en un profundo abismo.
¿ Que ? ¿ Cuándo la luna se insinúa entre nubes, en desiertos,
Tú seguirla con el mundo de tus pensamientos ?

¿ Resbalar sobre el hielo de los callejones nevados,
Mirar a través de las ventanas las luces encendidas
Y verla rodeada por un enjambre de parásitos,
Cómo sonría a todos con su pensamiento ligero ?
¿ Oír el ruido de las espuelas, el zumbido de las faldas,
Mientras ellos retuercen su bigote, y ellas guiñan sus ojos ?
¿ Mientras ella cierra con una mirada sus debates de amor,
Con tus ridículos sentimientos tu helarte a su puerta ?
¿ Apasionado y cabezón tu amarla como un niño
Mientras ella es fría y caprichosa como el mes de abril ?
¿ Por la tensión perder tu juicio ?
¿ Desde la cabeza hasta sus pies admirarla, acariciarla,
Como a un mármol de Paros o a una tela de Corregio,
Cuando ella es fría y coqueta ? Eres ridículo, entiende...
Sí... Soñé en otros tiempos con aquella que me pudiera amar,
Cuando yo me quedaría pensando, ella miraría sobre mi hombro,
Yo sentiría que ella está cerca y ella que yo la puedo entender...
Con nuestras pobres vidas haríamos una novela entera...
No la busco más... ¿ Qué voy a buscar ? Es la misma canción vieja,
La sed del silencio eterno que suena en mis orejas;
Pero los órganos están dañados y entre gritos irregulares
La vieja canción traspasa como por la noche saltan los manantiales.
Aquí, allá, traspasa algún rayo limpio
De un "Carmen Saeculare" que soñé en otros tiempos.
Así silban, así gritan, fulguran y suenan rotos,
Se empujan tempestuosas y salvajes sobre las cuerdas,
Y sobre mis pensamientos pasa el viento, mi cabeza arde devastada,
Áspera, fría suena la canción eternamente inacabada...
¿ Dónde están las líneas claras de mi vida para poder entender ?
¡Ah ! los órganos son quebrantados y el maestro se ha vuelto loco !