La escuela moderna :13

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Francisco Ferrer y Guardia, La escuela moderna, 1908.

.XIII.

RESULTADOS POSITIVOS

Al comenzar el segundo año escolar publiqué e hice circular el siguiente programa:

Confirmamos nuestro programa anterior: probado por el éxito, sancionada la teoría por la práctica, el criterio que desde un principio informó nuestro propósito y que preside la vida de la Escuela Moderna, queda firme e invariable.

LA CIENCIA ES LA EXCLUSIVA MAESTRA DE LA VIDA:

Inspirada en este lema, la Escuela Moderna se propone dar a los niños sometidos a su cuidado, vitalidad cerebral propia, a fin de que cuando se emancipen de su racional tutoría, continúen siendo en el mundo social enemigos mortales de prejuicios de toda clase, propendiendo a formarse convicciones razonadas, propias, sobre todo lo que sea objeto del pensamiento.

Además, como no se educa cumplidamente disciplinando sólo la inteligencia, sino que ha de contarse con el sentimiento y la voluntad, en la educación del alumno ponemos exquisito cuidado para que las representaciones intelectuales sugeridas al educando, se transformen en jugo de sentimiento; porque éste, cuando adquiere cierto grado de intensidad, se difunde de modo inefable por todo el ser, colorando y perfilando el carácter de la persona. Y como la vida práctica, o sea la conducta del hombre, gira indefectiblemente dentro del círculo del carácter, el joven educado por semejante manera ha de convertir la ciencia en maestra única y benéfica de la vida.

Para completar nuestro criterio es necesario indicar que somos entusiastas partidarios de la enseñanza mixta, que consiste en que los niños y las niñas obtengan idéntica educación. De esa manera se compenetrarán hondamente la humanidad femenina y la masculina, llegando a ser la mujer, en la vida privada y social la compañera del hombre en el trabajo humano, que tiene por fin el mejoramiento y la felicidad de la especie.

El trabajo indicado, limitado casi exclusivamente al hombre, ha sido incompleto hasta el día, y, por tanto, ineficaz; en lo sucesivo ha de ser encomendado al hombre y a la mujer. Para esto se necesita que la mujer no esté recluída en el hogar; que se extienda el radio de su acción hasta donde llega la sociedad. Mas para que la compañera del hombre, con su influencia moral, produzca intensos y benéficos frutos, han de ser los conocimientos que se le den, en cantidad y calidad, los mismos que el hombre se proporciona.

La ciencia, penetrando en el cerebro de la mujer alumbrará, dirigiéndole certeramente, el rico venero de sentimiento que es nota saliente y característica de su vida; ese elemento, separado de su natural aplicación con miras antiprogresivas, ha de convertirse en buena nueva de paz y de felicidad en el porvenir para el mundo moral.

Sabiendo lo conveniente que es en nuestro país sobre todo, la difusión de los conocimientos de Ciencias Naturales y de Higiene; en particular de los niños, la Escuela Moderna se propone coadyuvar a la realización de este fin. Para ello cuenta con el concurso de dos peritísimos catedráticos. El Sr. De Buen, catedrático de Ciencias Naturales, y el Sr. Martínez Vargas, catedrático de Enfermedades de los Niños, quienes darán conferencias alternativamente, acerca de sus respectivas materias científicas, en el local de este centro de enseñanza.

En el Boletín de 30 de junio de 1903, pude publicar la siguiente declaración:

UN AÑO MÁS

Contamos ya dos años de vida, de exposición de nuestro propósito, de su justificación con nuestra práctica, de crédito y prestigio entre cuantas personas nos han favorecido con su cooperación.

No ya una garantía de triunfo, sino un triunfo positivo representa el hecho de poder afirmar con seguridad y firmeza lo que dejamos consignado.

Puestos en esta vía, desvanecidos los obstáculos que a nuestro paso oponían el interés y la preocupación, animados con la idea de que a quien ha hecho lo difícil, no le será costoso perseverar en lo ya fácil, y contando siempre con esa solidaridad intelectual progresiva que desvanece con su potente luz las negras obscuridades de la ignorancia, continuaremos nuestra obra en septiembre próximo, tras el reposo de la vacación veraniega.

Nos complace en extremo poder repetir lo que en idéntica circunstancia y lugar dijimos el año pasado.

La Escuela Moderna y su Boletín rebosan vida, porque a una necesidad hondamente sentida han correspondido con un medio de satisfacerla perfectamente: mas no necesitábamos tanto para perseverar, como, sin formular promesas ni programas, perseveraremos hasta el límite de lo posible.

La Redacción.


En el mismo número apareció la siguiente clasificación por sexos y números de alumnos presentes en la Escuela Moderna durante los dos primeros años escolares:

Meses Niñas en 1901-2 Niñas en 1902-3 Niños en 1901-2 Niños en 1902-3 Totales 1ª año Totales 2ª año
Día de apertura 12 - 18 - 30 -
Septiembre 16 23 23 40 39 63
Octubre 18 28 25 40 43 68
Noviembre 21 31 29 40 50 71
Diciembre 22 31 30 40 52 71
Enero 22 31 32 44 54 75
Febrero 23 31 32 48 55 79
Marzo 25 33 34 47 59 80
Abril 26 32 37 48 63 80
Mayo 30 33 38 48 68 81
Junio 32 34 38 48 70 82

Con especial complacencia, en prueba del adelanto triunfal de la Escuela Moderna, inserto los dos artículos siguientes, que publiqué en el Boletín, año 3º, número I:

INAUGURACIÓN DEL AÑO ESCOLAR

El día 8 del corriente se celebró la inauguración del presente curso.

Gran concurrencia de alumnos, sus familias y ese público simpático a nuestra institución que asiste con asiduidad a las conferencias públicas, llenaban los recientemente ampliados salones, y antes de la hora señalada contemplaba las colecciones que les dan aspecto de museo científico.

Comenzó el acto por un breve discurso del director, declarando abierto el tercer curso escolar, en el que, facilitado por la práctica y la experiencia y fortalecido por el éxito, se proseguirá con energía y convicción el propósito que anima a la Escuela Moderna.

El Dr. de Buen se felicitó por las mejoras materiales introducidas en la Escuela ratificando el ideal de que la enseñanza refleje fielmente la naturaleza, ya que el conocimiento no puede ser otra cosa que la percepción que de lo existente adquiere nuestra inteligencia.

Expuso, por encargo especial de sus hijos, alumnos de esta Escuela y residentes aún en la estación veraniega, las manifestaciones de fraternal compañerismo para sus condiscípulos, para quienes desean alcanzar la posibilidad de vivir en plena naturaleza, a la orilla del mar, internándose en el bosque, corriendo por la llanura, trepando por los riscos de escarpada montaña, observando y estudiando sin cesar las maravillas naturales.

Dijo que aun en la enseñanza oficial, o mejor en parte de los profesores a ella dedicados, a pesar de lo que tiene de arcaica como representación de las antiguas clases sociales, existen iguales tendencias que las sustentadas por la Escuela Moderna, como lo prueba la asistencia del mismo orador, la del Dr. Martínez Vargas y también la de algunos maestros presentes al acto.

Anunció que la Escuela Moderna tiene ya una análoga en Guadalajara, donde se abrirá próximamente una escuela dirigida al mismo fin, producto del legado de un altruista que al morir quiso contribuir a la redención de la infancia, librándola de la ignorancia y de la superstición, y manifestó la esperanza y el vivísimo deseo de que los ricos al morir comprenderán al fin que, mejor que el loco egoísmo de dedicar sus riquezas a la fundación de una felicidad ilusoria de ultratumba, deben restituirlas a la sociedad en beneficio de los desheredados.

El Dr. Martínez Vargas afirmó, contra quienes crean lo contrario, que la enseñanza puramente científica y racional de la Escuela Moderna es base positiva de la buena educación, inmejorable para la relación de los niños con sus familias y con la sociedad, y única para la formación moral e intelectual del hombre futuro.

Se congratuló de que la higiene escolar practicada ya en la Escuela Moderna en años anteriores por medio del examen periódico de los alumnos, en evitación de las enfermedades infecciosas, y expuesta teóricamente en las conferencias públicas, haya tenido sanción solemne en el congreso higiénico recientemente celebrado en Bruselas.

Al hacer el resumen de sus conferencias y con el propósito de auxiliar la explicación oral con la percepción visual, recurrió a las proyecciones luminosas, presentando una serie de figuras que representan ejercicios higiénicos, tipos característicos de varias enfermedades, órganos enfermos, etc., que el conferenciante explicaba detalladamente. Un incidente ocurrido en el aparato proyector, subsanable fácilmente para conferencias sucesivas, interrumpió la presentación de las figuras, aunque no la explicación, que continuó versando sobre la maléfica influencia del corsé, lo ocasionado que es a la infección microbiana el polvo producido por el arrastre de los vestidos, el inconveniente de que los niños jueguen con tierra por el peligro de dicha infección, las habitaciones y talleres insalubres, etc., terminando con la promesa de continuar durante el curso que se inaugura la serie de sus explicaciones higiénicas.

La concurrencia manifestó su complacencia al terminar el acto, y los alumnos, radiantes de alegría, ofrecían animadísimo cuadro, que era como un consuelo para las penas de la triste realidad presente y la esperanza de una humanidad mejor para lo porvenir.


UNA EXCURSIÓN ESCOLAR AL PAÍS DE LA INDUSTRÍA

¡Qué grande, qué hermoso, qué útil es el trabajo!

Tales exclamaciones brotaban espontáneas de labios de niñas y niños, alumnos de la Escuela Moderna, en la alegre campiña de Sabadell, el díá 30 de julio próximo pasado, después de haber visitado varias fábricas, donde se relacionaron afectuosísimamente con obreras y obreros, que acogieron a los infantiles visitantes con amor y respeto, y por último, cuando después de campestre y fraternal banquete, reunidos todos en torno del encargado del resumen de la excursión instructiva, pudieron admirar las consideraciones a que la misma se prestaba.

El hombre primitivo, formado tras larguísima y progresiva evolución, se encontraba en los albores de la humanidad, inexperto, sin recursos y con necesidades apremiantes. En medio de una naturaleza abundante y fecunda, aunque poco dispuesta a conceder gratuitamente sus tesoros, vegetaba más bien que vivía en las costas, en los bosques, en las montañas, refugiado en las cavernas donde procuraba liberarse de las inclemencias atmosféricas y de la voracidad de las fieras.

Cuando, relacionando ideas que insensiblemente se clasificaban en su memoria, pudo formar el primer pensamiento, promovido por la necesidad, principal si no única impulsora de la actividad intelectual, le ofreció a la naturaleza, que se mostró satisfecha y dispuesta a otorgarle sus dones, y a cambio de un pensamiento que produjo la celada o el arma arrojadiza le dió, la caza, y por otro adecuado al objeto, le dió la pesca, y por haber discurrido enterrar la semilla, le dió el fruto. Con esto, no sólo no se moriría ya de hambre, sino que aprendía a rechazar la agresión de animales feroces, y aún concebía los primeros esbozos de la sociabilidad.

Necesitaba vestirse, y tal vez la utilización de las fibras de las plantas textiles, después de haber utilizado las pieles de los animales devorados, sucias, informes, y pronto inútiles, faltas del conveniente curtido, le inspiró el pensamiento de utilizar las fibras de la lana, tejerlas en aquel telar embrionario, donde los hilos se tendían tirantes entre dos palos, y la trama se entretejía a mano, por no conocerse aún los lizos, que abren la cala, ni la lanzadera, que deposita el hilo que forma la trabazón del tejido.

Surgió la hilandera, que supone un inmenso adelanto social; porque con ella tenemos convertida en sedentaria la tribu nómada que salía de un territorio agotado en busca de otro virgen y abundante, no encontrándolo siempre, antes bien sufría enormes penalidades en el camino, o lo encontraba ocupado por otra tribu, a la que tenía que despojar en guerra cruel o perecer en la demanda.

La hilandera, pues, supone la familia, el hogar, el campo cultivado, el rebaño, el vestido, el alimento regular de pan, legumbres, hortalizas, frutas, leche, queso y carne; supone además el hierro, la fragua, la herramienta, el trabajo, la moralidad y la paz.

Si a esa altura del progreso no hubieran surgido, como enfermedades capaces de viciar el organismo, el sacerdote, el mandarín y el guerrero, los progresos se hubieran ido sucediendo en escala regularmente ascendentes, y aquellos ideales que hoy vislumbramos como aspiración lejana contarían ya siglos de práctica.

Conócese el tipo de la hilandera por representación artística y aún visual, porque todavía hay hilanderas en aquellos apartados repliegues del territorio donde apenas llega el influjo civilizador: sentada, enhiesta la rueca que contiene el vellón lavado y cardado, toma el hilo que retuerce y consolida por medio del huso, que se desliza rápido y suave entre sus dedos, siendo unas veces anciana decrépita, hermosa matrona o tímida doncella.

Con tal representación en la mente comparaban y apreciaban los niños las maravillas mecánicas que se ofrecían a su ingenua admiración, y en la dificultad de apreciar las explicaciones y detalles técnicos que con claridad y amabilidad exponían el cicerone de la expedición y los obreros de las diferentes secciones, parecíales obra de hadas bienhechoras aquella transformación de la lana burda, sucia, recién esquilada, en finísimos tejidos de elegantes muestras y ricos colores que vieron en breve espacio de tiempo, pasando por los diversos artefactos, sin dejar apenas idea de la dificultad de las operaciones ni de las penalidades del trabajo.

Preciso fué traerles a la realidad y fijar su atención en el mecanismo que toma la lana en bruto, la lava pasándola mecánicamente por una serie de pilas, en cada una de las cuales progresa la limpieza hasta alcanzar nívea blancura; viene luego la carda, donde la simple vedija que todos conocemos se disuelve en las infinitas unidades sueltas y perfectamente individualizadas de las tenues fibrillas; sigue el hilado con sus carros que van y vienen llenos de husos, haciendo en un minuto una cantidad de trabajo que costaría meses a la hilandera tradicional; a continuación el torcido, que da al hilo solidez e igualdad; luego el urdido, preparación para el telar; después éste, coronado por el ingenioso mecanismo de Jacquard, que, cual si fuera un cerebro impulsor de una voluntad, como un artista que manejase pinceles y colores, mueve agujas y cartones y con ellos produce los coloridos dibujos que embellecen las telas que usamos como vestidos y ornamentos de varias clases.

Completaba aquel laborioso cuadro el aprovechamiento de desechos, desperdicios y retales que, sometidos a las operaciones primitivas, renovaban en cierto modo la fibra usada, para dedicarla a telas baratas, para los pobres, es decir, como recompensa para los productores.

Un himno al progreso, a la civilización, al trabajo, se formulaba espontáneo en las exaltadas imaginaciones de los excursionistas escolares, manifestándose en las exclamaciones de admiración en que prorrumpían a cada paso, con notas argentinas moduladas por sus frescas e infantiles gargantas.

Necesario fué retenerlas en la realidad una segunda vez. Un incidente dió la ocasión: varios niños y niñas, molestados por el calor y el olor desagradable de materiales e ingredientes, no quisieron entrar en el último departamento visitado, y esto dió ocasión a una consideración final.

Las obreras y obreros que trabajan en esas fábricas han empezado su aprendizaje siendo niños, muchos antes de haber consolidado y fortalecido su organismo y antes de haber completado su educación e instrucción; también les molestaría el calor y el hedor de los materiales; pero sobre la molestia se imponía la necesidad, y ahí han de estar hasta que mueran, triste final que ocurre siempre antes de la época generalmente fijada por las condiciones esenciales del organismo humano.

Cierto es y admirable que la ciencia y la industria unidas, han realizado maravillas como las que se efectúan por medio de esas máquinas; mas desgraciadamente ha de oponérseles un pero terrible: sus beneficios no se distribuyen equitativamente; a la vista está: esos obreros que han de soportar continuamente esas condiciones para algunos niños insoportables, que pasan muchas penalidades y que acaban por lo general de muerte prematura, disfrutan de un esquilmado jornal; en tanto que los dueños legales de las máquinas, de los productos y de las utilidades, cuando el negocio no fracasa, se enriquecen y gozan ellos y los suyos de las ventajas consiguientes, lo que indica que para que la justicia social se eleve siquiera a la altura del adelanto científico industrial, hemos de trabajar cuantos tengamos empeño en elevar la especie humana a la altura de la dignidad y de la positiva felicidad.

Tales fueron las consideraciones sumariamente expuestas, que impresionaron a nuestros alumnos en esta agradable excursión, que constituyó uno de los varios complementos instructivos usados en esta escuela.