La favorita del sultán

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Poesías religiosas, caballerescas, amatorias y orientales
La favorita del sultán
 de Juan Arolas



Marcha, despiadada y cruda,
Pues me quemas con tus besos
Al lucir casi desnuda
Tantas gracias y embelesos.

Sol que en el cenit me abrasas
Sin una nube en tu cielo,
Yo te pondré dobles gasas
Y no te veré sin velo:

Sobre un lecho encubertado
Te he de hacer cubrir de flores
Y verás vergel cerrado
Dó se oculten mis amores.

¡Judía, que por fortuna
De mi mar eres sirena,
Como tú no vi ninguna
Ni cristiana ni agarena!

Tú te ríes y te alegras
Cuando en mí los bríos faltan
Mientras tus pupilas negras
Ebrias de placer te saltan.

¿Quién ha de romper tus lazos?
Enamoras, avasallas
Y un día de tus abrazos
Rinde más que cien batallas.

¡Deja tu delirio ciego...!
Mientras en tu seno hermoso
Me adormeces con el ruego,
Mientras cantas y reposo

Febles sufren mil soldados
La ignomia en sus derrotas
Y en los mares agitados
Pierdo mis avaras flotas.

Pierdo a Egipto y sus llanuras
Dó las auras regaladas
Mecen las espigas puras
En las cañas encorvadas,

Dó las moles eternales
Donde el orgullo está escrito
Se alzan en los arenales
Con la esfinge de granito

Cuyo párpado despierto
Jamás una vez cerraron
Ni los vientos del desierto
Ni los siglos que pasaron.

Tú me encantas y consientes
Que amenacen mis dos mares
Las águilas de dos frentes
De los ambiciosos Czares.

¡Guay que el autócrata un día
No venga a tomar mi harén
Y por ser esclava mía
Conmigo mueras también!

No desnudes, por mi amor,
Ese tu seno hechicero
Y deja que tu señor
Vaya a desnudar su acero.

Que tiña en sangre su filo,
Que levante en sus furores
Pirámides junto al Nilo
De cabezas de traidores.

Mas ¡ah...! ¡mis votos fallidos
Dejarás con ilusiones,
Rémora de los sentidos,
Imán de los corazones!

Porque el más adusto moro
Que a las lides se partiera
Puesto a contemplar tu lloro
Riendas al corcel volviera.

Yo caricias he probado
De unas hermosas de nieve
Cuyo beso regalado
Con gran emoción conmueve;

Pero tu beso, sultana,
Dulce beso humedecido
De esos tus labios de grana
Me enloquece, me ha perdido.

Desprecio, pues, mis riquezas
Y cual vanos oropeles
Mis títulos y grandezas,
Mis tropas y mis bajeles.

Mis palacios no deseo
Con dilatados confines,
Ni mis casas de recreo
Con estanques y jardines;

Ni del Arabia dichosa
Los más exquisitos dones,
Ni frescos baños de rosa,
Ni púrpuras, ni bridones;

Ni el nombre que se me da
De señor de mar y tierra,
De sombra augusta de Alá,
Príncipe de paz y guerra.

Desprecio las dignidades
De mis bélicas proezas
Y mis pueblos y ciudades
Con torres y fortalezas

Y haré decir al diván
Que no tengo más estados
Que mi pipa, mi ataghán
Y tus ojos adorados.