La filosofía del egoísmo:2

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

LA FILOSOFÍA DEL EGOÍSMO[editar]

I[editar]

Buscamos la comprensión de los hechos como guía de nuestras acciones, para la evitación del error y el sufrimiento, e incluso para la resignación a lo inevitable. Esta declaración puede cubrir los principales objetivos de la humanidad en la discusión intelectual, sin hacer caso ahora de que la misma es simplemente un ejercicio escolástico. No estoy a favor de la discusión al estilo de la "escuela de la controversia" [1], desarrollada para afilar simplemente los ingenios. La sinceridad es demasiado preciosa para ser deslustrada por una práctica que genera fácilmente un mal hábito, y hay, por lo menos hasta ahora, también muchas ocasiones en la vida diaria en las cuales cada persona que ama decir la verdad y exponer la mentira debe considerar tiempo y circunstancias por temor a empalarse sobre prejuicios implacables. Por lo tanto si la duplicidad tiene sus aplicaciones allí no necesitan ser ningún miedo que no será cultivado sin esfuerzos concertados además entre los que estén buscando la luz intelectual.

He colocado lo último la resignación, aunque puede ser lo primero en importancia para algunos individuos. Yo lo tomo de que la fuerza vital es suficientemente fuerte en la mayor parte de mis lectores como para rezumar en incitaciones a la acción que moverá las cosas, en la simpatía liberal que comunicaría a otros cualquier descubrible manera de alcanzar unas condiciones de mayor armonía.

¿No es un hecho que hay una cantidad considerable de “buenos deseos” y al mismo tiempo una serie compleja de heridas recíprocas practicadas por la humanidad, tal como no es descubrible en cualquier otra especie en la Tierra? Entonces, podemos preguntar, ¿cuáles son las causas de los males en la sociedad, pueden ellas ser generalizadas, y cuál sería la naturaleza o el principio de un remedio eficiente? Si ahora las palabras laissez faire se le ocurren al lector recordará fácilmente que todos los animales excepto el hombre practican según aquel principio. ¿Oímos del fanatismo entre ellos, de enfrentamientos dentro de las especies excepto en la defensa de sus personas y propiedad o en materia de rivalidad entre los machos? ¿Pero qué leemos en la historia de la humanidad excepto infortunios, guerras, persecuciones y catástrofes que superan toda descripción, y todo relacionado de una cierta manera con la determinación de la humanidad de interferir cada uno las acciones, pensamientos y sentimientos de los otros, con el propósito de hacer que la gente “piense mejor” y se “comporte mejor”, de acuerdo a como nosotros concibamos esto?

El liberal teológico nunca se cansa de afirmar que las crueldades más grandes han sido perpetradas por fanáticos que actuaban sinceramente, por el derecho religioso tal como ellos lo entendían; todavía entre los liberales teológicos puede encontrarse a prohibicionistas y taxacionistas que manifiestan un horror santo del hombre o la mujer que simplemente busca estar solo, mientras él o ella permiten a los otros estar solos, y que se niega a encajar en cualquier esquema de la coerción. Insisten que no puede gozar de tal libertad sin detrimento de la sociedad, y su ira se levanta en el pensamiento de que él es insensible a un principio moral, según ellos ven el asunto. Son fanáticos ignorantes.

¿Pero hay personas tales como las que he aludido antes, que practiquen el laissez faire como regla? Ciertamente hay. (Estas palabras son francesas y malas "Permitir hacer," o "Permitir a otras personas solas hacer como usted puede hacer.") Entendido apropiadamente y llevado a cabo en la ciencia política, como hizo Proudhon, un sistema racional de la Anarquía se evoluciona del lema. La anarquía en su sentido filosófico estricto y apropiado significa "ninguna tiranía," - la regulación de los negocios totalmente por el contrato voluntario y mutuo.

En algunos lectores la percepción de estas relaciones en cuanto a creencia religiosa e instituciones políticas y esta comparación de la intolerancia humana con el mejor hábito de otras especies de no meterse en asuntos ajenos, habrá sugerido el pensamiento fundamental al cual vengo. Profundizamos ahora en los hechos últimos; no tratando de inventar ninguna regla artificial, pero sí para encontrar la realidad sana en la naturaleza si hay algo bueno allí para nosotros, y para encontrar la motivación principal de la acción normal en todos acontecimientos, dejando para después la discusión de si es conveniente o no un substituto artificial, si es posible o recomendable.

Ahora no es mi propósito sugerir que los hombres fueron modelados después de cualquier otra especie de animal. Encontramos a los otros animales que actúan naturalmente, buscan su propio bien, van por su propio camino y permiten uno al otro ir solo menos bajo ciertas condiciones que hayan causado un conflicto momentáneo de intereses individuales. Encontramos la vida humana repleta de artificialidad, perversión y miseria, mucho de lo cual puede ser remontado directamente a la interferencia, lo peor de esta interferencia que no tiene oportunidad de perpetuación menos por una cierta creencia en su necesidad social, la cual creencia surge de, o se entrelazada con, creencias en cuanto a detalles de la conducta, tales por ejemplo como que la propagación de la especie humana no ocurriría en buena forma a menos que esté supervisada oficialmente, y así sucesivamente. Dibujando tales comparaciones la conclusión parece que sea que el hombre necesita ser natural, no en el sentido de abandonar los artes y las comodidades materiales de la vida, pero en el tratamiento de los individuos de la especie por otros y en su acción colectiva.

Puedo esperar aquí una objeción. Alguien preguntará si pretendo que el Egoísmo significa lo mismo que el laissez faire. A esto digo no, pero el predominio del Egoísmo reducirá la interferencia, hasta en el ignorante, a las dimensiones de su interés más indiscutible a asuntos de los otros, eliminando cada motivo de carácter fanático. El desarrollo invasivo del Egoísmo, ya no reforzado por la fuerza de la multitud bajo el encanto del magnetismo personal, no será probablemente muy difícil de tratar; entonces a falta de éxito tal desarrollo será atenuado o abandonado dentro de las especies. Así el Egoísmo es demostrablemente el semillero de la política y hábito de la tolerancia general. ¿Y si la vigilancia es el precio de libertad, quién negará que la tendencia, dentro de límites Egoístas, a un poco de invasión sea el creador seguro y el sustento de la vigilancia? La evaporación, los filósofos no egoístas colocarían la tolerancia sobre una fundación bancaria de nube del sentimiento e intentarían recompensar con palabras finas de alabanza a los hombres que pueden ser persuadidos a renunciar a cualquier ventaja que ellos podrían tomar de otros. Como los predicadores que imaginan el placer de pecado e impulsan a la gente a abstenerse de ello, sus tentativas son inevitablemente vanas.