La flor de los recuerdos (México): 09

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III.
La flor de los recuerdos (México) de José Zorrilla
La flor y la perla
A Dios


IV.[editar]

Reina la oscuridad en torno mio:
Solo estoy del bajel sobre la popa
Pálido de emocion, yerto de frio;
Los ojos tiendo á la cercana Europa
De quien me aleja el rápido navío,
Y las tinieblas penetrar deseo;
Pero ya nada en las tinieblas veo.
Bajo mis piés el buque se estremece
Por su máquina enorme sacudido,
Y el oleaje desigual le mece
Con temeroso ruido.
Mónstruo de fuego y de rumor preñado,
Pez que nada veloz sin piel ni escama,
Ave que vuela rápida sin pluma,
Leviatan que sin voz furioso brama,
Avanza por sí mismo arrebatado
Entre la mar, los cielos y la bruma,
Dejando tras su curso vïolento
Una estela en el mar de hirviente espuma,
Y una columna de humo por el viento.
Atónito é inmóvil, en el pasmo
Que embargaba mi sér en tal momento,
Sin dejarme ceder al entusiasmo
Ni al temor admiraba yo á mis solas
Del hombre la ambicion y atrevimiento
Que domina los vientos y las olas,
Rey de la creacion, y burla osado
Y atraviesa contento
Uno y otro elemento
Para ver una fiesta ó un mercado,
Por alargar un dia su memoria,
Por una chispa de soñada gloria
O tal vez de oro vil por un puñado.
Contemplaba embebido el movimiento
De la elevada esbelta arboladura
Del Paraná que se mecia lento,
Y sobre el fondo azul del firmamento
Se destacaba móvil é insegura,
Sin cesar oscilando sobre el fondo
Del estrellado cielo y del mar hondo
La triple cruz y la ondulante cofa
De sus tres masteleros envergados,
ramilletes del mar, del viento mofa,
Cual gigante y fantástico esqueleto
Que en sus inmensos brazos
El espacio abarcar anhela inquieto,
Y entre ellos, esquivando sus abrazos,
Pasan, sin alzar són ni dejar huellas,
Del ambiente impalpable los pedazos
Y el resplandor fugaz de las estrellas.
Muy pronto esa tenaz melancolía
Que el solitario mar inspira al alma,
Mortal angustia se tornó en la mia,
Y de su paz interrumpió la calma,
Y estinguió con mi fé mi poesía,
Miré dentro y en torno de mí mismo,
Y al verme de la mar y el firmamento
Perdido ir por entre el doble abismo,
Solo, sin fé y á la merced del viento,
Temblé como un cobarde, eché de menos
La abandonada tierra, y como un niño
Que necesita el maternal cariño,
De lágrimas sentí mis ojos llenos.
Surgieron mil imágenes estrañas
En mi calenturienta fantasía,
E hirió un pesar profundo mis entrañas;
Sentí á la fé mi corazon cerrado,
Mi alma al despecho y al terror abierta,
Me arrepentí del viaje comenzado,
Y exánime, febril, desesperado,
Llorando me tendí sobre cubierta.
Y entonces ¡ay de mí! yerto de asombro
Y con hondo pavor sentí á mi lado
Tenderse, pié con pié y hombro con hombro,
Dos genios de inmortal naturaleza
Creados de los cielos en la alteza,
Mas con Luzbel caidos de los cielos:
El espíritu ruin de la la tristeza
Y el demonio rabioso de los celos.
Yo percibí, de pánico transido,
De estos horribles genios la influencia;
Sentí que cada cual por un oído
Con negras frases de infernal sentido
Vertia su veneno en mi existencia;
Y en aquel cuarto de hora de agonía,
Oí que de este modo me decía
Cada cual de los genios por su lado,
Y de cada palabra se esprimia
Una gota de hiel que me caía
Dentro del corazon atribulado.

LA TRISTEZA. “¡Qué triste es alejarse de la tierra

Donde huméa el hogar de nuestra casa,
Donde cuanto ama el corazon se encierra,
Donde ya el tiempo sin nosotros pasa!
Donde los seres á quien mas queremos,
Aquellos ¡ay! por cuyo amor vivimos,
Lloran nuestra partida y no los vemos,
Oran por nuestro bien y no lo oimos!
¡Qué triste es navegar solo y amando,
En tierra solo á nuestro amor dejando!
Y así navegas tú que en Francia dejas
Amor, familia, hogar, cuanto ama el hombre,
Y de cuanto amas por el mar te alejas
Cargado con el fardo de tu nombre.
¡Oh miserable vanidad humana!
¡Necios delirios de ambicion y gloria!
¿Qué le importa á la gente Americana
Oir tu canto ni saber tu historia?
Poeta que abandonas tus hogares
En alas de tu amor y tu fé ardiente,
¿Qué importan á los pueblos de Occidente
Ni tu fé, ni tu amor, ni tus cantares?
¿Qué es lo que tus inútiles endechas
A su ventura añadirán mañana?
Las ovaciones por amigos hechas,
Ventura tan fugaz como ilusoria,
¿Valen la pena de cruzar los mares
Llena de hiel llevando la memoria
Y el corazon henchido de pesares?
¿Qué es lo que allende de la mar te espera?
Vana curiosidad, desden acaso.
¿Qué es lo que dejarás trás de tu paso?
Lágrimas como siempre por dó quiera
Que fuiste… tu vigor, tu vida entera
Tal vez, amortajada en tus canciones
Cuyos écos perdidos
En vano llamarán á los oídos,
En vano á los cerrados corazones;
Peregrino del mundo, el mundo entero
Te verá sin amor como á estranjero.
¿Ves esa nube de volátil humo
Y esa estela de espuma que dejamos
Por el viento y el mar? Así presumo
Que es de tu gloria y de tu amor la base:
En cuanto el buque fugitivo pase,
En cuanto un soplo de la brisa corra,
La doble huella que dejando vamos
El mar se traga y el ambiente borra;
Tal vez es en América tu suerte
Amarga vida y escondida muerte.”



Mientras así decíame al oido
El espíritu ruin de la tristeza,
Yo vertia cobarde y abatido
Lágrimas vergonzosas de flaqueza.

LOS CELOS. “¡Imbécil corazon! si como ese humo

Que la vacia atmósfera se traga
y si como esa estela, que á lo sumo
Dura un minuto turbulenta y vaga,
Se borra tu memoria en tus hogares,
Si se olvidan de tí los corazones
A quienes alza tu cariño altares,
¿Qué te valdrá tu fé ni tus canciones
Llevar al otro lado de los mares?
¡Mísero! Si ese sér á quien tu llamas
Sér de tu sér, y vida de tu vida,
Por quien osado y pródigo derramas
Cuanta esencia en tu sér hay contenida:
Si esa mujer, en fin, á quien proclamas
Sultana sin rival, por tí querida
Mas que el honor, la luz, la fé y la gloria,
Mientras reina en América la aclamas,
Echándote del alma y la memoria,
Falsa te vende y en Paris te olvida,
¿Qué vas á hacer allende de los mares
Con tu fé, con tu amor, y tus cantares?

Tú que por ella ¡insensato!
Nada imposible concibes,
Que solo por ella vives,
Que entero á su amor te das
¿Comprendes la horrible duda
De que mientras tú la adoras
Puede ella pasar sus horas
Con otro amante quizás?

Mientras llorando su ausencia
Tú arribas á estraños puertos,
Cruzas montes y desiertos
Por insalubre país,
Ella, en tu ausencia fiada,
Y á sus promesas perjura,
Con otro tal vez apura
Los deleites de Paris.

Mientras tú, como Macias
En su siglo novelesco,
De tu amor caballeresco
Haces una religion,
Tal vez ella en el abismo
De Paris se hunde sorvida,
Y en su fosa corrompida
Encenaga el corazon.

Tal vez tus propios amigos,
Si tenerlos en el mundo
Crees, del vicio al cieno inmundo
Arrastrarla intentarán,
Mientras tú, con fé sincera
Cual de tí de ella seguro,
Tu cariño ileso y puro
Guardarás con necio afan.

Acaso una Americana
Que tu secreto sorprenda,
Que tu alma lëal comprenda
Y que ame con tu pasion,
Querrá templar tus tormentos
Con una amistad sincera,
Cuando ni amistad siquiera
Podrá dar tu corazon.

Porque tu alma roïda
Por la fiebre de los celos
Culpará á los mismos cielos
De la humana ingratitud:
Y tornándote perverso
E incrédulo tus pesares,
No creerás que el universo
Tenga amor, fé, ni virtud.

Vivirás viendo en tus sueños
Y sabiendo á todas horas,
Que la hermosa á quien adoras
Idolatra en un rival,
Y aunque quieras por despecho
Entregarte á otra cariño,
No podrá tu alma de niño
Ser al suyo desleal.

Pues tú, alma privilegiada,
De tu pasion Quijotesca,
De tu fé caballeresca
Serás mártir, porque fiel
Tan solo un amor concibes
Que pueda albergar un alma,
Y esclavo del tuyo vives
Para enterrarte con él.

Boga, pues, boga insensato:
Lleva á América tus rimas,
Tu fé y tu amor; en los climas
Que á cruzar con ellos vas,
Solo viéndote vendido,
Por los celos devorado
Vivirás abandonado
Y rabioso morirás.”



El demonio de los celos
Me decia así al oido,
Y al pesar se dió rendido
Mi celoso corazon,
Y envolviendo mi cabeza
En mi capoton de viaje,
Lloré del lento oleaje
Al melancólico són.

¡Y Dios solamente sabe
Lo que en aquellos momentos
Lograron mis pensamientos
Mi triste vida röer.
Años viví en los minutos
De una hora, y sentí en ellos
De mis sienes los cabellos
Gotëar y encanecer.

Yo miré en estos instantes
Mi salvacion y existencia
Con tan honda indiferencia,
Que mi yerto corazon
Víctima de la tristeza,
Presa infeliz de los celos,
No pensó, ingrato, á los cielos
En alza ni una oracion.

Mas Dios, que nunca abandona
Ni al infeliz ni al demente,
Hirió con su luz mi frente
Y vino á mi alma á llamar:
Al rumor de una maniobra
Volví en mí: alcé la cabeza,
Y ví de Dios la grandeza
Resplandecer sobre el mar.

La luna, de los nublados
Desgarrando el torbo velo,
Brillaba del mar y el cielo
E la azul inmensidad:
Y con las velas tendidas
Que el viento propicio hinchaba,
Ráudo el Paraná bogaba
Con serena majestad.

Yo contemplé tan magnífico
Espectáculo con pasmo,
Y al religioso entusiasmo
De su inspiracion cedí:
Y de los malos espíritus
Conjurando los antojos,
Sobre cubierta de hinojos
Postrándome canté así: