La guerra (Manuscrito) Machado

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La guerra (Manuscrito de 1939)

de

Antonio Machado

I[editar]

De mar a mar entre los dos la guerra,
más honda que la mar. En mi parterre,
miro a la mar que el horizonte cierra.
Tú asomada, Guíomar, a un Finisterre,
miras hacia otra mar, la mar de España
que Camoens cantara, tenebrosa.
Acaso a ti mi ausencia te acompaña.
A mí me duele tu recuerdo, diosa.
La guerra dio al amor el tajo fuerte.
Y es la total angustia de la muerte,
con la sombra infecunda de la llama
y la soñada miel del amor tardío,
y la flor imposible de la rama
que ha sentido del hacha el corte frio.

II[editar]

Otra vez el ayer. Tras la persiana,
música y sol; en el jardín cercano,
la fruta de oro, al levantar la mano;
el puro azul dormido en la fontana.
Mi Sevilla infantil, ¡tan sevillana!
¡Cual muerde el tiempo tu memoria en vano!
¡Tan nuestra! Aviva tu recuerdo, hermano.
No sabemos de quien va a ser mañana.
Alguien vendió la piedra de los lares
al pesado teutón, al hambre mora,
y al italo las puertas de los mares.
Odio y miedo a la estirpe redentora
que muele el fruto de los olivares,
y ayuna y labra, y siembra y ¡canta y llora!

III[editar]

Trazó una odiosa mano, España mía,
arriba liza, hacia el mar, entre do mares,
zonas de guerra, crestas militares,
en llano, loma, alcor y serranía,
Manes del odio y de la cobardía
cortan la leña de tus encinares,
pisan la baya de oro en tus lagares,
muelen el grano que tu suelo ería.
Otra vez. ¡Otra vez! Oh triste España,
cuanto se anega en viento y mar se baña
juguete de traición, cuanto se encierra
en los templos de Dios mancha el olvido,
cuanto acrisola el seno de la tierra
se ofrece a la ambición, ¡foro vendido!

IV[editar]

Mas tú, varona fuerte, madre santa,
sientes tuya la tierra que se muere;
en ella afineas la desnuda planta,
y a tu señor suplicas: ¡miserere!
¿Adónde irá el felón con su falsía?
¿En qué rincón se esconderá, sombrío?
Te piedad del traidor. Parile un día,
se engendró en el amor, es hijo mío.
Hijo tuyo es también, Dios de bondades.
Cúrale con amargas soledades.
Haz que su infamia su castigo sea.
Que trepe a un alto pino en la alta cima,
y en él ahorcado, que su crimen vea,
y el horror de su crimen lo redima.

-- Antonio Machado