La mariposa (Andersen)

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LA MARIPOSA




 La mariposa desea casarse, y ya podéis figuraros que quiere escoger la flor mas bonita entro las hermosas. Echa una ojeada escudriñadora sobre los cuadros donde se hallan todas las flores dispuestas y arregladas como niñas que están aguardando que se las convide á bailar. Son muy numerosas, y en tal cantidad, la eleccion es muy difícil ó cuando ménos indecisa. Para ahorrarse trabajo, vuela en derechura la mariposa hácia la margarita, linda florecita que muchos aseguran que tiene el don de profetizar cuando los enamorados le arrancan las hojas, y al arrancarlas preguntan á cada una de ellas : « ¿ Me quiere ella ó él un poco, mucho, con pasion, ó no me quiere? » La respuesta de la última hoja es la buena. La mariposa fué á preguntarla, no arrancándola las hojas, sino acariciándolas una despues de otra, pues sabía que mas se logra con la dulzura que con la violencia. « Mi querida señora Margarita, dijo, vos sois la mas discreta de todas las flores. Suplicoos que me digáis con cuál de ellas debo casarme. Iré volando á la que me designéis y pediré su mano. »

 La margarita no se dignó responderla, porque la mariposa la enojó llamándola señora en vez de señorita, lo cual no era lo mismo. Repitió dos veces la misma pregunta y viendo que no obtenia contestacion, se marchó á llevar á otra parte sus obsequios.

 Eran los primeros dias de la primavera y el blanco espino y las campanillas florecian en los campos y jardines : « Lindas florecillas, dijo la mariposa, pero tienen aun el aspecto tímido de colegiales. » Y como casi todas las jovencitas, miraba con preferencia á las personas de mas edad que ella.

 Voló hácia las anémonas y las halló algo amargas para su gusto. Las violetas le parecieron muy sentimentales. La flor del tilo era muy pequeña y tenía ademas una numerosa parentela. La flor del manzano rivalizaba con la rosa, pero se abria hoy para morir mañana, cayendo al primer soplo de viento; un casamiento con un sér tan delicado, duraria muy poco tiempo. La flor del guisante de olor fué la que mas le gustó, por ser blanca y roja, fresca, graciosa, elegante, hacendosa y buen ama de casa. Iba á hacerla su peticion, cuando notó cerca de ella una vainilla en cuya extremidad pendía una flor seca: « ¿Qué es eso? dijo —Es mi hermana, respondió la flor. --- ¡De véras! contestó la mariposa; lo mismo seréis vos un día. Y al decir esto, se alejó velozmente sin mirar atras.

 La madreselva dejaba caer sus ramas por encima de un seto; habia en ellas muchas niñas muy parecidas entre sí, con rostros largos y tez amarilla. « ¡Par diez! dijo la mariposa, ¿cómo es posible amar á esas muchachas?» ¿Y él, la mariposa macho, á quién era capaz de amar?

 Pasó la primavera y el verano tambien. Llegó el otoño y la mariposa no se decidió por nadie. Las flores ostentaban en esta estacion sus colores mas vistosos, pero en vano, porque no tenían ya el perfume de la juventud; á esta fresca fragancia es á la que son principalmente sensibles los corazones que ya no son jóvenes, y había muy poca en los dalias y en los crisantemos. Así es que la mariposa volvió los ojos hácia la menta, como último recurso. Esta planta no florece, pero puede decirse que toda ella es una flor por el perfume que exhala por todas partes; cada una de sus hojas vale una flor, por el olor con que embalsama el aire. «Esa es la que me conviene, dijo la mariposa; con ella me caso.» Y la hizo su declaración de amor.

 Escuchóla la menta silenciosa y severa y acabó por decirla: « Os concedo mi amistad, si gustáis, pero nada mas. Soy vieja y vos no sois jóven. Podemos muy bien vivir ambos en paz y buena inteligencia, pero en cuanto al matrimonio ..... procuremos, á nuestra edad, evitar la ridiculez. »

 Así es que la mariposa no se casó con nadie, por haber perdido su juventud en correr tras de una y otra flor.

 Se iba acabando el verano; el tiempo era sombrío y lluvioso. Soplaba un viento fria por entre los sauces, haciendo crujir sus ramas. No era posible vivir al aire libre en la estación de los frios, y la mariposa buscó un abrigo. Halló por fortuna un asilo en una habitación bien caliente, donde reinaba la temperatura del verano, Allí hubiera podido vivir con toda comodidad, pero un dia se dijo á sí misma: « No basta sólo vivir; se necesita libertad, un rayo de sol y una flor. »

 Voló hácia la ventana y tropezó contra los vidrios. Viéronla los niños, la admiraron, la asieron y traspasándola con un alfiler, la clavaron en una caja de curiosidades Era lo mejor que se podia hacer con la mariposa. « Héme aquí sobre un tallo como las flores, se dijo el insecto. Cierto que no es nada agradable, pero, al cabo y al fin, es una colocacion como otra cualquiera.» Y esta idea la consolaba algun tanto. « Es un triste consuelo, murmuraron, con tono burlon, várias plantas que habia en unas macetas para adornar la habitacion.» « No hay nada que esperar de esas plantas tan bien colocadas en sus tiestos, exclamó la mariposa ya casi moribunda; están muy cómodamente para ser humanas. »


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