La revolución permanente :5

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Los tres elementos de la "dictadura democrática": las clases, los objetivos y la mecánica política



La diferencia entre el punto de vista "permanente" y el de Lenin hallaba su expresión en la contraposición entre la consigna de la dictadura del proletariado, apoyada en los campesinos, y la de la dictadura democrática del proletariado y los campesinos. El problema debatido referíase no a la posibilidad, ni a la necesidad de una alianza entre obreros y campesinos, sino a la mecánica política de la colaboración del proletariado y de los campesinos en la revolución democrática.

Radek, con una excesiva intrepidez, por no decir ligereza, dice que sólo aquellos que no habían reflexionado sobre la complejidad de los métodos del marxismo y del leninismo podían plantear la cuestión de la expresión política y de partido de la dictadura democrática, puesto que, según él, Lenin reducía toda la cuestión a la colaboración de dos clases en aras de fines históricos objetivos. No; no es así.

Si prescindimos completamente, ante el problema discutido, del factor subjetivo de la revolución --de los partidos y sus programas--, de la forma política y de organización de la colaboración del proletariado y de los campesinos, desaparecerán todas las divergencias, no sólo entre Lenin y yo --divergencias que reflejaban tan sólo dos matices dentro del ala revolucionaría--, sino, lo que es mucho peor, las existentes entre el bolchevismo y el menchevismo, y desaparecerá asimismo la diferencia que separa la Revolución rusa de 1905 y las revoluciones de 1848, y aun la de 1789, en la medida en que con respecto a esta última cabe hablar de un proletariado. Todas las revoluciones burguesas se han fundado en la colaboración de las masas oprimidas de la ciudad y del campo. Esto era lo que daba a aquéllas, en mayor o menor grado, un carácter nacional, o sea, de participación de todo el pueblo.

Tanto teórica como políticamente, el debate versaba, no sobre la colaboración de los obreros y campesinos, en su condición de tales, sino del programa de dicha colaboración, de sus formas de partido y de sus métodos políticos. En las antiguas revoluciones, los obreros y campesinos "colaboran" bajo la dirección de la burguesía liberal o de su ala democrática pequeño burguesa. La Internacional Comunista ha repetido la experiencia de las antiguas revoluciones en circunstancias históricas nuevas, haciendo cuanto estaba de su mano para someter a los obreros y campesinos chinos a la dirección del nacional-liberal Chang-Kai-Chek, y luego al nacionaldemócrata Van-Tin-Vei. Lenin planteaba la cuestión de una alianza de obreros y campesinos, irreconciliablemente opuesta a la burguesía liberal. La historia no había presenciado nunca semejante alianza. Se trataba de una experiencia, nueva por sus métodos, de colaboración de las clases oprimidas de la ciudad y de campo. Por esta misma razón, planteábase también como novedad el problema de las formas políticas de colaboración. Radek no se ha dado sencillamente cuenta de esto. Por eso nos hace volver atrás, hacia la abstracción histórica vacía, no sólo desde la fórmula de la revolución permanente, sino también de la "dictadura democrática" de Lenin.

Sí; Lenin en el transcurso de una serie de años, se negó a prejuzgar cuál sería la organización política de partido y de Estado de la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos, colocando en primer término la colaboración de estas dos clases en oposición a la burguesía liberal. De toda la situación objetiva --decía-- se desprende inevitablemente, en una etapa histórica determinada, la alianza revolucionaria de la clase obrera y de los campesinos para la resolución de los objetivos de la transformación democrática. ¿Podrán o no, sabrán o no, los campesinos crear un partido independiente? ¿Estará en mayoría o en minoría dicho partido, dentro del gobierno revolucionario? ¿Cuál será el peso específico de los representantes del proletariado en dicho gobierno? Todas éstas son preguntas que no admiten una respuesta a priori. "¡La experiencia lo dirá!" Por el hecho de dejar entreabierto el problema de la mecánica política de la alianza de los obreros y campesinos, la fórmula de la dictadura democrática, sin convertirse, ni mucho menos, en la abstracción pura de Radek, seguía siendo durante un cierto tiempo una fórmula algebraica que admitía, en el futuro, interpretaciones políticas muy diversas.

El propio Lenin, además, no consideraba que, en general, la cuestión quedara agotada con la base de clase de la dictadura y sus fines históricos objetivos. Lenin comprendía muy bien --y nos enseñó a todos nosotros en este sentido-- la importancia del factor subjetivo: los fines, el método consciente, el partido. He aquí por qué en los comentarios a su consigna no renunciaba, ni mucho menos, a la resolución hipotética de la cuestión de las formas políticas que podía asumir la primera alianza independiente de los obreros y campesinos que registraría la historia. Sin embargo, Lenin estaba lejos de enfocar la cuestión de un modo idéntico en todos los instantes. Hay que tomar el pensamiento leninista, no dogmática, sino históricamente. Lenin no traía unas tablas de la ley de lo alto del Sinaí, sino que forjaba las ideas y las consignas en la forja de la lucha de clases. Estas consignas las ajustaba a la realidad, las concretaba, las precisaba, y según los períodos, les infundía uno y otro contenido. Sin embargo, Radek no ha estudiado en lo más mínimo este aspecto de la cuestión, que ulteriormente tomó un carácter decisivo, poniendo al partido bolchevique, a principios de 1917, al borde de la escisión; prescinde en absoluto de él. Ahora bien, es un hecho que en los distintos momentos Lenin no caracterizaba de un modo idéntico la expresión política de partido gubernamental de la alianza de las dos clases, absteniéndose, sin embargo, de atar al partido con esas interpretaciones hipotéticas. ¿Cuáles son las causas de esta prudencia? Las causas residen en el hecho de que en la fórmula algebraica entraba un factor de importancia gigantesca, pero extremadamente indefinida desde el punto de vista político: los campesinos.

Citaré sólo algunos ejemplos de interpretación leninista de la dictadura democrática, haciendo notar, al mismo tiempo, que el caracterizar de un modo articulado la evolución del pensamiento de Lenin en esta cuestión exigiría un trabajo especial.

En marzo de 1905, desarrollando la idea de que la base de la dictadura serían el proletariado y los campesinos, Lenin decía:

"Esta composición social de la posible y deseable dictadura revolucionaria democrática, se reflejará, naturalmente, en la, composición del Gobierno revolucionario, hará inevitable la participación y aun el predominio en el mismo de los representantes más diversos de la democracia revolucionaria". (Obras, VI, p. 132. El subrayado es mío. L. T).

En estas palabras, Lenin indica no sólo la base de clase, sino asimismo una forma gubernamental determinada de dictadura, con el posible predominio en la misma de los representantes de la democracia pequeño burguesa.

En 1907 escribía Lenin:

"La 'revolución agraria' de que habláis, señores, para triunfar, debe convertirse en el poder central como tal, como revolución agraria, en todo el Estado." (T. XI, p. 539).

Esta fórmula va aún más allá. Se la puede interpretar en el sentido de que el poder revolucionario ha de concentrarse directamente en las manos de los campesinos. Pero esta fórmula, mediante una interpretación más vasta, introducida por el desarrollo mismo de los acontecimientos, comprende asimismo la Revolución de Octubre, la cual llevó al proletariado al poder como "agente" de la revolución campesina. Tal es la amplitud de las posibles interpretaciones de la fórmula de la dictadura democrática de los obreros y campesinos. Se puede admitir que su lado fuerte --hasta un momento determinado-- se hallaba en éste su carácter algebraico; pero ésto constituye asimismo su carácter peligroso, como habría de ponerse de manifiesto en nuestro país con toda evidencia después de Febrero, y en China, donde este peligro condujo a la catástrofe.

En julio de 1905, Lenin escribe:

"Nadie habla de la toma del poder por el partido; se habla únicamente de su participación, directiva en lo posible, en la revolución". (Obras, VI, p. 278).

En diciembre de 1906, Lenin considera posible solidarizarse con Kautsky, en lo que se refiere a la cuestión de la conquista del poder por el partido:

"Kautsky no sólo considera como 'muy posible' que 'en la marcha de la revolución, el partido socialista obtenga la victoria', sino que declara que 'constituye un deber de los socialdemócratas' inspirar a sus adeptos la confianza en el, triunfo, pues no es posible luchar si de antemano se renuncia a él". (Obras, VII, p. 58).

Como volveremos a ver más adelante, entre estas dos interpretaciones del propio Lenin la distancia no es menor, ni mucho menos, que entre sus fórmulas y las mías.

¿Qué significan estas contradicciones? Estas contradicciones no hacen más que reflejar esa "gran incógnita" de la fórmula política de la Revolución: los campesinos. No en vano en otros tiempos el pensamiento radical llamaba al "mujik" la esfinge de la historia rusa. La cuestión del carácter de la dictadura revolucionaria --quiéralo o no Radek-- está indisolublemente ligada a la posibilidad de un partido campesino revolucionario hostil a la burguesía liberal e independiente con respecto al proletariado. No es difícil comprender la importancia decisiva de esta cuestión. Si en la época de la revolución democrática los campesinos son capaces de crear su partido propio, independiente, la dictadura democrática es realizable en el sentido verdadero y directo de esta palabra, y la cuestión de la participación de la minoría proletaria en el Gobierno revolucionario adquiere una significación, si bien importante, secundaria ya.

Las cosas adquieren un sentido muy diferente si se parte de punto de vista de que los campesinos, a consecuencia de su situación intermedia y de la heterogeneidad de su composición social, no pueden tener ni una política ni un partido independientes y en la época revolucionaria se ven obligados a elegir entre la política de la burguesía y la del proletariado. Esa valoración del carácter político de los campesinos es la única que abre las perspectivas de la dictadura del proletariado surgiendo directamente de la revolución democrática. En esto, naturalmente, no hay "ignorancia", ni "negación", ni "menosprecio" de la importancia revolucionaria de los campesinos. Sin la importancia decisiva de la cuestión agraria para vida de toda la sociedad, sin la gran profundidad y las pro porciones gigantescas de la revolución campesina, ni tan quiera se habría podido hablar en Rusia de dictadura del proletariado. Pero el hecho de que la revolución agraria creara condiciones para la dictadura del proletariado fue una consecuencia de la incapacidad de los campesinos para resolver problema histórico con sus propias fuerzas y bajo su propia dirección. En las condiciones de los países burgueses de nuestros días, que, aunque atrasados, han entrado ya en el período de la industria capitalista y se hallan relacionados formando un todo por las vías férreas y el telégrafo --y con esto nos referimos no sólo a Rusia, sino también a China y a la India--, los campesinos son aún menos capaces de desempeñar un papel directivo o tan sólo independiente que en la época de las antiguas revoluciones burguesas. El hecho de que haya subrayado en todas las ocasiones y de un modo insistente esta idea, que constituye uno de los rasgos más importantes de la teoría de la revolución permanente, ha servido de pretexto, completamente insuficiente y sustancialmente infundado, para acusarme de no apreciar el papel de los campesinos en su justo valor.

¿Cómo veía Lenin la cuestión del partido campesino? A esta pregunta sería asimismo necesario contestar con una exposición completa de la evolución de sus ideas sobre la Revolución rusa en el período de 1905 a 1917. Nos limitaremos tan sólo a dos citas. En 1907, Lenin dice:

"Es posible... que las dificultades objetivas de la cohesión política de la pequeña burguesía no permitan la formación de un partido semejante y dejen por mucho tiempo a la democracia campesina en su estado actual de masa incoherente, informe, difusa, que ha hallado su expresión en los trudoviki(1). (Obras, VII, p. 494).

En 1909, Lenin, hablando del mismo tema, se pronuncia ya en otro sentido:

"No ofrece la menor duda que la revolución, llevada... hasta un grado tan elevado de desarrollo como la dictadura revolucionaria, creará un partido campesino revolucionario más definido y más fuerte. Razonar de otro modo significaría suponer que en el adulto ningún órgano esencial pueda seguir siendo infantil por su magnitud, su forma y su grado de desarrollo." (Obras, XI, parte I, p. 230).

¿Se ha confirmado esta suposición? No; no se ha confirmado. Sin embargo, ella fue la que incitó precisamente a Lenin a dar, hasta el momento de la comprobación histórica completa, una respuesta algebraica a la cuestión del poder revolucionario. Naturalmente, Lenin no colocó nunca su fórmula hipotética por encima de la realidad. La lucha por la política independiente del partido proletario constituyó la aspiración principal de su vida. Pero los lamentables epígonos, en su afán de ir a la zaga del partido campesino, llegaron a la subordinación de los obreros chinos al "Kuomintang", a la estrangulación del comunismo en la India en aras del "partido obrero y campesino", a la peligrosa ficción de la internacional Campesina, a esa mascarada de la Liga Antimperialista, etc., etc.

El pensamiento oficial actual no se toma en absoluto la molestia de detenerse en las "contradicciones" de Lenin indicadas más arriba, en parte externas y aparentes, en parte reales, pero impuestas invariablemente por el problema mismo.

Desde que en nuestro país se cultivan una especie de profesores "rojos" que a menudo no se distinguen de los viejos profesores reaccionarios por una columna vertebral más sólida, sino únicamente por una ignorancia más profunda, Lenin se ve aliñado "a lo profesor", se le limpia de "contradicciones", esto es, de la dinámica viva del pensamiento, enristrando en serie textos aislados y poniendo en circulación una u otra "ristra" según lo exigen las necesidades del momento. No hay que olvidar ni un instante que los problemas de la revolución se plantearon en un país políticamente "virgen", después de una gran pausa histórica, después de una prolongada época de reacción en Europa y en todo el mundo, y que, aunque no fuera más que por esa circunstancia, traían aparejado mucho de desconocido. En la fórmula de la dictadura democrática de los obreros y los campesinos, Lenin daba expresión a la peculiaridad de las condiciones sociales de Rusia, interpretando dicha fórmula de distintas maneras, pero sin renunciar a la misma antes de aquilatar hasta el fondo dicha peculiaridad de la Revolución rusa.

¿En qué consistía esta peculiaridad?

El papel gigantesco del problema agrario y de la cuestión campesina en general, como suelo o subsuelo de todos los demás problemas, y la existencia de una numerosa intelectualidad campesina o campesinófila con una ideología populista, con tradiciones "anticapitalistas" y temple revolucionario, significaba que si había en algún sitio la posibilidad de un partido campesino antiburgués y revolucionario, era en Rusia.

Y, en efecto, en las tentativas de creación de un partido campesino u obrero-campesino --distinto del liberal y del proletario-- se ensayaron en Rusia todas las variantes políticas posibles, clandestinas, parlamentarias y combinadas: "Tierra y Libertad" (Zemlia y Volia), "La Libertad del Pueblo" (Narodnaya Volia), "El reparto Negro" (Chiorny Pierediel), el populismo legal, los "socialrevolucionarios", lo "socialistas populares", los "trudoviki", los "socialrevolucionarios de izquierda", etcétera, etc. En el transcurso de medio siglo hemos tenido en nuestro país una especie de laboratorio gigantesco para la creación de un partido campesino "anticapitalista" con una posición independiente respecto del partido del proletariado. La experiencia de más amplias proporciones fue, como es sabido, la del partido socialrevolucionario, que en 1917 llegó a ser, efectivamente, durante un cierto tiempo, el partido de la mayoría aplastante de los campesinos. Pues bien: este partido sólo utilizó su predominio para entregar a los campesinos atados de pies y manos a la burguesía liberal. Los socialrevolucionarios se coaligaron con los imperialistas de la "Entente" y se alzaron en armas contra el proletariado ruso.

Esta experiencia, verdaderamente clásica, atestigua que los partidos pequeño burgueses con una base campesina pueden acaso asumir una apariencia de política independiente en los días pacíficos de la historia, cuando se hallan planteados problemas secundarios; pero que, cuando la crisis revolucionaria de la sociedad pone a la orden del día los problemas fundamentales de la propiedad, el partido pequeño burgués campesino se convierte en un instrumento de la burguesía contra el proletariado.

Si se examinan mis antiguas divergencias con Lenin, no valiéndose de citas tomadas al vuelo, de tal año, mes y día, sino de perspectivas históricas justas, se verá de un modo completamente claro que el debate estaba entablado, al menos por lo que a mí se refiere, no precisamente en torno a la cuestión de saber si para la realización de los objetivos democráticos era necesaria la alianza del proletariado con los campesinos, sino acerca de la forma de partido, política y estatal, que podía asumir la cooperación del proletariado y de los campesinos y de las consecuencias que se desprendían de ello para el desarrollo ulterior de la revolución. Hablo, naturalmente, de mi posición y no de la que sostenían en aquel entonces Bujarin y Radek, sobre la cual pueden, si quieren, explicarse ellos particularmente.

La comparación siguiente demuestra cuán cerca se hallaba mi fórmula de la "revolución permanente" de la de Lenin. En el verano de 1905, y por lo tanto antes todavía de la huelga general y de la insurrección de diciembre en Moscú, escribía yo en el prefacio a los discursos de Lassalle:

"Ni que decir tiene que el proletariado cumple su misión apoyándose, como en otro tiempo la burguesía, en los campesinos y en la pequeña burguesía. El proletariado dirige el campo, lo incorpora al movimiento, le interesa en el éxito de sus planes. Pero, inevitablemente, el caudillo sigue siendo él. No es la "dictadura del proletariado y de los campesinos", sino la dictadura del proletariado apoyada en los campesinos" (2) (L. Trotski, 1905, p. 28 l).

Compárense ahora con estas palabras, escritas en 1905 y citadas por mí en el artículo polaco de 1909, las siguientes de Lenin, escritas en el mismo año 1909, inmediatamente después que la Conferencia del partido, bajo la presión de Rosa Luxemburgo, adoptó, en vez de la antigua fórmula bolchevista, la de "dictadura del proletariado apoyada en los campesinos". Lenin, contestando a los mencheviques, que hablan de su cambio radical de posición, dice:

"... La fórmula escogida por los bolcheviques dice así: el proletariado conduciendo tras de sí a los campesinos..." (3)

¿Acaso no es evidente que el sentido de todas estas fórmulas es idéntico; que expresa precisamente la dictadura del proletariado y de los campesinos, que la "fórmula" el proletariado apoyándose en los campesinos permanece enteramente en los limites de esa misma dictadura del proletariado y de los campesinos?" (Tomo XI, parte I, p. 219 y 224. La bastardilla es mía, L. T).

Por lo tanto, Lenin da aquí una interpretación de la fórmula "algebraica" que excluye la idea de un partido campesino independiente, y con tanto mayor motivo su papel predominante la necesidad de la colaboración revolucionario democrática de los campesinos, se apoya en ellos; por consiguiente, el poder revolucionario se concentra en las manos del partido del proletariado. Y precisamente en esto consistía el punto central de la teoría de la revolución permanente.

Lo más que se puede decir hoy, después de la comprobación histórica, acerca de las antiguas divergencias en torno a la dictadura, es esto: mientras que Lenin, partiendo invariablemente del papel directivo del proletariado, subraya y desarrolla la necesidad de la colaboración revolucionario-democrática de los obreros y campesinos, enseñándonos a todos nosotros en este sentido, yo, partiendo invariablemente de esta colaboración, subrayo constantemente la necesidad de la dirección proletaria no sólo en el bloque, sino en el gobierno llamado a ponerse al frente de dicho bloque. No se puede hallar otra diferencia.

Tomemos dos extractos relacionados con lo dicho más arriba: uno, sacado de mis Resultados y perspectivas, y del que se han servido Stalin y Zinoviev para demostrar la oposición entre mis ideas y las de Lenin, y otro de un artículo polémico de éste contra mí y utilizado por Radek con el mismo fin.

He aquí el primer fragmento:

"La participación objetivamente más verosímil del proletariado en el gobierno y la única admisible en el terreno de los principios es la participación dominante y directiva. Cabe, naturalmente, llamar a este gobierno dictadura del proletariado, de los campesinos y de los intelectuales, o, finalmente, gobierno de coalición de la clase obrera y de la pequeña burguesía. Pero sigue en pie la pregunta: ¿A quién pertenece la hegemonía en el gobierno y, a través de él, en el país? Ya por el solo hecho de hablar de gobierno obrero prejuzgamos que esa hegemonía debe pertenecer a la clase obrera." (Nuestra revolución, 1906, p. 250).

Zinoviev armó un gran alboroto (¡en 1925!) porque yo (¡en 1905!) colocaba en un mismo plano a los campesinos y a los intelectuales. Excepto esto, no hallo nada más en las líneas reproducidas. La alusión a los intelectuales se hallaba provocada por las condiciones de aquel período, caracterizadas por el hecho de que los intelectuales desempeñaban políticamente un papel muy distinto del de ahora: sus organizaciones hablaban constantemente en nombre de los campesinos; los socialrevolucionarios basaban oficialmente su partido en el triángulo proletariado, campesinos e intelectuales; los mencheviques, como escribía yo en aquel entonces, cogían del brazo al primer intelectual radical que se encontraban al paso, con el fin de demostrar el florecimiento de la democracia burguesa. Ya en aquella época hablé centenares de veces de la impotencia de los intelectuales como grupo social "independiente" y de la importancia decisiva de los campesinos revolucionarios. Pero no se trata aquí de una frase política aislada, que no me dispongo, ni mucho menos, a defender. Lo esencial del fragmento reproducido consiste en que en él acepto enteramente el contenido leninista de la dictadura democrática y reclamo únicamente una definición más precisa de su mecánica política, esto es, la exclusión de una coalición en la cual el proletariado no es más que un rehén de la mayoría pequeño burguesa.

Tomemos ahora el artículo de Lenin de 1916, que, como hace notar el propio Radek, iba enderezado "formalmente contra Trotski, pero realmente contra Bujarin, Piatakov, el autor de estas líneas (esto es, Radek) y otros cuantos, camaradas". Es ésta una declaración muy valiosa, que confirma permanente mi impresión de entonces de que la polémica de Lenin iba dirigida a un falso destinatario, pues, como demostraré, no me atañía en sustancia en lo más mínimo. En dicho artículo hay precisamente esa misma acusación contra mí, relativa a la "negación de los campesinos" (en dos líneas), que constituyó posteriormente el principal patrimonio de los epígonos y de sus secuaces. El "nudo" del mencionado artículo -según la expresión de Radek- lo constituye el pasaje siguiente:

"A Trotski no se le ocurre pensar --dice Lenin citando mis propias palabras- que si el proletariado arrastrase a las masas no proletarias del campo a la confiscación de las tierras de los grandes propietarios, y derribase la monarquía, esto seria el coronamiento de la "revolución nacional burguesa" en Rusia, es decir, la dictadura revolucionaria democrática del proletariado y de los campesinos." (Lenin: Obras, t. XIII, p. 214).

Que en el mencionado artículo el reproche de Lenin iba dirigido a "otro destinatario", refiriéndose realmente a Bujarin y Radek, que eran efectivamente los que pretendían saltarse la etapa democrática de la Revolución, lo prueba con claridad no sólo todo lo dicho más arriba, sino también el extracto reproducido por Radek, que él califica con justicia de "nudo" del artículo de Lenin. En efecto, éste cita directamente las palabras de mi artículo de que sólo una política independiente y audaz del proletariado podía "arrastrar a las masas no proletarias del campo a la confiscación de las tierras de los grandes propietarios, al derrumbamiento de la monarquía" , etc., etc., y añade: A Trotski no se le ocurre pensar que... esto sería la dictadura revolucionaria democrática". Lenin aquí reconoce y certifica, por decirlo así, que Trotski acepta de un modo efectivo todo el contenido real de la fórmula bolchevista (colaboración de los obreros y campesinos y objetivos democráticos de esta colaboración), pero no quiere reconocer que esto es precisamente la dictadura democrática, el coronamiento de la revolución nacional. Por lo tanto, en este artículo polémico, aparentemente el mas "severo" de todos, el debate no gira en torno al programa de la etapa inmediatamente próxima de la revolución y sus fuerzas motrices de clase, sino sobre la correlación política de dichas fuerzas, sobre el carácter de la dictadura desde el punto de vista político y de partido.

Si los equívocos eran comprensibles e inevitables en aquella época, en parte a causa de que los procesos mismos no aparecían -aún- con una claridad completa, y en parte debido a la exacerbación de las luchas intestinas entre las fracciones, es absolutamente incomprensible cómo Radek puede introducir, a unos cuantos años de distancia, una confusión tal en la cuestión.

Mi polémica con Lenin giraba, en sustancia, alrededor de la posibilidad de independencia o del grado de independencia de los campesinos en la revolución, en particular de la posibilidad de un partido campesino independiente. En dicha polémica yo acusaba a Lenin de exagerar el papel independiente de los campesinos. Lenin me acusaba a mí de no apreciar en su justo valor el papel revolucionario de los mismos. Esto se desprendía de la lógica de la polémica misma. Pero, ¿acaso no es digno de desprecio aquél que después de veinte años se sirve de viejos textos, haciendo abstracción del fundamento de las condiciones del partido de aquel entonces, y dando un valor absoluto a toda exageración polémica o error episódico, en vez de poner al descubierto, a la luz de la mayor de las experiencias históricas, cuál era el eje real de las divergencias, y su amplitud no verbal, sino efectiva?

Forzado a limitarme en la elección de extractos, aludiré aquí únicamente a las tesis compendiadas de Lenin sobre las etapas de la revolución, escritas por él a finales de 1905, pero publicadas por primera vez en 1926, en el tomo V de la Antología leninista (4), página 451. Recordaré que la publicación de dichas tesis fue considerada por todos los opositores, Radek inclusive, como el mejor regalo que se podía hacer a la oposición, pues Lenin resultaba en ellas reo de "trotsquismo", según todos los artículos del código estalinista. Las acusaciones más importantes de la resolución del VII Pleno del Comité ejecutivo, de la Internacional Comunista, condenando el trotsquismo, diríase que están dirigidas consciente y deliberadamente contra las tesis fundamentales de Lenin. Los estalinistas rechinaron los dientes cuando éstas salieron a luz. Kaménev, editor de la Antología, con la "llaneza", no muy púdica, que le es propia, me dijo sin ambages que de no haber formado el bloque con nosotros, no habría permitido de ninguna manera la publicación de ese documento. Finalmente, en el artículo de la Kostrieva, publicado en El Bolchevique, dichas tesis aparecieron malévolamente falseadas a fin de no hacer incurrir a Lenin en el pecado de actitud "trotsquista" con respecto a los campesinos en general y a los campesinos medianamente acomodados en particular.

Reproduciré asimismo el juicio que en 1909 merecían a Lenin sus divergencias conmigo

"El mismo camarada Trotski, en este razonamiento, admite "la participación de los representantes de la población democrática" en el "gobierno obrero", esto es, admite un gobierno integrado por representantes del proletariado y de los campesinos. Cuestión aparte es la de saber en qué condiciones se puede admitir la participación del proletariado en el gobierno de la Revolución, y es muy posible que por lo que se refiere a esta cuestión, los bolcheviques no se pongan de acuerdo no sólo con Trotski, sino tampoco con los socialdemócratas polacos. Pero la cuestión de la dictadura de las clases revolucionarias no se reduce de ninguna de las maneras a la de la "mayoría" o a la de las condiciones de participación de los socialdemócratas, en tal o cual gobierno revolucionario." (Obras, t. XI, parte 1, p. 229. La bastardilla es mía).

En estas líneas, Lenin vuelve a certificar que Trotski acepta el gobierno de los representantes del proletariado y de los campesinos, y, por lo tanto, no se "olvida" de los últimos. Subraya además que la cuestión de la dictadura no se reduce a la de la mayoría en el gobierno. Esto es absolutamente indiscutible: se trata, ante todo, de la lucha mancomunada de los obreros y campesinos, y, por consiguiente, de la lucha de la vanguardia proletaria por la influencia sobre los campesinos contra la burguesía liberal o nacional. Pero si la cuestión de la dictadura revolucionaria de los obreros y campesinos no se reduce a la de tal o cual mayoría en el gobierno, en caso de triunfo de la revolución, conduce precisamente a ella, dándole una importancia decisiva.

Como hemos visto, Lenin, prudentemente --por lo que pueda suceder--, hace la reserva de que si se trata del problema de la participación del partido en el gobierno revolucionario, es posible que exista una divergencia entre él y yo de una parte, y de otra, entre Trotski y los compañeros polacos acerca de las condiciones de dicha participación. Se trataba, por lo tanto, de una divergencia posible, por cuanto Lenin admitía teóricamente la participación de representantes del proletariado en calidad de minoría en el gobierno democrático. Los acontecimientos se encargaron de demostrar que no había tal divergencia. En noviembre de 1917 se desarrolló en las esferas dirigentes del partido una lucha furiosa en torno a la cuestión del gobierno de coalición con los mencheviques y los socialrevolucionarios. Lenin, sin hacer ninguna objeción de principio a la coalición sobre la base soviética, exigió categóricamente una mayoría bolchevista firmemente asegurada. Yo me puse decididamente al lado de Lenin.

iii

Ahora, veamos a lo que reduce propiamente Radek toda la cuestión de la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos.

"¿En qué resultó justa en lo fundamental --pregunta- la vieja teoría bolchevista de 1905? En que la acción mancomunada de los obreros y campesinos de Petrogrado [soldados de la guarnición de dicha ciudad] derrocó al zarismo [en 1917. L. T.]. Hay que tener presente que, en lo fundamental, la fórmula de 1905 preveía solamente la correlación de clases, y no una institución política concreta."

¡No; esto no, perdón! Si califico de "algebraica" la vieja fórmula de Lenin, no lo hago, ni mucho menos, en el sentido de que sea permitido reducirla a una vaciedad, como Radek hace sin reflexionar. "Lo fundamental se realizó: el proletariado y los campesinos conjuntamente derrocaron el zarismo." Pero este hecho fundamental es el que se ha realizado en todas las revoluciones triunfantes y semitriunfantes antes sin excepción. Siempre y en todas partes, los reyes, los señores feudales, el clero, viéronse atacados por los proletarios o preproletarios, los plebeyos y los campesinos. Así sucedió ya en el siglo XVI, en Alemania, y aún antes. En China fueron estos mismos obreros y campesinos los que atacaron a los "militaristas". ¿Qué tiene que ver con esto la dictadura democrática? En las antiguas revoluciones no la hubo, ni la ha habido tampoco en la china. ¿Por qué? Porque la burguesía cabalgaba a lomos de los obreros y campesinos que realizaban la labor ingrata de la revolución. Radek se ha abstraído tan considerablemente de las "instituciones políticas", que ha olvidado lo "fundamental" de toda revolución: quién la dirige y quién toma el poder. Olvida que la revolución no es otra cosa que la lucha por el poder; una lucha política que las clases sostienen no con las manos vacías, sino por medio de "instituciones políticas concretas" (partidos, etc)..

"Las gentes que no habían pensado en la complejidad del método marxista y leninista --dice Radek--, para aniquilamos a nosotros, pecadores, concebían la cosa así: todo debía terminar infaliblemente con un gobierno común de obreros y campesinos, y aun había algunos que pensaban que éste había de ser necesariamente un gobierno de coalición de partidos, del obrero y del campesino."

¡Ya veis qué gente más simple!... Pero ¿qué es lo que piensa el propio Radek? ¿Que la revolución victoriosa no debe conducir a un nuevo gobierno o que éste no debe dar forma y consolidar una correlación determinada de las fuerzas revolucionarias? Radek ha profundizado hasta tal punto el problema "sociológico", que no ha quedado de él más que una cáscara verbal.

Las siguientes palabras, extraídas del informe del propio Radek en la Academia Comunista --sesión de marzo de 1927--, demostrarán mejor que nada cuán inadmisible es abstraerse de la cuestión de las formas políticas de colaboración de los obreros y campesinos.

"El año pasado escribí un artículo para la Pravda acerca de este gobierno [el de Cantón], calificándolo de campesino-obrero. Pero un camarada de la redacción, creyendo que me había equivocado, lo corrigió en esta forma: obrero-campesino. Yo no protesté y lo dejé así: gobierno obrero-campesino."

Por lo tanto, Radek, en marzo de 1927 (¡no en 1905!) consideraba posible la existencia de un gobierno campesino-obrero, distinto de un gobierno obrero-campesino. El redactor de la Pravda no comprendió la diferencia. He de confesar que yo tampoco la comprendo, aunque me maten. Sabemos muy bien lo que es un gobierno obrero-campesino. Pero ¿qué es un gobierno campesino-obrero, distinto de un gobierno obrero-campesino y opuesto al mismo? Esforzaos cuanto queráis en aclarar esta enigmática trasposición de adjetivos. Es aquí donde llegamos a la médula de la cuestión. En 1926 Radek creía que el gobierno de Chang-Kai-Chek en Cantón era un gobierno campesino-obrero, y en 1917 lo repetía de un modo que no dejaba lugar a dudas. En la práctica, resultó que era un gobierno obrero que explotó la lucha revolucionaria de los obreros y campesinos y después la ahogó en sangre. ¿Cómo se explica este error? ¿Es que Radek, sencillamente, se engañó? A distancia es posible engañarse. Entonces, que diga que no lo entendió, que no se dio cuenta, que se equivocó. Pero no; lo que hay no es un error de hecho, resultado de una información deficiente, sino, como se ve claramente ahora, un profundo error de principio. El gobierno campesino-obrero, por oposición al obrero-campesino, es precisamente el "Kuomintang". No puede significar otra cosa. Si los campesinos no siguen al proletariado, siguen a la burguesía. Creo que en mi crítica de la idea fraccionista de Stalin del "partido obrero y campesino" esta cuestión ha quedado suficientemente dilucidada. (Véase la Crítica del programa de la Internacional Comunista). El gobierno "campesino-obrero" de Cantón, diferente del obrero-campesino, es, en el lenguaje de ¡la política china actual, la única expresión concebible de la "dictadura democrática" por oposición a la dictadura proletaria; en otros términos, la encarnación de la política "kuomintanguista" de Stalin en oposición a la bolchevique, calificada de "trotsquismo" por la Internacional Comunista.


NOTAS

(1) Trudoviki, representantes de los campesinos en las cuatro Dumas, que oscilaban constantemente entre los "kadetes" (liberales) y los socialdemócratas. [L.T.]

(2) Este extracto, entre otros cien, atestigua, digámoslo de paso, que yo adivinaba ya la existencia de los campesinos y la importancia de la cuestión agraria en vísperas de la Revolución de 1905, esto es, un poco antes de que empezaran a hacerme comprender la importancia de los campesinos los Máslov, Thalheimer, Thaelmann, Remmele, Cachin. Monmousseau, Bela Kun, Pepper, Kuussinen y otros sociólogos marxistas. [L.T.]

(3) En la conferencia de 1909, Lenin propuso la fórmula: "el proletariado conduciendo tras de sí a los campesinos"; pero acabó adhiriéndose a la fórmula de los socialdemócratas polacos, que reunió la mayoría de votos contra los mencheviques. [NDT].

(4) El "Instituto Lenin" de Moscú publica periódicamente Antologías leninistas (Leninski Sbórniki), en las que reúne trabajos inéditos de Lenin o relacionados con si actividad. [NDT].