La serpiente y el águila

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Nuevas fábulas
La serpiente y el águila

de Felipe Jacinto Sala




Una serpiente boa,
nacida en las arenas del desierto,
era el terror de toda la comarca
por sus actos horrendos.
Las aves que acertaban a encontrarla,
sabiendo que eran vanos sus esfuerzos
contra el potente e irresistible hechizo
de su mirar magnético,
ni siquiera a luchar se apercibían,
y, trémulas de miedo,
a sus voraces fauces entregaban
sus palpitantes cuerpos.
Nadie escapar podía al maleficio
de aquel monstruo sangriento.
Su ancha garganta era un sepulcro vivo
que, de continuo abierto,
lo mismo devoraba al chacal bravo
que al pajarillo tierno.
Acercósele un día,
con ánimo sereno,
el águila real, y al ver tal presa,
lanzó el reptil silbidos de contento;
y luego, amenazante, y en el aire
la frente audaz irguiendo,
intentó fascinarla
con sus miradas de fulgor siniestro.
Mas no pudo; y entonces
la reina de las aves, sonriendo,
la dijo: -«Desdichada,
»desiste de tu empeño;
»la que al dejar su cuna, ya afanosa,
»buscó la viva luz del firmamento;
»la que ha mirado el sol de hito en hito,
»¿cómo puede cegar al débil fuego
»de tus menguados ojos?
»¿cómo puede temer tu encantamiento?»-


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El pecado, hijos míos,
es la serpiente boa del desierto;
¿queréis que sus maléficos encantos
resistan vuestros pechos?
Pues haced lo que el águila:
acostumbraos a mirar el cielo.