Las armas del amor

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Las armas del amor


 De tus doradas hebras, mi señora,   
 Amor formó los lazos para asirme;   
 de tus lindos ojuelos, para herirme,   
 las flechas y la llama abrasadora.   
 

 Tu dulce boca, que el carmín colora,  
 su púrpura le dio para rendirme;   
 tus manos, si al encanto quise huirme,   
 nieve que en fuego se me vuelve ahora.   
 

 Tu voz suave, tu desdén fingido   
 y el albo seno, do el placer se anida,  
 pábulo añaden al ardor primero.   
 

 Amor con tales armas me ha rendido;   
 ¡ay armas celestiales!, ¡ay mi vida!,   
 yo soy, yo quiero ser tu prisionero.