Las beldades de mi tiempo/Juicios

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JUICIOS CRITICOS


No queriendo privar a mis lectores de los comentarios y juicios criticos, a que dió lugar la publicación de algunos capitulos de Las beldades de mi tiempo, por una parte; y por otra la circunstancia de que mis criticos tengan ocasión de figurarse que suprimo sus juiciosos comentarios, por egoismo o pasión de autor, he decidido reproducirloa al final; y lejos de vituperarlos, les declaro que les estoy por ello muy agradecido, sobre todo, y en primer lugar, a mi amable coetánea de los 48 a oro.

Lunes, 16 de febrero de 1891.


Señor Santiago Calzadilla.

Muy estimado amigo:

En vista del ferviente culto que profesa Vd. a la mujer, debernos todas las que pertenecemos a este sexo, llamado con propiedad débil, puesto que no estamos munidas de las armas de la defensa contra ese otro sexo que se, acostumbra llamar fuerte, demostrarnos reconocidas a tan noble campeón, sostenedor de sus derechos y sus prestigios, como también entusiasta admirador de las gracias exteriores que las adornan, herencia que se trasmite por la sangre y recuerdo que se graba en la mente. La idea de la belleza, siendo eterna, imperecedera, las generaciones al sucederse van trasmitiéndosela de unas a otras, no llegando nunca, los colores de la paleta ni el blanco marmol a dar una reproducción perfecta de aquellos rostros encantadores, cuyo recuerdo usted evoca. Diohosos los centros que pueden contar con hombres dotados como Vd. del sentimiento perfecto de la estética! Ellos llevan en si el mas rico tesoro que pueda encerrar el taller del artista consumado. Una vez el sentimiento percibido, éste se perpetúa y aquellas lineas purisimas, aquellas facciones correctas, aquella expresión divina que formo el rostro de Las bellezas de mi tiempo, sobrevivirá eternamente, a pesar de los años y la muerte! Vd. ha notado solamente los astros de primera magnitud de nuestro cielo, los unos ya apagados, otros en la decadencia, lanzando débiles destellos en su marcha, para reaparecer en otras constelaciones, a veces en un orden inferior. Agustina Rosas, Avelina Sáenz Valiente, tantas otras que a las gracias del rostro unian aquello de ser "muy instruida en achaques de saber", verdaderos astros que siguen todavia enviándonos su luz, la que vive en nosotros, nos ilumina y la trasmitimos como la mas noble herencia del ideal. A usted, amigo mio, le estaba reservado percibir esa luz negada a tantos, y ella debe ser la que lo guia a las regiones puras, en que su espiritu se mece y cuyos destellos nos llegan hasta nosotras.

Y no ha de faltar algún zonzo, que diga: — Vean a Calzadilla, entusiasmandose con la, belleza de la mujer, él, que solo se entusiasma con "los almuerzos de tenedor" que ofrece uno de sus mas generosos amigos, o las comidas del hotel del Tigre. Déjelo no mas decir, que nosotras las de su tiempo sabemos que usted ha sido siempre sensible al arte bajo toda forma, y que nadie ha, tocado en el mismo repertorio de Thalberg Como usted. ¡Digales a esos que toquen aquel famoso andante! Las variaciones sobre la “Shamira”, “Hugonotes", “Don Pascuale” ¡usted me ha hecho feliz! En esta época calamitosa por que atravesaumos al despertar de un sueño turbado por la idea dominante, y que parece estar en la atmósfera misma de una conjuración, de una revolución a estallar; en que un carro parando bajo nuestro balcón nos hace sentar en la cama Y dar voces porque nos parece ser el ruido de un cañón; en que todavia medio dormida pedimos a la sirvienta La Nación para leer las noticias, imaginese usted qué consuelo, qué balsamo experimentaria el domingo proximo pasado al encontrar en la interesante sección de Argos la primer. que usted nos ofrece. ¡Quién habia de ser sino usted el que nos sacara de este sopor en que vivimos! ¡Gracias, mil gracias, por el regalo! Viera como nos hemos reido, unas cuantas de mi tiempo, leyendo el V capitulo de su libro. Siga adelante, amigo mio. Mire que es delicioso lo que Vd. nos viene a recordar! Yo, por tradición de familia, sigo viviendo en el barrio del sud, y ayer reuni a unas cuantas amigas y amigos (entre ellos estaba Tobal), y yo, calándome las gafas, me puse a leer en rueda. Creiamos morirnos de risa,y hubiera usted visto a Tobal hacérsele "agua la boca", cuando llegué a aquello de las masitas del puente de las beatitas! Y agregó Tobal: — ¡Qué se van a comparar las empanadas de ahora con las de entonces! Y a propósito de empanadas nos conto un cuento muy gracioso. Dice que él, una mañana muy temprano se dirigió como de costumbre a la iglesia de San Francisco, cargado de rosarios, de devocionarios, escapularios, en fin hecho un santo, y que estando él entregado a oraciones vino a hincársele al lado el mulato Pastor, sirviente criado en su casa, y que golpeándose el pecho le dijo bajando la cabeza con aire contrito: -Manda decir D. G. que donde se venden las empanadas que le dijo. —Calla, muchacho, dijo Tobal, golpeándose también e1 pecho, a1 mismo tiempo que hacia pasar las cuentas de su rosario; ¡no me tientes, por Dios! Pero el mulato impertérrito, seguia diciendo: —Dice que le mande decir donde... — ¡No me tientes, te digo! ¡Ave Maria, gratia, plena! ... en la calle de... núm... frente a..., casi en la esquina... una puerta pintada de... ¡Vete, demonio...! — Amén... , ¡Que, se, rió con el cuento de Tobal! El caso es que todo el dia de ayer lo pasé leyendo al auditorio, renovado a cada momento, porque yo como me eduqué con la de Patiño Y conclui mis estudios con las de Guerra, soy la lectora de la casa, y no digo qué más soy... porque usted lo va a contar. Mas tarde fueron llegando otras del barrio, y una de esas que tienen al dedillo todos los nombres y cuentos de aquellos tiempos, decia llorando de risa: ¡Si vieran Santiago y Gregorio! ¡Qué nombres aquellos!: María Mandevilie, Lucia Riera, las de Agüero, Sarratea, Beláustegui; en fin, ¡qué mundo aquel, qué tiempos dichosos en que no habia ni polvos de riz ni veloutine! ¡y aquellos tipos inmortales! Bartolito Muñoz, Tartás, el maestro Rogue! Recuerdo que mi madre contaba que Roque enseñaba, a tocar e1 piano y a cantar sin conocer conocer la música. Y todas sus discipulas recordaban la cancion del Ramito que él les enseñó Y usted ha olvidado otro negro maestro de canto cuyo nombre no recuerdo, de quien cuenta Palemon Huergo, que en aquellos tiempos en que nadie cantaba en francés, él pescó de no sé donde una romanza cuya letra empezaba: Je te revois — Pero como el negro no entendía de reglas de pronunciación y seguia las de aquel del cuento del espiritual Lucio Mansilla de que tutes les letres son faítes, pur etres prononsés, y esto con pronunciacion castellana se lanzaba no mas a cantar, y abriendo tamaña... boca, -decia a gritos sin cuidarse de tono ni de nada. ¡Jete revoi! ¡Qué tiempos alquellos! Ahora al negro le tirarian con papas. ¡Y qué inocencia! Lo que usted nos cuenta del traje mujeril adoptado por la autora de sus dias para mandarlo a la escuela, pinta lo que eran los muchachos de entonces! ¿No sera debido a la influencia de su primera educación, ese culto, que usted profesa por la belleza de la mujer? ¿De modo que si usted no se hubiera despertado seguiria siendo un santo? Seria de aconsejar a las madres adoptar el traje de mujer para los niños varones hasta la edad de 13 años, sin olvidar "el sombrerito de paja de Italia adornado con una pluma colorada" que, según usted dice, la sentaba muy bien. Adelante, amigo mío, en la obra empezada. Siga obsequiandonos con otros capitulos de su libro, y si algunos datos puedo suminirstrarle, dirijase a: Una de cuarenta y ocho (a oro).


Y OBES


De la siguiente carta doy traslado al señor Calzadilla. En ella se refuta una aseveración hecha por este señor en el capitulo VII de su eminente libro, que esta siendo el plato preferido en nuestros circulos sociales. El sabra defender la verdad de sus aseveraciones-. "Mi amigo Argos: Aqui donde tú me ves, que si me veras, a pesar de la distancia dado que tantos ojos tienes, de tan intenso mirar que no hay detalle que te escape, - aqui donde to me ves, sobreviviente de aquella generación casi extinguida a la que pertenecieron los Esnaola y los Alberdi, — aqui, digo, en este mi gabinete de lectura, donde te leo dia a dia, he leido hoy un capitulo del libro de mi coctaneo Santiago Calzadilla, que exhuma de entre ese gran sepulcro del pasado, tipos, costumbres, fisonomias de varios, anécdotas interesantes y recuerdos que yo guardaba en el almacén de mi memoria de ochenta años, medio borrosos y —— ¡ay! con esa vaguedad melancolica de las cosas muy lejanas. Asi, medio perdidos mis recuerdos, ocurrióseme una duda que quiero tengas la fineza de aclararme, en nombre del autor. Relatando éste cómo fueron conquistados algunos ingleses que parecian invulnerables por las bellas de mi tiempo, concluye diciendo de los Downes, que el vulgo les altero el apellido llamandoles Obes, de donde salieron, agrega, los Gelly y Obes, los Herrera y Obes, etcétera. Aqui de mi duda; don Lucas Obes, abuelo materno del actual presidente de la República Oriental ¿no habia nacido por ventura en Montevideo mucho antes de la venida a la República Argentina de los hermanos Downes? ¿Qué puede haber de común entre estos ingleses y el general Melchor Pacheco y Obes? Que a los britanos aludidos, concluyera el vulgo por llamarles Obes, lo admito; que de ahi saliera toda la larga descendencia de los Obes, no solo lo dudo, sino que me atrevo hasta afirmar que el establecimiento de éstos en el Rio de la Plata arranca de una época anterior a la venida, de aquellos estimables ingleses. Trato de reunir y coordinar algunas paginas dispersas que tengo de aquella mi juventud ya tan lejana, y es por eso que deseo aclarar todo aquello, que luego de aclarado, me facilite ir reconsrtruyendo la obra que tengo en preparación. Me despido ya. Y advierto ahora la familiaridad del tratamiento que contigo me permito. Has de disculparmelo, en razon de la diferencia enorme de nuestras edades. Tuyo, muy tuyo. — Juvencio Arenillas.


OBES


Tiene mucha razon don Juvencio Arenillas, mi impugnador, que rectifica el nombre de Downes que apareció por el del ilustre filosofo inglés Thomas Hobbes, que fué el que yo creia que habian españolizado, convirtiéndolo en Obes, como lo fueron muchos otros, v. g. con el del Dr. Eduardo Costa, hoy ministro, y que desciende de familia francesa, que se escribia Costa; y solo por error dc copia., o de imprenta quiza, salió este quid pro quo que me da el placer de ponerme en relaciones con un contemporaneo de principios del siglo, don Juvencio Arenillals. También puede haber sido la causa de la equivocación el que todos los nombres ingleses

que tienen tantas s dobles, como W también dobles, que
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se confunden como las caras de los japoneses, que son distintos, y uno cree al mirarlos que es el mismo que vió antes; y de ahi nace el error. En cuanto al señor Lúcas Obes, es argentino y no oriental, como Paunero, y como mi impugnador lo quiere hacer aparecer ahora, pues a ejemplo de Rivadavia echó en Montevideo las bases de la ciudad nueva, y de la hermosa calla del 18 de Julio: ¡nada menos!

Queda salvado el error y de Vd. su obsecuente servidor. — El autor de las "Beldades de mi tiempo".


AL AUTOR DE LAS "BELDADES DE MI TIEMPO"
Estimado señor:
Ei solo anuncio de la aparición de un nuevo capitulo del libro de Vd. (todavia inédito y ya saboreado, como dice Argos), es una promesa que prepare el animo a la grata fruicion que su lectura produce estableciéndose entre el autor y el lector, una comunidad de ideas y sentimintos al evocar el recuerdo de otros tiempos, al que esta ligado tanto nombre simpatico al oido como el de una música que se ha, escuchado en especial situación del animo, recuerdo imborrabie que supera a otros que el tiempo destruye. Al interés de la lectura va unido el de la curiosidad que la supresión de capitulos despierta; y si esto nos pasa a, los del sexo... feo, qué no sera entre las del... bello! Dereohitas se van a ir todas al capitulo VI, a ver qué cosas les cuenta Vd., porque como muchas de ellas saben que las conversaciones de Calzadilla son para hombres solos, lo que al fin de cuentas es un desaire que Vd. les hace, desean penetrar en esos secretos que Vd. les reserva, ¡Y para que el interés sea aún mayor vienen los comentariosl Ayer fué una de 48 años, a oro, (lo que parece ser cartilla vieja y tener mucha letra menuda.) que lo animé a contrinuar la obra empezada, y que agrega nuevos datos de aquellos tiempos y alaba su inocencia. Hoy es Juvencio Arenillas; mañana un Inglés criollo. La verdad que yo seria de opinion de que se agara la suscrición adelantada del sabroso libro, porque para muestra, basta un botón. La verdad que a mi también me dieron tentaciones de salir corrigiendo la ortografia de los nombres ingleses; pero me dije: — ¡quién me mate a mi en camisa de once varas, si al fin de cuentas todos los entienden lo mismo, y eso que ahora
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se ha adelantado mucho en la manera de pronunciar los apellidos extranjeros, como yo que soy uno de aquellos que tuvireron que arreglar el suyo a las reglas de la pronunciación castellana; porque ¡qué diablos! si era inutil pretension romper las lenguas, tal es la cantidad de W y de doble T que contiene. Ahora me dejo llamar como a los porteños se les antoja, como la pasa a Bilinjurste, Ubilde, Uril, Briten, Argreaves (mas conocidos por Francisco). ¿Qué extraño es que Hobbes haya resultado Obes? Nada mas claro. En cuanto al apellido Costa lo tenia por italiano, y todos conocemos algún Giuseppe Costa, Bartolo Costa, Eduardo Costa, confiteros, almaceneros, changadores, carboneros, todos hablando o despedazando la bella lengua del Danie. Me alegro que Vd me cuente esto que es nuevo para mi. No sospechaba que el apellido Costa fuera francés. Y ¿a dónde dejo a los Tonquisones, como los llama en criollo mi espiritual amigo el Dr. Virgilio Tendin (no porque no sepa pronunciar el inglés, puesto que en este idioma tenemos alla en el Tigre largas conversaciones sobre Mr. Butterfly y otras celebridades), sino porque dice que asi todos saben de quién habla? Yo soy uno de esos ingleses a quienes alla por el año 40, se les llamaba pringo, nombre impuesto por el señor don J. Manuel de Rozas (el que estaba destinado a vivlr y morir entre ellos!), y hacia entonces bastante tiempo que habia echado raices en este país, porque yo fui uno de aquellos el tiempo, de los Gowland, Parish, Plowes, y tantos otros que cayeron en el garlito, como Vd. dice, y que no resistieron al encanto de "las beldades de mi tiempo". — Y entonces cuando una muchacha del país se casaba con uno de nosotros, no se le llamaba en familia sino el inglés, porque lo de pronunciar el nombre era muy dificil. Y el prestigio de estos "malditos condensos", como dice Tedin, era tal, que a una señora de aquellos tiempos que alcanzó a dar tres veces e1 si, le toco en suerte en una de las tres ruedas un compatriota mio, y ella, cuando el último feliz mortal no estaba presente, decia lnnzando un suspiro: ¡Ninguno como el inglés! Después estuvimos un poco de capa caida, porque vinieron los edemanes, que nos sacaron la oreja, y a quienes dieron en llamar sacaclavos, porque en estas familias porteñas en que suelen encontrarse en una sola casa un lote de media docena de niñas casaderas, cuando entraba uno de

esos no lo soltaban a dos tirones y como nunca falta un roto para un descosido, salian los padres generalmente
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de la mas fea y madurita; porque como decia muy oportunamente mi querido amigo Leon Isaac (a quien llamaban Isaac), a falta de pan buenas son tortas, porque ya se sabe que casamiento y mortaja del cielo baja y es como el comer y el rascar; todo esta en empezar, y cuando la mayor se casa siguen las otras, asi como cuando esto no sucede, se quedan todas para vestir santos, lo que dicen que no es muy divertido. Pero volvamos a los ingleses, que no hay que solitarios a dos tirones, como Vd. dice, y dejemos a los alemanes, porque bien puede ser que mañana salga algún súbdito de esa culta nacion, protostando con lo de designarlos por el titulo de sacaclavos; y eso que yo me guardo bien de nombrar a ninguno, porque me habrira de corregir la ortografia Vd. es tan sumamente galante con mis queridos compatriotas, hasta atribuirles a uno de ellos, Mr. Brittain, (con dos T), el haber introducido la pera de agua! ¡Pero si ahora todas las peras son de agua, señor don Santiago Calzadilla, y esa que Vd. designa es a la que ahora se conoce y es de buen tono dar el nombre en la mesa highlifes, de "Buen cristiano Williams," ¿Quién seria ese bendito que inmortalizo su nombre en una pera? y qué me dice Vd. del que se lo lega a un melon? - Pero volvamos a las peras. Cuando se introdujo la, pera de agua, no se conocia sino la perita parda, arenosa, que se ponia en la carbonada, plato criollo que me gusta mucho. Aquello fué un acontecimiento. Ahora ese "Buen cristiano Williams" ha degenerado: Sus descendientes son raquiticos (lo que no pasa con los ingleses, porque la raza anglo-porteña, es la mas bella, opinion general) y sino que lo digan los retoños de los Tonquisones, Gowiland y tantos otros, sin hacer figurar

los frutos del arbol de que yo formo el tronco, porque mi modestia me lo impide y dejo a otros hacer su elogio. Y volviendo a, las peras, diré con Vd., respetando la opinion de Brillant-Savarin — dime como comes y te diré quién eras, le diré que esas, peras de agua me recuerdan algunos de los banquetes del señor don Miguel de Riglos, el gentleman mas cumplido de mi tiempo, y tan cumplido que entonces solo él sabia hacer cortesias y saludar a las damas con una galanteria que demostraba su culto por ellas. Recuerdo que a una de esas comidas lo invito a Sarmiento, entonces joven todavia, y éste que era muy disitraido, se olvido y paso la hora de regla, Y el dueño de casa se deshacia en conjeturas hasta que allá tarde llego Sarmiento, contando que se habia olvidado
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olvidado y que en su casa habia comido mazamorra y carbonada! —- lo que no impidio que se sentara a la mesa y gustara delos ezquisitos platos que él condimento con la sal de su ingenio. Pero terminaré aqui preparándome a dlscutir sobre peras la primera vez que nos encontremos en una de esas comidas o almuerzos en que Vd. es el alma, porque la verdad es que, según dicen todos, no hay fiesta completa sin Calzadilla. ¡Lastima quo sea para hombres solos! exclamara mas de una. Por favor, acabe Vd. de despenar a tanta infeliz y publique ese capitulo VI que Vd. ha suprimido por no poder figurar en la seccion de Argos, lo que se comprende bien en vista de los colores con que dice Vd. haber pintado el cuadro. No sea tan egoista, como diria una amiga mia, y no haga como cierto inglés, que en una reunion de hombres solos qniso hacer un speech y tres veces se puso de pie y dijo: ¡Señores!... Concibo... ¡señores!...Concibo... ¡Señores! ... Concibo... hasta que uno de los concurrentes, levantando la voz exclamó; Pero este hombre, que ha concebido tres veces y nada ha dado a luz! No haga que se diga lo mismo de Vd. Hasta la vista se despide. - Un inglés Criollo.


PARA EL SEÑOR INGLES CRIOLLO
Señor Argos:
Empezaré por decirlo que me ha puesto las peras a cuarto, y basta el largo pedigrée que me indica sobre la genealogia de las peras de agua, para convencerme de que todos los de su nación comen peras en el guiso, en compota, en almibar, y en conclusion en aguardiente. De todos modos me quedo con que mi pera de agua no es su cristiano muerto, Williams, pues la genuina es en Diciembre, y la única que se toma por Navidad se echa a la boca, y es un trago de agua azucarada con gusto a verde. No esperaba nunca que estos apuntes al correr de la pluma, que yo titulé Las Beldades de mi tiempo, asumieran las proporciones de un acontecimiento literario y tuviera, la satisfacción de ser equiparado al general Mitre que rectifica a Lopez, y este escritor a su vez, a Mitre, dejando al público tan incrédulo como antes, pues los dos tienen a su vez razon, y a mi la satisfacción de que se publiquen articulos tan espirituales como el del Inglés criollo, en su seccion de ayer, y que lei con mucho placer. Ahora, en cuanto al VI capitulo,
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y que como es el VI tiene 7 bemoles, pues ordena que no hablemos mal del proxirno, ni mintamos, y otras recomendaciones que por sabidas se callan, no se lo puedo soltar por ahora, por el estado de sitio que nos pone un tapon o sea corcho en la boca. Lo veran a su tiempo, satisfaciendo asi su curioso deseo. - S. S. El autor del libro.


CONTRARREPLICA

Juvencio Arenillas no quiere quedarse callado. Ayer me envio su contrarréplica al autor de Las Beldades de mi tiempo, la que debi demorar hasta hoy porque se le habia anticipado el Inglés Criollo, que la emprendió ayer mano a, mano con el señor Calzadilla, sin dejar hablar a nadie. Hoy habla Arenillas, como él sabe hacerlo. Yo presto gustosisima, hospitalidad a tan distinguidos colaboradores; pero me permito repetirles lo que decia aquel popular vendedor ambulantez ¡No se amontonen! Dejen que el señor Calzadilla elabore tranquilamente los capitulos de su libro y no lo atosiguen con escritos de todo calibre, obligandolo a trabar polémicas cuando necesita tranquilidad de espiritu. No oculto mis sentimientos egoistas temo quedarme sin nuevos capitulos, y la verdad es que no vale la pena Obes mas o menos. Habla Arenillas:



Mi amigo Argos:

En esa seccion tuya, en la que mezclas y tratas con la misma rectitud de criterio y solidez de raciocinio las cuestlones politicas y sociales de mas trascendencia, como aquellas que afectan a, las mejoras materiales del municipio, un tanto descuidadas, — en esa amenisima sección en la que lo mismo me doy cuenta de las últimas novedades literarias y las flamantes herejias economicas, como del pésimo alumbrado público y de la indolencia de los inspectores municipales, - en esa tu sección, se ha servido hoy contestarme el simpatico autor de Las Beldades de mi tiempo, felicitándose, como

yo a mi vez, de ponerse en relaciones con un contemporaneo de principios del siglo. Si soy dado a las antigüedades, si mas de una vez me he sentido verdaderamente deleitado siguiendo sobre las paginas de Mesonero Romanos
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romanos — ese Argos afanoso de los archivos matritenses, — las varias faces y las transformaciones que al través de los siglos hanse ido operando en la coronada villa del oso y del madroño, si asi me atraen las cronicas antiguas de allende los mares, haciendo revivir el pasado y animandolo con el soplo de la verdad historica, - ¡cuanto mas atrayentes no serian para mi esas descripciones y pinturas de don Santiago Calzadilla! ¡Qué fruición tan agradable no se experimenta, contemplando al través de diez lustros, aquella Buenos Aires de edificación poco elevada, de casas amplias, de patios sevillanos, sombreados por enormes parras y adornados con el gran brocal del aljibe de estilo arabe... aquella Buenos Aires, sin estos esplendores, sin estos bullicios, sin las fiestas rumorosas del Tigre y el desfile clasico de las bellezas palidas de las noches de Palermo; pero cuyas reuniones animaban mujeres de la belleza extraordinaria de Agustina Rosas, o tipos casi soñados, que dirianse creaciones de poeta, como el de esa tucumana de gracia seductora que inspiró a Marmol las mejores paginas de su novela. — aquella Buenos Aires en cuyos salones daba la nota mas alta del buen tono don Juan Bautista Aiberdi, en cuyos festivales sonaban los cantos de ruiseñor de Echeverria y en cuyos parlamentos somedian varones de la pujanza intelectuai de Gomez y Dorregofii. Discúlpame, amigo Argos, que ahora he de concretarme puramente a soplar con toda la fuerza de mis pulmones a objeto de ver si logro disipar esa especie de neblina en la que a manera de penumbra en el exordio de su carta, me da Calzadilla la explicación del error en que incurrió, rectificado en mi carta anterior. Dice el señor Calzadilla que yo tengo razon "porque el nombre de Dowes apareció por el del ilustre filosofo inglés Thomas Hobbes, que fué el que vulgo convirtio en Obes." Pasmado y no mas dejáme la explicación en el primer momento, primeramente porque con ella se daban como personajes de mera concepción imaginaria a los hermanos Dawes, — luego porque el filosofo aludido, preceptor de Carlos II de Inglaterra, fué célibe, y si tuvo descendencia ésta no llevo su nombre. Por manera que si algún inglés, con el correr de los años, y casi podria decir de los siglos, descendiente ilegal de aquel epicúreo

de la época de Cromwell, vino a establecerse por estas orillas del Plata, no l1evó su apellido, y por consiguiente no pudo haber alteración alguna de lo que no existía. Si he citado a don Lucas José Obes, no ha sido para
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reclamarlo como una gloria uruguaya. Su vida politica toda se desarrolló en la Repúiblica Oriental, Nacido en Buenos Aires, según su biografo José Domingo Cortes, adopto a la primera como su patria. Desde juego, si ya en 1831, debido a los esfuerzos de su ministerio, se demolian los muros de Montevideo, que oprimian a ésta como una cintura de hierro, si ya entonces era una personalidad saliente en el escenario politico de las repúblicas del Plata, no podia, por su edad; descender de ninguno de los hermanos Dowes, venido a, estos paises muy pocos años antes, cuando ya habia, nacido el señor Obes. De manera, pues, que resulta de la exposición que hace el señor Calzadilla, que los Gelly de Buenos Aires, y los Herrera de Montevideo vienen directamente del egoista y utilitario filósofo de Malmesbury. Proteste ahora el espiritualista y platonico primer magistrado de la República Oriental — y ya vera que el autor de Las Beldades de mi Tiempo, le explica cómo buscando en ciertos gustos, por leyes de herencia, por propensiones de temperamento y por analogias de caracter, tiene que ser forzosamente un retoño de aquel gran arbol, que dio sus mas repugnantes frutos en la célebre universidad de Oxford. Ahora, no quiero despedirme de ti, Argos, que me das hospitalidad en tus columnas, ni de mi coetaneo Santiago Calzadilla, que ha removido mis recuerdos de otras épocas, sin manifestar que se incurre en otro error cuando se afirma en la carta de ayer que contesto — que el general Wenceslao Paunero es argentino de nacimiento. Cierto es que cuando después de la cruzada del 19 de Abril de 1825, a que dieron nervio el rudo, pero arrogante y patriota Lavalleja y el aliento varonil de don Manuel Oribe, — cierto es que cuando a raiz de aquella altiva declaración de guerra al imperio, los hermanos de aquende el Plata quisieron olvidar antiguos rencores y llevar el concurso inestimable de su ejército, el joven Paunero se alisto a la sombra de la

bandera argentina, entre las fuerzas con que contribuyó la heroica provincia de Corrientes, y luego de conquistada la independencia de la República Oriental, siguió su carrera militar en el ejército argentino. Auxiliar poderoso del general Paz en la campaña de Cordoba, tomó parte principalisima en la accion de armas de San Roque contra Bustos y en las batallas estratégicas de la Tablada y Oncativo de las que decia, el barbaro que animó las paginas del Facundo de Sarmiento, que el manco tactico lo habia derrotado con figuras de contradanza,
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Todo esto será de una rigurosa verdad histórica, como que también Paunero contribuyó con su espada a adelantar la organización definitiva de la República Argentina, en Cepeda y en Pavón, que la sirvió con su pluma en la prensa y con sus altas dotes de diplomatico en las relaciones internacionales; pero no es memos cierto que hasta los biografos argentinos del general Paunero, entre ellos el laborioso e ilustrado general Garmendia, estan contestes en que aquel nació en el departamento de la Colonia, en el año de 1815. Termino ya estas lineas incorrectas. Quieran Argos y el señor Calzadilla disculpar mis impertinencias y ordenar a su muy atento y S. S. — Juvencio Arenillas.


LOS INGLESES Y LAS PERAS

¡Pues no sale ayer en la pesca un Inglés criollo corrigiéndole la plana al autor de Las Beldades de mi tiempo, diciendo que la pera que hoy se conoce con el nombre de "buen cristiano Williams" es la misma que con el de pera de agua, introdujo el señor Brittain, allá en los tiempos en que el señor don Miguel de Riglos daba banquetes! -— Nunca figuró tal pera en aquella mesa, porque no se conocia, y hacia ya muchos años que aquel elegante comedor se habia cerrado cuando se introdujo el buen cristiano Williams. La pera que figuró en aquellos surtout de plata, fué la que entonces se conocio por el alarmante nombre de Cuisses de dame. Permitame el inglés criol1o que sobre otro punto le corrija la plana.

El inglés es fuerte en refranes, y los aplica mejor que Sancho, pero de peras no entiende jota, se lo repito. ¿Qué nos viene contando de que el buen cristiano Williams ha degenerado, y que sus descendientes son raquiticos? Se conoce que no he visitado la linda chacra del doctor Eduardo Costa. Alli veria bellos ejemplares de esa hermosa y sabrosa fruta que destila... agua cuando se le clava el diente! ¡Y si fuera a enumerar todas las peras que allí pueden gustarse! Saint-Germain, Culotte —de Suisse, Duchesse d'Angouléme, Calabaza,

Gran Mogol, Beurret d'Alanmbert, Louise Bonne, Van Moss, De Curci, pera, Barril, etc., etc. Basta de peras que se me está hacienda agua la boca de solo nombrarlas; aplacemos un certamen sobro este delicado fruto,
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para el que nombraremos juez al autor de Las Beldades de mi tiempo, quien no desdeñara el honor de salvar el buen nombre de las peras argentinas. Saluda atentamente al señor Argos. —— Un entrometrido.


PERAS
Señor Argos:

Perplejo me encuentro al dirigirle la palabra, porque me apercibo que los que diariamente se permiten manosearlo, emplean indistintamente el respetuoso tratamiento de Vd, o simplemente le dan e1 tú, o el vos porteño que tanta gracia nos hace a los extranjeros, y mas aún cuando va acompañado de un ché. Por eso es que Pennano, ese otro gringo acriollado, cuando lo contradicen, dice, dándole un manotén a su interlocutor: ¡Cayate, vos, ché! - Yo adoptaré el usted, que en inglés es you, porque el thou es bueno para los poetas o los enamorados, y el tú castellano para un Juvencio Arenillas que ha remontado su vuelo a regiones muy altas, a las que tendra que seguirlo el galante autor de Las Beldades de mi tiempo, porque ¿cuando se va a quedar él sin contestar, si a mi, pobre inglés criollo, me ha dirigido palabras tan amables? Pero el objeto de ésta, señor Argos, es contestar por su intermedio a Un catman acriollado. Si señor; es culpa mia haber omitido un detalle que es trascendental, porque ya que de peras me meti a hablar (lo que no es para todos), debo decir que si bien es cierto que la pera conocida en la historia gastronomica con el nombre de buen cristiano Williams, es de origen francés, perfeccionado por un inglés llamado Williams, que quiere decir Guillermo, convertido en apellido, como sabemos, conociendo todos a, Jorge Williams, padre de tantos Williams que, si bien no han dado el nombre a, ninguna pera de agua, hay uno de sus descendientes que inmortalizaré, el suyo en bellas inspiraciones musicales, que por cierto sonde un gusto nada criollo y mas parece que hubieran nacido de uno de esos caletres alemanes que cuentan que tienen mucho seso porque hasta han sido pesados. Y aqui hago punto final con la misma,

porque si empiezo es la historia de nunca acabar, (pues
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SANTIAGO CALZADILLA

aunque soy inglés entiendo un poco de música), y sobre todo soy buen oidor, como se encuentran pocos, y ando siempre a la pesca de buenos pianistas; pero ¿en qué me estoy metiendo, si yo iba a hablar de peras? Es que tocando el punto de la música, pierdo la cabeza. Por eso es que siempre me han de ver del brazo de Williams, Aguirre, Nayer y tantos otros. Yo queria explicar al catalán acriollado, puesto que él espera que yo lo saque de dudas, como el buen cristiano se convertio en buen cristiano Williams, asi como si mañana algún porteño perfeccionara por los injertos o las púas o no sé por qué otros procedimientos una pera ya buena, la que en vez de destilar agua azucarada con gusto a verde, destilara agua de Colonia.

Veamos un ejemplo: Si al autor de Las Beldades de mi tiempo le diera, por dedicarse al perfeccionamiento de las peras, tendriamos al buen cristiano Williams convertido en buen cristiano Calzadilla. ¿No es esto logico? Pero soy de la opinion de Argos, que con razón dice: "¡No se amontonen!", porque vamos a atosigar al autor que necesita tranquilidad de espiritu, porque, como él dice, las ideas se le agolpan, y a veces se le quedan las doble V o las dobles T en el tintero. — Saluda. atentamente al señor Argos. — Un inglés criollo.

¡He aqui otro que bien canta en la cuestión peras! Oiganlo nuestras lectoras.

— En la sabrosa cuestión de las peras que ya se está pareciendo a la de si fué primero la, gallina que el huevo, he recibido la siguiente misiva que me ha hecho completamente feliz y que perderia toda su belleza si se le variara una letra o quitara una tilde: "Amigo Argos, Como todo lo que haga en tu espiritual y ameno secion muy ha agradado la discusion que bien poderiamos llamar perana entre el amable viejo Calzadilla, el ingles criollo o el catalano acriolado, no vé a terciar en la discusion solo viene reclamar, salvo error ou equivocación, como dicen los señores financistas para mi beau paya de France la, origem, mas bien la invencion de la pera del bueno christiano. Se biene me recuerdo la tal pera de bon chretien fué obtenido por una hybidacion horticola hecha pelo habil horticultor Vilmorin, y hiz su primera aparicion en 1867 en la exposicion de Paris. Albion como siempre invejosa de Franza quiz obtener major y assim nasciu una pera, aperreigoada, a que se le ha dado para la distinguir de lo franceza el nombre de para William del bueno christiano. Mi señor padre viejo tabellon de hypotecas, muy dado a, horticultura; y gran coleccionador de peras, poseia las dos variedades que me recuerdo ter comido en mi terna mocidad con toda la golodica y respeto, que pedia tan saborosa fruta. Disculpe esta reclamacion horticola, e ere me sempre su amigo dedicado. —- Un frances americanisado.

Han entendido ustedes? No? pues ni yo tampoco! Adelante con los faroles...