Las beldades de mi tiempo/XIV

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CAPITULO XIV


Ojala "este eterno femenino" como he dicho Castelar, que en todo esta, y que en todas las partes "se muestra invisible", pero que hace influencia y se manifiesta a las claras por esos medios de su encantadora indole ¡la seducción! ¡ojala, repito pudiera la humanidad prescindir de él!

¡Las mujeres y las flores! es claro que para el mundo entero no hay nada que mas llame la atención. ¿Y como no? Para qué han venido al mundo los dos sexos?... ¡para, amarse! me van a contestar ¡convenido!... ¡y para no amarse también! y sino ahi están las grescas matrimoniales que son el pan nuestro, puesto que se renuevan cada dia...

Como es sabido y nadie me lo negara, Dios creé el mundo en seis dias y el séptimo, según las escrituras descanso... pero ¿cómo descansó?... creando las flores. para nuestro recreo, como ha dicho muy bien un célebre escritor: las estrellas para nuestra admiración (el tal escritor debió escribir esto antes del descubrimiento de la astronomia) y las mujeres para nuestra dicha (devoción diria yo); asi ellas son el centro de nuestra felicidad aunque no en todos los casos, V. g. cuando nos dan calabazas que a ninguno sientan bien, que es el peor dar en que han dado en dar, como lo decía decía Quevedo; sin embargo de que muchos las merecen, confesién que hago a mis lectoras en secreto.

Las comparamos a las flores por la elegancia de su porte, por la belleza de sus formas, por el brillo de sus colores, por la suavidad de sus modales y el perfume, etc., etc., que la hermosura encarna en todas sus combinaciones.

Unas veces las comparamos por su modestia con la violeta, y resulta, que encúbren tales... cosas que nos condenarian a llanto eterno, si haciendo acto de resignación cristiana, no lo llevaramos en amor de Dios.

Para que la comparación poética fuera exacta, seria preciso quitar a la mujer, ha dicho otro autor que tampoco es de mi tiempo, el alma humana, eterna y responsable, sujeta a todas las contrariedades y expuesta a todas las turbaciones... Ojala no tuvieran sino una alma inherente a su pureza, inalterable en su candor y que perdiera en duración lo que las flores ganan con su perfume!

Asi convendrian todas... sin excepción...

Pero sigamos con la cruz a cuestas, como aquel que refiriendo un hecho, decia a su interlocutorz le juro a usted por esta cruz (mirando a su mujer que teniaen frente) que es cierto lo que le estoy contando.

¿Acaso creeran ustedes que se me han quedado en el tintero, por olvido, tantas otras bellas mujeres, de rostro, de cuerpo y de formas plasticas; en fin, que aun no han aparecido en mi galeria? ¡Qué esperanza! ¡qué engaño!... es que las reservaba para el postre, como se hace con el mejor, e1 final de este capitulo. Una de ellas es la bella, para entre las bellas, Catalina Benavides, que alla por los años de 35 a 36 fué en Buenos Aires lo que en Santiago de Chile fué la bellisima Julia Borgeño Borgeño de Serruis, en 1846; y con permiso de ustedes y del Alcalde, la mas hermosa mujer que hayamos conocido fuera de aqui los emigrados argentinos, según su voto unánime y absoluto. Pues, para dar idea de la belleza de Catalina, nada es mas propio que compararla a Julia Borgoño, y la de ésta a la de aquélla, cuyo nombre era universal a lo largo de la costa del Pacifico.

Pero por este lado del Atlantico, otra criatura encantadora se imponia a la admiración de todos y... a la adoración de muchos, era Leandra Gómez, conocida mas que por su nombre, por "La diosa de los cercos". Vivia en una quinta que enfrentaba a la Santa Casa de Ejercicios. Se casó esta beldad con un alemán, del cual no podia decirse lo que generalmente de sus compatriotas, sacaclavos, sino pescador de perlas, pues se la encontró un dia prendida en sus redes. De la belleza y rasgos de Leandra puedo dar una idea comparativa con Lucrecia Guerrico de Ramos Mejia, la cual tiene gran semejanza con la Diosa de los Cercos.

En la actualidad es mas numeroso e1 gremio de las lindas mujeres, pero esto, a mas de que es consecuencia o resultado del incremento inmenso y hetereogéneo de la población, carece (y seria curioso investigar el por qué) de las excepciones tipicas, que caracterizaban las beldades de mi tiempo, las que eran verdaderos astros en el cielo argentino, brillando luminosos como Venus, como Sirio y Marte. Es de conjeturar lo que escribiera de ellas, Flamarion, si hubiera tenido la felicidad de conocerlas.

La primera de estas dos beldades, tuvo un fin que puede llamarse tragico. Esposa de Alzaga, el asesino de Alvarez, que perdia el asesino y la cabeza por su pasión desmedida al lujo y las joyas, después después de aquel terrible suceso llevó una vida deplorable y... hasta que fué enterrada viva. Depositado su cuerpo en la capilla del Cementerio por haber sido conducida tan tarde aunque precipitadamente, al día siguiente fué encontrada en un rincón de la capilla misma. Por un esfuerzo supremo había retoel cajón y salido de él, muriendo quizá recien de ese mismo esfuerzo. ¿Y Alzaga? preguntarán usted. Fué a sepultar su existencia allá por los confines de Misiones, entre esas poblaciones de indios barbarizados después de la expulsión de los Jesuitas.

Refieren personas que presenciaron el siguiente episodio. Cuando el general Paz formaba su ejército, en Corrientes, se presentó a él ofreciendo sus servicios, que el general Paz rechazó diciéndole que "en aquel ejército no había plazo para él".

Pero mas tarde parece que llevó una vida muy regular, a tal punto, que contrajo matrimonio con una muchacha, de lo mejor que por esos apartados lugares había encontrado. Tomó, no se si antes o después de su enlace, la profesión de maestro de escuela que ejerció por largo tiempo, durante cuyo período tuvo cuatro o cinco hijos que no se hicieron notar por su virtud ni buenas cualidades.

Un íntimo amigo mio que visitó Misiones en 1879 le conoció casualmente en "El paso de los Libres". Refirióme este amigo que un día, a fines de Marzo, se encontraba al salir el sol, en la puerta de calle de su habitación, y vió pasar por delante de él un hombre de figura quijotesca, alto, flaco, narigón y de fisonomia escuálida. Vestia pantalón y levita negra, ya muy raída, y llevaba sombrero alto y de felpa, bastante aboyado y medio ladeado.

Chocóle tanto lo raro del vestido y toda la persona persona, que no pudo menos que preguntar al sujeto con quien se encontraba, ambos tomando tomate:

— ¿Quién es este hombre de conjunto tan desagradable?

— ¿No lo conoce usted?

— No señor; y me parece que no es para conocido de nadie... qué tipo!

— Este es don Francisco de Alzaga, que vive en aquella casita solitaria por donde pasamos ayer y salia a ladrarnos una jauria de perros...

— ¡Ah, ya recuerdo! y me pareció muy natural y prudente que los moradores de vivienda tan lejana, tan apartada de la población, se rodearon de tan numerosa y formidable perrada.

- ¿Conoce usted su historia?

— Si señor, hasta su desaparición de Buenos Aires, y no sé por qué suponia que habia fallecido.

Entonces el le refirió como habia vivido hasta medio haberse rehabilitado con su conducta y la profesión que ejerció, pero, agrego, es desgraciado con sus bijos, uno de ellos está actualmente en la cárcel por un homicidio...

Mi amigo, al referirme esta anécdota, hacia reflexiones sobre el percance con el general Paz. ¡Quién sabe si Alzaga no buscaba una muerte gloriosa! ¿Quién sabe si no se hubiera convertido en un héroe?... pero como lo que se ignora no se sabe, todo queda para las conjeturas.

Esta hombre fué doblemente castigado con conservarle la vida.

Es este uno de los muchos sucesos que me han deeidido a inscribir mi nombre entre los partidarios de la abolición de la pena de muerte. La vida que ha llevado este hombre y los sufrimientos que ha probado, han contribuido mil veces más a la moral que la fusilación de sus cómplices Marced y Arriaga. La segunda vive aun, y es la madre feliz de una numerosa y distinguida familia. Tiene su hogar en la calle del Callao, entre Cuyo y Corrientes. Al verla hoy mismo las gentes exclaman ¡qué linda ha debido ser esta señora! y es, efectivamente, una preciosa. viejecita, a la cual se la encuentra siempre por la mañana en los dias festivos yendo a misa a la igiesia del colegio de los Jesuitas, esquina Callao y Tucumán.

Doña Maria del Carmen de Liniers de Perichon, hija del virrey, calle de Méjico, tenia una linda hija que casó con el señor don José Manuel Estrada, hermano de don Juan Martin. Este que era uno de los jóvenes més elegantes de la época, pasó a Montevideo en 1840, llamando la atención de la sociedad por su apostura e irreprochable elegancia.

Eran bellezas notables, igualmente, perteneciendo al catálogo de las beldades, las hijas de la familia toda de Santa Coloma, la preciosa Ramona Medrano y su hermana Ana, otra beldad arrebatada por un inglés, Mr. Higginbothem. Este matrimonio produjo, a su vez, otra bella criatura, Anita, la cual casó con Anselmo Sáenz Valiente, de cuyo enlace salió la bella familia, cuyas mujeres son hoy mismo adorno y orgullo de nuestra sociedad.

Es de recordar aqui a Carmen Bedriñana de Oromi y Su hija Mercedes, que de padres a hijos vienen heredando, entre otros rasgos de belleza, los lindos ojos que distinguen a los miembros de esa familia.

Voy a intercalar en esta página un párrafo a las bellezas de ingenjo, a esas de quienes con tanta razón dice el proverbio, la suerte de la fea, la bonita la desea... Descollaban algunas de esas que por su talento y amenidad, por su amabilidad y cualidades se imponian atrayéndose hasta adoradores... Pero este asunto es por demas escabroso, para mi, al menos. Confesando con mi ingenuidad habitual que me arredra, y ya que mi contemporanea de 48 a oro, ha cerrado el pico, sin contestar a esta insinuación... doblemos la hoja repitiendo con unción aquellas inolvidables palabras de Jesucristo en la oración del Huerto: trcmscat a me calia; iste. Adelante, pues, con cristiana resignación.

¡De veras! Hay cosas que parecen faciles de decir o hacer, pero que en la práctica tienen pelosa como vulgarmente se dice. La prueba tengo yo en un gaucho que oyó tocar a Cordero la guitarra en una fiesta de San Fernando.

Cordero tocaba este instrumento con tal maestria que lo hacia hablar, por la destreza y facilidad de su ejecución, que parecia no costarle trabajo alguno el arrancarle arpegios y melodias sonoras con las que electrizaba a su auditorio.

El paisano que lo habia escuchado atentamente, exclamó al fin:

— Me parece, patrón, que para tocar la guitarra no se necesita cancia.

— ¿Y qué se necesita, animal?— le preguntaron.

Fuerza y resolvencia, patrón,— contestó él.

Pero cuando cogió la guitarra que jamas faltaba, en las pulperias de aquella época, se convenció que era mucho mas dificil de lo que él creia...

Asi me iba a suceder a mi a1 tratar de la cuestión de las feas... que el diablo me andaba tentando abordar, y que como al malo no hay mas que haeerle la cruz como en el Fausto para que se vaya... imitémosle y vamos a otra cosa.

¿Y los hombres feos?

¿Porqué no he hablado de los hombres feos, cuándo siempre he estado dando en el clavo con las feas?

Claro está, porque con los hombres se quiebra ahora si que, de veras, doblo la hoja; porque esta cuestión de la fealdad no entraba en el plan de mi obra. Volvamos, pues a "mis beldades" de las cuales me he alejado demasiado con esta disertación sobre los feos.

Al despedirme de mis aristocraticos barrios del sur, con este capitulo, agregaré aqui, como apéndice, algunos datos comerci-sociales que sirvan de comparación con lo de esta época; son siempre recuerdos sobre aquellos tiempos sin crisis y sin oro a 400... y si habia crisis y el oro tomaba esas alturas... nadie lo sentia ni lo sabia; al menos los Elorriaga, los Lopez Seco, los Rabagos, cuyas bien surtidas y hermosas tiendas ostentaban lo que de rico en sederias y toda clase de géneros se introducia entonces, jamas hablaron de crisis ni de la suba y baja de1 oro; pedian su precio y nada mas, no como ahora que ni la cocinera al pedir el precio de la verdura y de las papas, se escapa de que el puestero le cante la salmodia de... ¡el oro sube! y todo para cohonestar el robo del aumento arbitrario del precio.

Aquellos honrados y conocidos comerciantes que vendian barato sus mercaderias, tenian en sus trastiendas tertulia permanente de caballeros. Era la reunion obligada de los amigos, especie de club que todavia no los habia, donde iban a charlar. El mas asiduo era don Anacleto Gonzalez, que jamas faltaba cabalgando en su rocinante moro.

Este caballero, herinano de misia Domitila que casó... diablo!... con el señor Cazón! primaba por una cualidad de estómago que lo hizo célebre; era un gran comilón al cual podian aplicarsele, sin que perdiera un apice la comparación, las siguientes estrofas:

O voracidad inmensa,
Nadie lo que comes sabo,

Ni como tanto te cabe,
En tu estómago diespensa.

Eres terror de las fondas
Con tan dilatado pasto,
Pues si no han de darte abasto
Esta a pique que las desfondas.

Aquel famoso Milon
Que se merendaba un toro,
Comparartele es desdoro,
Tu seras su comilón.

Pavos, patos y perdices
En sabrosa letania,
Se le meten a porfia.
Por entre barba y narices.

Pero nuestro comilón porteño tenia, además, una gracia que no se cuenta del "famoso Milan", y es que comia dormido, lo que me induce a creer que tal vez seria sonámbulo .En efecto, acostumbraba dejar a la cabecera de su cama, un par de pollos o una gallina; y muchas veces, dormido se engullia estos fiambres, sin acordarse después de su voracidad; pues al dia siguiente sorprendido y nuevamente hambriento y amostazado, preguntaba ¿quien me ha robado los fiambres? bien que alli quedasen, no el cuerpo, sino la osamenta del delito.

Una prueba de la privilegiada condición del barrio del sur, era la ubicación de la única imprenta que existia en Buenos Aires, ¡qué digo! en todo el pais. Es de recordarlo aqui por esta circunstancia.

Era la "Imprenta de los Niños Expósitos", costeada por el virrey Vertiz no sin vencer ingénitas dificultades, levantadas allá en la Corte, que, a la sola idea de imprentas en las colonias, aquella gente paraba la oreja soñando inconvenientes. El virrey hubo, pues, de salvar los escrúpulos haciendo promesas de todo género para tranquilizar conciencias religiosas, y suspicacias politicas. ¡Nada de imprenta! decian los españoles.

El virrey cumplió a lo que parece, su palabra, comenzando hasta que por la instalación de la imprenta. Asi, ésta fué establecida detrás de San Francisco, poniéndola, en cirto modo, bajo la protección del Seváfiro, y de la vigilancia de la Comunidad. La imprenta, pues, solo publicaba avisos, anuncios de teatro, y, no imprimia sino folletos y libros de devoción, generalmente.

Pues bien a pesar de la intachable conducta del virrey, respecto a sus promesas, los temores de la Corte bien pronto habian de ser justificados un diré de una vez. Esa imprenta, cuya importación tanto escuzor causó en la metrópoli, fué la misma que sirvió a los patriotas del año 10 para las primeras publicaciones, y para todo lo que se dió a luz despues por los hombres de letras argentinos; siguió funcionando hasta muy entrada la época de Rozas. Más que caballo griego vino a ser para los españoles de Buenos Aires, la tal "Imprenta de los niños Expósitos". Véase como no hay posibilidad de torcer los decretos del destino.

Como la imprenta de los "Niños Expósitos", la Universidad, la preisión para los castigos de menor cuantía y la casa de Expósitos (la cuna), fueron establecidas en el Barrio del Sur. La Universidad estaba como alojada en los claustros de San Francisco, uno de los conventos cuya comunidad ha prestado, desde su fundación, muy grandes y meritorios servicios, especialemnte en la enseñanza primaria.

La casa de Expósito, cuya institución, como se sabe, fué creada por Rivadavia y establecida en el mismo local en donde existe hasta hoy mismo, entregándola desde ese momento a la Sociedad de Beneficencia, es una de las creaciones más trascendentales de esa época: ¡Qué de benéficios resultados no ha recogido la Sociedad de esa institución! Lo que hoy todo el mundo ha aprendido y sabe por experiencia y por tradición, fué para Rivadavia una revelación de su genio. ¡Quién le hubiera dicho que en la época de la mayor prosperidad y grandeza, en la época del lujo, del derroche, cuando las fortunas se improvisaban por millones, habían de faltar los recursos para el sostén del más piadoso de los Establecimientos, y que había de llegar un momento en que la generosa, la culta Metrópoli del Plata sería sorprendida con un grito de angustia de mil criaturas... y la noticia de que la Cuna estaba para ser clausurada por falta de recursos...: que el Gobierno mismo estaba atrasado en el abono de meses de los fondos votados para su sostenimiento!

Felizmente la sociedad, el pueblo todo y hasta del interior han venido en auxilio y ayuda de la célebre institución que, merced a esto y a los titánicos esfuerzos de las piadosas y beneméritas matronas, se halla en pie, salvada de la ruina; y las pobres criaturas objeto de mi tierno y diurao afán, salvadas también de la miseria y del abandono. Dejemos fijada la fecha de estas consideraciones... para noticia de los supervivientes de estos hechos que han tenido lugar entre los meses de Mayo y Junio de 1891; ellos marean el período más intenso de esta crisis, que durante la administración que cayó en Julio, dió en llamarse “crisis del progreso”.

Así será, pues seguimos progresando... con el oro entre 390 y 400. Más volviendo a lo de la Cuna debo agregar aquí que la inmigración le proporcionará un gran contingente con el cual, de seguro, no contaba el Congreso, ni por el número ni por la forma en que se introduce.

Se ha hecho constar que de parte de la inmigración europea se depositan en el torno sus productos por la noche, para venir al dia siguiente a ofrecer sus servicios en calidad de ama de leche. Qué admirable combinación económica! parece propia y genuina de esta época del oro a 400%, pero no; no es de ahora. Este negoaia se ha importado como tantos otros, desde el viejo mundo. En Chile se hacia desde mucho tiempo aria y era admirablemente reglamentado en Santiago, la capital, cuando se puso a, la cabeza de la Sociedad el célebre don Pedro Fuensalida, cobrador del peaje del puente de piedra.

La Sociedad de Beneficencia sin pérdida de tiempo debe presentarse al H. Congreso, en las actuales sesiones, solicitando la derogación de la ley que prohibe el juego de la loteria, con cuyo producto sostenia los establecimientos de caridad con holgurra. Todos los paises que tenian y abolieron la institución, la han restablecido.

Aqui se la abolió por inmoral, según se dijo. Pero para gentes tan avisadas y despiertas como son los miembros de nuestras autoridades legislatlvas, no se comprende semejante bisoñeria.

Nos estamos haciendo la burla del paraguayo; pues mientras se prohibe la venta de billetes de la loteria de Buenos Aires, a la sombra de esa ley y con el incentivo de todo lo vedado, los billetes de la loteria de Montevideo se expenden cada vez en creciente cantidad. No hay más que recorrer los lugares de concurrencia, los Establecimientos públicos, los cafés, fondas, hoteles, etc., para encontrar ese enjambre de jóvenes que se cruzan y reproducen al infinito vendiendo billetes y ofreciendo ofreciendo ¿un grande? como ellos dicen sintetizando su oferta.

Pero donde ellos tienen su mejor mercado, su campo más seguro, donde ejercer sin control y con toda eficacia la venta clandestina, es en los trenes de ferrocarril. Hemos visto comprar billetes en los coches a caballeros, a empleados y aun a encargados de perseguir a los vendedores. En un tren de paseo hemos visto a generales y vicealmirantes comprar considerable número de billetes... como por broma! pero es asi en broma como somos embromados por las loterias de la Banda Oriental, que tiene sus establecimientos de Beneficencia copiados, cuando no calcados en los nuestros, perfectamente atendidos, y lujosamente sostenidos, con el produeto de las loterias vendidas en Buenos Aires. ¿Podemos llegar a mas alto punto de ridiculez?

¡Juego prohibido por inmoral!

¡Que zonzera de calibre tan grande!

No se juega en las carreras millones, hasta por miembros del bello sexo?

No se juega en las canchas de pelota por jovencitos imberbes?

No se juega en los clubs hasta deseamisarse?

Lo que hay que preguntar es dónde no se juega, y eso con mil veces més inmoralidad. [1]

¡A qué atribuir este quijotismo que se ha enseñoreado de nuestras autoridades legislativas, ante la visible oposición del pueblo que ha jugado, juega y jugará siempre a la lotería!. . . en beneficio de Montevideo ya que no en pro de la capital de la república que así se vé obligada a jugar rifas de cedulillas, a dar conciertos, a mendigar el concurso de artistas y aficionados para sostener sus establecimientos de caridad!

Hemos de ser raros, especiales en todo, hasta en principios de filosofía social. Pretendemos tapar el cielo con un harnero. La mojigatez que es ridícula en las personas, en el individuo, en las autoridades es insoportable, criminal.

A qué grado de estolidez llegará el proceder que he oído decir en Montevideo, que la Sociedad de Beneficencia estaría dispuesta a ceder en favor de la nuestra una fuerte cantidad, quizás 50 mil pesos mensuales a condición de que no se restablezca la lotería aquí. ¿Qué tal el dato?

La lotería honradamente manejada, es y será un recurso de que ninguna nación, aún la más adelantada se priva, pues la experiencia propia y la agena han demostrado la imposibilidad absoluta de extirpar esta inclinación que parece ingénita de la humanidad: de tentar y buscar la fortuna por medio de la suerte de lotería, en que se compra con la probabilidad de ganar una cantidad inmensa, con el peligro de perder una suma relativamente insignificante.

¿Creen nuestros legisladores arrancar de la mente del pueblo este ideal con prohibir el juego? No ven el absurdo que resulta?. . . El pueblo dueño de su playa juega a su vista y paciencia favoreciendo a los agentes clandestinos, que le ofrecen la grande de Montevideo, diariamente a domicilio cuando no en lugares más públicos...

Pero aún hay más todavía — y es que el pueblo mismo aparece más cuerdamente práctico y aún con más filosofia que nuestras mojigatas autoridades legislativas. No hay pobre diablo de los que compra un quinto, de las que emplean semanalmente uno o dos pesos en billetes, que no sepa que salvo los premios — todo va a parar a los hospitales, a los asilos, en donde de un momento a otro, por un incidente cualquiera, por una enfermedad puede ir a parar, buseando la salud o el sostenimiento, cuando ya no puede trabajar y cuando esto no le suceda sabe que con aquello siempre ha contribuido a1 bien de sus semejantes, sea aliviando sus dolencias fisicas, sea salvándoles del hambre...

Es cosa de repetir aqui la frase de Cambrén, si no recordáramos en este momento que hemos intevalado este capitulo en un libro dedicado al bello sexo, si bien apostaria 100 pesos a una contra la misma cantidad a papal, a que mis bellas y caritativas lectoras son por aclamación de mi mismo parecer.



  1. A propósito. He aqui un dato fresco y tan fresco que es del domingo 23 de Agosto de 1891. El Diario dando cuenta de las carreras de ese dia dice testualmentez. "Ayer en la espléndida. reunion se vendieron 151.488 boletos o sean 313.376 $ m|n.— ¡Hay crisis!" Hagase el cálculo ahora — La comisión del Club que es de ojo sube a la cantidnd de 31.337.60 centavos — ¿qué dicen de esto nuestros legisladores que prohiben la loteria por moralidad?— 313.376$ de apuestas, al través de la crisis, es cosa verdaderamente edificante.