Las campanas (Balart)

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Hay en el campanario cuatro ventanas,
y en ellas suspendidas cuatro campanas.
Con voz aguda a veces y a veces grave,
cosas hablan que el labio decir no sabe;
pero, si atento escucho, bien pronto advierto
que unas tocan a gloria y otras a muerto.
Dicen las dos menores: «¡Cantad victoria!
¡Hoy el alma de un niño vuela a la gloria!»
Dicen las dos mayores: «Hoy muda y grave
va un alma desprendida... ¿dónde?-¡Quién sabe!»
Y así alternando tocan, en turno incierto,
unas veces a gloria y otras a muerto.
Yo sé que, ya remotas o ya cercanas,
siempre he de oír las voces de las campanas,
mas ¿quién sabe en su turno, siendo tan vario
qué tocarán los bronces del campanario?
Yo, por más que medito, jamás acierto
cuándo ha de ser a gloria ni cuándo a muerto.
¿Qué importa? En los espacios desvanecido,
su clamor siempre es eco de algún gemido:
recordando en qué para la humana escoria,
siempre al mundo repiten la misma historia;
y, ya alegres, ya tristes, ello es lo cierto
que, aunque toquen a gloria, tocan a muerto.