Las mil y una noches:0977

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Las mil y una noches - Tomo VI
pero cuando llegó la 976ª noche

de Anónimo


PERO CUANDO LLEGÓ LA 976ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

... y mandó que le recogiese su doncella, la cual le transportó afuera por el medio de transporte acostumbrado.

Y desde entonces el poeta fué despedido por la hija del rey, que nunca consintió en perdonarle su traición. Y para desahogar su dolor y sus penas, compuso él la kásidah siguiente:

¡Adiós, hermana Bekrida! ¡Y quede a tu lado la dicha, a pesar de mi marcha!

¡Ay! ¡antes, por lo menos, desgraciado Murakisch, tu Fátimah encantaba tus noches y apuñalaba tu corazón con su talle elegante como la rama del nabk, y con su andar cadencioso como el del avestruz.

Con su talle y con su andar y con su belleza límpida cual el agua de los estanques.

Con su belleza y con sus lindos dientes límpidos, humedecidos de fresca saliva, que parecía rocío puro, y con sus mejillas bruñidas y lisas como una capa de plata; y con sus manos bonitas y sus brazaletes; ¡y con las ondas negras de sus cabellos, ella daba encanto a tus noches, haciendo palpitar tu corazón!

¡Ay! ¡llegó el adiós! ¡Y se ha desvanecido todo!

Por el capricho de un amigo ¡oh generoso Murakisch! dejaste que se desvaneciera todo! ¡Muérdete las manos de desesperación, y corta con tus dientes tus diez dedos, por culpa del capricho de un dichoso amigo!

¡Ay! ¡se ha desvanecido todo, y no es un sueño, porque estás despierto, y los sueños son hermosas ilusiones del que duerme, y te están vedados para siempre jamás!

Y el poeta Murakisch se cuenta entre los que murieron de amor".

Luego dijo el joven a sus oyentes: "Antes de llegar a los tiempos islámicos, escuchad esta historia del rey de los Kinditas y su esposa Hind".

Y dijo: