Libro de Buen Amor: 046B

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Del castigo qu'el arçipreste da a las dueñas, e de los nombles del alcagüeta II
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Libro de Buen Amor Arcipreste de Hita


En muchas engañadas castigo e seso tome,
non quieran amor falso, loco riso non asome,
ya oístes que asno de muchos lobos lo comen,
non me maldigan algunos que por esto se encone.

De fabla chica dañosa guárdese muger falaguera,
que de un grano de agrás se fase mucha dentera:
de una nues chica nasçe grand árbor de noguera,
e muchas espigas nasçen de un grano de çibera.

Andan por todo el pueblo della muchos desires,
muchos después la enfaman con escarnios e reíres:
dueña, por te desir esto non te asañes, nin te aíres,
mis fablas e mis fasañas, ruégote, que bien las mires.

Entiende bien mi estoria de la fija del Endrino
díxela por te dar ensiempro, non porque a mí vino,
guárdate de falsa vieja, de riso de mal vesino.
Sola con ome non te fíes, nin te llegues al espino.

Seyendo yo después desto sin amor e con cuidado,
vi una apuesta dueña ser en su estrado,
mi coraçón en punto levómelo forzado,
de dueña que yo viese nunca fui tan pagado.

De talla la mejor de quantas yo ver pud',
niña de pocos días, rica et de vertud,
fermosa, fidalga, e de mucha joventud,
nunca vi tal como ésta, sí Dios me dé salud.

Apuesta et lozana e dueña de linaje,
poco salía de casa, era como salvaje.
Busqué trotaconventos, que siguiese este viaje
que éstas son comienzo para el loco pasaje.

Sabed que non busqué otro Fernand García,
nin lo coydo buscar para mensajería,
nunca se omen bien falla de mala compañía,
de mensajero malo guárdeme Santa María.

Aquesta mensajera fue vieja bien leal,
cada día llegava la fabla, mas non ál:
en esta pleytesía puso femençia tal,
que çerca de la villa puso el arrabal.

Luego en el comienço fis' aquestos cantares,
levógelos la vieja con otros adamares:
«Señora», dis', «compradme aquestos almajares.»
La dueña dixo: «Pláseme desque me los mostrares.»

Començó a encantalla, díxole: «Señora fija,
catad aquí que vos trayo esta preciosa sortija,
dan vos ésta (poco a poco la aguija)
si me non mesturades, diré vos una pastija.»

Dis': «Yo sé quién vos querría más cada día ver,
que quien le diese esta villa con todo su aver;
señora, non querades tan horaña ser,
quered salir al mundo, aquí vos Dios fiso nasçer.»

Encantola de guisa, que la enveleñó,
diole aquestas cántigas, la cinta le ciñó,
en dándole la sortija del ojo le guiñó,
somoviola ya quanto, e bien lo adeliñó.


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