Londres, 16 de junio de 1829

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<< Autor: Mariano Egaña

<< Carta dirigida a: Juan Egaña


LONDRES, 16 DE JUNIO DE 1829.


Mi amadísimo padre,

Gracias a Dios que después de tantos trabajos y tan penosas demoras puedo asegurar a Ud. que ya ésta es la última que escribiré de Londres, porque está dispuesto y contratado mi viaje por el próximo paquete de julio. No me he atrevido a irme por la Malvina, porque estuve a su bordo y reconocí que era muy pequeña. No me hubiera detenido su incomodidad, sino el peligro que personas prácticas me dijeron había en doblar el Cabo en buques tan chicos. Llegaré a Buenos Aires en septiembre; y allí estaré cuando reciba ésta; y si la Malvina demora, acaso recibirá Ud. primero carta mía fechada en Buenos Aires. Me voy en el mismo paquete en que regresa el Dr. Moreno [1], Enviado de Buenos Aires a quien su gobierno lo ha mandado volver. No habrá la menor falta en mi ida, porque estoy desesperado aquí. Bajo esta inteligencia puede Ud. obrar. Mi mansión en Buenos Aires sólo será la necesaria para encontrar coche. No llevo de aquí medio; pero pienso ocurrir si se ofrece a don Tomás Fair o en su defecto y sólo en su defecto a don Miguel Riglos.

 Todo el tiempo de mi permanencia en Europa, ha sido el más triste de mi vida, incluso Juan Fernández y el castillo de Valparaíso. Todas es tas historias son para contarlas en nuestras tertulias de las Delicias, pasados ya los males; pero entre ellas merece un lugar muy preeminente la perfidia con que me ha salteado Lizaur, como por vía de despedida. Me ha hecho este infame desaparecer seis mil pesos; parte dándome una pérdida de 14% en los cobros en que (sin orden mía) dice haber invertido mi plata, al paso que se ha ganado un dos por ciento en cobros venidos de Chile a Burdeos a otros, y parte en haber remitido sin orden mía 4.100 pesos a Riesco a España. Considere Ud. cómo me hallaría cuando contando con seis mil pesos en mi bolsillo para acabar de redondear mis cosas y emprender mi viaje, me salió este picarón diciendo de repente que ya se me había acabado el dinero, y que aún me alcanzaba él en 200 pesos. Me hallaba sólo con diez o doce pesos en casa, y en necesidad de pagar urgentemente varios ajustes de cuentas para irme, no tenía a quién ocurrir; y en suma no quiso prestarme ni un medio, porque me dijo redondamente que no podía.

 En estas tristísimas circunstancias, Dios dispuso que la casa de Aguirre, Solarte y Murrieta, con una generosidad que yo no aguardaba, me dijese que me supliría lo que necesitase (sin necesidad de que les diese letras sobre Chile) obligándome sólo a devolverles en Londres la cantidad que me supliesen con el interés de 5% anual, desde el día de la fecha hasta el de efectivo pago. Me añadieron que tenían gusto en hacer esto, porque habían oído hablar siempre muy bien de mí en mi conducta política con respecto a los españoles en Chile.

 Les he quedado muy agradecidos y les he hecho la promesa de pagarles cuanto antes me sea posible; y a este efecto Ud. me ha de desempeñar, remitiendo del dinero que haya mío en ésa, tres mil pesos a consignación de los señores Aguirre Solarte y Murrieta, Londres, White Lion Court.

 La remesa debe hacérseles en pesos fuertes (no importa si del cuño del Rey, o de la patria, aunque mejor serían del primero) o en plata piña, comprada a un precio que no pase de nueve pesos. En fin el modo de la remesa debe saberlo Ud. mejor que yo porque tiene Ud. en esa amigos ingleses que le pueden instruir en el particular, aunque es preciso mucho cuidado con ellos. Luego que esté la plata a bordo se debe remitir el conocimiento que dé el capitán del buque a Londres a los mismos Aguirre, Solarte y Murrieta, para que ellos hagan el seguro y aguarden la llegada del buque para recibir el dinero.

 Aunque esta remesa debe hacerse de cualquier dinero que haya mío (y si por algún evento no se pueden todos los tres mil pesos, siquiera lo que se pueda), sin embargo, por si acaso está mi dinero en ésa ocupado y no pueda de pronto realizarse dicha suma, u ofrezca gran pérdida su realización, va la adjunta letra, pagadera a quince días, para que Ud. la cobre y con su cubierto haga la remesa. De todos modos Ud. la ha de cobrar, haciendo para ello los más eficaces esfuerzos; pero, ojalá con su importe pudiera hacerse la remesa. He elegido a don Fernando Luco, para poner la letra en su favor, porque sé que es muy amigo y agente de Ud.; pero de todos modos, fácil es que él la endose en la persona que Ud. indique. Advierto a Ud. que ni a 39 peniques he encontrado (antes de ver a Aguirre y Solarte) quien me supliese cosa alguna; y ni aún el mismo Lizaur quiso. No sé si querrán los señores Directores meter enredo. Tampoco los creo tan bribones que digan que estoy ya pagado de mis sueldos, porque la cuenta es muy clara. En cada semestre (a excepción del último) sólo me han pagado el sueldo preciso del semestre; por consiguiente me deben el último. Sin embargo Ud. afianzará cualquier resulta. Vamos a otra cosa más alegre, porque habla de viaje.

 He aquí que se encuentra Ud. con tres conocimientos adjuntos y otro nuevo cargamento mío. Va también adjunta la factura. Y aún me quedan todavía tres cajones que saldrán después que yo me vaya. Vea Ud. si he estado loco. El que no se halla contento pero espera estarlo algún día, se prepara con ansia para cuando llegue este caso; y no sé si Ud. habrá observado que los mayores gastos que ha hecho en su vida, tal vez han tenido origen cuando se hallaba triste. A decir verdad, Ud. y Rosario me han hecho gastar mucho, porque en cuanta cosa curiosa, útil o cómoda he visto, lo primero que se me ha ocurrido ha sido el gusto que Uds. tendrían en ver aquello, o en que yo lo llevase, y la satisfacción que yo recibiría en proporcionárselo. En efecto, cuánta no será mi satisfacción, si como lo espero del favor de Dios, veo que he contribuido a que Ud. pase algunos días contento con los libros, instrumentos, estatuas, muebles, coche y estupenda silla poltrona y demás baratijas que llevo. El placer de que Ud. vaya abriendo esos cajones y encuentre en ellos tanto utensilio que faltaba a la casita, tanto instrumento de jardinería, tanta lámina de jardines acompañada de su correspondiente descripción, tanta cosita de uso doméstico, ¿con qué lo podré pagar? Miro como un gran beneficio que me ha dispensado la Providencia el que instruido en los gustos y habitudes de Ud. y hallándome en una edad de madurez y mejor discernimiento, me hubiese puesto en Europa con posibilidad de satisfacerlos. No sé donde podrá Ud. guardar tanto cajón; pero, en fin, Ud. allá se averiguará con esto. Por de contado que muchas cosas deben marchar en derechura a Peñalolén.

 En cuanto al cochecito, deseo que Ud. me lo haga armar y poner listo tan pronto como sea posible, primero porque quiero encontrarlo corriente cuando yo llegue, pues que ha de ser regalo de noviazgo y ha de servirme para mis primeras visitas; segundo, porque se echará a perder y aún inutilizará si se deja guardado. La suela de que se forma la parte superior de la caja de estos coches se raja y rompe con la sequedad si no hay cuidado de humedecerla untándole grasa y betún negro, muy a menudo; aquí se hace esto todos los días; así como el lavar el coche echando mates de agua sobre el barniz y sobre las ruedas y demás partes del juego. El barniz es impermeable, esto es, no recibe ofensa con el agua. Por lo demás el cochecito es un bijou, o para hablar en español un chiche, y hecho para viaje; en cuyo caso el asiento del pescante se pone atrás en la zaga, con sus tornillos que tiene a este efecto, y sirve así para que vayan dos criadas, y el cochero monta entonces sobre uno de los caballos. Cualquiera de nuestras mulas caleseras creo que servirá para este cochecito que en su uso ordinario es destinado para ser tirado por solo un caballo; pero si se pudiera amansar un buen caballo para dedicarlo a sólo este coche, mire Ud., no sería malo, como decía Sierra. Luego que ví que había gustado tanto a Ud. el otro coche grande o landó, traté de hacerme de uno como el presente, para que aquél quede más desocupado para que Ud. lo use cuando quiera. Ambos tienen la inapreciable ventaja de que se abren, y en una mañana de verano, o a puestas de sol, o en un día nublado, es muy hermoso el viajar en ellos por el campo, y como son de cuatro ruedas y fuertes, hechos para viaje, pueden ir a todo galope de los caballos, como aquí se usa.

 Mi baúl (Nº 7) es pieza sobre que debe tenerse mucho cuidado, porque lleva mi ropa nueva y varias frioleras de vestidos de mujer y otras menudencias. Debe abrirse, para que no se apolille mi ropa y se sacuda. Mi madre, bajo su responsabilidad, se hará cargo de esta operación y de la custodia de los efectos.

 A propósito de sacudir para evitar la polilla, haga Ud. mi padre que se abra luego el cajón Nº 29 de la factura que ha ido en el Correo del Brasil, porque tal vez habré ya perdido unos cinco sombreros redondos y uno armado que van en él. En el cajón Nº 34 van cristales y debe abrirse con cuidado: contiene un lavabo para Rosario y una mesa para escribir en pie; dentro del cajón de esta va alguna ropa blanca y entre ella dos chalecos de paño nuevos flamantes que es preciso sacudir.

 El bribón de Ramírez, en quien diviso no sé qué semejanza de Lizaur, me acaba de salir ahora diciendo, después de cinco meses, que se han quedado en Burdeos catorce cajones; y entre éstos quiere la desgracia que sea uno el que contenía mi ropa nueva de paño (de que es resto la que ahora va en el baúl Nº 7), el paño en pieza para vestido para Ud., Juan, Ríos, para otras varias cosas, etc., pero hablar de Ramírez es el mar. Estoy haciendo diligencias para que marchen estos catorce cajones, y paciencia con los males que me han causado estos bribones. Por consiguiente, sólo habrá Ud. recibido 47 cajones, que son los designados con los primeros números desde 1 hasta 47 de la factura que despaché a Ud. en el mes de marzo, y que ahora duplico porque si por las ocurrencias de Buenos Aires no ha llegado a manos de Ud. mi citada carta de marzo, todo lo hemos acertado.

 De esta factura ida por el Correo del Brasil el cajón Nº 32 contiene vestidos para Rosario y el 33 para mi madre, Dolores, Luisita, y otros encargos que tengo de ésa. En una de mis anteriores he dicho a Ud. que si le parece puede hacer que se entregue a Rosario el cajón 32 para que tenga tiempo de componer sus ropas. En esto Ud. obrará con prudencia, porque si Ud. que está allí concibe que hay algún inconveniente en entregarlo, puede suspender dicha entrega; pero de todos modos importa que estos dos cajones se abran porque hay que sacudir en ambos, cosas de lana que pueden apolillarse. En una de mis anteriores he dicho lo que mi madre, Dolores, Luisita pueden usar desde luego, reservándome yo el gusto de ir a hacer cuando llegue la repartición final. En el cajón 33 van una peineta rica y unos brazaletes de oro regalo que mi madre hará a la novia.

 Undurraga desde Burdeos debe haber despachado a consignación de Ud. una facturita de vinos y licores franceses y un saco de café de Moka. Como nuestra mansión en las Delicias requiere que tomemos dulces, helados, buen chocolate, café, etc., y hemos de aumentar el número de nuestro círculo doméstico con una porción de amiguitas, va ahora ese repuesto de despensa que se ve en el conocimiento Nº 3. Yo no tomo vino; pero un buen Málaga y un buen Jerez con un café y un chocolate que no se toma en Chile a dos tirones, no nos harán daño después de una excursión por aquellos campos o de un rato de biblioteca.

 Ya Ud. sabe y tiene copia del decreto en que está mandado que mi equipaje, esto es, el de todo Ministro chileno que regresa, no sea registrado ni pague derechos. Lo primero no me importa, porque no va una sola pluma que no sea para mi uso, y aún puede convidarse a que los registren. Lo segundo es lo que importa y en que Ud. ha de insistir si acaso se pone alguna dificultad.

 No tenga Ud. cuidado por ninguno de los encargos que me haya hecho; todos están evacuados, y no temo presentarme ante Ud. por esta parte. Incluyo otro breve (por Buenos Aires en carta de marzo remití a Ud. varios para don Gregorio Paredes y el padre Lizardi, de que llevo conmigo los duplicados) para que Ud. se sirva remitirlo a don Gregorio Paredes. Yo no lo puedo escribir, pero dígamele Ud. que a precaución ha sido necesario sacar éste, porque el primero daba la facultad de relajar los votos del padre Rivera al Arzobispo de Lima; y aunque es claro que concediéndose al que fuere arzobispo se debe entender concedida al que haga sus veces; esto es, al ordinario de la diócesis. Con todo, para evitar disputas, y porque los tribunales eclesiásticos tienen siempre el santo deseo de que nadie desenfraile, aunque se desespere en el convento, tuve que solicitar de nuevo que la facultad se declarase expresamente concedida al Ordinario, como consta del adjunto breve. Dígale Ud. que en obsequio suyo no he reparado en gastos.

 A mi madre, a Dolores, a Chabelita, a Luisita, Juan, Ríos, Juan Manuel millones de cosas, y que desde Buenos Aires voy a señalarles mi itinerario y escribir a cada uno el modo con que me ha de recibir.

 A Dios, mi padre amadísimo.

Soy su
Mariano.


P.D. El adjunto oficio de aviso, para los Directores, ciérrelo Ud. luego que lo lea. No importa la letra que lleve el sobre-escrito, o no le ponga ninguno.



 Notas.

  1. Se trata de Manuel Moreno, hermano de Mariano Moreno, Secretario de la Junta de Buenos Aires en 1810.