Los condenados: 14

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Escena XII[editar]

JOSÉ LEÓN y BARBUÉS; poco después PATERNOY y GASTÓN, por el fondo. Con ellos vienen y entran algunos hombres; entre ellos dos mozos, que hablan. Hombres, mujeres y chiquillos aparecen en la calle, y contemplan la escena por encima del muro, que tiene poco más de un metro de altura.


JOSÉ LEÓN.- ¿Qué es esto?

BARBUÉS.- ¡No pienses escaparte!

JOSÉ LEÓN.- No he pensado en tal cosa.

BARBUÉS.- (Impaciente, llamando por el foro izquierda.) ¡A prisa, a prisa! (A JOSÉ LEÓN.) ¡Quieto ahí!

JOSÉ LEÓN.- ¡Si no me muevo!

BARBUÉS.- Ya he dicho a Jerónimo lo que ocurre. Lo dudaba, y tú me proporcionas prueba plena.

PATERNOY.- (Entra con GASTÓN; ambos presurosos.) ¿Qué, qué hay?

GASTÓN.- ¿Qué?

BARBUÉS.- ¡Les he sorprendido!... ¡Salomé aquí... sola con él! ¡Sin duda concertaban la escapatoria!

GASTÓN.- ¡Oh, qué villanía! ¡Y no mato a ese perdido!

PATERNOY.- (Conteniéndole.) Calma...

GASTÓN.- Di, ¿qué buscas aquí?

JOSÉ LEÓN.- (Con acento firme.) El bien de mi vida, y habiendo tenido la suerte de encontrarlo...

GASTÓN.- ¡En mi casa!

JOSÉ LEÓN.- Vengo para cogerlo y llevármelo a la mía.

GASTÓN.- ¡Oh, qué afrenta!

MOZO 1º.- ¡Canalla!

MOZO 2º.- ¡Salteador! (Quieren arremeterle. PATERNOY les detiene.)

GASTÓN.- ¡Ladrón de mi honra! Si sales vivo de aquí, será para ir a la cárcel.

JOSÉ LEÓN.- Señor Gastón, no es noble que usted ultrajo y permita ultrajar dentro de su casa, a un hombre que difícilmente puede defenderse en lucha tan desigual.

BARBUÉS.- Contra los bandidos como tú, no hay ley de igualdad para la lucha.

JOSÉ LEÓN.- Ese que me ha llamado bandido, me hará el favor de repetirlo fuera de aquí, donde no haya tanta gente a su favor.

BARBUÉS.- Aquí y en donde quiera. (Acometiéndole furioso.) ¡Dios!

PATERNOY.- (Deteniéndole con vigoroso brazo.) Que no. ¡Atrás! (Conteniendo también a los mozos.) ¡Atrás he dicho!

BARBUÉS.- ¡Que salga!

PATERNOY.- (Con autoridad enérgica.) ¡Quieto todo el mundo! Amigos, tened calma. Yo le interrogaré. No saldrá de aquí sin que oigamos sus descargos. (Rumores de protesta. PATERNOY alza más la voz.) ¡Silencio digo! (Callan todos.)

JOSÉ LEÓN.- Al fin suena una voz razonable en medio de este tumulto de rencores. Yo reconozco en Santiago Paternoy autoridad sobrada para interrogarme, para juzgarme si hay por qué, para condenarme si lo merezco. Callen la ignorancia y la rudeza, y hable la razón serena y persuasiva. Yo, que no cedo ante brutales amenazas, me inclino respetuoso (Se descubre.) ante el hombre de acrisolada rectitud, que en todo el país es mirado como persona superior a las flaquezas humanas.

PATERNOY.- Basta de lisonjas.

JOSÉ LEÓN.- No es lisonja... es verdad.

BARBUÉS.- Lo primero que tiene que decir...

PATERNOY.- Silencio he dicho. (Con solemnidad.) Tú, Gastón, ¿me autorizas para hablar en tu nombre?

GASTÓN.- Sí.

PATERNOY.- ¿Y tú, Barbués?

BARBUÉS.- Sí.

PATERNOY.- Pues basta. Oír y callar. (Pausa.) A ver; lo primero, ¿cómo te llamas?

JOSÉ LEÓN.- José León.

BARBUÉS.- Es falso.

PATERNOY.- No es ése tu verdadero nombre.

JOSÉ LEÓN.- Pues si no es ése, dilo tú, si lo sabes.

PATERNOY.- Me tutea.

JOSÉ LEÓN.- Como tú a mí.

PATERNOY.- Está bien. Ignoro tu nombre verdadero; si lo supiera, no te lo preguntaría. (Entra FELICIANA por el foro, y sorprendida de la escena, avanza lentamente.)


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